10 conceptos erróneos comunes sobre los vaqueros

Son los modelos de la mirada de mil metros. El que tiene seis tiradores en sus pistoleras, un sombrero de ala ancha en la cabeza y bastante hierro dentado en las tripas para romper aun el bistec mucho más duro. Son los vaqueros, y todo el planeta sabe que son la gente mucho más espectaculares, distendidas y heroicas de la historia estadounidense.

¿O son? ¿Qué ocurriría si te afirmáramos que los vaqueros que piensas que conoces no se semejan en nada a los reales? Que su imagen mental de los vaqueros podría marchar con menos de estoicismo y tiroteos … y mucho más camellos, ejemplos de mala higiene personal y patologías venéreas. Aquí hay 10 hechos locos y poco populares sobre los hombres que verdaderamente domaron el salvaje oeste estadounidense.

10. La mayor parte de los vaqueros no portaban armas

El vaquero armado es el único vaquero que la mayor parte de nosotros tenemos la posibilidad de imaginar. Es Clint Eastwood sendero a un tiroteo. John Wayne descartando a los pésimos. No obstante, si transporta su reproductor de Blu-Ray al siglo XIX y muéstrele estas películas a un vaquero auténtico, probablemente lo mire con cuidado. ¿Por qué razón? Por el hecho de que los vaqueros enserio raras veces llevaban armas.

Claro, posiblemente los necesite en el momento en que esté en un arreo de ganado o lo que sea. ¿Pero en el momento en que llegaste a la localidad? Mira a ese bebé en la puerta. La mayor parte de las ciudades del salvaje oeste promulgaron un riguroso control de armas, solo para cerciorarse de que el género de tiroteos que observamos en las películas no sucedieran todos los días. Aun el infame Tombstone no dejaba que sus vaqueros caminaran armados. El tiroteo en el OK Carrol unicamente se causó por el hecho de que Doc y Earp estaban intentando de realizar cumplir las leyes de armas.

La localidad no se encontraba sola. Dodge City, Wichita y otros impidieron que sus visitantes se llenaran de calor. Entonces, ¿de qué manera resolvieron los vaqueros los inconvenientes sin sus pistolas? Nos alegra que hayas preguntado …

9. Prácticamente jamás se pelean

Diríase que “la auténtica historia del Oeste estadounidense es de cooperación, no de enfrentamiento”. Si bien el 90 por ciento de los westerns implican a personas que reciben tiros, una riña en un bar, una pandilla beligerante que llega a la localidad o (mucho más probablemente) los tres, la realidad de la frontera era que accionar con dureza era una aceptable forma de finalizar fallecido. Si quisieses subsistir, esencialmente debía continuar adelante con tus vecinos.

Esto quería decir que no hubo combates al mediodía, ni matones ni homicidos. Aun en los pueblos ganaderos mucho más duros y duros, la tasa de asesinatos fue normalmente mucho más baja que la de la mayor parte de las ciudades estadounidenses modernas. Los latrocinios a bancos asimismo eran extraños. En 2005, la Facultad de Dayton calculó que hubo mucho más hurtos a bancos en el Dayton moderno en un solo año que en todo el Viejo Oeste en una década habitual.

Hubo salvedades, naturalmente. En el periodo instantaneamente posterior a la Guerra Civil, la crueldad reventó ocasionalmente y las tribus nativas americanas de manera frecuente vivieron el lado despiadado de la frontera. Pero estas fueron las salvedades. Aun los forajidos conocidos eran menos violentos de lo que recomienda su reputación. Billy the Kid, por servirnos de un ejemplo, pasó considerablemente más tiempo susurro de ganado que jamás robando bancos o tirando a personas.

8. Varios fueron arrasados por anomalías de la salud venéreas

Si su imagen mental de un vaquero es John Wayne actuando con toda ética y limpia, posiblemente no quiera leer esta entrada. La verdad de la vida del vaquero fue sucia de principio a fin. Los vaqueros pasaban días enteros sin bañarse. Eran malolientes. De forma frecuente cubierto de mugre y sudor rancio. Pero lo mucho más sucio de todo era lo que pasaba en sus cuerpos. Vas a ver, en este momento se considera que varios ciudadanos de la frontera eran arrastrándose con anomalías de la salud venéreas.

En dependencia de dónde se halle en el Viejo Oeste, entre el 50 y el 90 por ciento de las putas locales probablemente portaban patologías de transmisión sexual. Y ya que a varios vaqueros les agradaba, ejem, valerse de los talentos de estas mujeres, eso quería decir que un montón de vaqueros estaban cabalgando con una creciente compilación de bacterias entre las piernas.

Si bien actualmente es bien difícil conseguir cantidades exactas, entendemos que los nuevos reclutas del Ejército de los EE. UU. Entre 1876 y 1896 estaban enfermos con cierta frecuencia, lo que recomienda que una gran parte de la población por norma general asimismo lo se encontraba. Ciertos aun han sugerido que el accionar orate de tipos como Wild Bill Hickok podría deberse a la sífilis, lo que los hace accionar de manera excéntrica.

7. Varios no hicieron nada en lo más mínimo

Cierra tus ojos. Imagínate un vaquero. ¿Le tengo? Derecha: ¿Con qué animal apareció?

Pese al nombre, prácticamente ninguno de ustedes ha dicho ‘vaca’. Por una aceptable razon. Los vaqueros en los mitos modernos son prácticamente absolutamente indivisibles de sus caballos. La imagen de ellos cabalgando por las llanuras altas en un largo arreo de ganado está cargada de romance y espíritu de aventura. Para bastantes vaqueros, de este modo era precisamente la vida.

Pero no para todos. Para una minoría importante, la descripción de su trabajo implicaba completamente no montar en lo más mínimo.

Esto fue en especial cierto en el final de la era, precisamente desde 1885 de ahora en adelante. Un verano seco y un invierno horrible habían convencido a varios ganaderos de sostener su ganado cerca de casa. Para un sinnúmero de vaqueros, eso significó que el romance de la llanura fue sustituido de repente por trabajos de baja categoría como remendar cercas y comprobar las vacas encerradas en pos de anomalías de la salud. Si llegaran a montar algo, probablemente sería un pajar. Como era de aguardar, la mayor parte detestaba ese trabajo.

6. Ciertos que montaron en camello

Aquí hay una escena occidental tradicional. El sol se eleva al mediodía, quemando las calles sin vida de la región. Una yerba rodadora sopla a través del polvo. Hace aparición una sombra en el horizonte. Es el vaquero. Surge de la neblina de calor, la piel como cuero agrietado … y procede a cabalgar hacia la localidad a lomos de su camello árabe. ¿Aguardar lo?

Es cierto. En algunas unas partes del Viejo Oeste, los caballos eran tan extraños tal como lo son el día de hoy en las enormes urbes. En cambio, los rancheros hicieron que sus vaqueros montaran a lomos de camellos que habían sido importados en la década de 1850, y de manera accidental liberado en la naturaleza en el auge de la Guerra Civil.

Gracias a las duras condiciones en la frontera, se había teorizado que los camellos se encararían bastante superior que los caballos al calor. El gobierno estadounidense estuvo en concordancia. Importó cientos y cientos de camellos a Camp Verde a un enorme valor, solo a fin de que estallase la guerra. En el momento en que los confederados han tomado el campamento, liberaron a los camellos. A lo largo de las próximas décadas, los ganaderos nuevos negociantes esporádicamente atraparon a ciertos, los forzaron y se los brindaron a sus vaqueros a fin de que trabajaran con ellos.

5.Los encuentros de ‘Brokeback’ fueron increíblemente recurrentes

¿Recuerdas el 2005? Ese fue el año en que Brokeback Mountain llegó a los cines y Heath Ledger probó que no debía estar disfrazado de payaso para prestar una actuación imantada. La película asimismo fue discutida entre ciertos que creyeron que se encontraba injertando nuestras nociones modernas de sexualidad en un ámbito histórico (en un caso así, la década de 1960).

Raramente, esta es la única crítica que se puede contradecir de manera fácil. Según la historiadora y autora Patricia Nell Warren, encuentros gay eran bastante más habituales en el Viejo Oeste de lo que nos imaginamos.

Bastante de esto se origina por las condiciones que debieron aguantar los vaqueros. Los largos periodos de tiempo apartados de las mujeres, rodeados de otros hombres, llevaron a citas eventuales “únicas” sencillamente como una manera de calmar la tensión sexual. En esa mezcla, había un puñado de vaqueros auténticamente gays, que con frecuencia habían huido al Oeste como una manera de poder el anonimato. Dado a que la mano de obra escaseaba, no era práctico para los terratenientes negarse a contratarlos gracias a su sexualidad.

Como apuntaron los historiadores sociales John D’Emilio y Estelle Freedman en su libro Intimate Matters, aun hay poemas de amor sobrevivientes escritos entre vaqueros y vaqueros. Podría ser mal visto por el resto de la sociedad, pero en la Frontera, la homosexualidad era parcialmente abierta.

4. Los vaqueros negros asimismo eran increíblemente recurrentes

Nat Love alias Deadwood Dick

Veloz: ¿cuántos westerns puedes denominar con vaqueros negros? La mayor parte de nosotros probablemente solo tengamos la posibilidad conseguir Django Unchained y Blazing Saddles. Como resultado, podría meditar que los vaqueros afroamericanos eran una extravagancia en la frontera. Estarías equivocado. Según ciertas estimaciones, uno de cada 4 vaqueros era negro.

Tiene sentido en el momento en que lo piensas. El cowpunch, como se le llamaba con frecuencia, era un trabajo sucio, bien difícil, mal comprado y de clase trabajadora. En la era posterior a la Guerra Civil, esos eran precisamente el género de trabajos que cabría aguardar de los esclavos recién independizados. Y como comentamos previamente, el Viejo Oeste era un área donde los empleadores no podían darse el lujo de negar un óptimo par de manos, más allá del color de su piel.

Eso no significa que todo en la frontera fuera armonía racial. Hacia el siglo XX, los vaqueros negros eran aguardaba realizar los trabajos mucho más duros y bien difíciles de todos. Ellos eran los que metían caballos salvajes, cocinaban todo en los carruajes y sostenían el ganado en el momento de marcar. Por otra parte, los vaqueros negros de manera frecuente tenían un nivel de autonomía y compromiso que no hubiesen tenido en otros trabajos. Quizás por esa razón muchos ex- esclavos optaron por irse al Oeste.

3. Los forajidos eran coche-promotores atrevidos

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En el momento en que escuches que los ladrones de el día de hoy son tuiteando en directo sus hurtos, es interesante asumir que hemos tocado fondo como cultura. Semejantes estupideces jamás hubiesen sucedido en el estoico Viejo Oeste, ¿verdad? Un tanto. Si bien las fotografías de Pat Garrett jugando en su teléfono capaz aún no han aparecido, los forajidos de la era de los vaqueros eran tan narcisistas como los delincuentes de el día de hoy. Al efectuar delitos mayores, con cierta frecuencia repartían Comunicados de prensa.

Jesse James era popular por ello. Al parar un tren, pasaba a los presentes una nota esmeradamente redactada, jactándose de sus hazañas. No fue el único. Billy the Kid infló deliberadamente su recuento de muertes de 8 a 21 y se jactó de su temperamento violento. En verdad, Kid prácticamente jamás se implicó en tiros, latrocinios o robos. La razón primordial por la que la ley lo persiguió fue por el hecho de que proseguía robando ganado.

Por otra parte, los buenos eran del mismo modo siendo conscientes de la imagen. El alias de Wild Bill de todos modos se refería a su gigantesca nariz, afín en tamaño al pico de un pato. Fue solo por el ahínco que ha podido comprender que se refería a su naturaleza “salvaje” y dañina, aterrorizando de este modo a los delincuentes locales.

2. El resto del país los consideró sospechosos y sucios

El vaquero está consagrado en la historia de historia legendaria como el epítome de los valores estadounidenses. Más allá de que otras temporadas y profesiones tienen sus atractivos, es realmente difícil meditar en una figura histórica el día de hoy mucho más querida por toda la nación. Lo que revela de qué manera cambian los tiempos. En los primeros días de la Frontera, los cowpunchers eran considerados como indigentes mal educados en el más destacable de las situaciones, y peligrosos portadores de anomalías de la salud en el peor.

En el sur profundo, los vaqueros eran considerados intrusos que empleaban tierras públicas para su beneficio. Generalmente, el Norte los consideraba incultos (en la mayoría de los casos lo eran). Aun durante las Enormes Llanuras, hubo bastante resentimiento. Las campañas de ganado pisoteaban todos los días las cosechas de los labradores y los originarios americanos, y fueron exactamente los mismos vaqueros los que tuvieron la culpa. Muchas personas aun temió que esparciría la temida ‘fiebre de Texas’ por todo el país. Es seguro decir que, a lo largo de la edad de oro del vaquero, la mayoría estadounidense los consideraba una molestia maloliente.

De todos modos, no fue hasta principios del siglo XX que los prosistas pulp y el Hollywood temprano han comenzado a editar a estos hombres duros, sucios y sin educación en héroes populares. Avance veloz hasta este día y esa es la imagen que queda.

1. Los alemanes modernos los adoran

Propietario del establecimiento de fabricación de botas, Alpine, Texas.  Es un estadounidense naturalizado de Alemania.

De todos y cada uno de los países de todo el mundo, ¿cuál piensas que ha caído mucho más en el mito de los vaqueros (además del buen viejo EE. UU. De A, claro)? No, no es Canadá. Australia no. No Enorme Bretaña. ¿El país mucho más ofuscado con el vaquero el día de hoy? Alemania.

Por alguna razón, los alemanes se vuelven locos por las cosas similares con los vaqueros. Hay cientos y cientos de clubes en esta nación montañosa europea, donde la multitud va los últimos días de la semana a vestirse como vaqueros y fingir que vive en el Texas del siglo XIX. Se calcula que múltiples millones de alemanes hacen esto cada semana, y varios, varios miles mucho más tienen un interés pasajero en semejantes hazañas.

Tampoco es algo absolutamente moderno. En la década de 1930, los nazis veneraban a los vaqueros prácticamente tanto como al asesinato en masa. Se sabía que nuestro Hitler era un enorme fanático de los westerns, de manera frecuente leyendo libros de vaqueros entre capítulos de conquista y megalomanía. Por alguna razón, esta tradición poquísimo alemana se ha arraigado intensamente en un país considerablemente más ordenado y respetuoso de las reglas que el Viejo Oeste. Lo que sencillamente revela, suponemos, que jamás se puede entender lo que nos depara el futuro.

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