10 cosas horribles que se encuentran en la comida rápida

Examen sorpresa: ¿qué es lo mucho más asqueroso que te consigas imaginar? Para bastantes de nosotros, la contestación implicaría morder la comida rápida y conocer que lo que consideramos que era un sabroso trozo de pollo era de todos modos un trozo de rata de alcantarilla no tan sabroso. Pero esas historias son solo leyendas urbanas, ¿verdad?

Bueno, detestamos decírtelo, pero resulta que la comida rápida es tan poco confiable como dicen esas historias. Desde cerebros de animales hasta virus fatales y carne humana, estas son las diez peores cosas que se han encontrado en la comida rápida …

10. Un cerebro de pollo frito en Kentucky

Aun el apasionado del pollo frito mucho más colérico aceptaría que hay unas partes del pájaro que jamás nunca comerían. Como las garras, por servirnos de un ejemplo. O los ojos … o el cerebro.

El estudiante Ibrahim Langoo prácticamente no posee voz en el tema. En 2013, el joven de 19 años mordió algo de KFC en Colchester, Essex, y descubrió un bulto gris y arrugado que parecía toda clase de asqueroso. Langoo rápidamente subió una fotografía de la cosa a Fb, presumiblemente mientras que procuraba no devolver.

El bulto se identificó como un cerebro o un riñón. KFC se excusó y le dio a Langoo cupones que nos encontramos 90% seguros de que jamás empleará.

9. Un condón Happy Meal

https://www.youtube.com/watch?v=hayvBPv91Zw

Existen algunas diálogos que jamás desearás tener con un niño de 7 años, como “papá, ¿qué es un condón?” En el momento en que esa charla se desata por el hallazgo de uno en el Happy Meal de su hija, entonces Dios te asista.

En 2009, este ámbito exacto sucedió en Suiza. Tras soliciar un Happy Meal, una chavala local empezó a comer sus papas fritas, solo para conocer una goma al asecho en el fondo de la caja. Todos se amedrentaron y la policía aun se implicó.

Hilarantemente (o desapaciblemente, en dependencia de su criterio), esta no es la primera oportunidad que alguien reporta haber encontrado un condón en una comida de McDonald’s. Una historia afín brotó en 2007.

8. Cartuchos para perros calientes de 9 mm

En 2004, una mujer en una tienda Costco en Mission Viejo, California, mordió un hot dog y sintió que algo le rompía el diente. Ese ‘algo’ resultó ser un cartucho de 9 mm en directo.

Se pone peor. Si bien la mujer (por supuesto) escupió el cartucho, resultó que había otro en el perro. Y ahora se había tragado la maldita cosa. Los médicos le hicieron una radiografía y hallaron que la bala se encontraba guardada intensamente en su estómago. Por su lado, la mujer fue claramente filosófica. “Si una bala estará en su estómago, cuando menos no horadó la piel para llegar allí”, ha dicho.

7. Un cuchillo para hornear de 7 pulgadas

Resultado de imagen para cuchillos horneados en el metro

Morder una bala puede ser malo, pero cuando menos no probablemente te mate. Es imposible decir lo mismo de morder un cuchillo de 7 pulgadas. En 2008, John Agnesini ordenó un sándwich Subway de 30 centímetros en Novedosa York. Se sentó, dio un bocado y prácticamente cortó el en su cara abierta.

De alguna forma, los usados de Subway habían logrado hornear una cuchilla grande en el pan. Por pura al azar, Agnesini mordió el mango en vez de nuestra hoja, salvando su rostro de una herida despiadado. No es que saliese libre de escoceses. La presencia del cuchillo aún le generaba intoxicación alimenticia, que probablemente sería conveniente a una lesión persistente en la cara.

6. Materia fecal de fuente de soda

“Materia fecal” es una manera educada de decir “partículas de caca”. En otras expresiones, habría de ser lo último que desees que se muestre en tu bebida de fuente de soda. Bueno, contamos malas novedades para ti. Si en algún momento ha utilizado una fuente de soda, hay una enorme oportunidad de que haya bebido ciertas de estas partículas de caca. Una investigación de 2010 estimó que hasta 48 por ciento de las fuentes de refrescos estadounidenses están contaminadas así.

Se pone peor. Si vive en Virginia, una fuente de soda probada arrojó un 90 por ciento de posibilidades de tomar materia fecal. Es preferible que piensa que esto puede ser malo para usted. En 1998, 99 soldados en una base del ejército de EE. UU. Fueron hospitalizados tras tomar de una fuente de soda perjudicada.

5. Una cabeza de pollo frita a la francesa

En la producción avícola, los pollos son degollados bastante antes que estén cerca de ser empacados para el consumo humano. Naturalmente, a los trabajadores de una factoría francesa ignota sencillamente no les importaba un comino esto. En el mes de abril de 2016, un cliente entró en un lugar de comidas Quick en Francia, solicitó pollo frito y inmediatamente recibió un cabeza de pájaro frita.

En el caso de que se lo pregunte, no, esto no es una suerte de manjar francés extraño. El tipo subió un vídeo de su descubrimiento a Internet y asqueó a todo el país. Precisamente 20.000 personas solicitaron que se despidiese a alguien por el descuido. Hasta donde entendemos, absolutamente nadie lo fue jamás. Y supuestamente esta clase de cosas suceden mucho más de manera frecuente de lo que piensas, teniendo en cuenta dado que la fotografía de arriba no es de este hecho particularmente.

4. Un pulgar humano

¿Recuerdas ese episodio de Old Friends en el que Phoebe halla un pulgar en su lata de refresco? Seguramente parecía el género de historia estrambótica que solo podía realizarse en una comedia de situación, ¿verdad? Intente mencionarle eso a un poco afortunado cliente de Arby. En 2005, David Scheiding mordió un sándwich de pollo en un lugar de comidas de Ohio. Prácticamente se traga un pedazo de pulgar.

Resultó que el gerente había estado triturando lechuga ese día en el momento en que se cortó la punta del pulgar. Se vendó la herida pero no ha podido hallar el trozo de carne que hacía falta. Supuestamente, se perdió en la lechuga y desde allí se abrió sendero hasta el sándwich de Scheiding. Sin sentirse impresionado, Scheiding demandó al lugar de comidas por 50.000 dólares americanos.

3. Un diente humano

Hombre, si hay algo que tomamos de este producto es que jamás tienes que soliciar papas fritas. En Osaka, El país nipón, una clienta cometió este fallo mortal en un McDonald’s en 2014. Al abrir la caja, halló un diente humano mirándola fijamente.

Impresionantemente, esto no fue lo único extraño que se halló en las comidas de McDonald’s en El país nipón ese año. Poco después, se halló un trozo de vinilo en una pepita de pollo, y antes de eso, un niño mordió un helado y se le llenó la boca de plástico roto.

2. Un arma bioterrorista

Existen muchos insectos que tienen la posibilidad de ingresar en la comida rápida y enfermarlo. En la mayoría de los casos, son el resultado de una mala higiene. No obstante, si estuvieses comiendo en Oregon en 1984, posiblemente hayan sido el resultado de una ataque bioterrorista.

En ese instante, una secta llamada Rajneeshee trataba de manejar una decisión local para hacerse cargo del gobierno de Oregon. En vez de sencillamente enseñar un candidato aceptable, eligieron lograr que todos, menos sus votantes, se enfermen bastante para proceder a las urnas. Con ese fin, apuntaron a las barras de ensaladas y puestos de tacos en todo el estado, infectándolos deliberadamente con salmonela. 751 personas enfermaron y 45 requirieron régimen hospitalario. Sin embargo, el culto aún perdió el voto y se desmoronó poco después.

1. Una víctima de asesinato

Dejamos lo malo para el desenlace. En 2010, tres hombres sin hogar fueron detenidos en Rusia por el homicidio de un colega. Impresionantemente, esta no fue la peor una parte de su delito. Eso vino en el momento en que se deshicieron de su cuerpo cocinándolo y vendiéndolo como carne de kebab a los locales desprevenidos.

La situacion sucedió en Perm en la zona de los Urales. Los hombres confesaron haber utilizado a su víctima como carne en una tienda de kebabs, pero en el momento en que la policía la allanó no hallaron indicios de carne humana. No pues los hombres estuviesen mintiendo, sino más bien pues todos y cada uno de los trozos del fallecido ahora habían sido vendidos y comidos. Si hay algo peor que conseguir los restos de una víctima de asesinato en tu kebab, es no conocer esos restos hasta tras haberlos comido.

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