10 Cosas que debemos a la Revolución Francesa

La Revolución De america probablemente halla garantizado nuestros derechos inalienables a la vida, la independencia y la búsqueda de la alegría. Pero para bien o para mal, América y el resto de todo el mundo aún tienen que bastante a la Revolución Francesa.

Muchas de las ideas y también especiales en los que se fundamentan nuestras sociedades nacieron del furor rebelde que acompañó a la Revolución Francesa. Pero asimismo influyó en los cambios en áreas menos críticas como la nutrición, la tendencia y los zoológicos.

10 – La iniciativa de la pena capital equitativa y humana

Protegida por el Dr. Joseph-Ignace Guillotin, la máquina para recortar cabezas fue adoptada en 1792 como el único procedimiento de ejecución aprobado por el estado. Y fue, de verdad, una enorme optimización respecto a otros métodos de ejecución, como la desaparición por ahorcamiento, ahogamiento o la hoguera. Lo malo de todo fue la rueda, que rompió los brazos, las piernas y las espaldas de los condenados mientras que sus cuerpos estaban envueltos sobre ruedas con sus semblantes “girados al cielo, para quedarse hasta el momento en que a Dios le plazca liberarse de ellos”.

Promovida por su efectividad y eficacia por el cirujano francés Antoine Louis, la guillotina se llamó primero louisette o louisison. Después, se conoció como la navaja de rasurar nacional.

Si bien es realmente difícil corroborar el número de vidas sesgadas por la guillotina, la máquina fue realmente un fenómeno nacional. Los registros estiman que el número de ejecuciones de la guillotina fluctúa entre 520.000 y 650.000 ejecuciones. Solo en París, 1.376 contrarrevolucionarios fueron degollados entre el 10 de junio y el 28 de julio de 1794.

Otro alias innovador para la guillotina era “la viuda” pues el 88 por ciento de los degollados eran hombres. Tras la revolución y hasta su último empleo en 1977, menos del 1 por ciento de los que hallaron el cuello bajo las espadas del louisette eran mujeres. De manera comparativa, solo el 3.6 por ciento de los ejecutados en los USA son mujeres.

9 – El sistema métrico

En 1793, el metro fue inventado para estandarizar y unificar las mucho más de 800 entidades de medida usadas en Francia antes de la revolución. Apoyado en la distancia entre el Polo Norte y el ecuador en todo el meridiano de París, el nuevo servicio reemplazó a una panoplia de entidades fundamentadas con frecuencia en el cuerpo humano excepcionalmente variable, como el pie (piedra) y el pulgar (pouce). Otras medidas incluyeron el bushel (boiseau) y el acre (arpent o septier).

Como escribió la lengua inglesa Arthur Young en el momento en que viajó a Francia de 1787 a 1789, en Francia, la perplejidad sin limites de las medidas sobrepasa toda entendimiento. No solo difieren en todos y cada provincia, sino más bien en todos y cada distrito y en prácticamente todas las ciudades.

Por consiguiente, fue una innovación útil tener medidas que traspasaran las fronteras de la región y fuesen usadas por todos. No obstante, el nuevo servicio democrático no fue adoptado en el instante y no se transformó en la ley del país hasta 1799.

Pese a todo, la transición francesa fue un éxito veloz. Del otro lado del Atlántico, Thomas Jefferson dio una ocasión a la conversión al sistema métrico en 1789. Alexander Graham Bell lo procuró nuevamente en 1906, y el gobierno de los USA escribió un acto tras otro para alentar su adopción-en 1866,1968,1975,1975,1988,1996 y 2004.

8 – La Baguette (Pan de Igualdad)

En 1793, un decreto oficial del gobierno estableció que todo el pan había de ser igual. No mucho más bolas pesadas y redondas de pan para los pobres y panes rápidos y escamosos para los ricos. Todo el planeta comería lo mismo.

Si este nuevo pan era verdaderamente la baguette está abierto al enfrentamiento. Múltiples leyendas circulan y son bien difíciles de evaluar. Pero es incontestable que la baguette nació en el periodo innovador.

Una teoría asigna la invención de la baguette a la evasión fiscal. En 1790, se charló de recaudar un impuesto indirecto y un impuesto directo sobre el pan en el boule. Al cambiar tanto la harina usada como la manera confeccionada, los boulangers podían vender lo que les agradaba, libres de impuestos.

Otra teoría es que la baguette fue introducida por un joven oficial vienés transformado en panadero que llegó a París en torno a la temporada de la Segunda Revolución Francesa en 1830, trayendo consigo recetas de pan alargado con levadura de cerveza y pan cocido al vapor.

Esos que deseen aferrarse al francés de la baguette quizás prefieran atribuirlo al Enorme Ejército de Napoleón. La manera cilíndrica de la baguette y su peso mucho más rápido eran considerablemente más simples de empacar y transportar para los soldados, en especial desde el momento en que el boule promedio pesaba 1-3 kilos (3-6 libras).

7 – La fantástica escena del lugar de comidas en París

Antes de la revolución, la población francesa, estimada en 26 millones, incluía unos 400.000 nobles. Tras la revolución, han quedado unos 15.000. Conque había multitudes de geniales chefs y personal fuera del trabajo, intentando encontrar algo que realizar. Varios abrieron un nuevo género de lugar de comidas donde los comensales podían sentarse sobre sus mesas en vez de las recurrentes. Asimismo podían comer su decisión de cena en vajilla fina y servida con virguería y felicidad.

La palabra “lugar de comidas” designaba inicialmente un caldo restaurador de jugos de carne concentrados. En la época del siglo XVIII, inmediatamente antes de la agitación política, el término había llegado a representar el sitio que daba tal restauración. El primer lugar de comidas que ofreció opciones alén del caldo restaurador abrió sus puertas en París en 1872.

Con el vuelo de la aristocracia, 1789 vio la aparición de unos 100 sitios de comidas parisinos en el sentido moderno. Para 1819, había mucho más de 3.000 de ellos.

6 – Estandarización del lenguaje y la invención del “francés canadiense”.

Desarrollado en China a inicios del siglo XVI, el cepillo de dientes llegó a Europa 200 años después. Los primeros cepillos de dientes se dieron a conocer en Inglaterra en 1780. Eran elementos hermosos, hechos de plata o marfil y con frecuencia engastados con joyas.

La higiene dental no era precisamente extraña a Francia antes de la revolución. Pero el cepillo de dientes fue visto con sospecha y no fue popularizado en el Exágono hasta el momento en que Napoleón lo favoreció a lo largo del Primer Imperio.

En tiempos de Luis XVI, la boca no era un espacio interesante. Como tal, las vocales se sostuvieron cerradas. Moi fue pronunciado “moy”, con solo una pequeña abertura de la boca. Los campesinos, que tenían ciertas otras intranquilidades, pronunciaron la palabra “mwa” con poca preocupación por los fragancias que tengan la posibilidad de estar liberando a su compañía.

En 1789, no obstante, no varios campesinos charlaban francés. Con 30 y muchos dialectos, la lengua francesa era una lengua extranjera para la mayor parte de su población. Unificar el país lingüísticamente era una enorme cosa.

En 1793, el “terror lingüístico” impuso la lengua francesa a toda la población del territorio. La divulgación del idioma, si bien no instantánea, era una prioridad. El país por el momento no charlaría la lengua francesa del rey. En su rincón, abriría la boca para una mayor inclusión.

Si bien el Tratado de París de 1763 había puesto fin a la existencia de Francia en América del Norte, los canadienses continuaron vinculados al monarca francés. No sentían la necesidad de dejar sus acentos por la versión famosa que se promocionaba en París. De esta manera nació la lengua francesa canadiense.

5 – Moda para todos

Adiós, culottes. ¡No mucho más medias para hombres!

Bajo el Viejo Régimen en Francia, la indumentaria era dictada por el rango de la sociedad. En la Reunión Nacional, por servirnos de un ejemplo, los nobles vestían mantones y chalecos bordados con oro y sombreros adornados con plumas. El clero vestía ropas eclesiásticas de colorado, púrpura y oro.

Estas 2 clases privilegiadas asimismo llevaban culottes (calzones). El resto de los representantes, el Tercer Estado, vestían trajes negros llanos con corbatas blancas y sencillos sombreros. Este código de vestuario obligación era una demostración visual de desigualdad.

Hacia 1792, los revolucionarios enarbolaban pancartas que criminalizaban los cultos. Los auténticos republicanos eran “libres y sin pantalones”. Vestirse según con los ordenes del Viejo Régimen podría poner en riesgo la vida de un noble, cuyo sombrero de plumas corría el peligro de ser retirado de forma permanente de sus calzones.

La tendencia asimismo fue revolucionada y democratizada para las mujeres. Una mujer noble del viejo régimen francés habría debido vestirse sin asistencia. Para en el momento en que Josefina tomó el trono al lado de Napoleón, la tendencia había cambiado.

A Josephine le interesaba tanto la tendencia como a Marie Antoinette, pero bastante de lo que llevaba puesto Josephine podía escurrirse por sí mismo. Saltando hacia adelante unos cuantos siglos, Coco Chanel, un niño pobre y huérfano criado por monjas católicas, dominaría el planeta de la tendencia de París a lo largo de prácticamente seis décadas.

4 – El Zoológico Público

Si bien la compilación del Jardin des Plantes data de finales del siglo XVI, no se transformó en un zoológico moderno hasta el momento en que los animales de los aristócratas asilados o guillotinados precisaron un nuevo hogar.

En el mes de noviembre de 1793, tres compilaciones privadas de animales vivos y exóticos que habían sido decomisados por el gobierno a familias aristocráticas hallaron un hogar en el Jardin des Plantes. Ese año, se decretó un decreto que prohibía la existencia de animales salvajes en las calles de la ciudad más importante. Ellos asimismo se dirigieron al Jardín de las Plantas.

Por último, en 1794, los animales sobrevivientes de las compilaciones reales de Versalles y Raincy se unieron a el resto y un auténtico zoológico con 58 animales fue estrenado de manera oficial por un decreto aprobado por la Convención.

En la actualidad, el zoológico aloja a mucho más de 1.200 animales en el corazón de París.

3 – La democratización de la gastronomía

El Almanach des Gourmands, anunciado por vez primera en 1803, tiene relación particularmente a la revolución culinaria que siempre prosiguió a la política. Con una redistribución tan inmediata y trágica de la riqueza, el Almanaque fue una suerte de guía práctica para la buena mesa.

La primera edición fue encargada de un popular gastrónomo, Monsieur d’ Aigrefeuille, y relata a Jean-Jacques-Regis de Cambaceres particularmente por tener la mesa mucho más distinguida de toda París.

Cambáceres y d’ Aigrefeuille eran figuras revolucionarias de Montpellier, en el sur de Francia. Como segundo cónsul de Napoleón, Cambáceres gastó proporciones descomunales en cocina. Una tercer parte de su presupuesto oficial se gastó en su cocina.

Mandaba por especialidades regionales de toda Europa y mucho más allí. Su buey procedía de Hamburgo, sus jamones de Westfalia y sus vinos de Oporto, Madeira y Málaga. La promoción de la buena comida se encontraba terminantemente en su agenda revolucionaria.

Actualmente, la Enciclopedia Gastronómica de Francia incluye la entrada “a la Cambaceres” como procedimiento de cocción de ciertas exquisiteces como la langosta, la paloma y el foie gras. No obstante, la contribución mucho más perdurable de Cambáceres al planeta de la cocina, indudablemente, reside en su popularización.

2 – Técnicas médicas modernas y revolucionarias

Bajo el Viejo Régimen, la medicina en Francia se encontraba tan estratificada como el resto de la sociedad. Los médicos tenían autoridad sobre los cirujanos. No alguno podría transformarse en médico, y si usted fuera con la capacidad de ser cirujano, entonces no podría transformarse en médico. Ámbas ramas de la medicina estaban sostienes a distintas leyes, distintas derechos y distintas situaciones sociales.

Para 1792, los idóneas de independencia y también igualdad se habían extendido a la medicina. Las guerras que prosiguieron a la revolución dieron el contexto a fin de que los cirujanos influyeran y cambiaran el planeta médico como jamás antes.

En 1792, Dominique Larrey, cirujano de la Guarda Imperial, ingresó la iniciativa del triaje, desde el verbo trier (“clasificar”). Etimológicamente, Trier significa separarse en tres, que es lo que Larrey logró en el campo de guerra.

Ciertos heridos estaban alén de la promesa (conjunto 1), otros tienen la posibilidad de o no haber subsistido con intervención médica (conjunto 2) y otros tenían buenas posibilidades de volver como estaba (conjunto 3). Naturalmente, el último conjunto recibió prioridad de la enfermera de triaje, una situación recién construída en el campo de guerra y en los centros de salud de todo el país.

1 – Implementación de un servicio médico afín al de la Cruz Roja

Larrey y su compañero cirujano, el Dr. Pierre-François Percy, practicaron los servicios de la Cruz Roja tres cuartos de siglo antes de su lugar. Larrey inventó la “ambulancia volante” tirada por caballos que podía transportar hasta 4 heridos velozmente y con relativa tranquilidad al hospital mucho más próximo. Entonces Percy fue un paso mucho más allí. En 1799, ingresó la unidad quirúrgica móvil inteligente que podía llevar la mesa de operaciones al campo de guerra.

Esta novedosa medicina móvil inteligente francesa no tuvo presente la nacionalidad ni la afiliación en el momento de tratar a los heridos. Larrey y Percy trataron a todos sin distinción, en lo posible. Más allá de que se precisaron múltiples décadas mucho más a fin de que la iniciativa cobrara un sentido universal, el software conduzco se puso en marcha de manera exitosa merced a la creencia en la independencia, la igualdad y la fraternidad nacida de la revolución.

A propósito, el progreso hacia la cobertura universal de salud y la medicina socializada en Francia se asigna en buena medida al Dr. Guillotin, que inspeccionó el lugar del primer comité de salud en el parlamento en 1790.

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