10 de los excéntricos más grandes de Gran Bretaña (o bichos raros, si fueras pobre)

La excentricidad se encuentra dentro de los enormes pasatiempos británicos. La historia está llena de figuras que enseñaron características o tenían opiniones extrañas, pero estas personas consiguieron llevarla a novedosas alturas.

10. Henry Paget

Henry Paget no se parecía al habitual Lord inglés. Los londinenses de finales del siglo XIX podrían haberlo visto desfilar por el centro de la región vistiendo suntuosos y coloridos vestidos y túnicas, luciendo tiaras con incrustaciones de joyas y llevando un caniche de nudo rosa bajo el brazo. O quizás lo habrían sentido en la carretera, manejando vehículos que habían sido editados para producir perfume por el tubo de escape.

Henry Cyril Paget era un hombre que amaba la atención y era popular por efectuar bailes sexys para su público. Él transformado la capilla de la familia en el Teatro Gaiety donde efectuó actuaciones gratis. Al final, en 1901 decidió transformarse en “profesional” y contrató a una compañía de teatro real. Salían de da un giro con Paget y presentaban cualquier obra que se le sucediera en lugar de salarios descomunales.

Paget se transformó en marqués de Anglesey en 1898. Con su título asimismo llegó una enorme propiedad y una fortuna familiar. En 1904, se vio obligado a declararse en quiebra. Paget había malgastado completamente su dinero en sus costosos hábitos y había dejado a su familia endeudada. Todo cuanto tuvo fue vendido para contribuir a abonar a sus acreedores, incluido su loro mascota.

La subasta fue un acontecimiento destacable en sí. La multitud sabía por los diarios que Paget había gastado su fortuna en un vestuario extravagante, pero era un espectáculo muy distinta ver cientos de productos hechos con las sedas mucho más finas y aumentados con las joyas mucho más lindas desfilando frente ellos.

9. Caroline Prodgers

Al mantenerse en el Londres de finales del siglo XIX, observamos a la mujer que infundió temor en los corazones de los taxistas de la región. Su nombre era Caroline Giacometti Prodgers y era lo que el día de hoy llamaríamos una “litigante vejatoria”. Tenía la práctica de llevar a los taxistas a los tribunales por conducirla alén de su destino concretado.

Entonces, los carruajes tirados por caballos no tenían metros. Había tarifas estándar de un espacio ya establecido a otro, como estaciones de ferrocarril, hoteles y teatros. Si un individuo viajara una gran distancia, se agregarían múltiples tarifas una sobre otra. Asimismo había gráficos que daban a conocer los cargos y la Sra. Prodgers los aprendía de memoria. Sabía precisamente dónde detenerse antes que el taxista pudiese comenzar a cobrar impuestos para la próxima etapa de la cuota. A veces, los taxistas conducían un tanto mucho más lejos y también procuraban cobrar mucho más. La Sra. Prodgers se negó y los llevó a los tribunales.

Logró llevar mucho más de 50 casos de esta clase a Tribunal, si bien no se sabe cuántos ganó. Esto incordió a los jueces que sugirieron que la dama tenía los medios para obtener su carruaje.

Los chillidos de “Madre Prodgers” se podían oír en las paradas de taxis de Londres para avisar a los conductores de la llegada de Caroline Prodgers. En 1875, sus acciones se triunfaron tanto desprecio que un taxista aun quemó una efigie de ella en la noche de la hoguera.

8. John Overs

Según la historia de historia legendaria, hace bastante tiempo, antes que hubiese un cruce sobre el río Támesis, donde en este momento está el Puente de Londres, había un ferry operado por John Overs. Su negocio exitoso lo logró riquísimo pero, pese a su riqueza, Overs era un avaro increíble. Un día, se le ocurrió un plan para ahorrar ciertas monedas: si fingía su muerte, su familia y sus sirvientes ayunarían ese día por respeto. Esto le dejaría ahorrar en provisiones.

De todos modos, sucedió lo opuesto. En el momento en que los sirvientes se enteraron de que Overs había fallecido, han comenzado a festejar con toda la buena comida y el vino. Conmocionado por ello, el adulto mayor salió de su refugio para encararlos y atemorizó a entre los sirvientes que creyó que era un espectro. En contestación, el asistente tomó un remo y aplastó la cabeza de Overs con él, en esta ocasión asesinato él enserio.

Su dinero fue a su hija, Mary Overie. Su prometida asimismo murió poco tras este acontecimiento. Angustiada, usó su herencia para comenzar un convento de monjas que, por último, se transformó en la Catedral de Southwark, que todavía sigue de pie.

7. J. Thomas Looney

John Thomas Looney fue un instructor de inglés de finales del siglo XIX que se realizó popular, primero, por ser un enorme admirador de Shakespeare y, después, por llevar a cabo todo lo que resulta posible para desacreditarlo. A Looney se le ocurrió la teoría de Oxford, un concepto que afirmaba que el hombre popular como William Shakespeare no era de todos modos el creador de sus proyectos. En cambio, el auténtico escritor fue Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford.

Esto revela que las teorías de la conspiración no son un fenómeno nuevo. El primer registro escrito que cuestiona la autoría de las proyectos de Shakespeare data de mediados del siglo XIX, cortesía de la autora estadounidense Delia Bacon. Aseveró que las proyectos fueron escritas por un conjunto de individuos dirigido eminentemente por Sir Francis Bacon.

La gente que vacilaban de Shakespeare se hicieron conocidas como anti-Stratfordianos. En 1920, Looney publicó un libro en el que presentaba al conde de Oxford como primordial candidato a autoría. Sus ideas se hicieron populares en los círculos anti-Stratfordianos y experimentan un resurgimiento ocasionalmente. Como es natural, no hay prueba real que los respalde. Los fieles tienden a pasar por prominente dado que Shakespeare prosiguió escribiendo proyectos de teatro a lo largo de mucho más de una década tras la desaparición de Edward de Vere y no comentan por qué razón el creador legítimo dejaría que un estafa reclamara la propiedad de su obra.

Raramente, Looney era un enorme admirador de Shakespeare al comienzo. Formó una parte de la Iglesia de la Humanidad, un conjunto positivista inspirado por las proyectos de Auguste Comte. Verdaderamente nombraron un mes en honor a Shakespeare en el calendario positivista.

6. William Buckland

Las credenciales científicas de William Buckland charlan por sí mismas. Fue un geólogo del siglo XIX y un paleontólogo vanguardista que escribió el primer relato terminado de un dinosaurio al que llamó “Megalosaurus”. Tenía sus características como ofrecer charlas a caballo. No obstante, su extravagancia mucho más destacable fue su fascinación por los animales, particularmente, por comerlos.

Buckland era un practicante de la zoofagia y, si fuera por él, se deleitaría con toda clase de criatura en la Tierra. De manera frecuente organizaba cenas donde los menús consistió de ratones, panteras, elefantes, marsopas y cocodrilos. Las moscas azules eran su comida que menos le agradaba, si bien todavía bajaban con algo de mantequilla. Su pasión funcionó magníficamente con su puesto en la Sociedad para la Aclimatación de los Animales. Podía importar toda clase de criaturas para comer con el motivo de efectuar pruebas para poder ver si podían introducirse de forma posible en Inglaterra como una exclusiva fuente de alimento.

La historia mucho más extraña, probablemente apócrifa, que implica la afición de Buckland por los comibles poco comunes afirma que el científico una vez visitó el Nuneham Courtenay donde le enseñaron un órgano conservado en un ataúd de plata, reputado como el corazón del rey Luis XVI. Inútil de soportar el tentación de una experiencia gastronómica tan única, Buckland le arrebató el corazón y se lo tragó antes que absolutamente nadie pudiese detenerlo.

5. Thomas Phillipps

Sir Thomas Phillipps, primer baronet, tenía una afección que llamó “pelo-manía. ” Hoy día, usaríamos el término “bibliomanía”, una obsesión por la compilación de libros.

Su dedicación fue bastante alén de la del acaparador común. Su biógrafo aseveró que Phillipps amontonó la compilación privada mucho más grande de libros y manuscritos: cerca de 100.000 en el instante de su muerte en 1872.

Todo era secundario a sus libros. La mayor parte de las habitaciones de su mansión llamada Middle Hill House se usaron como espacio para sus hermosos tomos. Sus esposas y también hijas tenían el deber de proteger la compilación.

Phillipps desaprovechó su fortuna en libros. Adquiría librerías enteras al unísono, aun tras quedarse sin dinero. Los anticuarios, sirvientes, constructores y dueños de tiendas han quedado sin abonar.

La hija mayor del baronet se enamoró de un hombre llamado James Halliwell. Era un anticuario, pero una vez fue acusado de hurtar manuscritos del Trinity College y venderlos. Un ladrón de libros era algo que Sir Thomas no podía aguantar, con lo que le negó el permiso a Halliwell para casarse con su hija. De todas maneras lo hicieron.

Phillipps detestaba la iniciativa de que Halliwell pudiese heredar Casa de Middle Hill. En consecuencia, logró talar todos y cada uno de los bosquecillos y vender la madera. Con el dinero, adquirió otra mansión llamada Thirlestaine House y usó mucho más de cien furgones para resituar su compilación de libros. Entonces dejó deliberadamente que Middle Hill House se arruinase.

Pese a sus sacrificios, los elementos apreciados del baronet por último acabaron en posesión de su familia tras su muerte. Se precisaron mucho más de un siglo para vender todos y cada uno de los libros y los últimos productos se subastaron en 2006.

4. John Elwes

Otro tacaño británico conocido fue John Elwes. Se realizó tan popular por sus formas de ahorrar dinero que se le asigna el mérito de ser la inspiración para Ebenezer Scrooge de A Christmas Carol de Hables Dickens.

Nacido como John Meggot en 1714, Elwes podría haber heredado su frugalidad de su madre. Pese a ser increíblemente rica, en teoría se murió de apetito por el hecho de que gastaba poquísimo dinero en comida.

La frugalidad parecía ser hereditaria. El tío de Elwes era Sir Hervey Elwes, segundo baronet. Pese a ser aún mucho más rico, asimismo era mucho más ascético. En verdad, se afirmaba que John Meggot era un tanto libertino en su juventud, pero aprendió la abstinencia financiera para impresionar a su tío sin hijos y transformarse en su heredero. Aun cambió su nombre a Elwes para apaciguarlo.

El plan funcionó y Elwes heredó la fortuna de su tío. En cualquier caso, tener mucho más dinero lo hacía aún mucho más avaro. Pasaba las noches en la obscuridad para ahorrar candelas. Llevaba un solo traje a lo largo de meses, aun en cama. Comía comida enmohecida que servía en la cocina para eludir llevar a cabo fuego en una segunda habitación. Caminaría bajo la lluvia en vez de abonar un entrenador. En una ocasión, en teoría llevaba una peluca vieja que halló descartado en un arbusto a lo largo de semanas.

Raramente, más allá de que Elwes ahorraba su dinero, gozaba observando a sus compañeros gastar el de el. De forma frecuente visitaba las viviendas de juego de Londres y no tenía reparos en prestar enormes cantidades de dinero. No incordió a sus prestatarios a fin de que le devolviesen el dinero pues creía que el accionar era poco caballeroso.

3. John Napier

John Napier fue un científico del siglo XVI que asimismo se desempeñó como octavo Laird de Merchiston. Sus mayores logros se generaron en el campo de las matemáticas, donde descubrió los logaritmos, popularizó la utilización del punto decimal y también inventó un dispositivo de cálculo llamado “huesos de Napier”.

Si bien era un matemático consumado, Napier asimismo tenía intereses mucho más peculiares. Se encontraba especialmente entusiasmado en la teología, particularmente la Libro de revelación. Lo estudió y pronosticó el Apocalipsis que sucediera en algún instante entre 1688 y 1700. No sucedió, como recordará.

Asimismo hubo comentarios de que Napier incursionó en el ocultismo. Estas supones probablemente se debieron a ciertas excentricidades del científico. En la mayoría de los casos, vestía de negro con una cubierta extendida y suelta. Aparentemente, tenía la práctica de llevar consigo una araña negra en una caja. Asimismo tenía un gallo negro como mascota que varias personas temían que fuera de todos modos su familiar.

Hay una historia de de qué manera Napier usó su reputación para apresar a un sirviente ladrón. Logró que todos y cada uno de los ayudantes de su casa entraran en una habitación obscura, uno por uno, y acariciaran a su gallo por el hecho de que el pájaro tenía el poder de decir quién era el culpable. Lo que verdaderamente sucedió fue que Napier cubrió el gallo con hollín. Todos y cada uno de los criados inocentes acariciaron al animal y salieron con las manos descuidadas al tiempo que el culpable solo pretendía acariciarlo y tenía las manos limpias.

2. Joanna Southcott

Joanna Southcott fue una mujer del siglo XVIII que inició un movimiento espiritual apoyado en sus premoniciones. En el auge de su popularidad, había mucho más de 100.000 pobladores de Southcott en el planeta.

En el momento en que tenía 60 años, Southcott aseveró haber quedado embarazada del nuevo Mesías. Naturalmente, el bebé no se presentó y la predicadora solicitado que fue llamado instantaneamente al cielo tras su nacimiento. Southcott murió en 1814, pocos meses tras este supuesto nacimiento.

El legado de Joanna Southcott se volvió aún mucho más extraño tras su muerte. Dejó una caja y en esta caja estaban las cosas que solucionarán los inconvenientes de todo el mundo. No obstante, asimismo dejó normas concretas que afirmaban que la caja solo debe abrirse en un instante de crisis nacional y en presencia de 24 obispos de la Iglesia de Inglaterra.

En 1927, el estudioso psíquico Harry Price tenía la caja en su poder. Logró una radiografía en la caja de Southcott y descubrió que se encontraba llena de datos al azar todos y cada uno de los días. productos como libros, una caja de dados, un gorro de reposar, una pistola de caballos y un boleto de lotería.

Esto encolerizó a los pobladores de Southcott, quienes aseguraron que Price orquestó un engaño y que solo ellos sabían dónde se encuentra la auténtica caja. Aun décadas después, arrendaron vallas de publicidad para avisar que “la guerra, las patologías, el delito y el bandidaje, la angustia de las naciones y la perplejidad aumentarán hasta el momento en que los obispos abran la caja de Joanna Southcott”.

1. Francis Dashwood

En el final de su trayectoria, Sir Francis Dashwood, el undécimo barón le Despencer, había ocupado múltiples puestos de prestigio, como canciller de Hacienda y directivo general de correos. En su juventud, no obstante, parecía mucho más preocupado por entretenerse.

En el momento en que era un adulto joven, Dashwood efectuó una enorme da un giro por Europa, de la misma varios hombres ricos de su edad. Se metió en inconvenientes mientras que visitaba la corte rusa pues creyó que sería entretenido disfrazarse de Carlos XII, rey de Suecia y enemigo de Rusia. Además de esto, se manifiesta que asimismo trató de cautivar a la zarina Anna.

De vuelta en Inglaterra, Dashwood asistió a fundar un club llamado Society of Dilettanti a inicios de la década de 1730. De manera oficial, fue una asamblea de aristócratas que deseaban comunicar su amor por el arte de roma. No obstante, en estas asambleas normalmente se involucraban enormes proporciones de alcohol. Horace Walpole una vez acompañó a Dashwood y a otros integrantes a Florencia. Después escribió que parecía haber 2 puntuaciones preciso para ser integrante: viajar a Italia y estar borracho.

El primordial reclamo de Dashwood a la popularidad fue la fundación de la Orden de los Monjes de San Francisco de Wycombe, mucho más famosa como Hellfire Club. No fue la primera sociedad segrega con ese nombre, pero fue la mucho más evidente. Su lema era “Fais ce que tu voudrais” (Haz cuanto quieras). En su caso, implicó bastante libertinaje de borrachos y simulacros de liturgias religiosas. Muchas figuras británicas sobresalientes de la temporada eran integrantes e inclusive se manifiesta que Benjamín Franklin asistió a múltiples asambleas a lo largo de su estancia en Inglaterra.

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