10 experimentos de comportamiento que salieron terriblemente mal

Los ensayos de accionar no son pésimos predeterminado. Son solo ciencia que hace lo que la ciencia hace mejor: para entender mejor de qué manera nos comportamos, los estudiosos en ocasiones deben efectuar una o 2 pruebas. No obstante, ocasionalmente, esas pruebas van tan mal que el resultado final semeja mucho más una película de terror que un ensayo científico bien planeado. Echemos una ojeada a varios de los casos mucho más espantosos.

10. La utopía del ratón

Desde la década de 1950 hasta la de 1970, estudioso de accionar animal John Calhoun edificó entornos artificiales a fin de que los roedores estudiaran su accionar. En 1972, procuró hacer el cielo para ocho ratones … que velozmente fueron y lo transformó en un infierno en un patrón autodestructivo llamado “el sumidero conductual”.

Calhoun diseñó la composición como una utopía determinante para un ratón: había bellos inmuebles, espacios recurrentes, extensas habitaciones personales y un suministro sin limites de alimentos. Llamó a su creación “Cosmos 25”, y ya que en verdad era el ambiente número 25 que había desarrollado, tenía un concepto bastante clara de que las cosas podrían no mantenerse divinos por bastante tiempo. Su corazonada era adecuada, puesto que los ratones empleaban su paraíso para reproducirse lo mucho más veloz que podían. Para el día 560 del ensayo, la población del Cosmos 25 alcanzó la friolera de 2200 roedores, quienes continuaron a probar que aun para los animales, el infierno son otra gente. La mayor parte de los ratones pasaban cada segundo de sus vidas rodeados de cientos y cientos de sus familiares. La apatía y el enfado eran los estados de ánimo predominantes, puesto que los ratones se encorvaban en las plazas primordiales, aguardando ser alimentados y esporádicamente atacándose unos a otros. Escasos embarazos se llevaron a término, y las hembras trataron a sus camadas como pensamientos tardíos que próximamente fueron olvidados.

La razón por la cual la mayor parte de los ratones estaban encorvados en los espacios recurrentes era aun mucho más alucinante que su hastiada apatía. Fue por el hecho de que los espacios limitados y apartados fueron ocupados por “Los Preciosos”, una clase de élite que se formó en la sociedad de ratones del Cosmos 25. Protegidos por machos brutalmente territoriales que impidieron que el resto de la población ingresase a las instalaciones, estos en su mayor parte mujeres las ciudades pasaron su vida acicalándose, comiendo y durmiendo. Los ratones “recurrentes” parecían admitir este estado de cosas, hasta el punto de que en el momento en que la ineludible crueldad empezó a comer desaforadamente a la población, los Preciosos se salvaron de la matanza. No obstante, en ese instante, estaban tan desconectados de la verdad que no podían reproducirse, ni cuidar a sus crías, no entender el accionar popular básico. Toda la población se encontraba sentenciada alén del punto de restauración.

9. Operación Clímax de medianoche

Entre 1953 y 1964, la CIA incursionó en un emprendimiento de accionar especialmente desapacible llamado Operación Clímax de Medianoche. Tenía que ver con una operación ultrasecreta famosa solo por el mucho más prominente mando de la agencia y su División de Soporte Técnico, y su propósito era fácil: conocer de qué forma influir en personas incautos con drogas y también inducir el control mental. El ensayo fue comandado por un veterano de múltiples agencias llamado George Hunter White, quien decidió poder su propósito estableciendo burdeles sponsoreados por la CIA en Novedosa York y San Francisco. Allí, putas financiadas por el gobierno atrajeron a cientos de hombres involuntarios a noches de sórdidas sesiones repletas de sexo, drogas y alcohol, mientras que los agentes de la CIA observaban mediante espéculos bidireccionales y grababan las sesiones que alteraron la cabeza.

El absurdo ensayo ahora era tan orate que la gaceta Time señalaría después que la CIA “parecía estar ensayando su forma de disparidad”, pero próximamente se transformó en una pura disparidad, puesto que han comenzado a poder la una parte de “control mental” de su propósito al … sencillamente empleando el material comprometedor que juntaron para chantajear a los sujetos de prueba desprevenidos a fin de que cumplan sus órdenes. En todo momento, George Hunter White se cernió más que nada como un extraño supervillano patrocinado por el gobierno. Veía las sesiones de sexo drogado mientras que tomaba martinis, y él mismo abusaba bastante del alcohol y las drogas para cumplir su misión.

Pese a toda la disparidad alucinante implicada en el desarrollo, semeja que la Operación Clímax de Medianoche probablemente halla sido un éxito a su y extraña forma. En 2013, un psiquiatra que había estado examinando ciertos documentos viejos de la CIA descubrió un propósito oculto para el ensayo: asimismo estaban ensayando con la putas. Al colocarlos en condiciones que imitaban las operaciones de campo, la agencia los probaba para poder ver si serían buenos agentes de campo o espías.

8. El ensayo de las expresiones faciales

Antes que la psicología estableciese ciertas reglas básicas sobre cosas como traumatizar a la gente por el bien de la ciencia y matar animales para poder ver de qué manera reaccionaban la gente, teníamos estudiosos como Carney Landis. En 1924, queria ver si todos y cada uno de los humanos hacen exactamente las mismas expresiones faciales como contestación al mismo estímulo. Gracias a que no confiaba en que la multitud hiciese sus expresiones de forma voluntaria en una manera de “¿Qué cara haces en el momento en que andas feliz?”, Decidió inducir esas conmuevas enserio.

Esto habría sido realmente bueno para sus sujetos de prueba en el momento en que tenía que ver con cosas como el exitación físico, la curiosidad, la feliz anticipación y la risa. Lamentablemente, Landis no se encontraba entusiasmado en la alegría. Las conmuevas que deseaba investigar eran el mal, el disgusto, el temor, la tristeza y otras negativas, con lo que sus sujetos se hallaron metiendo las manos en cubos llenos de ranas y recibiendo descargas eléctricas. Como último golpe de felicidad, Landis tomó un ratón y le ha dicho al sujeto que en este momento debían decapitar al pobre roedor. Increíblemente, bastante gente cumplieron: precisamente una tercer parte de la gente a las que Landis presentó la labor sujetaron al roedor y le sacaron la cabeza lo destacado que lograron. El resto debieron ver mientras que Landis decapitaba al animal él mismo. En último término, todas y cada una esas pobres criaturas debieron fallecer en balde: todo cuanto Landis descubrió fue que distintas personas manifiestan exactamente los mismos sentimientos con una extensa selección de expresiones faciales distintas, lo que … semeja un hallazgo bastante evidente que probablemente no requirió un montón de gente para arrancarles la cabeza a los animales.

7. El elefante LSD

En 1962, el doctor Louis Jolyon West y sus colegas de la Facultad de Oklahoma queria ver si la entonces parcialmente novedosa sustancia LSD puede inducir un accionar violento … en los elefantes. Absolutamente nadie sabe por qué razón estaban apasionados ​​en esto, si bien debe tenerse presente que West probablemente tenía vínculos con el turbio programa MKUltra de la CIA. El sujeto del ensayo fue Tusko, el apreciado elefante toro del zoológico de Oklahoma. La meta sosprechado era ver si la sustancia podía ocasionar “musth”, una condición donde la producción de testosterona del animal incrementa y se regresa marcadamente combativa. Lamentablemente, ninguno de los comprometidos pensó en llevar a cabo los cálculos sobre cuánto LSD podía tomar un elefante, con lo que sencillamente se eligieron por “bastante”. Al Tusko de tres toneladas se le inyectaron unos absurdos 297 miligramos de la sustancia, que es mucho más de 30 ocasiones mucho más de lo que un humano del mismo peso podría recibir de forma segura.

Aseguran que un elefante jamás olvida, pero si el primer viaje con drogas de Tusko fue inolvidable, no tuvo la posibilidad de recordarlo por un buen tiempo. Tras solo cinco minutos, trompeó, se cayó, vació sus supones y padeció violentas conmociones. Los estudiosos procuraron arreglar su sobredosis masiva volviéndola a sobredosis, en esta ocasión con antipsicóticos. En el momento en que esto no asistió, West llenó al pobre Tusko de tranquilizantes, que al final mataron al animal. Todo el desarrollo duró una hora y 40 minutos.

El estudio todavía es muy discutido, y probablemente una gran parte de él logre detallarse por los persistentes comentarios de que nuestro Dr. West se tropezó con ácido a lo largo de todo el desarrollo. Si bien atribuyó la desaparición del elefante al LSD, otros piensan que el absurdo coctel químico que inyectó en Tusko fue el auténtico culpable. En 1984, un sicólogo llamado Ronald K. Siegel lo probó al reiterar el ensayo en 2 distintas elefantes, empleando solo LSD en esta ocasión. Los dos animales subsistieron.

6. El ensayo de la esquizofrenia de UCLA

A objetivos de la década de 1980, los psicólogos de la UCLA establecieron un ensayo financiado con fondos federales que trató y monitoreó a un conjunto de esquizofrénicos para entender mejor su condición. El inconveniente era que sus métodos fueron un tanto menos que ético: Primero, trataron a los pacientes lo destacado que lograron, pero en 1989, los médicos deseaban ver de qué manera responderían los pacientes si les quitaban la medicación.

El resultado fue un desastre absoluto. En 1990, un tolerante pasó de ser un sujeto bien amoldado con un promedio de puntuaciones de 3.8 a un desastre sensible que conminó a su madre con un cuchillo de carnicero y también procuró llevar a cabo autostop a Washington para matar al presidente Bush, a quien percibía como un espía alienígena. La el año próximo, otro sujeto se suicidó saltando de un edificio de UCLA.

El estudio fue bombardeado con solicitudes de las familias de los sujetos y críticas del gobierno y organizaciones de salud psicológica. La organización Citizens for Responsible Care in Psychiatry and Research lo describió como un ensayo de abstinencia de pavo frío en la medicación. Una protesta común fue que los formularios de permiso proporcionados por los estudiosos no estaban claros y no se fastidiaron en nombrar que la enorme mayoría de los esquizofrénicos recaen en el momento en que se les quita la medicación, y que en el momento en que los estudiosos apreciaron que la salud psicológica de un tolerante se se encontraba estropeando, tomó bastante tiempo a fin de que el sujeto vuelva a tomar medicación. Los médicos, por otra parte, se quejaron de que verdaderamente no podían ofrecer su una parte de la historia: a pesar de que los pacientes podían debatir libremente el ensayo, las leyes de confidencialidad impedían que los propios estudiosos lo hiciesen en aspecto.

5. Ensayo del hospital Hofling

La Ensayo del hospital Hofling fue una investigación de 1966 que implicó a un médico falso, un fármaco falso y 22 enfermeras muy reales y también inconscientes. El “médico” llamaba a cada enfermera a lo largo de su turno a la noche en un hospital y les solicitaba que verificaran si tenían cierto fármaco. Una vez que la enfermera halló el fármaco (de todos modos, solo pastillas de azúcar en una botella) y respondió afirmativamente, el médico les solicitaba que administraran una sobredosis grave y dañina a un tolerante llamado “Sr. Jones “. Si bien esto requeriría que el médico firmase un formulario de autorización, el médico mencionó que tenía mucha prisa, con lo que pasaría después y firmaría el papeleo.

Todo sobre el ensayo fue manipulado para la sustancia. no para ser administrado. Si la enfermera se lo inyectara a un tolerante, debería romper no menos de tres reglas del hospital: A las enfermeras no se les dejó admitir normas por teléfono. La proporción de fármaco que recetó el médico fue el doble del límite máximo correcto en las normas del recuadro. Además de esto, el fármaco en sí no se encontraba autorizado y no se encontraba en la lista de existencias de la salón. Pese a todas y cada una estas reglas y cautelas, los desenlaces fueron alarmantes: 21 de los 22 sujetos de prueba fueron de forma fácil incitados a fin de que prosiguieran las normas y “sobredosificaran” al tolerante bajo el mando de una voz azarosa en el teléfono.

4. Régimen de la nariz de Sigmund Freud

Emma Eckstein fue entre los primeros pacientes de Sigmund Freud, que asistió a él para buscar régimen para su ansiedad. Lamentablemente, entre sus síntomas diversos se encontraba la inclinación a tener hemorragias nasales y, sin que ella lo supiese, Freud tenía una fijación masiva por las narices, que asoció íntimamente con los genitales. Existen muchas ediciones de la historia entre Eckstein y Freud, y ciertos puntos eran tan extraños que los descendientes de Freud eligen sostener una parte de su correo esconde al público. Aquí está la una parte de la historia donde la mayor parte de la multitud semeja estar en concordancia: si bien Freud creía que los inconvenientes nasales de Eckstein eran de naturaleza totalmente psicógena, decidió presenciar un tanto y fijó su atención en la nariz.

Freud llevó a su tolerante a Wilhelm Fliess, un otorrinolaringólogo que se había operado de su nariz anteriormente y había hecho que Fliess operara la nariz de Eckstein. La operación fue un fracaso dramático que prácticamente mató al tolerante. La nariz de Eckstein (y ocasionalmente, la boca) padeció una hemorragia aún peor que antes, y al final empezó a olisquear y se volvió séptica. El asustado Freud llamó a cirujanos de Viena, quienes por último consiguieron adecentar la nariz … y descubrieron un trozo de gasa inficionada de 50 centímetros que había quedado en la cavidad nasal.

Eckstein tomó toda la situación increíblemente bien, aun burlándose amablemente del asombrado Freud en el momento en que escapó del quirófano para recargar energías con un fuerte trago de coñac. Por otra parte, los mecanismos de afrontamiento de Freud fueron menos que refinados. En un caso de muestra de libro de artículo de lo que él mismo definiría después como “negación”, se persuadió a sí mismo de que toda la situación era un incidente sincero que podría haberle sucedido a alguno.

3. El ensayo Stimoceiver

José Manuel Rodríguez Angosto era instructor de Yale en la década de 1960, y su tema de especialización era tan ido como semeja. Tenía que ver con control mental, pero en contraste a otros en esta lista, no recurrió a las drogas. En cambio, prefirió chips cerebrales. Un vanguardista inspeccionado por pares de la tecnología de implantes cerebrales, Angosto ejercitó su trabajo en una temporada donde las regulaciones morales aún eran en parte importante inexistentes, lo que le dejó transformarse en un científico ido en formas que rivalizan (y esporádicamente aun sobrepasan) la tecnología actualizada. En 1965, logró parar a un toro que cargaba en la mitad del ataque con una señal de radio a un implante en su cerebro. Asimismo creó el “stimoceiver”, un dispositivo de electrodo que podía manejar el cerebro para presenciar y enseñar distintas conmuevas tanto en animales como en humanos.

Lamentablemente, en el momento en que verdaderamente lo probó en humanos, esa manipulación en ocasiones resultó ser menos precisa. Durante los años, Angosto instaló sus receptores de estimulación en precisamente 25 sujetos, en su mayor parte esquizofrénicos y epilépticos en el Hospital Estatal de Patologías Mentales en Howard, Rhode Island. Fue tan ético sobre esto como lo dejaron las situaciones, en tanto que todos y cada uno de los que han recibido el chip lo han tomado de manera voluntaria, y unicamente se empleó como último recurso que describió como poco mucho más que una opción alternativa mucho más humana a la lobotomía. No obstante, el stimoceiver resultó ser una herramienta poco fiable para el cerebro humano. Si bien Angosto podía influir en el nivel de agresión de los pacientes e inclusive inducir algún movimiento incontrolado en sus extremidades, era (quizás por suerte) inútil de tocar el cerebro humano como un violín. Ciertos pacientes en cuanto al resto remilgados y adecuados se excitaron precisamente y han comenzado a flirtear con los estudiosos. Otros se volvieron contentos y conversadores, pero los desenlaces no siempre se lograron reproducir. En un caso, una tolerante con perfección sosegada se puso de repente colérica en el momento en que se estimuló su lóbulo temporal.

2. El “Estudio de los monstruos”

La “Estudio de monstruos” de 1939 no se llamó inicialmente como tal. En verdad, su único propósito era estudiar la tartamudez y otros inconvenientes del charla, pero los métodos brutales del Dr. Wendell Johnson y su personal le brindaron al ensayo su alias cuando el planeta se enteró en 2001. El Dr. Johnson tenía la teoría de que la tartamudez fue un accionar aprendido que se puede inducir en los pequeños, y se ha propuesto probarlo tomando 22 huérfanos y dividiéndolos en 2 conjuntos.

El conjunto de control fue tratado como pequeños normales. Los 11 pequeños del otro conjunto, por otra parte, lo pasaron mal. Para seis meses, Johnson y su personal los hostigaban, menospreciaban y hostigaban regularmente por su impedimento del charla, más allá de que solo la mitad de ellos mostraba algún signo de tartamudeo. Esta terapia negativa de todos modos no logró que ninguno de los pequeños “tartamudos” comenzara a tartamudear, pero varios de ellos se volvieron increíblemente sensibles sobre su charla, vivieron pérdida de autovaloración y desarrollaron inconvenientes sicológicos para toda la vida. Quizás reconociendo los amplios inconvenientes éticos del ensayo, la Facultad de Iowa lo sostuvo en misterio a lo largo de décadas hasta el momento en que entre los inferiores de Johnson descubrió la historia a los jornales en 2001. Desde ese momento, la facultad emitió una disculpa y el estado resolvió la ineludible demanda de los sobrevivientes. sujetos de prueba y sus características pagando una compensación de $ 925,000 por demandante.

1. El ensayo de la tercera ola

¿Qué se precisa a fin de que un individuo habitual se transforme en nazi? En 1967, un instructor de estudios sociales de 25 años en Palo Prominente, California, realizó un ensayo para saber la contestación, y descubrió para su terror que era, “No bastante, de todos modos”. En un intento de instruir a sus alumnos de décimo nivel sobre los distintos acontecimientos que llevaron al Holocausto, Ron James decidió enseñarle a su clase lo simple que era dejarse llevar por líderes atractivos y también ideologías seductoras. Como instructor muy amado, Jones decidió transformarse en la figura ornamental de su demostración. Tras reportar a los alumnos que estaban a puntito de llevar a cabo un improvisado “Ensayo no amenazante”; empezó a accionar mucho más severo que de práctica y creó un grupo de reglas estrictas que debían obedecer en su salón de clases. Había amado que fuera únicamente una cosa de un día, pero en el momento en que llegó al salón de clases al día después, todos y cada uno de los alumnos estaban sentados ordenadamente en sus escritorios y lo saludaban al tiempo. Jones, desconcertado pero intrigado, decidió proseguir el ensayo un tanto mucho más. Notificó a los alumnos que los que les encantaría formar parte conseguirían una ‘A’ automática, pero cualquier intento de deponerlo sería premiado con una ‘F’. Esos que no prosiguieran el juego serían desterrados a la biblioteca de la escuela.

A lo largo de los un par de días siguientes, la clase se ajustó al nuevo servicio de Jones, al que llamó Tercera Ola. Ingresó saludos de mano al estilo nazi, una especialidad aún mucho más recia que antes, y un extraño emprendimiento que tenía como propósito “remover la democracia”. Los alumnos edificaron pancartas con el logo del movimiento y eslóganes que inducían a la unidad, como “Fuerza a través de la especialidad”. Jones prohibió a sus alumnos reunirse en conjuntos de sobra de 2 o tres, e inclusive declaró que las reglas de la Tercera Ola asimismo se aplicaban fuera de la escuela, e inclusive en el hogar.

Para el día 4, Jones entendió que había perdido el control del ensayo. La Tercera Ola se había extendido como la pólvora en la escuela y en este momento tenía mucho más integrantes que alumnos primeramente. Los informantes delataban a otros alumnos que habían roto las reglas del movimiento, y la atmósfera de temor y también indecisión final había roto todas y cada una de las líneas de comunicación en el cuerpo académico. Aun hubo un movimiento de resistencia activo.

Jones decidió que el ensayo debía finalizar, pero deseaba que saliese fuertemente. Anunció que la Tercera Ola era en verdad una parte de un movimiento nacional mucho más grande que se encontraba a puntito de comunicar a su candidato presidencial, y solicitó a todos que asistiesen a un mitin en el auditorio. En el momento en que los alumnos recién fascistas estaban todos sentados, Jones descubrió un display que solo jugaba estática. Tras unos minutos de silencio increíblemente incómodo, Jones declaró que todo había sido un ensayo para plantar las semillas del fascismo. Entonces, logró que todos puedan ver una película sobre el nazismo.

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