10 figuras históricas que casi hemos olvidado

En el momento en que aprendes sobre historia, con frecuencia asumes que andas aprendiendo sobre la gente mucho más esenciales en una situación cierta. Pero con frecuencia, aprendes sobre esos que se atribuyeron el mérito, o aun mucho más generalmente, esos a los que la historia dio mucho más crédito pues su papel, o sencillamente su personalidad, era mucho más glamoroso. Esas figuras de forma fácil reconocibles no precisan una mención particular de nuestra parte, pero existen muchas en las sombras a las que solamente se les dió su justo y nos brindaron considerablemente más de lo que puedes imaginar. En el producto de el día de hoy, le vamos a dar 10 ejemplos de eso …

10. Clarence Dally

En 1895, Wilhelm Roentgen descubrió la radiografía y varios deseaban explorarla mucho más. Mientras que Thomas Edison exploraba un tanto las novedosas radiografías con un fluoroscopio, su asistente Clarence Dally deseaba utilizar los rayos mucho más fuertes probables y hacía pruebas permanentes en su brazo. Tras unos años, empezó a enseñar signos graves de cáncer, pero prosiguió adelante, suponiendo que se curaría transcurrido el tiempo. En el momento en que empezó a perder la utilización de su brazo, decidió emplear el otro en su rincón, con desenlaces predecibles. Tras unos años había perdido la utilización de los dos brazos, y en ocho años había fallecido por su exposición al intoxicación por radiación.

Perder el tiempo no fue empujado a realizar esto por Edison; él tomó sus resoluciones. Pero Edison lo sostuvo en la nómina bastante una vez que por el momento no pudiese trabajar. Edison se sintió verdaderamente horrible con lo que había sucedido y por el momento no deseaba presenciar ni dejar que sus científicos experimentaran con rayos X. Sintió que, más allá de que tenían buenas apps médicas, eran peligrosas fuera de las manos de un médico cuidadoso, usándolos en ámbitos concretos. Por su lado, Dally es poco popular por la mayor parte, pero su sacrificio logró seguir de enorme manera las primeras indagaciones en rayos X para empleo médico, con lo que su contribución no puede ser exagerada.

9. Scipio Africanus

Escipión Africano fue general de Roma a lo largo de la Segunda Guerra Púnica y se encontraba comenzando a fatigarse de jugar todo el tiempo a la defensa contra Aníbal y sus fuerzas. La Segunda Guerra de Castigo se había estado construyendo a lo largo de mucho más de una década y sintió que se precisaba una alternativa mucho más combativa, pero el Senado no estuvo en concordancia. Para realizar sus proyectos, reunió una fuerza de voluntarios para agredir Carthage, puesto que el Senado sencillamente vio que quitarles su protección era bastante riesgoso.

Escipión no ha podido haber tenido mucho más éxito. En un instante, pese a ser un tanto vergonzoso contra las reglas de la guerra, rodeó y prendió fuego a un campamento enemigo a lo largo de la noche y logró que sus hombres matasen a prácticamente todos mientras que procuraban huír del incendio. Sus resoluciones estratégicas dejaron que su fuerza parcialmente mucho más pequeña asustara tanto a Cartago que le ordenaron a Hannibal que regresara de Roma para defenderlos, algo que fue una enorme victoria esconde en sí.

Entonces, pese a una desventaja numérica, Escipión usó tácticas de combate visibles (que podrían caber en su producto) para vencer a Hannibal y sus elefantes. Lamentablemente, más allá de ser escogido como primer senador múltiples ocasiones, él y su hermano fueron al final atacados por cargos políticos inventados para debilitar su reputación, y Scipio se exilió por el resto de su historia en vez de dignificar los cargos.

8. Squanto (y su gente)

Muchas personas conoce realmente bien la habitual historia de Acción de Gracias. Los peregrinos que venían de Europa lo pasaban verdaderamente mal logrando cultivos para absorber el suelo y, por norma general, les iba bastante mal en la supervivencia en la naturaleza en el nuevo conjunto de naciones. Con la preocupación de que tuviesen una cosecha horrible y no tengan la posibilidad de subsistir al invierno, las cosas se veían bastante sombrías hasta el momento en que llegó Squanto. Squanto les enseñó de qué forma elaborar apropiadamente sus cultivos y, generalmente, de qué manera prepararse para el duro invierno, y en el momento en que llegó el otoño, todos y cada uno de los indios locales fueron convidados a una celebración para darle las gracias su asistencia y festejar la cosecha triunfadora.

No obstante, lo cierto es que la historia habitual dulcifica varias cosas a fin de que los colonos de europa se vean bien. Squanto ahora había sido tomado como ciervo y vendido para irse a vivir a Europa por un tiempo, entonces consiguió su independencia y regresó poco antes que llegaran los peregrinos. Lamentablemente para Squanto, regresó y descubrió que prácticamente todos los que conocía habían sido aniquilados por una patología, razón por la que a los peregrinos les resultó tan simple establecerse en el Nuevo Planeta para iniciar. Para empeorar las cosas, Squanto no solo fue vital para asistirlos, sino, más allá de que ha podido haber ciertos originarios en la celebración, no hay prueba de que los colonos les enviaran ningún género de convidación generosa.

7. Edith Wilson

Edith Wilson medró en un pequeño pueblo de Virginia y siempre y en todo momento deseó algo mucho más. Su primer matrimonio acabó en catástrofe, perdiendo tanto a su marido como a su bebé, pero próximamente halló el cariño en Woodrow Wilson, que era 15 años mayor que ella. Se casaron en 1915. No obstante, en 1919, tras pasar meses en Europa haciendo un trabajo en el Tratado de Versalles y después realizando campaña en todo el país para fomentar su novedosa iniciativa de la Liga de las Naciones, se encontraba bastante fatigado por la vida y tuvo un derrame cerebral. a inicios de octubre de ese año.

Pese a perder una gran parte del empleo del lado izquierdo de su cuerpo, Wilson prosiguió siendo presidente a lo largo del resto de su orden, y los medios se sostuvieron prácticamente absolutamente sin luz en lo que se refiere a qué mala era verdaderamente la condición del presidente; de ​​hecho, la llegada de la situación. jamás se notificó de su derrame mientras que era presidente. Edith Wilson continuó a su lado, y decidió qué información vendría y qué no vendría frente él, y qué resoluciones se le solicitaría y no se le solicitaría que tomara. Por tal razón, ciertos la han apodado como la “primera mujer presidenta”. No obstante, Edith siempre y en todo momento mantuvo que más allá de que ella decidía lo que sucedía antes que él, las resoluciones siempre y en todo momento eran suyas.

6. Tenzing Norgay

En la actualidad, escalar el Monte Everest se considera prácticamente una suerte de cliché, un esfuerzo sobrestimado. Si tienes bastante dinero y deseas marcar algo de una lista de deseos o realizar algo que suene excelente, puedes gastar un montón de dinero para subir al Everest. Hay campamentos base expertos, tanques de oxígeno y toda clase de recursos y personas alrededor para asistir, y el día de hoy no podría ser mucho más simple. En verdad, en este punto la montaña tuvo muchos inconvenientes de hacinamiento que a los especialistas les preocupa que la caca sepultada bajo la nieve ocasionalmente sea un enorme inconveniente en el momento en que la nieve se funda.

No obstante, a inicios de la década de 1950, todavía no se había registrado a absolutamente nadie que va a llegar a la cima, y ​​varios estaban completados para procurarlo. Una expedición suiza en 1951 estuvo mucho más cerca que absolutamente nadie hasta la actualidad con el apoyo de un sherpa llamado Tenzing Norgay, pero debieron retroceder antes de llegar a la cima. Entonces, en 1952, Sir Edmund Hillary y una enorme expedición británica fueron al Everest para intentar llegar a la cima y contrataron a Norgay para asistirlos. En el final, Hillary, de Novedosa Zelanda pero representando a Enorme Bretaña, logró llegar a la cima con el apoyo de Norgay. Hoy día, la mayor parte de la multitud no ha escuchado a Tenzing, pero si no fuese por su asistencia, es muy improbable que Hillary hubiese llegado a la cima.

5. Ernest Lawrence

El día de hoy, en el momento en que se les pregunta sobre la creación de la bomba atómica, la mayor parte de la gente van a nombrar a J. Robert Oppenheimer, eminentemente por su conocida cita “En este momento me he transformado en la desaparición, destructor de mundos”. Es una cita verdaderamente buena, del tipo que brinca de las páginas de los libros de historia y se incrusta en la conciencia nacional. No obstante, más allá de que Oppenheimer ha podido ser impresionantemente citable, no fue el único científico clave que trabajó en el emprendimiento, no el único físico clave de la Facultad de California en Berkeley. Ernest Lawrence, asimismo físico y asimismo perteneciente de Berkeley, fue vital para el éxito del emprendimiento.

En un inicio, fue su invención del ciclotrón (un acelerador de partículas temprano) lo que le valió el reconocimiento y, conforme seguía su investigación, se le solicitó que se uniera al Emprendimiento Manhattan. Esencialmente, fue un científico señalado en lo relativo a nuestro trabajo inicial sobre el aislamiento de isótopos de uranio y se encontraba tan arriba en la cadena que se le notificó en el momento en que estábamos planificando nuestro ataque a Hiroshima y Nagasaki. Al comienzo había sugerido un fin mucho más militar, pero se encontraba convencido en caso contrario. Pese a los espantosos efectos en ámbas ciudades niponas aniquiladas, Lawrence jamás aseveró tener inquietudes y parecía totalmente seguro de que se habrían producido mucho más pérdidas de vidas si no se hubiesen lanzado las bombas.

4. Upton Sinclair

Esos de ustedes que han oído charlar Upton Sinclair seguramente lo conozca como el tipo que escribió The Jungle, la historia tradicional sobre personas que tienen una vida horrible haciendo un trabajo en factorías de empacadoras de carne en Chicago, y después prácticamente todos tienen un final horrible. Esta historia, ambientada a inicios de la década de 1900, era ficción, pero se encontraba fundamentada en la vida real una vez que Sinclair se fuera a trabajar a las plantas de empaquetado de carne en Chicago y fuera testigo de las condiciones brutales en las que los trabajadores debían vivir. Mientras que aguardaba que la multitud se indignara por la manera en que se trataba a sus semejantes, en su mayor parte solo fastidiaba por el hecho de que lo que charlaba era de manera frecuente bastante asqueroso. Más allá de que aguardaba progresar las condiciones de los trabajadores, lo que logró fue influir en la creación de las primeras agencias de inspección de alimentos.

No obstante, asimismo fue un político que procuró múltiples ocasiones postularse para gobernador de California en una interfaz socialista. En su tercera carrera en 1934, de todos modos logró ganar la nominación demócrata para gobernador, pero de todos modos acabó perdiendo su candidatura por el hecho de que ciertos demócratas moderados votaron por el otro lado, puesto que lo consideraron bastante extremista. No obstante, su trayectoria no fue sin efecto, puesto que múltiples de sus seguidores consiguieron ganar, y uno acabó gobernador de California el próximo periodo.

3. Elijah McCoy

Elijah McCoy nació en 1843 en Ontario, Canadá, de progenitores negros que habían escapado de la esclavitud a través del ferrocarril subterráneo. Una vez que acabó la Guerra Civil y USA empezó a ser un tanto menos retrasado de lo que era, su familia se mudó a Detroit, si bien lo mandaron a Edimburgo, Escocia, para acabar su educación universitaria formal. En el momento en que regresó, más allá de ser entrenado como ingeniero, al comienzo unicamente se le dejó trabajar en las salas de calderas de los trenes, en vez de trabajar en arreglarlas y diseñar las cosas para las que se encontraba preparado.

No obstante, todo cuanto logró fue ofrecerle mucho más tiempo para meditar en de qué manera podría prosperar los trenes, y también logró su primera patente para un tazón de goteo de aceite para trenes que asistió a lubricarlos de forma mucho más automática, y próximamente se transformó en un estándar. Muchas personas procuró remover su proyecto pues se encontraba hecho de piezas bastante sencillos, pero supuestamente logró un trabajo tan bueno al hacerlas que muchas personas solo emplearía las fabricadas por él; debían ser “el auténtico McCoy”. En este momento, hay múltiples personas que fueron reivindicadas como el origen de la auténtica oración de McCoy, pero es prácticamente seguramente él es por lo menos uno de los auténticos McCoy. Aparte de eso, se le sucedieron otros 56 inventos durante su trayectoria como constructor, prácticamente todos relacionados con los trenes.

2. Mary Wollstonecraft Shelley

Todos entendemos que Mary Wollstonecraft Shelley escribió Frankenstein, pero varios solo vieron una adaptación y saben poco sobre la creación de la historia o sobre el resto de sus logros como autora. Siempre y en todo momento estuvo en una situación donde sintió que debía desempeñarse a un nivel de excelencia, en tanto que se encontraba cercada de escritores talentosos, varios de los cuales ahora habían logrado considerablemente más que ella. Su padre era William Godwin, un hombre popular en ese instante por redactar sobre política y filosofía, y su madre era Mary Wollstonecraft, una mujer conocida por sus escritos radicales sobre los derechos de la mujer. A su marido, Percy Shelley, asimismo le iba bastante bien como figura literaria, y próximamente se halló en compañía del propio Lord Byron.

A lo largo del verano de 1816, el Shelleys pasaba sus días saliendo con Lord Byron y múltiples otras luminarias literarias, comentando de literatura y también permutando ideas. En un instante, la historia cuenta que desafió a todos a redactar una historia de espectros tras debatir viejas historias de terror alemanas. Ella aceptó el desafío y inicialmente escribió Frankenstein como un cuento en solo unas unas semanas, y después lo refinó en la conocida novela que todos conocemos el día de hoy.

No obstante, probablemente le agradaría el día de hoy que mucho más personas supiesen que ella es mucho más que una autora de ficción. Más allá de que tuvo otras novelas de ficción triunfantes, de todos modos era mucho más famosa en ese instante por sus contribuciones a la escritura de viajes y por sus biografías terminadas de individuos conocidos de múltiples países. Ese no es el género de escritura, naturalmente, que en general se recuerda décadas o siglos después, pero exhibe que era con la capacidad de considerablemente más que redactar una novela de ficción. En verdad, la hondura y amplitud de su trabajo llegaba aun a redactar poesía, algo que acostumbraba a dejar a su marido, el afamado poeta Percy Bysshe Shelley.

1. Lewis Latimer

Lewis Latimer es poco popular por la mayor parte de la multitud en USA, pero sus contribuciones fueron increíblemente esenciales. Nació en Chelsea, Massachusetts en 1848 de progenitores que habían escapado de la esclavitud en Virginia, y los abolicionistas lo asistieron a abonar al amo que vino a recobrarlos. Lewis se unió a la Marina en el momento en que era joven para batallar en la Guerra Civil por la Unión, y recibió una baja honorable en 1865. Trató de hallar un trabajo en una firma de patentes y primero unicamente se le dejó ser un usado de oficina gracias a su raza. , pero los impresionó con su aptitud de redacción y próximamente se transformó en dibujante jefe. En 1876, Alexander Graham Bell lo contrató para redactar su patente para la app telefónica, gracias a su floreciente reputación, y lo logró tan veloz y tan bien que Graham venció a su contrincante por minutos. Tras eso, fue recogido por US Electric Lighting Company, una firma contrincante de Edison’s propiedad de Hiram Maxim. Fue con esta compañía que en 1881 mejoró la lámpara construída por Edison, encontrando una manera de resguardar mejor el filamento a fin de que durara días en vez de horas.

Estos logros le valieron un enorme reconocimiento entre los científicos, más allá de que varias personas minimizaban los logros de los negros en ese instante, y en 1884, Edison lo había contratado para trabajar para él como dibujante y especialista. testigo en el momento en que lo precisaban para casos de patentes en los tribunales. Su experiencia en ese instante era tan reconocida que inspeccionó la instalación de luces eléctricas en enormes urbes como Filadelfia, Novedosa York y Montreal, y verdaderamente escribió el libro sobre iluminación eléctrica incandescente en 1890. Tras eso, continuó teniendo un largo tiempo y una carrera triunfadora haciendo un trabajo en múltiples puntos como consultor de patentes, inventor e inclusive activista de los derechos civiles, antes de fallecer de vejez en 1928. Posiblemente realmente pocas personas lo conozcan el día de hoy, pero sus inventos asistieron a cambiar el planeta, transformándolo en un espacio verdaderamente mucho más refulgente Para vivir en.

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