10 hechos asombrosos sobre los aztecas

Los aztecas son mucho más populares por sus gigantes pirámides, fieros guerreros y horripilantes sacrificios humanos. No obstante, una observación mucho más próxima revela una civilización claramente complicada que floreció hasta la llegada de los españoles en 1519.

La civilización mesoamericana fue una confederación de ciudades-estado y conjuntos étnicos centrados cerca del Valle de México y unidos por la lengua náhuatl. Si bien generalmente se les conoce como los ‘aztecas’ (un término popularizado por los de europa en el siglo XIX), se referían a sí mismos con otros nombres, incluyendo los mexicas o tenochca. Tampoco fueron una civilización en especial longeva; el imperio azteca fue fundado en 1428, menos de 100 años antes de su fin.

Bastante de lo que entendemos sobre los aztecas se proviene de una sucesión de coloridos manuscritos pintados a mano hechos con piel de ciervo estirada o lona tejida con plantas de agave. Las proyectos, afines a los viejos jeroglíficos egipcios o las historietas modernas, presentaban una combinación de escritura y arte para representar la vida diaria azteca, centrada en su capital, Tenochtitlán, en la presente Localidad de México.

Los adelantos en campos como la medicina, la ciencia y la astronomía se tienen la posibilidad de localizar en toda la civilización azteca. Y, sí, asimismo se metieron en varias cosas extrañas y extrañas que llevaron a enormes proporciones de sangre y cráneos. Pero para ser justos, a los historiadores les costaría bastante hallar una religión que no tuviese por lo menos ciertos esqueletos en su armario.

10. Esa vieja canción y baile

Los guerreros aztecas tienen una reputación bien ganada como hábiles luchadores. Además de esto, golpeaban a sus contrincantes mientras que cantaban, bailaban y ondeaban enormes estandartes, todo lo que daba un nuevo concepto al término “conjunto de guerra”.

La utilización de instrumentos asimismo tuvo particular relevancia en el campo de guerra para contribuir a ordenar a los soldados y mandar mensajes de actividad oponente. Los sonidos agudos de las caracolas de tonos rosados ​​y el batir de los tambores asistieron a hacer una cacofonía atronadora, que se realizó aún mucho más fuerte con los chillidos de guerra aztecas.

Según un testigo ocular conquistador español: “Mientras que pelean cantan y bailan, y ocasionalmente lanzan los chillidos y silbidos mucho más espantosos de todo el mundo… y es un hecho cierto que, para cualquier persona que jamás los haya visto luchar antes, sus chillidos y fachada varonil sería intimidante “.

Ya que el imperio viraba cerca de la guerra tanto política como a nivel económico, la clase guerrera gozó de un estatus exaltado en la clase y allanó el único sendero hacia la movilidad ascendiente. El aspecto asimismo se resaltó, ofreciendo a ciertos soldados decorados vestidos de guerra adornados con plumas de colores y pieles de animales.

9. Distribución exactamente el mismo día. ¡Veloz!

El último emperador azteca, Moctezuma II, en teoría gozó de un festín períodico de 200 platos, entre ellos pescado fresco de la costa atlántica situada a 250 millas de distancia. Para ordenar el Tlatoani (“El que charla”), un equipo de corredores de relevos sirvió como mensajeros, una labor que destaca el celo de los aztecas por la devoción y su increíble talento para las carreras de gran distancia. Además de esto, la ruta empezó y acabó a una altitud de sobra de 7,000 pies, lo que logró que la hazaña fuera considerablemente más increíble.

Los corredores aztecas asimismo fueron los responsables de hacer llegar novedades esenciales. Puestos en estaciones designadas cada 2.5 millas, los hombres veloces aseguraron una distribución y contestación veloces, en especial en temas relacionados con amenazas militares. En el momento en que el conquistador Hernán Cortés llegó por vez primera cerca de Veracruz en la primavera de 1519, las autoridades de la ciudad más importante azteca fueron alertadas bastante antes de la marcha del español sobre Tenochtitlán.

En la actualidad, todavía se tienen la posibilidad de conseguir descendientes de estos corredores en México y el suroeste estadounidense, abrazando la tradición de carreras de resistencia extrema y escalando novedosas alturas. No es de extrañar que Al Waquie, un indígena Jemez Pueblo de Nuevo México, ganó el Empire State Building Run-Up de forma anual seis ocasiones sucesivas.

8. Capacidad de paleta

En la cima del Imperio, Tenochtitlan floreció como entre las ciudades mucho más enormes de todo el mundo, con mucho más de 200.000 pobladores. Y con su localización central situada en una isla en la mitad del lago de Texcoco, la ciudad más importante azteca requería un elaborado sistema de canoas (acalli) para otorgar transporte comercial y personal.

El primordial centro urbano operaba en una amplia red de puentes y calzadas conectadas al conjunto de naciones; una sucesión de canales hicieron un ingreso agregada a todas y cada una de las partes de la región. Las canoas se edificaron desde un solo leño de árbol, con una longitud de entre 14 y 50 pies. Un artesano especialista podría generar una parte terminada en precisamente una semana y, en la mayoría de los casos, presentaba un calado poco profundo y un arco cuadrado.

Según con la Códice Mendoza, las embarcaciones mucho más enormes podrían aguantar una carga de sobra de múltiples toneladas, lo que necesita capacidad y fuerza para impulsar las millones de embarcaciones que se usan todos los días. Los postes y los remos asimismo estaban tallados en madera, y los aztecas pensaban que el dios Opochtli (derivado de una deidad de la lluvia) inventó la herramienta alargada como un medio divino para impulsar sus botes.

7. Superalimento para súper personas

Los historiadores han usado barriles de tinta para redactar sobre la sofisticación de los aztecas en una extensa selección de campos. Asimismo se puede añadir nutrición avanzada a la lista. La espirulina rica en nutrientes se usó en salsas picantes con gusto a chile y se sirvió con alimentos básicos como maíz y tortillas, lo que asistió a dar de comer la habilidad azteca antes citada para pelear, matar, luchar, remar, correr, etcétera.

Popular por los lugareños como tecuitlatl, las algas verdiazules se recolectaron de los lagos del Valle de México. Entonces se secaría al sol y se cortaría en ladrillos, lo que dejaría que los alimentos en guarda continuaran comibles a lo largo de todo el año. La planta acuática tiene dentro clorofila, contenido elevado de proteínas y un aminoácido fundamental (ácido linolénico); asimismo genera un contenido alto de vitamina B12, betacaroteno y una pluralidad de otras vitaminas, como tiamina, riboflavina y niacina.

Los conquistadores españoles, como los petulantes pequeños de cinco años que se niegan a comer sus verduras, caracterizaron burlonamente la colorida comida como “limo”. Tras su conquista, los sacrificios para supervisar las crecidas de agua llevaron a que la mayoría del lago se drene, demoliendo la fuente primordial de algas. El día de hoy, el área todavía es una cuenca lacustre totalmente seca.

6. Desaprobaban la bebida pero veneraban las “drogas”

Dado a que la embriaguez se consideraba destructora del orden popular y la armonía, la bebida se encontraba prohibida en buena medida. La quinta taza de bebidas como pulque (un género de cerveza de maguey / agave) se afirmaba que era singularmente problemático. Solo esos en quienes se podía confiar (los nobles y curas), o esos que tenían alguna necesidad medicinal de alcohol (los jubilados), podían tomarlo.

Las drogas psicodélicas (o plantas medicinales), por otra parte, se tenían en altísima cree. Peyotl (peyote) se usó para visiones y premoniciones, ololiuqui (gloria de la mañana) se utilizaba como intoxicante en las liturgias, y teonanácatl (setas de psilocibina) se consideraba la carne de lo divino, reservada para la mucho más sagrada de las oportunidades religiosas. Muchas otras plantas, dentro pipiltzintzintli (probablemente salvia), asimismo fueron empleados por los aztecas. A escultura del dios Xochipilli, el Príncipe de las Flores, en un estado de éxtasis espiritual en una base de plantas tan visionarias da fe del valor que tenían.

Los misioneros, no obstante, estaban abatidos por la utilización de estas plantas. Al observarlos como una herramienta del demonio y los curas como fundamentalmente brujas, se sintieron obligados a terminar con la práctica, de manera frecuente de manera beligerante.

5. Sus vidas fueron ciertas desde el nacimiento.

Los aztecas veían el parto como una guerra y la madre como una guerrera victoriosa. Hasta entonces, el bebé fue visto como su cautivo, un preso tomado en la guerra, lo que es correspondiente estimando que no creían en el libre albedrío.

Las ocasiones de vida del azteca promedio estaban ciertas no solo por el sexo y la clase, sino más bien por una secuencia de otros causantes que escapaban completamente a su control, desde Fuerzas espirituales habitantes en el cuerpo. a un complejo sistema de astro-numerología. Como ha dicho el antropólogo Jacques Soustelle, cada azteca recién nacido era “Insertado de forma automática en … la llegada de la máquina omnipotente”.

Por servirnos de un ejemplo, todo el planeta podría aguardar un destino apoyado en las características inherentes a su fecha de nacimiento según el calendario azteca de recuento de días: el de 260 días. tonalpohualli. La tonalpohualli consistía en 20 “meses” de 13 días, cada uno de ellos encabezado por signos de días particulares, incluidos animales (por servirnos de un ejemplo, lagarto, mono), fenómenos naturales (por poner un ejemplo, viento, movimiento, muerte) y productos hechos por el hombre (por servirnos de un ejemplo, casa). En otras expresiones, era un tanto como el zodíaco occidental moderno, pero sensiblemente mucho más concreto y, con frecuencia, mortal severo.

Los nacidos el ‘2 Conejo’ (el segundo día del “mes” de Conejo), por servirnos de un ejemplo, supuestamente fueron Designado a una vida de embriaguez incontrolable, revolcarse en su inmundicia, y el rechazo de todos y cada uno de los que conocieron. Naturalmente, asimismo corrían un peligro considerablemente mayor de padecer lesiones y fallecer, así sea por incidente o como pena de muerte.

La única forma de atenuar un destino tan poco afortunado semeja ser una vida de penitencia y piedad, incluyendo el culto nocturno, el trabajo duro, el ayuno, la limpieza y el orden. Pero las posibilidades estaban en contra suya.

4. Su cosmovisión era mucho más racional que la de Occidente.

Al paso que los astrónomos de europa quemado en la hoguera por herejía, los aztecas estaban construyendo una cosmogonía delicada fundamentada en matemáticas, astronomía y ecología. Como muchas tradiciones filosóficas orientales (por poner un ejemplo, el hinduismo, el budismo, el taoísmo), la suya era una cosmovisión holística. En contraste a los conquistadores católicos, ellos no veían el planeta en concepto de bien y mal. Lo vieron mucho más a nivel científico como un equilibrio de orden y caos.

A pesar de que los misioneros procuraron alinear su término de pecado con el término azteca de inmundicia (o humillación) tlatlacolli, no era de manera directa comparable. Por una parte, dado que los aztecas evitaran tlatlacolli fue una preocupación pragmática, no fundamentada en la fe. Las secuelas de una mala acción fueron observables en esta vida, no diferido a la otra vida como castigo en el mucho más allí. (En verdad, la naturaleza de la otra vida azteca no se encontraba cierta por la manera en que uno vivía, sino más bien primordialmente a propósito uno murió.) Semejantes acciones — y solo acciones, no pensamientos asimismo (como en el catolicismo) – debían evadirse pues conminaban el orden popular.

Por ende, incluían cosas como el hurto, la embriaguez y el adulterio, pero no el exitación sensual por norma general. La negativa a formar parte de forma plena en la vida era un término extraño a los aztecas. Vieron la vida terrenal como su recompensa, no como algo profano o subordinado al mucho más allí. La vida y sus bienestares debían disfrutarse, no negarse. La clave, priorizar el ideal pragmático de orden (en oposición al ideal católico de virtud, mucho más subjetivo y arbitrario), fue la moderación, no la opresión.

La base de esta disparidad era la cosmovisión principalmente unificada de los aztecas. Nada era profano; todo se encontraba imbuido, en verdad, hecho de exactamente la misma energía sagrada en movimiento, teotl. Según las enseñanzas de la no dualidad de la vieja India (tal como de los físicos de el día de hoy), los aztecas consideraban ilusoria la aparición de elementos separados. Y no vieron ninguna distinción primordial entre el cielo y la tierra, la vida y la desaparición, el hombre y la naturaleza, etcétera. Estos eran sencillamente puntos de equilibrio de un todo unificado, afín al yin y yang del taoísmo. Para ellos, la Creación no fue un acto único en una línea de tiempo lineal hacia el Día del Juicio; fue un desarrollo eterno de urgencia, armonía y cambio, el tejido de un enorme tapiz cósmico en el que teotl era al unísono el tejedor, el hilo y el desarrollo mismo de hilar.

Irónicamente, la naturaleza fácil, civilizada y de buen espíritu que tal cosmovisión dio a los aztecas es precisamente lo que los marcó, a los ojos de Colón, como “Buenos aspirantes para la conversión al catolicismo”.

3. Todo se encontraba cercano a la piedad

Otra cosa que los aztecas tenían en común con los hindúes era su creencia en un panteón de dioses, no como entidades independientes, sino más bien como facetas de una unidad fundamental.

Aparte de las primordiales deidades—Introduciendo a Quetzalcoatl (la serpiente emplumada que recreó a los humanos), Huitzilopochtli (el enorme dios guerrero del Sol) y Tlaloc (el dios de la lluvia y el agua) —los aztecas reconocieron mucho más de 1000 personas. La mayor parte estaban socios con la agricultura y otras caracteristicas esenciales de la vida azteca, pero ciertos eran expepcionales por decir lo mínimo, así sea por sus nombres largos y complicados (p. Ej. Tlahuizcalpantecuhtli, el Señor de la Casa del Amanecer) o con lo que representaban. Aparte de ser el dios del éxtasis divino y las plantas visionarias, por servirnos de un ejemplo, Xochipilli era el patrón de los prostitutos gays. Entonces se encontraba Tlazoltéotl-Tlaelquani, una diosa que comía excrementos y otros desechos como símbolo de reciclaje y renovación.

Xipe Totec, hasta entonces, otra de las primordiales deidades, fue asociado con el desollamiento de la piel, de nuevo como símbolo de la regeneración. Los aztecas adoraban a este dios a lo largo del festival de Tlacaxipehualiztli, o sea, desollando la piel de su cautivo mucho más intrépido, pintándola de amarillo y envolviéndola cerca de otra persona. Esta persona entonces sería tratada tal y como si fuera la encarnación del dios.

2. Sacrificaron humanos, pero no se lo reproche.

Había 18 meses en el calendario del sol azteca, y prácticamente todos demandaban ritos de sacrificio. De Atlcahualo (febrero-marzo) a Izcalli (enero-febrero), hombres, mujeres y pequeños fueron sacrificados en desarrolladas liturgias, primordialmente centradas en la extracción de sus corazones. Según el misionero Bernadino de Sahagún, varios fueron desollados, quemados vivos y cazados como animales asimismo.

En la actualidad, según los conquistadores, la mayor parte de nosotros hallaríamos la práctica despreciable. No obstante, exactamente la misma con cualquier evaluación ética del pasado (y singularmente de una cultura extraña), es esencial estimar el contexto. Por una parte, los aztecas no temían a la desaparición y no se hacían ilusiones de que la vida fuera más esencial. Además de esto, las víctimas de los sacrificios eran tratadas con respeto, aun con reverencia, y se afirmaba que eran honradas en la otra vida. Es concebible que varios aun acogieran con gusto ese destino. Tras todo, se sabía que aun los curas sacrificar unas partes de sus cuerpos. Las víctimas asimismo tienen la posibilidad de ser sedadas con surrealistas poderosos como Datura innoxia, una planta común en la medicina azteca.

En todo caso, se conoce que los cronistas españoles —varios de los que no habían estado en el Nuevo Planeta— exageraron las cantidades. El fraile Diego Durán, por servirnos de un ejemplo, aseveró que 80.400 personas fueron sacrificadas a lo largo de 4 días en el Templo mayor. Pero eso hubiese concepto 14 sacrificios por minuto (mucho más que el registro períodico de Auschwitz). Además de cualquier otra cosa, la localidad de Tenochtitlán, con una población de 250.000 pobladores, sencillamente carecía de la infraestructura que se requiere para tanta muerte. En verdad, la prueba arqueológica sitúa el total de sacrificios en algún momento puesto en compromiso en la localidad a mucho más cerca de 1.000.

Entonces, ¿por qué razón caracterizamos a los aztecas con esta práctica? No es que los helenos, romanos, chinos, viejos egipcios y muchas otras etnias, incluyendo la cultura de la quema de herejes de la que vinieron los conquistadores, no la practicaran asimismo.

1. Llévame … al juego de pelota

El juego de pelota azteca (ullamaliztli) jugó un papel esencial en la sociedad tanto política como espiritualmente. El certamen físico asimismo dio un enternecedora deporte para los espectadores, exponiendo múltiples elementos que están en el fútbol y el baloncesto. Además de esto, se apostaron enormes cantidades de dinero en los juegos y las profundas rivalidades entre ciudades-estado de manera frecuente condujeron a desenlaces que pusieron fin a la carrera (esto es, la desaparición) de los entrenadores y players. Durante los años, los académicos han debatido qué equipo fue verdaderamente eliminado. (como se mentó, el sacrificio se consideraba un honor noble); sin embargo, fue verdaderamente un deporte para morirse.

Los equipos compitieron en una cancha cuadrado llevada a cabo de piedra de 100 a 200 pies de largo famosa como la tlachtli o tlachco, con anillos de piedra tallada de manera ornamentada. Los players procuraron poner una pelota de goma dura (ulli) mediante un aro de piedra, una hazaña increíblemente bien difícil que señalaría el desenlace del juego. No obstante, asimismo se tienen la posibilidad de anotar puntos con marcadores en las paredes que cubren la cancha y otras jugadas hábiles. Los espectadores vieron la acción desde una arena de manera frecuente adornada con calaveras de víctimas de sacrificios precedentes, un macabro Salón de la Popularidad que los players tienen la posibilidad de haber amado eludir.

El deporte rudo y de ritmo veloz requería que la pelota continuara en juego utilizando solo la cabeza, los codos, las rodillas y las caderas. Los players empleaban protectores de piel de venado para protegerse contra las lesiones, aparte de pegar todo el tiempo el suelo para eludir que la pelota cayese. Asimismo merece la pena indicar que los orígenes del juego se remontan a 3.500 años en la civilización madre de la zona, los olmecas (‘la multitud del caucho’), lo que lo transforma en el juego de pelota mucho más viejo registrado en el planeta.

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