10 hechos brutales sobre las legiones romanas

A lo largo de prácticamente mil años, el planeta tremió frente sus pasos y el sonido de su nombre: Las Legiones. Las tropas de élite del excelente ejército de Roma, que dividirían un imperio que se extendía desde las Tierras Altas de Escocia hasta los abrasadores desiertos de la Península Arábica. Matarían y esclavizarían a millones, saquearían y arrasarían ciudades y transformarían el impresionante mar Mediterráneo en el lago privado del Imperio. La única vez en la narración de la raza humana en que todo el Mediterráneo estaría bajo un solo gobierno fue bajo el dominio de roma. Las legiones romanas eran una fuerza tan vigorosa en el planeta que aun sus emperadores les tenían temor.

10. Su entrenamiento militar

Las legiones romanas habían paseo un largo sendero desde cerca del 700 a.C., en el momento en que nuestra Roma no era mucho más que una pequeña asamblea de chozas en lo prominente de la Colina Palatina, a 117 d.C. en el momento en que se transformó en el Imperio mucho más grande de todo el mundo viejo, formando 20% de la población mundial. Volviendo a los principios de Roma, su ejército solo se encontraba conformado por labradores locales, que serían llamados a la acción apuradamente, peleando en reyertas con los asentamientos vecinos. Y solo los hombres que tenían características fueron llamados a la guerra, en tanto que eran los únicos en quienes se confiaba para proteger Roma o pelear en su nombre.

Todo esto cambiaría en 390 a.C. no obstante, en el momento en que un ejército de galos derrotó completamente a los romanos, y después descendió sobre la localidad misma. Siguieron asaltando y asaltando Roma a lo largo de los próximos 6 meses hasta el momento en que al final les pagaron a fin de que se fuesen. Los romanos consiguieron un llamada de atención que cambiaría su destino para toda la vida. Entonces pasaron los próximos siglos mejorando sus legiones formar y ordenar de manera sistemática una máquina militar profesional como absolutamente nadie había visto antes.

Hubo ejercicios inacabables, y marcha hasta el agotamiento. Los soldados romanos asistían al entrenamiento con armas todas y cada una de las mañanas y practicaban el combate cuerpo a cuerpo con espadas de madera, lanzas y escudos, un par de veces mucho más pesados ​​que sus contrapartes reales, para acrecentar su fuerza. Una parte de su entrenamiento períodico asimismo incluía una marcha de 19 millas que se completaría en cinco horas, mientras que llevaban un bulto terminado de armas, escudo, porciones de comida, abastecimientos de cocina y una pala corta, adjuntado con su equipo personal. Aparte de estos ejercicios extraños, los soldados asimismo se familiarizarían con los enormemente organizados tácticas de guerra y formaciones, que en los primeros días de la República, por lo menos, se apoyaron en los de los helenos. Ningún otro ejército en el planeta en ese instante recibiría un entrenamiento tan estricto, lo que dio a las legiones romanas una tremenda virtud en la guerra.

9. Especialidad a través del temor

Después de un duro entrenamiento y ejercicios militares diarios, los legionarios romanos pudieron marchar 37,5 kilómetros por día con el equipaje que pesaba incluso 36 kilogramos.

Proseguir las órdenes literalmente y no cuestionar a los superiores es algo que la mayor parte no incorporó de manera natural en su conciencia. Entonces, otra sección integral de su entrenamiento fue el sentido de especialidad y obediencia, inculcado a través del temor. Los castigos severos por aun la mucho más mínima ofensa era algo común en cualquier Legión Romana. Los soldados de forma frecuente eran apedreados por sus camaradas por cobardía en la guerra o aun por quedarse dormidos en sus puestos mientras que estaban de guarda.

Los delitos inferiores fueron manejados por los centuriones (oficiales militares), que siempre y en todo momento llevaban ramas de vid para pegar a sus legionarios. Y ya que estos oficiales eran considerados de forma directa causantes del accionar de los hombres que servían a sus órdenes, los latigazos eran algo común en un campamento militar de roma. En Los anales, Implícito charla de uno de esos centuriones, Lucilio, que adquirió el nombre de “Cedo Alteram”, que se traduce en términos en general como “tráeme otro”. Lucilius era popular por las usuales y violentas tundas que infligía a sus hombres, rompiendo una vid en la espalda tras otra y después pidiendo mucho más. Implícito asimismo relata que este centurión particularmente fue ejecutado en el transcurso de un motín.

En todo caso, este trato sin corazón resultó útil constantemente, en tanto que los hombres se volvieron mucho más dependientes y confiados entre sí para su supervivencia en las condiciones increíblemente duras que aguantaron en los márgenes del imperio. Resumiendo, esta especialidad inculcada a través del temor les dio a los soldados romanos una ocasión considerablemente mayor de subsistir si obedecían de forma ciega a sus superiores que si no lo hacían.

8. La aniquilación

Ejecución.  Aguafuerte de William Hogarth en Castigos militares romanos de Beaver (1725)

Un castigo especialmente despiadado para cualquier legión era la aniquilación, que fue tan malo como suena. La palabra en sí procede de esta medida disciplinaria militar romana, usada en enormes conjuntos de soldados responsables de delitos capitales como motín, traición o deserción. La aniquilación se deriva del latín que significa “supresión de una décima”.

La manera en que lo hicieron fue dividir a los responsables en conjuntos de diez y lograr que sacaran pajitas. El soldado que sacó la paja corta iba a ser ejecutado por los otros nueve, golpeándolo hasta matarlo. Eso es un condicionamiento psicológico desordenado allí mismo. Y ya que la resolución de quién va a morir se dejó a la suerte, todos y cada uno de los soldados eran causantes de la ejecución, con independencia de su nivel de participación, rango o distinción. Pero ya que matar al diez por ciento del ejército prácticamente jamás es una gran idea, la Aniquilación jamás se transformó en una práctica común.

Dionisio de Halicarnaso lo llamó “un castigo ancestral”, y fue mucho más recurrente a lo largo del siglo V a. C., pero aun entonces solo hay unos pocos casos populares. El comandante de roma y el futuro triunvir, Indisculpable, diríase que lo revivió al pelear Espartaco en el 71 a. C. El último caso registrado de Aniquilación fue a lo largo del reinado del Emperador. Diocleciano (284-305 d. C.), pero con el surgimiento del cristianismo, este castigo desapareció completamente bajo su predominación.

7. Armas y armaduras

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En los comienzos del ejército de roma, solo los ricos podían posibilitarse tener una espada, un escudo y probablemente un casco. Se transformaron en los oficiales de la primera Legión, al tiempo que los plebeyos, que solo podían posibilitarse hondas y piedras, se transformaron en soldados de infantería. Pero conforme Roma expandió sus fronteras, el ejército se volvió mucho más estandarizado, y el estado dio el equipo. Su primera línea de defensa fue la camisa de cota de malla. Los romanos tienen la posibilidad de haber tomado prestada esta tecnología de los galos a lo largo del siglo III a. C. Las primordiales virtudes de la cota de malla (Lorica hamata en latín) eran su peso rápido y que ofrecía una aceptable protección contra las espadas tajantes. No obstante, a lo largo del siglo I d.C., la cota de malla fue sustituida medianamente por una armadura de placas segmentadas, Lorica segmentata. Si bien mucho más pesado y con un mayor cuidado, la armadura de placas ofrecía considerablemente más protección contra asaltos perforantes.

El casco de roma fue rediseñado y mejorado durante los siglos, con influencias etruscas, griegas y principalmente galas. Fue desarrollado de tal forma que ofreciese la máxima protección, pero sin denegar los sentidos. Tenía enormes carrilleras para resguardar el lado de la cara, pero no para contemplar los oídos, a fin de que los soldados tengan la posibilidad de oír las órdenes dadas por los Centuriones. Las crestas, de manera frecuente fabricadas de crin o, en ocasiones, de plumas, tenían el propósito de lograr que el usuario pareciese mucho más grande y feroz, de esta manera para distinguir entre las filas. Los centuriones llevaban el escudo cruzado sobre el casco para lograr distinguirlos de manera fácil en el fragor de la guerra.

Mucho más protección vino de el escudo de roma. Mucho más pequeño y redondo en temporadas precedentes, el Scutum después se transformó en una cuadrado. Se encontraba hecho de capas de madera pegadas y cubiertas con cuero y metal. El escudo asimismo se encontraba curvado, ofertando de este modo mucho más protección a los lados. Gracias a su tamaño, el escudo asimismo se usó como arma ofensiva y funcionó a la perfección en combinación con el Gladius; la espada corta romana. Mientras que se encontraba en combate cuerpo a cuerpo, una espada ancha se transformaría en un obstáculo puesto que no había bastante espacio para moverla. Y en el momento en que los salvajes los agitaban sobre sus cabezas en señal de desafío, un soldado de roma sencillamente lo apuñalaba en el estómago con su Gladius corto.

6. Tácticas y formaciones de guerra

La formación testudo en una recreación militar romana.

Lo que verdaderamente logró de las Legiones Romanas la mejor fuerza de combate en el mundo entero viejo, fueron las naturaleza estructurada de la Ejército, y las formaciones que emplearon en la guerra. Una legion Se encontraba conformado por 4.800 hombres, divididos en 10 Cohortes de 480, que paralelamente contenían 6 Siglos de 80 soldados, cada uno de ellos liderado por un Centurión. Este modo enormemente estructurada ofrecía al ejército tanto unidad entre las filas como una enorme coordinación en el campo de guerra. La mayor parte de los salvajes con los que los romanos estaban en enfrentamiento luchaban en arreglos laxos y cada guerrero procuraba la gloria individual. Pero todos los 4.800 soldados de una legión romana tenía un papel exacto que desempeñar en un plan profesora.

Un ataque habitual empezaría a gran distancia, utilizando catapultas para mojar a los contrincantes con rocas y rayos de hierro. Ahora, los legionarios lanzarían sus jabalinas. Hecho de un mango de madera y una cabeza extendida de hierro, el Pilum, como lo llamaban los romanos, se doblaba frente al encontronazo, eludiendo que el enemigo lo lanzase hacia atrás. Entonces los soldados se paraban hombro con hombro, con las espadas extendidas, y empezaban su avance como un muro móvil inteligente de muerte y destrucción. Con el escudo que se extendía desde la barbilla prácticamente hasta los tobillos, no había bastante que pudiese llevar a cabo un conjunto de tribus desorganizadas.

En el caso de fuego de volea, o al seguir hacia una fortaleza contrincante, los romanos desplegarían de manera rápida sus conocidos Capacitación de tortuga (Testudo). Los soldados adelante y a los lados entrelazaban sus escudos, al tiempo que los del centro los levantaban sobre sus cabezas. De esta manera minimizarían el daño provocado por cualquier arma de proyectil lanzada contra ellos. Otra buena táctica ofensiva fue la cuña. Aquí los legionarios formaron un triángulo y, con sus espadas afuera, cargarían contra el enemigo, en un esfuerzo por romper sus líneas y dividirlas. Aun si los galos, las muchas tribus germánicas o los dacios Fueron guerreros capaces por derecho propio, ninguno de estos pueblos se encontraba dispuesto para confrontar a una fuerza tan bien ordenada, enormemente militarizada y asoladora empeñada únicamente en la dominación.

5. Peleas navales libradas en “tierra”

Un buque de guerra romano emplea su Corvus contra un adversario púnico.  260 a. C.

Las propias legiones romanas estaban fundamentadas principalmente en infantería y lucharon eminentemente con espada y escudo en mano. Los arqueros y la caballería se emplearon en las filas como tropas socorrieres de tribus no romanas. La mayor parte de los arqueros procedían de Siria, Escitia (el Mar Negro) y Creta, al paso que la infantería montada procedía de tribus que tenían una aceptable tradición de equitación. Tras un periodo de 25 años sirviendo en el ejército, estos hombres por último conseguirían la ciudadanía romana. Una escasez afín de soldados calificados se causó con apariencia de guerra naval. En el momento en que Roma tomó el control de la mayoría de la península italiana, dirigieron su atención al mar. Aquí conocieron a los cartagineses y en el 264 a. C. Primera Guerra Púnica había comenzado. Este enfrentamiento de 23 años entre ámbas superpotencias mediterráneas se libró por el control de las islas estratégicamente esenciales de Sicilia y Córcega.

Al paso que Cartago tenía una flota militar notable, Roma no. No obstante, los romanos de forma rápida contrarrestaron esa desventaja creando su armada tras una diseño robado a los cartagineses ellos mismos. Todavía sin experiencia marinera real, y mientras que aguardaban que se edificaran los navíos, los legionarios han comenzado a entrenar el remo al tiempo mientras que aún estaban en tierra estable. Tras ciertas carreras de práctica por la costa italiana, pasaron a la ofensiva. Pero sin que los cartagineses lo supiesen, todavía tenían un as bajo la manga.

Como eran especialistas luchadores cuerpo a cuerpo, se les ocurrió un ocurrente proyecto para transformar las peleas navales en peleas terrestres. Esta arma segrega vino con apariencia de Corvus, un puente de embarque de 4 pies de ancho y 36 pies de largo, que se puede subir o bajar a intención. Tenía pequeñas barandillas a los dos lados y una púa de metal en la parte posterior, que perforaría la cubierta del barco cartaginés y lo aseguraría en su rincón. Con eso los romanos lograron vencer a su enemigo y gana la guerra. No obstante, el Corvus solo podía emplearse en aguas distendidas e inclusive comprometía la navegabilidad del barco. Conforme los romanos se volvieron marineros mucho más expertos, abandonaron el puente de embarque.

4. Bellum gallicum

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La Guerras Galicas, o Bellum Gallicum, fueron una sucesión de campañas militares emprendidas por las legiones romanas bajo Julio César contra los galos que vivían en la presente Francia, Bélgica y unas partes de Suiza. Estas guerras duraron desde el 58 a. C. hasta el 52 a. C. y acabaron con una determinante victoria romana y la expansión de la República romana por toda la Galia. Pero estas guerras no se libraron para la gloria de Roma, en sí, sino para las ambiciones políticas de César él mismo. Reclutó y pagó a sus legiones, lo que logró que los soldados fuesen muy devotos de él y solo de él. En una ocasión, en el momento en que los abastecimientos se estaban agotando, aun ordenó a sus hombres que comiesen pasto, lo que hicieron sin entrar en dudas.

En el momento en que fue nombrado gobernador del sur de Francia, el norte de Italia y la costa este del mar Adriático, antes de la invasión de la Galia, César se encontraba endeudado a nivel económico. Para huír de sus restricciones económicas y subir en la escala política, se encontraba ansioso por novedosas conquistas y saqueos. Su ocasión próximamente llegó con apariencia de una tribu celta, los Helvetii, que deseaba emigrar a la Galia propiamente esa desde la meseta suiza que ocupaban. César los rechazó y decidió agredir. De los 368.000 hombres, mujeres y pequeños celtas, solo unos 110.000 consiguieron subsistir al ataque. Con sus seis legiones, entonces volvió su atención hacia la Galia y masacró a todos y cada uno de los pueblos y aldeas que halló en el sendero.

Más allá de que la zona cobijaba entre 15 y 20 miles de individuos, sus éxitos se debieron en parte importante al hecho de que los galos eran un conglomerado de ejércitos tribales sueltos que carecía de verídica especialidad y cohesión. Así, César debió combatir contra cada banda de guerreros conforme los hallaba, y la campaña se extendió considerablemente más de lo que en un inicio anticipó. Vercingetorix, “Vencedor de cien peleas”, logró al final juntar a las tribus contra las legiones romanas, pero era bastante poco, bastante tarde.

En el guerra de Alesia en el 52 a. C., Vercingetorix prácticamente predominó contra César, pero por último perdió la guerra. En el momento en que acabó la conquista romana de la Galia, mucho más de un millón de celtas yacían fallecidos, y otro 500.000 fueron mandados a la esclavitud. Adjuntado con las muchas riquezas que César reunió de los galos, se aseguró la lealtad de sus legiones y marchó a Roma para comenzar una guerra civil por el control total de la República. Todas y cada una de las conquistas romanas, no solamente la de la Galia, fueron brutales hasta el radical. Cuanto mucho más culturalmente distintas eran los conquistados, mucho más salvajes se volvían las legiones romanas.

3. Crucifixiones

Los romanos eran conocidos por la manera en que trataban y suprimían a cualquier persona que se interpusiese en su sendero contra la dominación total. Una manera especial en que trataron a quienes creían que conminaban el modo de vida de roma fue crucifixión. Este modo de castigo especialmente despiadado se usaba con frecuencia como medio de tortura, de este modo para mandar un mensaje. Esos personas que fueron crucificadas De manera frecuente fueron acusados ​​de sedición o conspiración para sublevarse. Jesucristo fue crucificado precisamente por exactamente la misma razón y no por sus enseñanzas religiosas. Los 2 hombres a su lado asimismo fueron considerados rebeldes, no ladrones.

Stephen Mansfield, creador de bestsellers del New York Times, llama a la crucifixión como “un acto de terror estatal”, en tanto que fue usada por el estado de roma y llevada a cabo por las legiones romanas por causas políticas. Las víctimas fueron seriamente maltratadas por adelantado y después obligadas a llevar sus cruces en frente de todos, al rincón donde las dejarían fallecer. Esto se realizó para mandar un mensaje a todos los otros espectadores. Si bien no fueron los inventores de esta horrible práctica, los romanos sobresalieron en ella. A lo largo de La rebelión de Espartaco en el 72 a. C., 6.000 rebeldes apresados fueron crucificados durante la Vía Apia de Capua a Roma. Ya que la población de Roma era precisamente un 40% de esclavos, y Espartaco y los otros rebeldes eran esclavos ellos mismos, su crucifixión fue un mensaje definitivo para los que aún vivían: “No despierten la disidencia o este va a ser su fin asimismo”.

2. La Guarda Pretoriana

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La mucho más vigorosa de todas y cada una de las legiones romanas fue la Guarda Pretoriana que se encontraba estacionado en nuestra Roma. Y con frecuencia, los pretorianos tenían la poder de vida y muerte sobre exactamente los mismos Emperadores. Brotaron como soldados de élite que resguardaban a los en general a lo largo de la República Romana. Marco Antonio, Escipión Africano, Lucio Cornelio Sila y nuestro César tenían guardaespaldas de ese tipo. Pero nuestra Guarda Pretoriana no apareció de manera oficial hasta el momento en que Augusto se transformó en el primer emperador de Roma en el 27 a. C. Actuaron como guardaespaldas del Emperador, bomberos de urgencia, policía segrega, control de multitudes e inclusive lucharon en la arena para enseñar su habilidad a las masas.

Pero conforme el poder de Roma medraba, asimismo lo hacía su corrupción y también intriga. Y la Guarda Pretoriana frecuentemente se encontraba exactamente en el medio de todo. Más allá de que su labor era asegurar los intereses del Emperador, si esos intereses no coincidían con los suyos, sencillamente lo reemplazarían. Pretorianos descontentos diseñó el popular asesinato de Calígula en el 41 d.C. Los emperadores Cómodo en 192 d. C., Pertinax en 193 d. C., Caracalla en 217 d. C., Elagabalus en 222 d. C. y Pupienus y Balbinus en 238 d. C. fueron asesinados por los pretorianos. En 193 d.C., tras matar Pertinax, aun pusieron la corona a subasta. Un hombre, Didius Julianus, ganó prometiéndoles a cada uno de ellos un soborno de cinco años de paga. Pero en el momento en que no ha podido ofrecer a luz, asimismo fue ejecutado 66 días después. En el 306 d.C., los pretorianos procuraron desempeñar el papel de hacedores de reyes por última vez apoyando a Majencio como emperador occidental en Roma. Fueron derrotados por Constantino en el Guerra del Puente Milvian en 312, y después disolvió la Guarda.

1. Creando y rompiendo el Imperio

El Imperio Romano (rojo) y sus clientes (rosa) en el 117 d.C. durante el reinado del emperador Trajano.

Sin duda, el Imperio De roma en su poder fue desarrollado por las muchas legiones que lucharon y mataron por él. Las legiones romanas asimismo fueron las causantes de los varios proyectos de construcción civil y rutas construidas en todas y cada una de las tierras que conquistaron. Pero en el final, el ejército es lo que derribó a Roma. Como vimos hasta la actualidad, Roma era una sociedad enormemente militarizada con un ejército de unos 130.000 soldados. Uno de cada ocho se encontraba en el ejército. Y al tiempo que al comienzo solo los hombres con características podían batallar por la gloria de Roma, en el momento en que se expandió alén de la península italiana, las filas se abrieron a considerablemente más gente. Se contrató a extranjeros como socorrieres y, tras 25 años de pelea, se les daría la ciudadanía. Y mientras que el ejército medraba, medraba con él una furia esconde.

Como estos hombres no eran ciudadanos de Roma, no creían en la iniciativa de Roma y la “civilización” que traía consigo; la mayor parte no ve la localidad misma. En este momento, varios soldados tenían menos interés en defenderlo y, en cambio, en realizar su fortuna con el botín de la guerra. Su lealtad por el momento no era hacia la localidad o el Imperio, sino más bien hacia los en general a los que estaban sirviendo (como la situacion de César y sus legiones). Entonces, los en general del ejército se percataron de que podían transformarse en emperadores con solo ingresar en Roma, lo que con frecuencia hacían.

El siglo III d.C., asimismo popular como Anarquía Militar o Crisis Imperial, fue un periodo en el que el Imperio De roma prácticamente colapsa, gracias a las varias guerras civiles, siguientes invasiones y crisis económicas. En solo 35 años Roma tuvo 40 emperadores. Todo lo mencionado fue viable como una cadena incontenible de acontecimientos en la pelea por el poder a lo largo de este periodo. Para el 395 d.C., el Imperio se dividiría en el este y el oeste y para el 476 solo subsistiría su parte oriental. El Imperio De roma de Oriente gobernaría desde Constantinopla y sería una fuerza dominante en la zona a lo largo de los próximos 1.200 años, como una continuación de nuestra Roma.

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