10 hechos fascinantes sobre la cocina en el siglo XVIII

El siglo XVIII, la era colonial estadounidense, fue una temporada impresionante para cocinar. Más allá de que la mayor parte de la gente aún no tenían sus hornos y, de forma frecuente, debían improvisar, bastante gente de todos modos tenían un conocimiento bastante aceptable de múltiples métodos de cocción y utilizarían un régimen de condimentas tan difícil como lo dejaran sus medios. De todos modos, cocinar se volvería menos complejo en el transcurso de un tiempo a lo largo de la revolución industrial, años después, en el momento en que bastante gente tenían aun menos medios y el menor tiempo para cocinar comidas complicadas. El día de hoy, vemos un regreso de la cocina poco a poco más complicada, adjuntado con herramientas considerablemente más destacadas para llevarlo a cabo …

10. Cocinar pudines en bolsas de lona era de todos modos una práctica impresionantemente común

Actualmente, es simple para alguien sin capacidad o entrenamiento real por lo menos calentar algo de comida y llevar a cabo algo algo comible. En verdad, la mayor parte de la multitud actualmente tiene la tranquilidad de un microondas, algo que la multitud del siglo XVIII verdaderamente no tendría ni la más remota idea. No obstante, en ese entonces, varias personas no tenían hornos del siglo XVIII y debían improvisar.

Entre las técnicas mucho más extrañas, pero aún bastante populares, fue el procedimiento de cocinar alimentos en bolsas de lona. De todos modos, la bolsa sería un paño del espesor conveniente y primero se herviría en agua para esterilizarla. La bolsa con frecuencia se enharinaba o se untaba con mantequilla a fin de que el pudín pudiese salir después, y después se llenaba con los elementos, se envolvía y se hervía por varias horas. En la mayoría de los casos, se utilizaba una segunda cazuela para sostener el agua hirviendo agregada, con lo que podía sostener la cazuela primordial llena en todo instante; esto era esencial en tanto que los budines mucho más enormes podían demorar 7 horas o mucho más en finalizar de cocinarse con este procedimiento.

9. Los métodos de conservación de alimentos fueron algo mucho más esenciales que ha de saber

En el siglo XVIII, evidentemente, no había refrigeradores ni congeladores, y la conservación de los alimentos era bien difícil. Varios de los riquísimos podían viajar en hielo si les encantaría y preservar algunos alimentos, pero aun entre los ricos era tan costoso sostenerlo para algo mucho más que un capricho ocasional que se consideraría increíblemente extravagante o quizás aun un desperdicio. Por tal razón, hay muchas recetas distintas del período temporal que comprometen encurtir, secar y otros métodos atrayentes para sostener los alimentos en buen estado el mayor tiempo viable.

El canal de YouTube Townsends (ver arriba), que prueba y revela recetas genuinas del siglo XVIII, probó varios métodos distintas de conservación de alimentos de la temporada. Más allá de que varios de ellos son efectivos para preservar todo, desde fresas hasta huevos y carne en macetas, el tiempo de espera frecuente aguardado en ese periodo todavía era en general de solo un unas semanas, o unos cuantos meses como máximo. Aun poner algo en la parte mucho más fría del sótano solo podía sostener la temperatura bajísima, y no tenían métodos idóneos de envasado, con lo que la familia promedio no aguardaba que los artículos en mantiene continuaran comibles por un buen tiempo. Básicamente, fue para contribuir a compensar sus imperfectos sistemas de refrigeración, que normalmente eran solo la parte mucho más baja de la vivienda.

8. La nuez moscada era entre las condimentas mucho más populares y hace aparición en prácticamente todo

Nuez moscada es una condimenta donde la mayor parte de la multitud no piensa bastante hoy en día. Es uno de los múltiples elementos que de forma frecuente se muestran en cosas que tienen “calabaza” en su nombre, y diríase que si empleas varios al unísono, puedes conseguir una suerte de colocón delirante. Todos y cada uno de los que lo han probado lo dicen. es horrible y no lo aconsejamos. En la actualidad es económico y abundante, y salvo que estés en la prisión intentando encontrar una opción alternativa al pruno, no te irritantes en realizar otras cosas fuera del pastel ocasional.

Varias personas ven que hace aparición bastante en las recetas del siglo XVIII y se preguntan si la multitud trataba de consumir drogas, pero la realidad es sencillamente que era una moda pasajera y la multitud deseaba enseñar su estado poniéndolo en todo si podían pagarlo. . No obstante, dado a que la demanda era tan enorme, eso quería decir que los estafadores vieron la posibilidad de intervenir. Hubo un inconveniente real a lo largo del siglo XVIII en la América colonial de mercaderes indecentes que fabricaban nueces moscadas de madera y las vendían a usuarios desprevenidos que entonces se darían cuenta de que tenían conseguido por una proporción de dinero bastante aceptable.

Para los que no tienen idea lo que es agua de rosas es aproximadamente lo que semeja: un agua que se crea al remojar pétalos de rosa. Esta esencia fragante es algo que la mayor parte de la multitud aguardaría en los perfumes, pero todavía se emplea en la cocina india y del Medio Oriente actualmente; aun es un gusto de empleo común en las exquisiteces turcas. No obstante, ha caído prácticamente totalmente en desgracia en la cocina occidental. Además de la mención ocasional en algún género de programa de pastelería muy elegante, por alguien a quien se le hace pasar por “tomar un peligro”, jamás mucho más se escucha charlar de este género de sabores florales.

No obstante, anteriormente, los sabores florales, y en especial el agua de rosas, eran bastante recurrentes en los artículos horneados y, en ocasiones, asimismo en otras cocinas. Para esos que se preguntan por qué razón desapareció, no fue tanto pues la multitud perdió su gusto por él, sino más bien pues los panaderos han comenzado a sustituirlo con lo que hallaron que era un mejor ingrediente para destacar los sabores: la vainilla. La vainilla se transformó en el ingrediente de decisión en el siglo XIX, puesto que se volvió mucho más simple de comprar, y con sustitutos artificiales como la vainillina que la multitud puede conseguir económicos en estos días, no es muy probable que la vainilla sea destronada nuevamente a corto plazo.

6. El sebo, la grasa blanca dura de los riñones, era un alimento básico en la cocina del siglo XVIII.

Sebo es una grasa blanca que está en los riñones de múltiples animales de ganado. Tiene una textura dura que los chefs hallaron increíble para juntar budines, particularmente, gracias a su textura frágil en el momento en que se prepara para cocinar y su prominente punto de fusión, sostiene su textura por medio de un desarrollo de cocción larguísimo, siendo fundamentalmente el última parte para finiquitar de cocinar por la parte interior. La meta primordial de emplear sebo era contribuir a que los pudines fuesen un tanto mucho más aireados, en vez de únicamente una bola espesa de harina, agua y otros elementos afines.

En la actualidad, la multitud por el momento no cocina cosas en bolsas de pudín, con lo que tendemos a utilizar otras grasas o aceites en su rincón. No obstante, si quiere recrear recetas viejas del siglo XVIII, todavía hay maneras de hallar algo de sebo. Si vives en el Reino Unido, tienes particular suerte, en tanto que ciertas recetas habituales todavía lo utilizan con lo que puedes hallarlo en varias tiendas. No obstante, si vive en los USA, probablemente deberá pedirlo on-line.

5. Los chefs subordinados eran impresionantemente hábiles y aportaron entendimientos a la red social esclavizada

En los USA del siglo XVIII, la enorme mayoría de la multitud negra todavía se encontraba esclavizada y obligada a emplear sus capacidades notables sin pago, alén de lo que se precisaba para sostenerlos con vida. Muchas personas tiende a meditar en ellos sencillamente como peones de campo, pero la historia de forma frecuente se oculta o no se molesta en destacar qué esenciales eran los trabajos asignados a la gente esclavizadas. Entre los mucho más esenciales de estos trabajos, según el historiador de la nutrición. Michael Twitty, era un cocinero esclavizado.

Enseña que los chefs subordinados se transformaron en una importante fuente de conocimiento y capacidad donde sus amos llegaron a confiar, pero asimismo un recurso impresionantemente apreciado para el resto de la red social esclavizada. Podían recobrar entendimientos sobre cocina que dejaran a la red social explotar al límite cada ingrediente que tenían, podían trasmitir entendimientos sobre alfabetización y cualquier otra cosa esencial que hubiesen conseguido. Bastante gente tampoco saben que los chefs negros subordinados esencialmente desarrollado barbacoa de americay lo mejoró a lo largo de la temporada colonial.

4. La comida de temporada y regional era todo cuanto la multitud comía, con lo que debían estudiar a ser creativos

Lo contamos muy simple como sociedad tratándose de alimentos, puesto que aun tenemos la posibilidad de lograr que las cosas se manden fuera de la zona o fuera de temporada. Pero en el siglo XVIII, debían conformarse con lo que tenían la mayoría del tiempo. Comentamos la conservación de alimentos antes, pero como afirmamos, varios métodos eran verdaderamente solo para preservar los alimentos el suficiente tiempo a fin de que la familia los usara antes que se echasen a perder, y no para un almacenaje en un largo plazo. Aun las cosas que fueron parcialmente en un largo plazo tienen la posibilidad de no semejarnos tan largas.

Esto quería decir que adondequiera que viviese, lo que fuera estacional era sencillamente con lo que debía trabajar. Evidentemente, esto no fue único de la siglo 18, pero fue cierto a lo largo de prácticamente todos los periodos antes que la revolución industrial y el transporte masivo (tal como la tecnología de refrigeración y congelación) verdaderamente lo cambiaran todo. Anteriormente, nada de eso era una situación e inclusive los mucho más ricos la gente probablemente solo mandarían un obsequio ocasional, o un sinnúmero de un capricho concreto. En su mayor parte, aun los ricos se apegaron a eso que era fresco y local en la zona en ese instante.

3. Los “pasteles de queso” que no tenían queso eran recurrentes en los libros de cocina del siglo XVIII

Actualmente, tendemos a meditar en el pastel de queso como una mezcla de queso crema, huevos, azúcar y saborizantes. Como es natural, más allá de que el queso crema es moderno, eso no quiere decir que los pasteles de queso sean un proyecto absolutamente moderno. Existe prueba de que las tartas de queso con ricotta, requesón, mascarpone y otras existían bastante antes que tenga existencia el queso crema. No obstante, si viajaste a los USA del siglo XVIII (y Europa Occidental) y solicitaste un “pastel de queso” probablemente te decepcionarías.

Hay bastantes recetas que se muestran en los libros de cocina del siglo XVIII que se los conoce como a sí mismos tarta de queso, ciertos utilizan múltiples sabores como el limón, pero lo único que les falta es cualquier género de queso. Con lo que tienen la posibilidad de sospechar esos que estudian los libros de cocina del siglo XVIII, estos se llamaban pasteles de queso por el hecho de que estaban hechos para tener la rigidez y textura del queso, y asimismo en general se preparaban en un plato afín a un pastel y se semejaban a una rueda de queso. . Estos “pasteles de queso” eran precisamente exquisitos por derecho propio, pero nos sorprendería bastante que nos sirviesen un pastel de queso mucho más clásico del siglo XVIII en la mayor parte de los países de el día de hoy.

2. Las pasas y otras frutas secas y nueces se consideraron sumes suntuosas a los postres

En la actualidad, de forma frecuente escuchará el refrán común, en especial entre los pequeños, de que verdaderamente no les agradan las nueces en sus dulces o dulces. Aun varios mayores se enfadarán con un dulce con nueces (además de las barras de Snickers, como es natural), y la mayor parte de la gente no se animan a hornear pasas u otras frutas en algo que no sea pan de pasas con canela o pasas de avena. cookies, e inclusive esas no son seguro de las críticas. En lo relativo a la mayor parte de la gente, singularmente en los EE. UU., Las frutas y nueces en los dulces tienden a ser una blasfemia, y el pastel de frutas está al comienzo de la lista.

No obstante, de vuelta en el siglo 18, creerían que andas orate por omitir un manjar tan exquisito, decadente y de hombre rico que solo tienen la posibilidad de permitírselo ocasionalmente. A lo largo de las vacaciones, la multitud era extravagante y llenaba sus postres con lo que para ellos eran los más destacados aderezos, al tiempo que en la actualidad, bastante gente actúan tal y como si comer tal comida fuera una auténtica tortura. El gusto de la multitud y su deseo por algunos sabores y texturas precisamente cambió bastante desde el siglo XVIII.

1. Los huevos se muestran en una cantidad absurda de recetas y forman la columna vertebral de la cocina frecuente

Los huevos prosiguen siendo una de las maneras más frecuentes de alimentos que ingerimos, pero son objeto de un febril enfrentamiento. Los estudiosos no cesan de balbucear (juego con las palabras enérgicamente intencionado) sobre si son buenos para nosotros o no, y cuántos deberíamos tomar cada día. No obstante, en el siglo XVIII, eran entre los alimentos básicos mucho más esenciales imaginables y prácticamente todo el planeta tenía ingreso a algún género de huevo. Fueron preparados y consumidos de muchas de las formas en que los nos divertimos el día de hoy, y son un ingrediente vital en toda clase de platos salobres y artículos horneados.

Para muchos, esto puede parecer una cosa obvia, pero los huevos sencillamente han constituido la columna vertebral de la cocción a lo largo de tanto tiempo gracias a sus habilidades de fermentación, tal como a sus características aglutinantes. El contenido elevado de proteínas y grasas en un bulto tan pequeño siempre y en todo momento lo convirtió en un factor básico para cualquier persona que busque subsistir sin la tranquilidad de una tienda de comibles actualizada. Y si bien posiblemente las gallinas no pongan muchos huevos en el invierno, no detienen la producción completamente, lo que dio a ciertas familias mucho más pobres una fuente de alimentos prácticamente incesante. Tener ciertas gallinas asimismo era considerablemente más accesible que tener y criar animales de caza.

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