10 increíbles victorias de las legiones romanas

Entendemos los increíbles ejércitos que la Vieja Roma podía desplegar, tan salvajemente tratada como las tropas. No obstante, raramente, la mayor parte de los productos de TopTenz se han basado en los tiempos que perdieron. En verdad, hicimos listas terminadas de ellos. Basta para hacerte preguntarte de qué manera conquistaron un imperio que se extendía desde Enorme Bretaña hasta el Golfo Pérsico.

Es hora de ofrecer a los legionarios sufridos lo que les toca. Claro, oprimieron a una gran parte de Europa, Oriente Medio y África. Pero guerra tras guerra, guerra tras guerra, probaron que por lo menos en una manera eran varios de los mejores soldados de todo el mundo.

10. Beneventum (343 a. C.)

No hubo un veloz y asombroso éxito temprano para el Imperio De roma como lo hubo para los mongoles con Genghis Khan. A inicios del siglo IV a.C., los galos conquistó la localidad de Roma sí mismo. No obstante, los romanos se recobraron y, en la época del siglo III a. C., volvieron a tener una presencia tan vigorosa en la península italiana que Pirro de Grecia fue llamado a dirigir un ejército de precisamente 25.000 personas contra ellos. Los romanos perdieron un par de veces frente él en el momento en que estuvo a 40 millas de agredir Roma, pero parecieron conseguir un plan raramente eficaz en sus pérdidas: infligieron tantas bajas a los helenos en sus pérdidas que desgastaron la aptitud de Pirro para realizar la guerra, y ciertamente acuñaron el término de la “victoria pírrica”.

En 275 a.C., Pirro se enteró de que un ejército bajo Cónsul Manius Dentatus habían sido mandados desde Roma y estaban cerca de una región frondosa próxima a la localidad de Beneventum. Ansioso por tender una emboscada a los romanos, Pirro envió a los helenos en una marcha nocturna a través del bosque y, por un golpe de mala suerte, muchas de las antorchas griegas se apagaron y se perdieron irremisiblemente cerca del campamento de roma. Para en el momento en que habían vuelto a converger, los romanos se habían enterado de su presencia, y sabían por experiencia en la pelea contra las disciplinadas formaciones de la falange griega que la mejor promesa era localizarlos en un lote boscoso donde no podrían conformar muros de escudo inescrutables.

Más allá de que los romanos lograron capturar a Pirro, el líder heleno todavía tenía un arma segrega bajo la manga: un contingente de jinetes de elefantes que lanzó a las líneas romanas. Más allá de que en un inicio los elefantes lograron romper las filas romanas, los romanos recurrieron a un plan mucho más capaz que intentar matar a los elefantes. Utilizando descargas amenazantes pero no mortales, los romanos lograron conducir a los animales a fin de que cargaran de regreso a las filas griegas en el bosque y romper las filas de Pirro. Sus socios en el sur de Italia lo abandonaron y Pirro se vio obligado a proseguir corriendo hasta el momento en que regresó a Grecia.

9. Metauro (207 a. C.)

Como hemos explicado en otra sección, a lo largo de la Segunda Guerra Púnica tras su marcha desde España sobre los Alpes a Italia, Aníbal ha podido infligir una asoladora derrota tras derrota a los romanos por el Imperio cartaginés, especialmente cuando destrozó un ejército de roma de manera significativa mucho más grande en Cannas en 207 a. C. Conque la situación ahora era bastante mala para los romanos antes que el hermano de Aníbal, Hardusal, asimismo cruzase los Alpes y va a llegar a Italia con millones de tropas mucho más para marchar sobre Roma. Los romanos se expusieron a moverse 7.000 soldados que se precisaban desesperadamente para sostener a raya a Hannibal en sus ejércitos del norte. El ejército de roma del norte se encaró a Hardusal en todo el río Metaurus. Hardusal tomó un lote alto para garantizar el ala izquierda de su ejército, entonces atacó fuertemente a los romanos a su izquierda, confiando en que su izquierda resistiría.

Dio la al azar de que el general Nerón (sin relación con el emperador en el momento en que Roma ardió) asimismo pensaba que el ala izquierda cartaginesa se sostendría si la atacaba como demandaba la estrategia usual. Entonces, en cambio, marchó con sus 7,000 a espaldas del ejército de roma, entonces cargó cerca del ala derecha cartaginesa. El resultado aplastó tan absolutamente al ejército cartaginés que Hardusal no ha podido huír con vida. Según el historiador Edward Creasy, esta fue verdaderamente entre las peleas mucho más definitivas en la narración de la raza humana por de qué forma salvó al Imperio De roma. Relató esto en su obra de 1851 Las quince peleas definitivas de todo el mundo, un libro que revela que las listas de acontecimientos históricos tienen una extendida y orgullosa tradición que TopTenz contribuye a sostener.

8. Ilipa (206 a. C.)

Admitiendo que Aníbal era bastante arriesgado para encararlo en el campo aun tras la desaparición de su hermano, los romanos se concentraron en agredir a los cartagineses en España para recortar el fluído de recursos y probables refuerzos de Aníbal. Bajo el general que se conocería como Escipión Africano, los romanos infligieron la derrota cartaginesa mucho más asoladora de la guerra cerca de la presente localidad de Sevilla, España.

Numeración aproximada 55.000 a 45.000 en pos de los cartagineses, los 2 ejércitos se sintieron suficientemente igualados para que ninguno de los bandos se lanzase a la guerra, prefiriendo en un inicio establecer reyertas ligeras. Un par de veces en un par de días los 2 ejércitos se alinearon del mismo modo, y para el tercer día, Escipión tuvo la iniciativa de cambiar completamente las formaciones de sus tropas, primordialmente para beneficiar los flancos de su ejército, entonces lanzó un ataque temprano para atraer al ejército. Los cartagineses entraron en guerra antes que Hardusal pudiese admitir de qué manera los romanos habían preparado sus tropas o se habían alimentado. Los cartagineses no lograron apretar su contraataque y al final colapsaron. Según ciertas declaraciones, su ejército derrotado padeció precisamente 49.000 bajas en frente de las 7.000 de Roma, y ​​la Península Ibérica se perdió.

7. Zama (202 a. C.)

Aun con las derrotas de Ilipa y Metaurus, Aníbal proseguía siendo un general tan eficiente que luchó a lo largo de cinco años mucho más contra Roma. Escipión el Africano debió irrumpir la presente Túnez y marchar sobre nuestra localidad de Cartago para sacar a Aníbal de Italia, donde 2 de los en general mucho más insignes de su temporada podían igualar el talento. Según la historia de historia legendaria, había tanto respeto mutuo que los 2 en general en teoría tenían un charla menor el día previo, y en el momento en que los hombres de Scipio atraparon a unos cuantos navegadores de Hannibal, Scipio les dio un paseo por su ejército y después los liberó. Si es de esta forma, tenían novedades contradictorias para Aníbal: Escipión tenía 36.500, de los que 6.500 eran de caballería. Hannibal tenía 43.000, de los que unos 3000 eran bastante limitados de caballería, pero asimismo tenía 80 elefantes.

La guerra empezó con Hannibal ordenando a sus elefantes que lideraran la carga. Los romanos amedrentaron a las bestias con un estallido de cuerno singularmente fuerte, y los elefantes viraron en buena medida y corrieron hacia las formaciones de caballería cartaginesa, las que se rompieron y se retiraron instantaneamente en el momento en que la caballería romana atacó (ciertos han argumentado intencionalmente para espantar a la caballería romana del guerra). La infantería romana y cartaginesa se aplastaron hasta el momento en que Aníbal envió a sus veteranos de Italia, quienes han comenzado a plegar la línea romana antes que regresara la caballería romana. Lamentablemente para Hannibal, acabaron dejándose rodear en el momento en que las tropas montadas retornaron al fin. Entre lo bien que habían trabajado en esta guerra y Beneventum, no era de extrañar que esta fuera la última vez que los elefantes se encaraban a las tropas romanas en guerra a lo largo de bastante tiempo.

6. Aquae Sexitae (102 a. C.)

A objetivos del siglo II a. C., las tribus germánicas aliadas estaban en movimiento, y centenares de miles bajo el rey Jugurta habían decidido que Italia sería su nuevo hogar. En lo que se conoció como la Guerra Cimbria, los ejércitos alemanes fueron considerablemente más capaces de lo que aguardaba el nuevo Imperio De roma. En el 112 a. C. derrotaron completamente a un ejército de roma en la guerra de Noreia, entonces prosiguieron en el 105 a. C. con una victoria aún mayor en Arausio, donde aniquilaron a millones de soldados romanos. Le tocó al ejército del cónsul Gauis Marius parar la mayor amenaza para Roma en mucho más de 150 años, enfrentándolos primero en el norte de Italia en un valle fluvial donde puso a su ejército para amenazar una ruta de suministro que los alemanes utilizarían para su migración hacia el sur.

Superado en número como se encontraba con 40.000 soldados para 140.000 Alemanes previamente muy triunfantes, Marius logró que su ejército tomara una situación fuerte en una colina, cavase trincheras y buscara un asedio mientras que el enemigo se preparaba. Según la historia de historia legendaria, múltiples guerreros alemanes retaron a Marius a un enfrentamiento uno a la vez, y la contestación escogida por Marius fue decirles que si estaban “cansados ​​de la vida” deberían ve a buscar una cuerda. Al final, la guerra se acentuó en el momento en que los alemanes se hallaron con una patrulla romana y la derrotaron, realizando que su sangre subiese para agredir a la primordial fuerza romana.

Las tropas de Marius lograron sostener el fuerte y, para consternación alemana, había enviado una fuerza de 4000 en torno a ellos en una maniobra de flanqueo mediante los bosques próximos. En el momento en que la retaguardia atacó, los alemanes se rompieron tanto que su fuerza se dispersó con 80.000 bajas y millones de presos vendidos como esclavos. Una conocida anécdota de las consecuencias brotó de que 300 de las mujeres alemanas escogieron el suicidio antes que la esclavitud. En otro acto de desafío legendario, se mencionó que varios de los presos o su descendencia, más adelante, tomaría parte en los conocidos alzamientos de luchadores bajo Espartaco.

5. Vercellae (101 a. C.)

Tan enorme como un revés para los socios alemanes como fue la primera victoria de Gauis Marius, el rey Jugurtha todavía tenía la mayoría de su ejército y el pueblo alemán no se encontraba menos atormentado. Una segunda guerra, aún mucho más importante, era ineludible. Pero según el relato histórico primordial, Gauis Marius debió trabajar con el cónsul Lutatius Catulus, quien creía en poner al ejército de roma en los Alpes para eludir que los alemanes entraran en Italia propiamente esa, un plan que fracasó por el hecho de que dejó a sus tropas divididas en una situación donde los alemanes podrían emplear una secuencia de sendas elecciones, menos obvias, para recortar y rodear sus fuerzas. Los romanos debieron retroceder y confrontar a los alemanes una vez que un elevado número de ellos hubiese entrado en el norte de Italia en la zona que se conoció como Lombardía pero antes que tengan la posibilidad de llegar mucho más de sus socios de Europa Central y enseñar una fuerza realmente trascendente. Aun como se encontraba, en el momento en que Catalus y Marius lanzaron guerra contra los alemanes, todavía eran sus precisamente 55,000 contra un enemigo que conservadoramente tenía mucho más de 180,000.

Arreglando a sus tropas en la niebla, los romanos consiguieron publicar un ataque sorpresa contra los alemanes que dejó el sol en los ojos de sus contrincantes. Los alemanes, al no ser una horda desordenada, lanzaron un contraataque de caballería para flanquear a los romanos por la izquierda. Cayo Mario respondió por atacando la brecha entre la caballería alemana y su infantería en la derecha alemana, admitiendo a los romanos recortar la fuerza de flanqueo y pegar a la infantería alemana en un punto vulnerable. Según ciertas estimaciones, hubo mucho más de 120.000 bajas alemanas en la derrota. Las mujeres alemanas se sintieron mucho más orgullosas que las de Aquae Sexitae, tomando las armas y peleando en un último esfuerzo contra los romanos antes que muchas de ellas fuesen tomadas presas y esclavizadas asimismo.

4. Nola (89 a. C.)

A causa de los extraordinarios éxitos contra los alemanes, los prejuicios del Senado de roma salieron a la luz y también procuraron mentir a todos y cada uno de los veteranos italianos no romanos para conseguir una compensación completa. Esto resultó en una guerra civil superflua que llegó a ser famosa como la Guerra popular. Entre los en general romanos mucho más consumados en este enfrentamiento fue Sila, según ciertos cuentos, ciertamente, la mano derecha de Cayo Mario a lo largo de la Guerra de Vercellae. En el 89 a. C. fue acusado de sitiar las ciudades rebeldes de Herculano y Pompeya. Un ejército popular como los samnitas vino a alzar el lugar. Más allá de que su ejército se encontraba dividido entre sitiar 2 ciudades y buscar comida, Sulla lanzó un ataque. Los samnitas lograron soportar y después apretar un contraataque, pero en el desarrollo se estiraron lo bastante para que los colectores de Sila tengan la posibilidad de converger y negar el contraataque.

Los samnitas lograron reunirse de nuevo en el momento en que llegó un contingente de socios galos. No obstante, según la historia de historia legendaria, uno de sus soldados mucho más enormes desafió a los romanos a un enfrentamiento uno-uno-uno, lo que provocó que un de roma especialmente bajo se acercara y admitiera el desafío. Para aparente desconcierto de los galos, el hombre mucho más bajo ganó, y más tarde los romanos lograron romper sus líneas y los samnitas con ellos. El ejército derrotado fue conducido hacia las murallas de Nola, donde los romanos lograron derruir precisamente 23.000 de ellos.

Sila retuvo la idea lo bastante para llevar a su ejército al sur, victoria tras victoria, hasta el momento en que el alzamiento fue sofocado. Al regresar a Roma, Sulla y Gaius Marius desarrollarían una rivalidad que los haría cambiar fundamentalmente cuál de ellos era el Top Man en Roma. En el desarrollo matarían miles de los fieles de cada uno de ellos.

3. Farsalia (48 a. C.)

Ninguna lista de triunfos romanos estaría completa sin dedicar por lo menos una entrada a Julio César, y si bien su mayor triunfo fue la Guerra de Alesia, ahora lo hemos cubierto en otra lista. En su rincón, nos vamos a centrar en la recompensa de Julio César por ganar la Guerra de Alesia: el Senado le ordenó que entregase su ejército. En cambio, en el 49 a. C., César marchó sobre Roma y los fieles al Senado bajo el viejo amigo de César, Pompeyo, escaparon a Grecia. César lo persiguió, y tras un año de maniobras y contra-maniobras, se estableció en una región montañosa al nordeste de Pharsalus. Las tropas de Pompeyo ascendían a 45.000 en frente de las 22.000 de César, y muchas de las tropas de Pompeyo estaban tan probadas en guerra como las de César.

El truco de César consistía en captar la caballería de Pompeyo a fin de que cabalgara en torno a su flanco derecho, pero sostuvo una línea de soldados con picas en reserva. Fueron capaces de ataque de flanco exactamente la misma caballería que se suponía había de estar flanqueándolos. Esto dejó una línea de arqueros de Pompeyo atacables al ataque de los hombres de César, y desde allí se causó el colapso del ejército de Pompeyo tal es así que las tropas de César triunfaron el campo en teoría en precisamente una hora. Entonces, César se apuró a llevar ciertas legiones entre las tropas derrotadas y su suministro de agua, tal es así que por la mañana siguiente, los sedientos agobiados se rindieron sin otra riña. Se mencionó que las bajas fueron de unas 15.000 para el ejército que escapaba de Pompeyo y menos de 300 para César. Habría peleas auxiliares en la guerra civil, pero si bien Pompeyo sería por último ejecutado por el Imperio egipcio, jamás volvería a dirigir un ejército contra el nuevo emperador de Roma.

2. Watling Street (61 d. C.)

El ascenso de Boudica de los británicos se ha cubierto en otras unas partes de TopTenz, pero no hubo una cobertura completa de de qué forma los romanos acabaron su rebelión. Los 10.000 soldados mandados bajo Gaius Paulinus difícilmente podrían abrumar al ejército británico de sobra de 100.000 con la fuerza, no obstante, la furia con la que Boudica había destruido Colchester y Londres probó que su ejército podía ser manipulado para agredir desde una situación provechos. Paulino escogió un desfiladero que los historiadores no pudieron detectar con precisión. Watling Street, pese a su nombre, era de todos modos un sendero largo que pasaba cerca de comunidades modernas como Leicestershire, Warwickshire y Shropshire, todas y cada una las que tenían áreas que, según múltiples historiadores, eran el sitio de la guerra. En lo que los historiadores están en concordancia es en que los flancos romanos estaban bien anclados y las sendas cerca del ejército eran bastante frondosas a fin de que un conjunto de británicos poco ordenado las pudiese maniobrar adecuadamente. Además de esto, los rebeldes estaban tan seguros de que podrían eliminar la limitada fuerza romana con un ataque de adelante que llevaron a sus familias a ver.

Resultó que los atacantes estaban bastante agrupados para eludir las jabalinas y otros misiles romanos, pero asimismo estaban bastante armados para atravesar las robustas formaciones romanas. Entonces la caballería romana contraatacó por los flancos. Los británicos habían cometido el fallo de poner un enorme tren de vehículos tras sus líneas de ataque, lo que ralentizó de enorme manera su retirada. Según el historiador de roma Implícito, los romanos terminaron matando 80.000 de sus contrincantes perdiendo solo 400 bajas. Hay que decir que, según se comunica, los legionarios no hicieron distinción entre combatientes contrincantes y pequeños tras la guerra.

1. Chalons / Llanura Catalaunian (451 DC)

En el siglo V d.C., la escritura se encontraba en la pared de que el Imperio De roma Occidental llegaba a su fin. Los visigodos y los vándalos de Alarico ahora habían saqueado Roma a veces diferentes, y los ejércitos romanos estaban compuestos por lo menos tanto de mesnaderos extranjeros como de legionarios. No obstante, en el momento en que la amenaza de Atila y sus hunos llegó a 440 d.C., los romanos fueron capaces de desplegar el ejército mucho más grande contra él y enseñar la única promesa que tenían sus contrincantes habituales de parar al gran éxito de Europa del Este. Aun el poder mezclado de Roma y Teodorico de los visigodos solo podía desplegar un ejército en Catalaunian que era considerablemente más pequeño que el ejército de 100.000 soldados de Atila. No obstante, el comandante de roma era Flavio Aecio, y traía consigo una astucia notable.

Al ordenar sus fuerzas, Aecio tendió una trampa. Dejó su centro deliberadamente enclenque y al aire libre. y puso sus fuerzas mucho más fuertes tras una colina que controlaba el campo de guerra mientras que los visigodos estaban en su ala derecha. En el momento en que los hunos atacaron el centro enclenque y también indudablemente se abrieron paso mientras que presionaban de manera fuerte a sus socios, los romanos de Aecio cargaron cuesta abajo contra la fuerza huna en el flanco, destruyendo tanto el progreso de Atila que los visigodos lograron sumarse a los romanos en el contraataque. Las tropas de Atila fueron envueltas en doble cubierta y conducidas de regreso a la fortaleza improvisada de su vehículos rodeados.

Alén del éxito inmediato en el campo de guerra, Aecio tenía el premio plus de que su aliado visigodo Teodorico muriera en la guerra. Esto quería decir que podía seducir a su sustituto de que regresara de manera rápida a su tierra natal para cerciorarse de que sus varios oponentes no lo usurparan en el trono, poniendo fin a una amenaza instantánea de que sus socios probablemente se volviesen contra él en este momento que la aptitud de los hunos para librar la guerra se encontraba perdida. anulado. Asimismo quería decir que Aecio podía dejar que Atila se escapase con su ejército fatigado a fin de que, más allá de que los hunos por el momento no eran una amenaza para Roma, eran probablemente una amenaza bastante para los visigodos para que no tengan la posibilidad de arriesgarse a una guerra con Roma sin la oportunidad de que su tierra natal sería asaltada por los hunos mientras que cruzaban espadas con los italianos. Tal fue la astucia del general que dio a la Roma imperial occidental su última enorme victoria.

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