10 personas que obtuvieron genialidad con el daño cerebral

¿Qué crea un genio? ¿Es sencillamente una función de tener los patrones del cerebro derecho, o hay un mecanismo mucho más profundo en desempeño? Tal como sabios como Daniel Tammet y Alonso Clemons prueban un dominio sobrehumano en determinados temas, hubo personas durante la historia que adquirieron capacidades poco comúnes desde accidentes extraños. Lamentablemente, la genialidad de forma frecuente tiene un precio.

Es una pregunta que ha desconcertado a científicos y pensadores por igual desde los tiempos de la historia.

10. Derek Amato

En 2006, una pesadilla se realizó situación. Derek Amato, habitante de Denver, Rojo, se zambulló en una piscina y se golpeó la cabeza en el fondo poco profundo. Se desmayó y se despertó en el hospital, desorientado y aterrorizado. Es el género de incidente que todos y cada uno de los progenitores se preocupan, un incidente que deja a la mayor parte paralizados.

Y Derek no era inmune a los riesgos. Su lesión en la cabeza lo dejó con una pérdida auditiva masiva, problemas crónicos y inconvenientes de memoria que aún persisten hasta hoy. No obstante, Derek cree que el incidente es lo destacado que le pasó, pues asimismo lo transformó en un prodigio musical.

En los días siguientes al incidente, Derek empezó a conocer formas en blanco y negro en movimiento, un “fluído continuo de notación musical” fluyendo tras sus párpados cerrados. Si bien Derek jamás había tenido inclinaciones musicales, de súbito tuvo la capacidad de sentarse al piano y tocar piezas complicadas que a la mayor parte de la gente les transporta años perfeccionar. Si bien no entiende su capacidad, afirma que está complacido por este motivo todos y cada uno de los días.

9. Jason Padgett

Una noche de 2002, un vendedor de muebles llamado Jason Padgett salía de un bar en el momento en que fue asombrado por 2 asaltantes. Lo tiraron al suelo y lo patearon varias veces en la cabeza. En la mitad del ataque, Padgett vio un destello blanco cegador, y lo próximo que supo fue que se encontraba tendido en el cemento, confuso y sangrando, solo otra víctima de un acto de crueldad sin ningún sentido.

El ataque dejó a Padgett con una convulsión cerebral severa y extrañas distorsiones en su visión. Si bien todavía podía ver comunmente, en este momento había un brillo más que nada, tal y como si cada objeto se hubiese dividido en líneas y formas. Padgett, que abandonó la escuela secundaria, no se percató inmediatamente de que las cosas extrañas que veía eran de todos modos representaciones geométricas de fórmulas matemáticas.

De alguna forma, su lesión cerebral le había dado la aptitud de, bueno, ver matemáticas. En el momento en que los estudiosos han tomado imágenes del cerebro de Padgett y le enseñaron una sucesión de ecuaciones, los centros de procesamiento visual en su cerebro se alumbraron. Su cerebro se encontraba transformando los números en imágenes. Jason Padgett se ha anotado desde ese momento en la facultad para estudiar mucho más sobre su condición y la teoría de los números tras sus incomprensibles visiones.

8. Jon Sarkin

A lo largo de las primeras tres décadas de su historia, Jon Sarkin fue un hombre habitual en un planeta habitual. Tenía mujer, un hijo y una floreciente carrera como quiropráctico. Jugó al golf y se sostuvo cada día con la bolsa de valores. Entonces, un día, prácticamente muere.

A lo largo de una ronda de golf en 1988, Sarkin padeció una hemorragia cerebral desgastante. Fue movido de urgencia al hospital, donde su condición empeoró hasta el punto de que los médicos se vieron obligados a extirpar quirúrgicamente parte de su cerebro. En el momento en que se despertó, el quiropráctico se había ido. En su rincón era un artista.

Lo que empezó como una sucesión de sueños surrealistas próximamente se convirtió en una compulsión por colorear. Sarkin dejó su trabajo y se dedicó al arte a tiempo terminado, dividiendo su atención entre la pintura y la estatua. No pasó un buen tiempo antes que su arte y su crónica ganaran la atención de los medios. De alguna forma, un pequeño corte del cerebro había transformado a Jon Sarkin en un individuo totalmente diferente. En este momento, prácticamente 30 años tras el hecho, Sarkin todavía pinta y sus proyectos han aparecido en galerías de todo el planeta.

7. Leigh Erceg

Leigh Erceg tenía 49 años en 2009 en el momento en que cayó a un barranco en su rancho de Rojo. El incidente fue catastrófico. Padeció lesiones tanto en la cabeza como en la columna, y daba la sensación de que se encontraba destinada a estar en una silla de ruedas por el resto de su historia. Contra todas y cada una de las esperanzas, la columna vertebral de Erceg se curó. Pero su cabeza, en este momento eso era una historia diferente.

Tras el incidente, Erceg había ni la más mínima idea de quien era ella. No podía rememorar su niñez, su madre ni nada de su historia antes de la caída. Con la desaparición de sus recuerdos, asimismo había perdido sus conmuevas. Aun en este momento, sabe cuándo sonreír o reír, pero no entiende completamente por qué razón lo realiza.

Pero prácticamente tal y como si la pérdida de su historia pasada dejase un orificio vacío que atestar, el incidente la imbuyó de una paleta totalmente novedosa de capacidades. En una combinación extraña, tomó el arte como una manera de expresar su nuevo interés por las matemáticas. En el momento en que dibuja, afirma, crea una imagen fundamentada en ecuaciones matemáticas.

6. Sr. Z

Los estudiosos todavía están peleando por entender los mecanismos tras los pocos prodigiosos que han conseguido capacidades inopinadas desde un daño cerebral desgastante, pero su falta de conocimiento no hay que a la carencia de intentos. El fenómeno fué reconocido a lo largo de décadas y no en todos los casos lleva a la alegría.

En los años 80, un sicólogo escribió sobre sus vivencias con un tolerante que solo identificó como el Sr. Z. En el momento en que el Sr. Z tenía nueve años, recibió un tiro en la frente a lo largo de una invasión de su casa. La bala atravesó completamente su cabeza y dejó al niño relativamente paralizado y también inútil de charlar. Pero si bien el hecho despojó al Sr. Z de la mayor parte de las maneras de pensamiento lógico, lo dejó con una capacidad curiosa: podía desmontar prácticamente cualquier cosa y regresar a armarlo.

Aparte de sus capacidades mecánicas, el Sr. Z ha podido rememorar hechos al azar con impecable claridad, como nombres de calles en áreas que solo había visitado una vez. Lamentablemente, pese a estos dones poco comunes, el Sr. Z continuó peleando con su discapacidad hasta entrada la vida adulta.

5. Franco Magnani

En la década de 1960, un inmigrante italiano que vivía en San Francisco empezó a padecer una extraña y inmediata patología. Franco Magnani fue atormentado por unas fiebres que lo forzaron a acostarse y le provocaron un estado de desvarío. Mientras que padecía, soñaba. Soñaba con la vivienda de su niñez en Pontito, Italia, que había dejado prácticamente una década antes. En el momento en que despertaba de estos capítulos, pintaba sus sueños, todos ellos situaciones de su niñez.

Resultó que Magnani se encontraba pintando instantáneas fotorrealistas perfectas de la aldea donde medró, recuerdos que su cerebro tenía guardado a lo largo de años. De alguna forma, el daño cerebral de sus asaltos febriles, que en este momento se estima que fueron una manera de epilepsia, había habilitado algo en su cerebro que le dejó rememorar cada aspecto de esos instantes de la niñez.

Mucho más de 20 años tras la patología de Magnani, un fotógrafo viajó a Pontito y ha podido fotografiar las situaciones precisas que apareció en las pinturas de Magnani.

4. Anthony Cicoria

En 1994, el Dr. Anthony Cicoria terminaba de colgar un teléfono público en el momento en que una luz cegadora salió de la nada, golpeó el teléfono y después rebotó en su rostro. El encontronazo lo arrojó hacia atrás y, según él mismo, lo dejó inconsciente. Recuerda ver a su yo inconsciente mientras que la multitud se apuraba a intentar resucitarlo. Entonces, fue golpeado contra su cuerpo y un planeta de mal.

Terminaba de ser alcanzado por un rayo.

A lo largo de los meses siguientes, Anthony Cicoria trató de regresar a su historia habitual, pero se sintió … extraño. Daba la sensación de que no podía concentrarse en el trabajo con tanta sencillez y su memoria era un tanto irregular. Próximamente, no obstante, aun esos inconvenientes desaparecieron, y justo en el momento en que la vida parecía haberse calmado, Cicoria fue golpeada nuevamente, en esta ocasión por un insaciable deseo de realizar musica.

El deseo próximamente se transformó en una obsesión. Escuchaba música en sus sueños, pero no sabía tocar el piano ni sacarse las canciones de la cabeza. Entonces, el cirujano de 42 años empezó a estudiar a tocar por sí solo en un piano prestado, y cuanto mucho más aprendía, mucho más medraba su obsesión. Cada instante libre lo dedicaba a la música, como una picazón que no se podía rascar. Aun una vez que su mujer lo dejó, Cicoria continuó jugando.

Oliver Sacks, el neurólogo que estudió la condición de Cicoria, piensa que el cambio terminado de personalidad que se apoderó de él, adjuntado con el nuevo don para la música, podría ser el resultado de una convulsión del lóbulo temporal ocasionada por el rayo. Pero aun eso no enseña totalmente de qué forma ha podido haber ocurrido un cambio tan profundo.

3. Heather Thompson

Resultado de imagen de daño cerebral de Heather Thompson

En el mes de marzo de 2011, Heather Thompson fue golpeada en la cabeza por la escotilla posterior de su SUV mientras que cargaba comibles. El encontronazo la tiró al suelo y le provocó lo que el médico llamó “una lesión cerebral traumática suave”.

No parecía especialmente grave, pero Thompson jamás se sintió como ella misma tras ese hecho. Las luces parecían bastante refulgentes, los colores bastante vivos. Empezó a encerrarse en su dormitorio obscuro para huír de la sobreestimulación, abandonando a su familia y su trabajo como directiva ejecutiva de una compañía local. Dormía la mayoría del día, solo a fin de que las tareas mucho más sencillos la devolviesen al cansancio. Con un solo golpe descuidado en la cabeza, su historia se había transformado en un infierno.

Entonces, un vecino preocupado trajo un juego de pinceles harapientos y le sugirió que intentara colorear para asistirla a relajarse. Thompson se burló de la iniciativa, pero le dio una ocasión … y jamás se detuvo. Exactamente la misma Anthony Cicoria y Jon Sarkin, el encontronazo en su cabeza parecía haberla empujado hacia una personalidad totalmente novedosa. Una vez una emprendedora emprendedora, Thompson se divorció de su marido, se mudó fuera de la región, adquirió una cabra y tomó la vida como pintora.

En sus expresiones, ella es mucho más feliz que jamás. en su historia.

2. Orlando Serrell

Podría decirse que Orlando Serrell se convirtió en el modelo del síndrome del sabio conseguido. Mientras que jugaba de niño en 1979, una pelota de béisbol lo golpeó en la cabeza. Serrell cayó al suelo, confuso, y después se levantó para proseguir jugando a la pelota. No se percató inmediatamente, pero toda su historia se encontraba a puntito de cambiar.

Empezó con problemas. A lo largo de días, el niño de 10 años padeció en silencio mientras que le latía la cabeza con un mal cegador. Entonces, los problemas cesaron y Orlando se percató de que podía rememorar todo. Sabía qué ropa se había puesto, de qué manera había estado el tiempo y qué había desayunado … todos y cada uno de los días de su historia.

Aparte de la memoria eidética del pasado, el béisbol errante asimismo había golpeado a Serrell con la aptitud de comprender el futuro. Se había transformado en un ambicioso de calendario: para cualquier fecha dada, Serrell podía calcular instantáneamente el día de la semana, aun si la fecha caía cientos y cientos de años más adelante. En estos días, el niño prodigio de 10 años es un hombre de 37 que se ocupa de contribuir a los estudiosos a entender el papel que juega el daño cerebral en el intelecto humana.

1. Jim Carollo

En el momento en que Jim Carollo tenía 14 años, un incidente automovilístico destrozó su historia. Su madre murió en el incidente y Jim entró en coma. Gracias a las amplias lesiones cerebrales que había sufrido, los médicos creyeron que no viviría mucho más de unas unas semanas.

Pero contra todo pronóstico, subsistió. Tras seis semanas, se despertó del coma y empezó el largo y retardado desarrollo de rehabilitación física. Próximamente, ha podido regresar a la escuela, y fue entonces en el momento en que se percató de que jamás volvería a ser un joven habitual.

Antes del incidente, Carollo no tenía ningún interés en las matemáticas; después, fue tan simple como respirar. Sin estudiar, superó el examen de maestría en geometría de la escuela secundaria. Entonces pasó a cálculo, pasando todos y cada uno de los exámenes con sencillez. Recordar cualquier número fue tan fácil como mirarlo. Memorizó 200 dígitos de pi en un tanto mucho más de un día. Bajo cada actividad día tras día, los números se desplazaban por la cabeza de Carollo, secuencias inacabables de dígitos.

Jim Carollo tiene en este momento 39 años y los números prosiguen ahí. Más allá de que continuó creando una vida habitual tras el incidente, afirma que los números se están aliviando, como un viejo amigo.

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