10 razones principales por las que las mujeres no pueden practicar deportes

Si en algún momento le preguntaste a tu instructor de inglés: “¿Puedo ir al baño?” conoces la diferencia entre permiso y aptitud.

Tratándose de mujeres que practican atletismo, los dos se les niega de forma sistemática. Como un calcetín pegado al interior de un suéter, la sociedad tiene un vínculo estático con algunas ideas sobre género, diversión, diversión limpia y rivalidad. En grupo, estas ideas forman una barrera de entrada importante para las mujeres con intereses en los deportes; uno que, aun en el momento en que las mujeres lo retan, el resto de nosotros lo reforzamos.

Las mujeres tienen la posibilidad de representar prácticamente la mitad de todos y cada uno de los entusiastas de los deportes, pero eso no borra la línea que divide “ver” de “jugar” los juegos que adoran. Conque levántese para oír el himno del país y prosiga leyendo para poder ver por qué razón en el juego de la igualdad, el marcador se ve claramente sombrío.

10. Los deportes son para guerreros

La oración “es solo un juego” no posee cabida en los deportes confrontados.

No son puros juegos; tanto para los contendientes para los espectadores, los deportes son medidas críticas de identidad cuyas raíces van de forma directa a nuestra historia de guerra tribal. En el campo y en las gradas, las competencias atléticas se convirtieron en representantes del instinto humano de competir por la supervivencia.

La brecha entre el deporte y el ejército siempre y en todo momento fué angosta; históricamente, fue inexistente. Deportistas y soldados eran lo mismo–Entrenamiento para lograr la máxima condición física para prepararse para el combate, entrenar en el hogar como preparación para el combate en el extranjero. Aun se vieron los Juegos Olímpicos como una manera de saber qué estados tenían el favor de los dioses; en vez de asegurar su dominio mediante la guerra abierta, los deportistas exhibieron su habilidad guerrera a través del deporte. Era algo tal como la Guerra Fría, pero la distensión dependía de los luchadores y velocistas, mucho más que de las ojivas nucleares.

Gracias a que históricamente los hombres han gobernado a los militares, se deduce que sus juegos de guerra estarían del mismo modo dominados por hombres.

Los deportes mucho más populares fueron desarrollados por hombres, para hombres, como una manera de evaluar y perfeccionar su virilidad. Y si bien desde ese momento la participación se ha abierto para integrar a las mujeres, persiste la concepción principalmente de género del deporte.

El ejército todavía es el perfecto ejemplo de esto: Departamento de Defensa estadounidense se percató, al cambiar sus reglas para dejar que las mujeres soldados sirviesen en permisos de combate, que debía ponerse cada día en concepto de equiparlas para el combate, verdaderamente, su el equipo debió ser rediseñado para mujeres.

Asimismo hay una pregunta persistente sobre si el entrenamiento militar y la aptitud física se van a ver en compromiso para ordenar a las mujeres soldados. La iniciativa de que las mujeres tienen la posibilidad de pelear, ser útil y competir al mismo nivel que los hombres mina la extendida tradición de mujeres ser el sexo “mucho más enclenque” o “mucho más justo” y violar la tradición provoca que la multitud se sienta incómoda generalmente.

Es posible que a las deportistas femeninas no les falte el equipo conveniente, pero el sistema y el negocio de los deportes prosiguen siendo un legado totalmente masculino.

9. Las mujeres padecen mucho más lesiones

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Ese legado de la dominación masculina es singularmente esencial a la luz de las diferencias críticas entre la anatomía masculina y femenina.

Gracias a que los deportes fueron diseñados para ejemplificar la condición física masculina, juegan con las fortalezas naturales de los hombres, verdaderamente. En el momento en que llegan a la pubertad, los cuerpos de los hombres generan mucho más testosterona, lo que desata un mayor desarrollo muscular, aparte de contribuir a dar de comer la agresión y los instintos confrontados. Los cuerpos de las mujeres, por su parte, generan mucho más estrógeno, lo que les contribuye a retener mucho más grasa de manera natural.

Más allá de que nada de esta biología quiere decir que las mujeres son intrínsecamente inútiles de competir o desempeñarse al mismo nivel que los hombres, sí quiere decir que deben trabajar mucho más duro para realizar exactamente los mismos estándares de aptitud física.

Y no es solo el sendero hacia la aptitud lo que difiere entre los sexos.

Hay un tamaño de exhibe mucho más grande de players de fútbol que han sufrido convulsiones cerebrales, con lo que, en términos absolutos, hay mucho más deportistas masculinos que padecen lesiones traumáticas en la cabeza que mujeres. seguramente esta sea la razón por la cual Will Smith protagonizó una película sobre el tema, y ​​los medios nacionales han designado convulsiones cerebrales una “epidemia” en los deportes masculinos.

Pero en concepto de continuidad, las deportistas padecen convulsiones cerebrales y otras lesiones. a un ritmo considerablemente más prominente que los hombres–En cualquier sitio del 50% al 500% en dependencia del deporte. Asimismo hay prueba que recomienda diferencias entre de qué forma los cuerpos masculino y femenino argumentan a las convulsiones cerebrales, agudizando aún mucho más el inconveniente.

Fuera del campo profesional, hay una inclinación a ignorar dado que distintas pequeños (de los dos sexos) madurarán y se desarrollarán a distintas ritmos, y que El entrenamiento atlético debe tener en consideración estas diferencias de avance.. Naturalmente, la presión sobre los pequeños a fin de que se especialicen (seleccionar un solo deporte y entrenar de forma exclusiva para esa selección) no deja bastante espacio a fin de que los entrenadores y los progenitores se amolden a la individualidad. La especialización se relaciona de manera directa con mayor peligro y tasas de lesiones en los dos sexos, pero asimismo se relaciona con competir por fondos limitados para becas universitarias y una ocasión de transformarse en profesional.

No obstante, las pequeñas son en especial las que se quedan cortas aquí, pues tienen la doble desventaja de volverse mucho más atacables físicamente a las lesiones deportivas (merced a la pubertad) al tiempo que incrementan las apuestas para la participación y el entrenamiento mucho más profundo.

El efecto neto es que las chicas atléticas son interrumpir sus carreras atléticas por el hecho de que adiestran bastante y compiten con mucha intensidad a una edad bastante temprana, y no es suficientemente sostenible para transformarse en expertos o tener una carrera perdurable.

Las deportistas femeninas ahora deben llevar a cabo estupideces por entrenar exactamente los mismos deportes con reglas distintas, en teoría para resguardarlas del peligro total de los deportes masculinos. Pero los deportes masculinos acarrean un colosal peligro de lesiones y una cultura de machismo caricaturesco–Para comenzar, son una exageración de la masculinidad. En consecuencia, las deportistas femeninas son dispuestas a tasas mucho más altas de lesiones y están sostienes a críticas por jugar ediciones diluidas de los deportes reales, asimismo populares como masculinos.

8. Trivia

Entre la venta de entradas, los registros de asistencia y la audiencia de transmisión, hay un vacío bastante claro entre los deportes masculinos y femeninos. La historia es una parte del inconveniente: los entusiastas de los deportes adoran la narración de sus equipos, mascotas y deportes generalmente; los deportes femeninos sencillamente no tienen la posibilidad de desafiar a eso, pues sencillamente no tienen exactamente el mismo legado histórico.

Los entusiastas desean llevar a cabo cuestiones tontas sobre quién ganaría en los combates de fantasía, qué legado del programa es más esencial, qué lista exhibe la mayor promesa exactamente en qué elemento del juego y, en caso contrario, hundirse en toda clase de menudencias estadísticas para procurar saber quién es el desvalido en cualquier combate.

No es una cuestión de si las mujeres tienen la posibilidad de accionar, realizar jugadas prodigiosas de último minuto o conseguir remontadas desafiantes, es si hay un perdedor claro para comenzar.

Sin estos legados activos y ricos en datos, los deportes femeninos desarrollan menos rivalidades orgánicas y brindan a los entusiastas menos ocasiones de producir suspenso. Las narrativas que engrandecen los deportes masculinos y hacen que cada rivalidad parezca una pelea a vida o muerte entre el bien y el mal se nutren de trivialidades, y las bases de entusiastas emplean esta trivia para llevar a cabo de la lealtad a un equipo preciso una sección clave de su identidad. La historia deja que los “reales” fanes se distingan del tren; las recitaciones estadísticas son el shibboleth que deja a los entusiastas vincularse.

Tener mucho más datos posibilita la producción de sobra gráficos, con lo que los deportes masculinos ganan en todos y cada uno de los concursos de números por pura inercia. Como resultado, los equipos femeninos entremetidos son eclipsados ​​perpetuamente por sus análogos masculinos.

7. Falta de promoción

Aun en sepa de datos específicos, tanto los espectadores como las transmisoras se apuran a prestar una sucesión de explicaciones (imprecisas) en lo que se refiere a por qué razón los deportes femeninos se ven damnificados por la televisión.

Que el vandalismo de los entusiastas de los deportes masculinos no haya penetrado entre los espectadores de los deportes femeninos no quiere decir que no haya interés y entusiasmo por los dos, no obstante, el contraste todavía se utiliza como prueba de que la multitud no desea ver a las mujeres hacer deportes.

Los visibles desequilibrios de la demanda se tienen que, por lo menos en parte, al hecho de que los deportes masculinos eran populares antes que la televisión abierta se volviese omnipresente, al paso que los deportes femeninos tuvieron que seguir desde los márgenes. Y toda vez que los deportes femeninos disponen de tiempo en el aire, el Las transmisiones están poderosamente estereotipadas y tienen un género. por la duración.

Valores de producción para transmisiones de deportes masculinos por lo general son considerablemente más altas (cámara lenta, reiteración instantánea, múltiples ángulos, un robot de fútbol animado por PC llamado “Cleatus”), al paso que las transmisiones deportivas femeninas tienden a quedarse atrás de la vanguardia.

Evidentemente, asimismo existe la percepción de que los deportes femeninos no son la versión “real” de los deportes en los que forman parte los dos sexos: WNBA vs NBA, Softbol vs béisbol, etcétera.

Este razonamiento es paralelo a la preocupación por los estándares de entrenamiento militar: si el deber es requisito para aceptar la participación femenina, ¿cuál es el punto? Se piensa que los deportes expertos representan a los deportistas que compiten al mucho más prominente nivel; ¿Quién desea ver una versión diluida?

Entonces, en vez de sintonizarnos para poder ver lo que las mejores deportistas son verdaderamente capaces de llevar a cabo, los espectadores y entusiastas aceptan que los hombres son intrínsecamente mejores, mucho más fuertes y mucho más veloces. Los equipos femeninos no solo compiten entre sí, asimismo rivalizando contra todos y cada uno de los deportes masculinos.

La carencia de espectadores / falta de período de promoción es como una serpiente que se muerde la cola, por el hecho de que los mitos conservan el inconveniente y difieren la compromiso de resolverlo.

6. Título IX

En 1972, el Congreso decretó Título IX de las Enmiendas a la Educación–Mucho más generalmente popular como Título IX. La intención tras la ley, firmada por el presidente Nixon, era impedir la desigualdad en los deportes al reclamar un financiamiento equitativo. Se transformó en ilegal que cualquier programa educativo o deportivo que recibiese fondos federales discriminara por fundamentos de sexo. La ley fué impugnada y enmendada reiteradamente durante los años, pues el “dinero” y la “igualdad” son temas frágiles, y los sacrificios para abordarlos en general se transforman en un juego de suma cero.

Tal fué la situacion del Título IX.

Ya que los deportes expertos son técnicamente compañías privadas, el Título IX no actúa de forma directa la proporción de dinero o la atención que se presta a los equipos expertos femeninos. Pero ya que las becas universitarias por norma general caen bajo el campo de la ley, la mayor predominación del Título IX fué inclinar la balanza a fin de que haya mucho más becas y programas de deportes libres de forma exclusiva para alumnos-deportistas.

De hecho, las academias que se preocupan las sanciones federales han reemplazó la “proporcionalidad” en vez de la igualdad. Eso quiere decir que la financiación y las ocasiones corresponden a la demografía sexual institucional, mucho más que a la demanda. Si una escuela es en la mayoría de los casos femenina, pero el interés en los deportes es en la mayoría de los casos masculino, la escuela debe gastar dinero en la promoción de los equipos femeninos o cortar el equipo masculino para eludir una brecha de proporcionalidad.

Ya que el fútbol es desmesuradamente grande y caro, los deportes femeninos en todas las otras categorías precisan mucho más becas para compensar el inconveniente en las primordiales academias de fútbol, ​​lo que molesta a los deportistas masculinos que ven esto como un trato injusto.

El dominio cultural del fútbol, ​​adjuntado con el período de promoción-fandom-audiencia que se usa contra los programas de mujeres incipientes, les impide lograr su máximo potencial de capital y publirreportajes. Futbol universitario, pese a ser un orificio negro tragarse dinero, la salud de los alumnos y los estándares académicos en igual medida, semeja un mártir del Título IX, y los activistas por los derechos de los hombres se recrean con la visible prueba del sexismo inverso.

En vez de realizar algo sobre la relación malvada entre el universidades, ligas expertos y alumnos atletas, El Título IX fundamentalmente ha agravado y engrandecido los inconvenientes que ya existían y ha incrementado las apuestas para todos y cada uno de los deportistas y entusiastas.

5. La brecha salarial

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La brecha salarial de género es bien difícil de medir con precisión, por el hecho de que la causa de las disparidades salariales no en todos los casos hay que a una discriminación manifiesta. Con las mujeres que dejan el trabajo para criar a sus hijos, o que trabajan en trabajos a tiempo parcial mucho más que los hombres, o sencillamente escogen entrar a campos menos rentables, hay rincón para la ambigüedad. ¿Son las mujeres de manera sistemática intimidado de ingresar en el campo STEMs o negociar sueldos? Quizás.

Pero esa ambigüedad está absolutamente ausente de los deportes, que abonar de manera clara y cuantificable a las deportistas femeninas menos que sus análogos masculinos.

La Equipo de fútbol femenino de EE. UU. Es un caso de muestra en especial atroz: el equipo de 2015 ganó la Copa Mundial de la FIFA al paso que el equipo masculino perdió en la primera ronda. Por su esfuerzo, el equipo femenino consiguió un bono de $ 2 millones, al tiempo que los hombres han recibido $ 8 millones. En el momento en que se cree que el fútbol atrae a espectadores de todo el planeta, en contraste a la mayor parte de los otros deportes masculinos en los EE. UU., Y que el equipo femenino atrae frecuentemente a mucho más espectadores y entusiastas que el equipo masculino, la disparidad es aún mucho más discordante.

Entonces, mientras que los Vencedores del Planeta denuncian por discriminación salarial, el La NFL está opinando si a sus players se les paga lo bastante … con relación a el sueldos promedio multimillonarios de los otros deportes esenciales solo para hombres en los EE. UU.

Para ser justos, una parte del razonamiento en la NFL es que sus players aceptan mucho más peligros que otros deportes, como lo revela la tasa de convulsiones cerebrales y otras lesiones crónicas en el fútbol americano. Según esa lógica, todas y cada una de las deportistas tienen que recibir un incremento.

4. Falta de las líneas laterales

La la llegada del Título IX es bastante con limite, en comparación con el fantasma terminado de ocupaciones en el atletismo que no son “deportistas”.

Como lo prueban los océanos de visores y cascos durante las líneas laterales de cualquier juego de fútbol, ​​los equipos modernos dependen de un personal de acompañamiento masivo: entrenadores, preparadores físicos, organizadores, médicos, promotores, gerentes, sin nombrar los permisos independientes del equipo como comentaristas, deportes cronistas o árbitros. De la misma los militares, los deportes son un microcosmos de la sociedad y tienen su versión enfocada de casi todas las ocupaciones que se logren imaginar.

El Título IX se enfoca de forma exclusiva en ofrecer a las mujeres la posibilidad de jugar, pero no crea un sendero para entrar a ninguna de estas situaciones paralelas. Eso significa las mujeres están de forma masiva subrepresentadas aun en situaciones no atléticas. Este patrón persiste si el equipo está colegial, juventud, o aun en un liga femenina.

Esta falta de visibilidad tanto en el campo como en los márgenes refleja naturalmente los inconvenientes en todas las otras industrias que están dominadas por los hombres: las mujeres son reluctantes a ir donde no se aprecian a sí mismas como bienvenidas. La percepción de la desigualdad se regresa autocumplida, puesto que las mujeres calificadas se desvían de perseguir campos que no aguardan admitir.

3. Ardiente o no

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Aun en el momento en que llegan a las considerables ligas, las mujeres no se toman seriamente como deportistas. Con independencia de lo que sean, las deportistas femeninas prosiguen siendo mujeres y, de forma alternativa, se estima que escondan o acentúen ese hecho.

Un razonamiento común es que si las mujeres en el deporte vestida mas provocativamente, conseguirían mucho más espectadores, entusiastas y dinero. Tras todo, las reglas no son iguales para las mujeres; no es tal y como si fuesen deportistas reales, con lo que asimismo tienen la posibilidad de explotar visto que todos ahora las están sexualizando y explotar sus fortalezas.

En verdad, dado a que las deportistas femeninas no son modelos delgadas como un tren, pero consiguen conjuntar una aceptable fachada con una aceptable salud (merced a todo ese entrenamiento), ciertas estiman que es un avance para ellas ser hace aparición en gacetas de tendencia y se detallan como iconos de hermosura. Jugar para la multitud (masculina), de nuevo, se piensa como su mejor ocasión de popularidad, fortuna y visibilidad para otras chicas que están teniendo en cuenta una carrera atlética.

Para otros espectadores, ropa de deporte con un prominente nivel de género reduce el estatus de las mujeres atletas y, por extensión, de las mujeres por norma general. Si la función fuera la primera cuenta, los hombres y las mujeres se parecerían considerablemente más a un deporte que al deporte y tendrían mucho más opciones de ser tomados seriamente y por igual.

Pero con independencia de los uniformes que utilicen para competir, las deportistas todavía deben lidiar con un imagen pública enormemente sexualizada, y tanto un medio como una base de fanes que les ordena a argumentar y justificar regularmente qué identidad viene primero: ¿mujer o deportista? Cualquier persona que sea la contestación que brinden, como es natural, el público ahora tomó su determinación y, como es frecuente, el permiso no guarda relación con eso.

2. Celebridades

Jennifer Capriati en el torneo de Wimbledon, 2004.

La relativa novedad de los deportes expertos y universitarios femeninos quiere decir que tuvieron menos chances para que las jugadoras estrella se resalten. Los deportes tienen relación con la adoración de héroes, tras todo, y los entusiastas precisan celebridades que logren estudiar obsesivamente, criticar y cuyos recuerdos esotéricos, como Fotografías del anuario “antes que fuesen conocidos”-ellos tienen la posibilidad de amontonar.

No debes continuar el baloncesto para admitir el nombre de Michael Jordan, ni comprender nada sobre béisbol a fin de que Babe Ruth te suene. Más allá de que los hombres tienen un auténtico panteón de relevantes para todos y cada uno de los deportes que se remontan a generaciones, las mujeres no tuvieron muchas ocasiones de conseguir el reconocimiento y el atrayente extendidos.

Prácticamente todos los otros elementos de esta lista se integran a este: la tasa de lesiones, singularmente el desenlace de la carrera, impide que las deportistas prometedoras alcancen su capacidad, tanto como contendientes como modelos a continuar. La renuencia del público a dejar que las mujeres actúen como avatares de luchadores quiere decir que descartamos las estadísticas que muestran como deportistas, su desempeño es menos válido pues no juegan una versión “pura” del deporte. Gracias a que no aguardamos una enorme audiencia, no invertimos tanto tiempo en crear narrativas para trasmitir sobre rivalidades, historias de Cenicienta o personalidades polarizadas.

Para esos que consiguen ganar algo de notoriedad y celebridad, el lente de la sexualización invariablemente sube, tal es así que en vez de captar los entusiastas de los deportes a sus juegos, consigan encomios o críticas según las ocupaciones extracurriculares a las que se les logre seducir.

1. Niñez

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Si todo lo mencionado suena conspirativo, relájese, no hay un plan patriarcado misterio para oprimir a las mujeres a través del atletismo; lo hacemos por nuestra cuenta, a través del condicionamiento de permisos de género que reforzamos empezando con los pequeños y continuando durante sus vidas.

Entre las causas clave por las que las deportistas femeninas son mucho más dispuestas a lesionarse es pues tendemos a proporcionarles instrucción y corrección menos tempranas en operaciones atléticas. “Publicar como una pequeña” o “correr como una pequeña” son fenómenos reales, pero solo por el hecho de que las pequeñas son excluidas con tanta continuidad de estas ocupaciones desde el comienzo y se les da un modelo de permisos menos directo para sobrepasar esta exclusión.

Por el hecho de que disponemos elevó las apuestas de los deportes En el panorama, al vincular cada escenario de rivalidad en un continuo que lleva a becas universitarias y costosas barreras de pago por jugar, las pequeñas se ven obligadas a entrenar mucho más duro, llevar a cabo mucho más para sobrepasar sus cuerpos femeninos, que son una desventaja en el momento en que no lo hicieron. enseñaron la manera correcta o tuvieron bastante refuerzo mientras que gravitaban hacia el atletismo.

Los progenitores, tristemente, son una parte del inconveniente. El prominente valor de la participación deportiva quiere decir que los progenitores tienen que elegir desde el comienzo si apoyarán o no los intereses de sus hijos. Si están en enfrentamiento, ese mensaje mixto puede manifestarse como instruir a sus pequeñas a ser femeninas y atléticas, sin asistirlas a reconciliar la naturaleza anti-femenina de las ocupaciones dominadas por los hombres.

Solo mediante la observación, las pequeñas aprenden a actuar de forma diferente a los pequeños, aun antes que sus cuerpos empiecen a cambiar de manera significativa. Esta, dicho sea de paso, es la diferencia entre sexo y género: el primero es biología, el segundo es popular. Contamos el hábito de conjuntar los 2, razón por la que las pequeñas reciben mensajes tan contradictorios sobre lo que es o no un accionar aceptable, y si son suficientemente femeninas toda vez que se desvían de la línea arbitraria que funciona el género y lo vinculan al sexo.

Desde el momento en que decidimos desde el comienzo que la guerra, los deportes y la competición eran todos ocupaciones inherentemente masculinas–Con la asistencia del mucho más despacio empujoncito de la biología con apariencia de testosterona– hemos terminado con una máquina de condicionamiento popular inconsciente que hace difícil que las pequeñas se interesen en los deportes, identifiquen modelos femeninos y concurran con seguridad en cualquier acontecimiento. edad.

Las pequeñas que desean hacer deportes se combaten a una crisis de identidad, una que deberán enfrentar todo el tiempo mientras que jueguen, pues la única forma en que la sociedad puede reconciliar a un deportista no masculino competente es enmarcar todo cuanto hacen con suposiciones sobre sus pretensiones. sexualidad.

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