10 vidas de amor tórrido de dictadores odiados

Es simple, aun reconfortante, meditar en los déspotas de la historia como pésimos unidimensionales. Que hayan tenido conmuevas y debilidades tan complicadas como las nuestras amenaza con enturbiar la narrativa. Pero humanizar lo inhumano puede verdaderamente llevar a casa la espantosa situación de sus regímenes despóticos, sin nombrar su aptitud sociopática de compartimentación.

Con ese fin, y en celebración del Día de San Valentín, aquí te mostramos diez de las historias amorosas mucho más íntimas de los dictadores mucho más odiados.

10. Robert Mugabe

Mientras que su primera mujer, Sally, moría de cáncer, el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, preparaba a su joven asesora Grace para sustituirla como Primera Dama. Aun antes que Sally muriera en 1992, Grace había ahora dio a luz al primero de sus tres hijos con el presidente. Sabiendo que el único hijo de Sally con Mugabe había fallecido en 1966 y ella no había podido concebir otro, esto probablemente añadió un insulto a la herida.

Pero Grace no era el único interés extramatrimonial de Mugabe. El ministro de Educación Superior, Oppah Muchinguri, asimismo quedó embarazada de su hijo prácticamente al tiempo que murió Sally. Según su ex- marido, Oppah era obtenida frecuentemente en la mitad de la noche para “asambleas” incomprensibles con el presidente. Grace prosigue sospechando de su contrincante hasta hoy, en un instante aun la arrastró a una riña en el campo de aviación sobre unos cuantos atentos que, según creía Grace, habían sido un obsequio del dictador.

9. Mao Zedong

En su vejez de patología venérea y drogadicción, Mao Zedong era popular por la ropa de cama múltiples chicas jóvenes al unísono. Su preferida era la Sra. Chen, de 14 años, quien, pese a ser hija de un asesor integrante furioso del Partido Comunista, fue elegido para el placer único del Presidente.

La mujer de Mao, Jiang Qing, un poderoso funcionario del Partido que busca ocurrir a su marido en el momento en que este muera, se preocupó por su proximidad. Por último, resuelta a terminar al arreglo, logró que la joven fuera desterrada al nordeste, desolando al Enorme Timonel y dejándolo suspirando por su joven apasionado a lo largo de años. Más allá de que se las arregló para gozar de una corto cita con la Sra. Chen cierto tiempo después, Mao explicó entre lágrimas que su destino se encontraba sellado. Ella iba a ser casado por su mujer con un hombre en Nanjing.

8. Saddam Hussein

Al rememorar su primer acercamiento con Saddam Hussein en el verano del 68, Maria “Pari” Lampsos describió sus ojos como profundos y dorados, los ojos de “un hombre enserio”. Ella tenía solo 16 años, en frente de los 31 de Saddam, en el momento en que se conocieron, y sus amigos la apodaron la “Princesa de Bagdad” por su buena fachada, antecedentes adinerados y ropa importada de tendencia. A Saddam, se la conoció sencillamente como shaqra, o ‘la rubia’. A lo largo de su tumultuosa aventura que duró décadas, Lampsos fue acosada, chantajeada, obligada a pasar tiempo con el dictador e inclusive presa en el momento en que procuró huír. Pese a por último salir con vida y mudarse a la Suecia rural, supuestamente todavía tiene una debilidad por esos ojos.

Ciertos llaman a la crónica de Lampsos una fantasía salvaje, si bien han aparecido fotografías para asegurar su afirmación. En todo caso, la inclinación de Saddam por las rubias es muy conocida: su primera mujer, naturalmente morocha, Sajida Talfah, se volvió poco a poco más rubia tras casarse, al paso que la apasionado preferida de Saddam transformada en segunda mujer, Samira Shahbandar, asimismo era una suerte de bomba rubia. En verdad, Saddam se encontraba tan enamorado de Samira que sobornó a su marido a fin de que se divorciara de ella, logró matar a su hermano por criticar su romance y exilió a su hijo a Suiza por celos. pegando al mensajero de la pareja hasta la desaparición.

7. Benito Mussolini

Benito Mussolini fue infame por su prodigioso mujeriego. No obstante, según aceptó él mismo, de todos modos detestaba a las mujeres, las equiparaba a todas y cada una con putas y las hallaba repugnantes a la mayor parte, singularmente tras el coito. Presumiendo de sus conquistas, describió la necesidad de pegar a las mujeres y tirarlas al suelo tras el sexo.

De sus incontables amantes, muchas de las que tuvieron sus hijos, Il Duce solo mostró aprecio por una: Claretta Petacci, una mujer 29 años menor que él. Aparte de pasar bastante tiempo con Petacci (una cortesía incierta que negó aun a su mujer), Mussolini tuvo bastante precaución en apaciguarla, aliviando los sentimientos de celos de su señora en jefe. aun en tiempos de enorme agitación política. Hacia el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, mientras que su mujer procuraba escapar de Italia, Mussolini y Claretta hacían un pacto para mantenerse juntos hasta el desenlace. En el mes de abril de 1945, los 2 fueron fallecido a balazos y colgado boca abajo sobre Piazzale Loreto en Milán.

6. Francisco Franco

Inusualmente para un dictador, el español Francisco Franco fue célibe la mayoría de su historia. Según su médico personal, la pérdida de un testículo en la guerra y una fimosis grave (prepucio apretado) habría complicado las relaciones íntimas prohibitivamente para el Generalísimo.

Pero no se encontraba interesadísimo en el sexo. Su matrimonio con Carmen Polo causó solo un hijo, una hija, y después no a lo largo de tres años tras su boda. Según los biógrafos, el auténtico amor de Franco fue siempre y en todo momento por su madre, a quien Carmen Polo tenía cierto semejante. Habiendo sufrido a lo largo de su niñez a manos de un padre alcohólico -que lo llamaba marica u ‘homo’, y le rompía el brazo por masturbarse-, el joven Francisco presuntamente le solicitó a su madre que se casase con él. Estas fracasos edípicas no resueltas tienen la posibilidad de contribuir a argumentar su régimen despiadado, los campos de concentración extendidos, la tortura punitiva y las ejecuciones fascistas.

5. Nicolae Ceausescu

Pese a ella proclividad a la pornografía principiante, que consiguió de grabaciones segregas de gobernantes del Partido y su hija alcohólica teniendo relaciones íntimas, Elena Ceausescu fue el cariño de la vida de Nicolae. La Primera Pareja de la Rumanía Comunista se conoció en 1939 por medio de sus ocupaciones políticas compartidas y, en el momento en que Nicolae salió de prisión en 1947, se embarcó en un matrimonio que duró mucho más de 4 décadas. Durante este tiempo, Nicolae solo tenía ojos para Elena, mirándola con incontables zapatos, vestidos costosos y, de manera extraña, un doctorado engañoso en química.

Elena se encontraba lejos de ser una cómplice pasiva del régimen de Ceausescu. Fue nombrada viceprimera ministra por su marido y asistió a llevar a cabo cumplir una dura política natalista que ilegalizaba la anticoncepción y el aborto, mientras que imponía un impuesto sobre la carencia de hijos. El día de Navidad de 1989, un par de días tras el 42 aniversario de bodas de la pareja, Nicolae y Elena al final llevado a juicio por una secuencia de cargos, incluyendo el asesinato en masa de 60.000 personas, que socavó la economía nacional y la subversión del poder estatal. Nicolae resguardó a su mujer hasta el desenlace, y a lo largo de todo el desarrollo apresurado procuró sostenerla apacible. Como sus manos estaban atadas inmediatamente, ejecución retransmitida por televisión, Se podía oír a Elena realizando repetidas y también indignadas solicitudes de que le disparasen al tiempo que su marido.

4. Joseph Stalin

Como fugitivo del exilio siberiano antes de la Revolución Rusa, Joseph Stalin se refugió con sus amigos de la familia Alliluyev en San Petersburgo. Años antes, diríase que salvó a su pequeña hija de ahogándose en el mar Caspio. En este momento, una muchacha de 16 años, Nadezhda “Nadya” Alliluyev escuchó los cuentos de aventuras y también intrigas del innovador de 39 años con un interés entusiasta y amoroso, y se enamoró de forma fácil del hombre que ella y sus hermanas llamado Soso.

Contra el consejo de su madre, Nadya se casó con Stalin y se instaló con él en Moscú. No obstante, jamás aceptó el papel de ama de la casa como se suponía. Entre las primeras feministas dispuestas a los estados de ánimo oscuros, Nadya con frecuencia se peleaba con su marido por el sitio que le correspondía a una mujer, y también logró múltiples intentos de continuar una carrera. En contestación, Stalin purgó su membresía del Partido.

Nadya se volvió en especial crítica con Stalin a lo largo de la hambruna soviética de 1932-33. Tras una riña de borrachos en una comida, se pegó un tiro en la noche, lo que, según su hija, fue un medio final de queja. Pese a sus disconformidades, el Hombre de Acero fue roto por su muerte—Como todos y cada uno de los que la conocían— y la perseguía hasta la suya.

3. Kim Jong-il

Las cortesanas de Kim Jong-il, en su mayor parte chicas jóvenes secuestrado de sus progenitores—Se dividieron en tres conjuntos: el Haengbokjo (equipo de la alegría), el Gamujo (equipo de baile y canto) y el Manjokjo (equipo de satisfacción). Juntos formaron el Pleasure Squad personal del déspota norcoreano, o Joy Division, entrenado en campamentos desde la adolescencia hasta la cumplir sus antojos—Desde stripteases y riñas de box hasta orgías violentas de borracheras.

Pero el auténtico aprecio del Amado Líder se encontraba en otra sección. Presumiblemente poco entretenido con su mujer oficial y múltiples amantes, Kim se enamoró de la segrega maga de Japón Tenko Hikita, asimismo famosa como la Princesa Tenko. Abrió un cine a su nombre, recogió sus muñecas Barbie y visitó con regularidad su casa en Tokyo a lo largo de la década de 1980. En el momento en que vino a efectuar un truco de escape submarino al estilo Houdini en la RPDC, Kim ordenó que el tanque se llenara con agua Evian para eludir enfermarla con el suministro de agua de su país. Asimismo se negó a dejarla ir hasta el momento en que ella prometiese regresar, manteniéndola prácticamente bajo detención domiciliario a lo largo de sus estancias en Pyongyang.

Aun tras regresar a El país nipón, la princesa Tenko aseveró que los espías norcoreanos estaban observando cada movimiento de ella. Según ciertos reportes, Kim Jong-il tuvo una temor intensamente arraigado al abandono, derivado de la temprana muerte de su madre.

2. Idi Amin

Comparable al rey Enrique VIII por sus muchas esposas con objetivos de forma frecuente espantosos, Idi Amin tenía cinco Primeras Damas como Presidenta de Uganda. El primero de ellos, Malyamu, se divorció por múltiples causas, incluyendo una disputa con su hermano. En exactamente el mismo año, Malyamu fue hospitalizado tras un incidente automovilístico sospechoso. Se divorció de su segunda mujer, Kay Adroa, por el hecho de que resultó ser su prima. En el momento en que su cadáver desmembrado apareció en el Hospital Mulago en Kampala, Amin llevó a sus hijos a verlo.

La mujer preferida de Idi Amin fue su quinta, Sarah Kyolaba, quien continuó lealmente elogiosa hacia él hasta su muerte por cáncer en 2015. La conoció como una bailarina go-go de 19 años en la Banda del Regimiento Mecanizado del Suicidio Innovador del Ejército de Uganda. Dado que ella ahora estuviese en una relación con un músico y estuviese embarazada de su hijo, no sirvió de impedimento para el enamorado Big Daddy; logró ocultar al novio y declaró el bebé de el.

1. Adolf Hitler

La relación de 12 años de Adolf Hitler y el matrimonio de 24 horas con Eva Braun son muy conocidos, pese al paranoico Führer mejores sacrificios para sostenerlo en privado. Pero “la mujer mucho más infeliz de Alemania” (como la apodaron por sus varios intentos de suicidio) no fue el único amor de la vida de Hitler. En verdad, su obsesión con su media sobrina Geli Raubal superaba con creces cualquier sentimiento romántico que tuviese por Braun.

La obscura y enigmáticamente hermosa Geli cautivó a su tío a lo largo de múltiples años entre finales de la década de 1920 y principios de la de 1930. Hitler no solamente la mudó con él a Munich, sino asimismo pagó sus enseñanzas de canto, la llevó a la ópera, la acompañó a ofrecer paseos románticos por el campo y, cada noche, la animó a mear y defecar en su cara. Conforme su enamoramiento medraba, Hitler se volvió poco a poco más controlador, sosteniendo a Geli bajo rigurosa supervisión y una vez hablando: “Indudablemente no hay nada superior que educar a un joven por sí solo”.

En 1931, con solo 23 años, Geli fue encontrada fallecida por una herida de bala en el pulmón, la pistola de su tío al costado y el hueso de la nariz fracturado. El Partido Nazi voló rápidamente al modo de control de daños, atribuyendo su violento ‘suicidio’ a nerviosismo por un próximo recital de música. Aun escogieron un remplazo para Hitler, caso de que el escándalo terminara con su trayectoria. Según las especulaciones de la prensa, Hitler había ejecutado a Geli, o la había obligado a suicidarse, al conocer su intención de casarse con un apasionado judío en Viena. Suceda lo que suceda verdaderamente, la prematura muerte de Geli pesó bastante sobre el futuro dictador, quien en un instante debió ser refrenado por la fuerza de disparándose en la cabeza. Adondequiera que durmió, Hitler se rodeó de senos o pinturas de su sobrina, y sostuvo íntegra su habitación de Munich, salvo por la distribución día tras día de crisantemos frescos.

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