Diez crímenes resueltos por confesiones en el lecho de muerte

La confesión en el lecho de muerte es un cliché común en el cine y la televisión, por norma general muestra un instante cargado de emoción en el que el personaje que está a puntito de mover margaritas transporta su corazón y su alma sobre algún delito atroz que cometieron en el momento en que eran bastante jóvenes para entender algo mejor para aclarar su conciencia antes de salir al final del ámbito; pero, ¿con qué continuidad pasa verdaderamente en la vida real?

A evaluar por nuestra investigación, la contestación es: ¡increíblemente con frecuencia!

Si bien en ocasiones esa confesión no es seguida instantaneamente por la desaparición del confesor, en ocasiones el desarrollo puede conducir meses, o es posible que no ocurra en lo más mínimo, lo que transporta a que ciertos delincuentes y asesinos consigan sus justos postres

Aquí hay 10 crímenes que fueron resueltos con confesiones en el lecho de muerte.

10. El asesino con voz llorona

La policía de Minnesota en la década de 1980 se encontraba a la caza de un asesino en serie que tenía como propósito a mujeres jóvenes de las Ciudades Gemelas. El asesino tenía la práctica de realizar llamadas anónimas, donde se burlaba de la policía con voz aguda, lo que le valió el alias “el asesino con voz llorona. ”

El modus operandi del asesino fue herir o matar a estas jóvenes antes de llamar a la policía y alertarlas sobre los crímenes que habían tenido rincón. El asesino normalmente los atraía a un automóvil, ofreciéndoles un recorrido antes de llevarlos a un espacio apartado y matarlos de distintas formas. Una víctima, Kimberly Compton, fue apuñalada 61 ocasiones con un picahielos. Otra, Karen Potack, fue apaleada con una llanta de hierro. Las armas de asesinato asimismo cambiaban de enorme manera desde destornilladores, elementos concluyente (como hierros para neumáticos) y picahielos.

La situacion quedaría sin solucionar, hasta Paul Michael Stephani, un católico devoto, confesó los homicidos tras siendo diagnosticado con cáncer terminal.

9. Una confesión de un asesino a sueldo

La confesión en 2018 de un adulto mayor habitante de Novedosa Zelanda con una patología terminal (popular solo como Shaun) provocó un enfrentamiento ético en curso sobre si doctores están obligados por cliente-tolerante confidencialidad tratándose de delitos graves, aun los que se cometen mucho más de 50 años antes de la confesión.

Shaun confesó haberse encontrado con la multitud equivocada poco tras salir de la escuela. Se transformó en un asesino a sueldo, con frecuencia viendo a los ojos de sus víctimas y viéndolas batallar y implorar por sus vidas antes de apretar el gatillo

“Shaun” aseveró que había vivido con la culpa toda su historia y que logró todo lo que resulta posible para compensarla donando a organizaciones beneficiosas, ofreciéndose como voluntario para buenas causas y recibiendo lo que describió como “ánimas perdidas”. Nada de eso asistió a calmar su culpa.

Sus médicos instaron a Shaun a redactar una carta y mandarla a la policía antes de su muerte, pero hasta la actualidad, sus médicos son los únicos que conocen los datos de sus crímenes, pero merced a un conjunto de defensa de víctimas que se enteró de la confesión y el La resolución del hospital de retener esa información, la policía por último se está aproximando a la realidad

8. Asesino confiesa en el lecho de muerte y vive para lamentarlo

Sólo algunas de las confesiones en el lecho de muerte resultan en la desaparición del asesino, en ocasiones el confesor se está recuperando. Y eso es precisamente lo que le pasó a James Washington. Mientras que cumplía una sentencia de prisión no relacionada de 15 años por intento de asesinato, Washington padeció un ataque cardiaco y aceptó haber ejecutado a Joyce Goodener en 1995.

Lamentablemente para Washington, se recobraría de su infarto de miocardio y si bien trató de desdecirse de su confesión después, acabaría siendo culpado por asesinato y culpado a cadena perpetua.

En el momento en que se halló inicialmente el cuerpo de Goodener, su nariz parecía ser aplastada por algún género de objeto contundente, su pómulo se encontraba roto y su cráneo se encontraba agrietado en múltiples sitios. Entonces, precisamente semeja que Washington recibió lo que le aguardaba.

7. El homicidio de William Desmond Taylor

El homicidio del popular directivo de Hollywood William Desmond Taylor sorprendió a Tinseltown en la década de 1920. Podría decirse que en ese instante era el directivo mucho más popular de la región. Su vecina observó que sus luces aún estaban encendidas al regresar a su búngalo una noche tarde. Taylor era famosa por abrasar el aceite de medianoche, conque no le dio relevancia y se retiró durante la noche.

Por la mañana siguiente, se despertó con un grito del cocinero y asistencia de cámara de Taylor, Henry Peavey. “Señor. ¡Taylor ha muerto! ¡El Sr. Taylor ha muerto! ” Peavey, que había llegado temprano en la mañana para empezar a trabajar, chilló tras conseguir Taylor fallecido en el suelo con una herida de bala en la espalda.

Pese a tener una extendida lista de probables sospechosos, incluyendo la mujer y el hijo de Taylor, que había descuidado a lo largo de la Fiebre del oro (que tampoco tenía iniciativa de dónde se había ido hasta el momento en que lo vio en la pantalla grande un día), la situacion proseguía sin resolverse. hasta 1964 en el momento en que ex- estrella del cine mudo Margret Gibson confesó el homicidio tras padecer un infarto

6. La desaparición de Willie Edwards

El cuerpo de Willie Edwards se descubrió por 2 pescadores a 10 millas al oeste de Montgomery, Alabama en el primer mes del año de 1957. Si bien la policía tenía pistas sobre quiénes eran los asesinos, los integrantes del Ku Klux Klan que habían obligado a Edwards a saltar hacia su muerte jamás fueron castigados y, lamentablemente, la situacion fue expulsado de la cancha un par de veces

Eso fue hasta la viuda de Henry Alexander empezó a arrimarse a los integrantes de la familia de Edwards. Según Diane Alexander, su marido confesó el hecho en su lecho de muerte, supuestamente sintiendo remordimiento con lo que le había hecho Edwards

Diane tenía la promesa de que presentarse asistiría a corregir los fallos perpetrados por su marido al ofrecer un cierre a la familia de Edwards.

Henry Alexander, un ex- soldado de infantería del KKK, murió de cáncer de pulmón a los 63 años.

5. El estrangulamiento de Lorraine Jacob

Absolutamente nadie sospecha un bibliotecario

Harvey Richardson vivió una vida sosegada y sin metas. Ni una migaja de actividad criminal en su pasado. Eso fue hasta el momento en que murió de cáncer de intestino a la edad de 77 años.

Mientras que los decoradores limpiaban su casa, hallaron una cartera de cuero que contenía un sobre marcado como “privado y confidencial”. La carta tenía nueve páginas y presentaba las confesiones de Richardson sobre el homicidio de Lorraine Jacob, quien fue descubierta fallecida en Liverpool el 2 de septiembre de 1970

La carta especificaba la causa de Richardson y lo acompañaban múltiples recortes de periódicos del asesinato, la lencería desaparecida de la mujer y una pistola de aire comprimido vieja

La razón por el asesino? Aparentemente, Jacob le había robado 2 cámaras a la bibliotecaria tras haber tomado fotografías de sus hijos. Si bien no parecía haber nada siniestro sobre por qué razón Richardson había tomado las fotografías, los 2 se pelearon de ahí que, lo que al final llevó a Richardson a embriagarse el 1 de septiembre de 1970 y estrangular a Lorraine Jacob.

Si bien el delito no fue de naturaleza sexual, Richardson procuró llevarlo a cabo parecer, quitándole la lencería y robándola a fin de que la encontraran tras su muerte.

Richardson jamás fue inicialmente un sospechoso.

4. El homicidio de Joan Harrison

En 1975, un Mujer de 26 años Por el nombre de Joan Harrison fue encontrado fallecido en un estacionamiento descuidado en Preston. Si bien la policía inicialmente creyó que el asesino había sido perpetrado por el popular Destripador de Yorkshire, merced a un engaño perpetrado por otro hombre, popular como Wearside Jack, o sea precisamente lo que la policía prosiguió suponiendo a lo largo de 16 años.

Pero en 1981, el Destripador de Yorkshire fue tomado y confesó 13 homicidos. Harrison no fue uno. Entonces, ¿quién la asesinó?

Bueno, la contestación llegaría en 2008. Christopher Smith fue detenido por conducir ebrio seis días antes que su historia terminara gracias a una patología terminal. Merced a una exhibe de ADN tomada en el instante de su detención, la policía descubrió que Smith tenía múltiples condenas penales por ataque, hurto e inclusive asaltos sexuales. Después, se halló una confesión de tres páginas en su casa, donde Smith aceptó y se excusó por matar a Harrison. La carta fue redactada el día antes de su muerte.

La exhibe de ADN tomada por la policía seis días antes asimismo se compararía con la de Harrison, cerrando la situacion

3. El rapto de Adam Walsh

En 1981, 6 años Adam Walsh se encontraba secuestrado de los enormes guardes Sears en el Hollywood Mall. Seis días después se descubrió su torso decapitado y un par de semanas después su cabeza sería encontrada en un canal de drenaje al lado de la autopista 60

El rapto y la desaparición de Adam prosiguió siendo un secreto a lo largo de un par de años, hasta el momento en que el criminal de carrera Ottis Toole, que cumplía cinco cadenas perpetuas sucesivas, le confesó a su sobrina en su lecho de muerte que había matado al niño

Si bien Toole había sido sospechoso a lo largo de cierto tiempo, había hecho confesiones poco fiables por cientos y cientos de homicidos antes, incluyendo la confesión un par de veces del asesinato del chaval Walsh, la mayor parte de las que se determinó que eran patrañas. Asimismo se retractaría de su testimonio previo sobre el niño Walsh.

Tras esta tercera y última confesión, la situacion al final se cerró

A causa del asesinato, el padre de Walsh, John, se transformó en defensor de las víctimas de crímenes violentos y condujo el software de televisión de extendida duración America’s Most Wanted.

2. Un doble asesinato en Staunton

En 1967 2 mujeres fueron asesinadas en una heladería de todos y cada uno de los sitios. Los homicidos han quedado sin solucionar a lo largo de 41 años hasta el momento en que Sharron Diane Crawford Smith confesó ser la perpetradora un par de meses antes de su muerte

Smith, Carolyn Perry y Constance Hevener trabajaban en la heladería en ese instante, donde Smith aguantó el tormento incesante de las mujeres con las que trabajaba pues era lesbiana

Continuó enseñando que la noche del tiroteo, Smith fue a High’s Ice Cream para decirles a las mujeres que no podía trabajar al día después, llevándose una pistola calibre .25 con ella. Aseveró que solo tenía la intención de decirles a sus compañeros de trabajo que no podía trabajar y también irse, pero se desató un altercado entre las tres mujeres y acabó disparándoles a ámbas.

Si bien Smith tenía confesó los homicidos, la localización del arma homicida aún no se sabe. Aseveró que se la había dado a un detective que le mencionó que podía realizar ocultar el arma, que era arriesgado para una muchacha (Smith tenía 19 años en ese instante) llevar una. El arma apareció en posesión de la viuda del ex- oficial de policía David Bocock, quien le ha dicho a la policía que olvidó que aun la tenía y que su difunto marido se la había dado en 1981, diciéndole: “No se lo dejes a absolutamente nadie. Te di esto “.

1. El homicidio de Christine Kett

Christine Kett fue encontrada fallecida en los peldaños de su sótano por su hermano y vecinos en 1867. La habían matado a golpes con un hacha. La pistola de su hermano descansaba a centímetros de su cuerpo, fuera de su alcance.

Si bien interrogaron al hermano de Kett, él dio una coartada clara, aseverando que la había encontrado de esta forma tras regresar a casa del trabajo. La madre de Kett llegaba para poder ver multitudes y policías agrupados cerca de la vivienda y colapsaba en una histeria incontrolable. En el momento en que se le preguntó, aseveró que no había visto a su hija desde esa mañana

Los vecinos, no obstante, contaron una historia diferente, aseverando haber escuchado muchas discusiones fuertes entre ámbas mujeres y si bien la madre de Kett fue liberada de la custodia policial, prosiguió siendo sospechosa a lo largo de toda la investigación.

Más allá de que se ofrecieron muchas teorías, ninguna resultó provechosa para la policía que inspecciona el delito

La situacion se enfrió y la multitud volvió a vivir su historia habitual. Eso fue hasta marzo de 1884, en el momento en que la madre llamó al hermano de Christine para su lecho de muerte y confesó al fin el homicidio. La madre aseveró que ella y Christine habían tenido una discusión ese día en el momento en que Christine llegó tarde a casa. En el momento en que Christine trató de ofrecerle la espalda y también irse, su madre tomó un hacha y la golpeó en la cabeza con ella.

La madre de Kett le logró jurar a su hermano que jamás revelaría lo que había hecho a la policía, pero poco tras su muerte, eso fue precisamente lo que logró.

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