Diez grandes líneas iniciales en la literatura distópica

Tabla de contenidos

  • 10. 1984, George Orwell
  • 9. El juicio, Franz Kafka
  • 8. Choke, Chuck Palahniuk
  • 7. Una naranja mecánica, Anthony Burgess
  • 6. La broma, Milan Kundera
  • 5. La metamorfosis, Franz Kafka
  • 4. El cuento de una criada, Margaret Atwood
  • 3. La dadora, Lois Lowry
  • 2. Neuromante, William Gibson
  • 1. Fahrenheit 451, Ray Bradbury

Los mundos distópicos son claramente distintas al nuestro: totalitarios, deshumanizantes, espantosos, con frecuencia futuristas. El trabajo de sus desarolladores, entonces, es imaginar un planeta infernal y ponerlo en papel, por escrito que de alguna forma realice su vida horriblemente elogiable. Una enorme línea de apertura sirve como el puente inicial y espantoso entre nuestro planeta y la distopía de un creador, la línea mucho más escencial para el control, el desarrollo y el encontronazo de una distopía en la cabeza del lector. Estas son ciertas mejores líneas iniciales de la literatura distópica.

10. 1984, George Orwell

Seminal de Orwell apertura a 1984 atrapa todo: la calidad opresiva, extraña, poco agradable y distorsionada de todo el mundo futuro distópico de “Enorme Hermano”. Aun un día soleado y supuestamente inofensivo en el mes de abril no puede huír del alcance y la rigidez del inminente orden futuro que se teme. No uno, sino más bien todos y cada uno de los relojes dan las trece al tiempo, dando a comprender hasta qué punto alguna fuerza, omnipotente y ignota, controla todas y cada una de las facetas de la sociedad, aun el correr del tiempo.

En “Airstrip One”, la vieja Enorme Bretaña, la hora trece no debe comprenderse en tiempo militar; es apuntar un arreglo reciente, por lo menos, una separación con los ciclos de 12 horas en los que una vez se sostuvo el tiempo en Enorme Bretaña. Sin una manera de cotejar el tiempo, ¿de qué forma miden los que leen el pasado? ¿Cuánto dura un día, mes o año distópico? Inútiles de capturar el ritmo perturbado del tiempo, los que leen llegan a la distopía de Orwell totalmente desorientados, enfrentados al latido totalitario de un planeta cambiado.

9. El juicio, Franz Kafka

la prueba

En el juicio, La línea de apertura de Kafka explora una distopía de impotencia, opresión y maldad arbitraria. Josef K. no sabe ni quién ha conspirado contra él ni por qué razón. Pero da igual. Kafka ahora ha invertido en Josef una indefensión mortal, ingresando simultáneamente una fuerza sin rostro, capaz y también incontenible, una suficientemente vigorosa para arrestar a Josef sin una razón justificable. Chato, desprovisto de aprecio y que acaba implacablemente con el arresto de Josef K., la oración inicial se lee con la cadencia de una sentencia de muerte, un resultado del que semeja haber escasas esperanzas de debido desarrollo, redención o justicia ética. Además de esto, en la distopía de Kafka, ni los nombres ni el tiempo importan: detienen a alguien medianamente irreconocible y cuyo nombre no se relata.

Despersonalizado, Josef K. y su identidad medio borrada insinúan la oportunidad de que alguien de este modo lo detenga. Además, el tiempo se volvió tan haragán y también impredecible como la amenaza misma. El arresto ocurrió “una mañana”, no en una fecha concreta; el tiempo se transforma en el fácil marcador de cuándo sucede lo arbitrario. El tono ordinario y distante con el que Kafka relata el hecho advierte a los que leen que, en su planeta distópico, absolutamente nadie está seguro y que predominará la injusticia ciega.

8. Choke, Chuck Palahniuk

ahogo

Apertura de Choke resulta bastante forjado, indudablemente. Pero la iniciativa de un personaje esclavizado en las páginas distópicas de una novela, desdeñando tanto su planeta que no desea que otros lo experimenten, resulta asombroso. Que esté designado particularmente al lector asimismo lo realiza aún mucho más espantoso. En otras proyectos distópicas, los horrores de todo el mundo soñado semejan un tanto irreales, de alguna forma bastante distantes para considerarlos con seriedad.

Pero Choke proclama que la entrada de su distopía está a solo unos cuantos frases de distancia, que continuar leyendo, accediendo de esta forma en el infierno distópico de Palahniuk, puede ocasionar lesiones físicas reales o la desaparición del lector. Por lo menos, la apertura se esmera por dar la vida a una distopía despiadado.

7. Una naranja mecánica, Anthony Burgess

naranja Mecánica

Tan lejos están los que leen del siniestro planeta de Burgess que aun su idioma, un dialecto obscuro, primitivo y retorcido del inglés, semeja extraño y arriesgado. El “eh” en el final de la primera oración se lee como un gruñido, el sonido de un animal producido solo para absorber el calor de lo que es, en verdad, el interrogatorio de un camarero: ¿qué hacen Alex y sus tres amigos, Pete, Georgie y Dim? ¿deseo tomar? En verdad, el “eh” semeja sintetizar toda la visión distópica de Burgess: un planeta de brutalidad y agresión fría y supuestamente superflua.

Alex, el narrador, aun tiene relación a sus amigos como droogs, una palabra que se semeja mucho más a un dron, una sustancia o un bárbaro sin ningún sentido que amigo. No obstante, los 4 “droogs” se sientan juntos, toman y discuten qué llevar a cabo después, en una noche descrita en una combinación de términos tan perturbadoramente beligerante y bárbara como cualquier otra: “voltereta obscuro, frío, bastardo de invierno, si bien seco”. El pronóstico apocalíptico, no obstante, no basta para disuadir a Alex y sus “droogs” de salir y ocasionar estragos en la noche helada y también insuperable; con toda posibilidad, esta noche infernal es la regla en el planeta distópico de Burgess.

6. La broma, Milan Kundera

La broma

Más allá de que ciertas ediciones de la distopía son ediciones distorsionadas y cambiadas de todo el mundo real, la de Kundera revela lo opuesto. Es una donde la distopía se semeja precisamente a la vivienda del narrador, pero donde el alma está fallecida a su concepto. ¿Qué tortura debe existir experimentado este narrador “tras todos esos años” a fin de que su corazón no se mueva al regresar al rincón de su juventud? ¿Qué distancias debe existir paseo este narrador, física y emotivamente?

Las gracietas La línea de apertura es de profunda frialdad y eterna distancia. Para Kundera, la distopía, entonces, es la experiencia de un corazón indiferente al notar lo familiar, desensibilizado con lo que ha de ser inconmensurable, horror prolongado: una vida succionada de su humanidad.

5. La metamorfosis, Franz Kafka

metamorfosis

La conocida apertura de Kafka en La metamorfosis puede ser el mucho más horrible de toda la literatura distópica. Kafka le da a Gregor un nombre y una humanidad antes de argumentar fríamente su transformación.

Como tal, lo que lúcida no es sencillamente un “bicho monstruoso”, sino más bien un hombre absolutamente atrapado; un hombre que no participó en su transformación, que sencillamente está transformado una mañana en un insecto repulsivo, al que los humanos desean machacar: una metamorfosis totalmente pasiva y sin agencia. Además de esto, Gregor no halla alivio al despertar de sus pesadillas. En verdad, la vigilia semeja prolongarlos para toda la vida, una distopía donde Gregor jamás escapa a sus pesadillas, así sea dormido o despierto.

4. El cuento de una criada, Margaret Atwood

sirvienta

La apertura de Atwood supone al unísono una larga distancia con el pasado y un vínculo aún tenue con él. El planeta distópico del narrador almacena recuerdos de una vida previo: no es un gimnasio, sino más bien el gimnasio, lo que da a comprender su resonancia personal con el narrador. Y, no obstante, la vida como era por el momento no existe. Si todavía fuera un gimnasio, la primera línea podría parecer una aventura. Pero el gimnasio por el momento no se emplea como gimnasio; semeja ser un campo de asilados.

La apertura asimismo transmite movimiento de masa. El narrador y cualquier otra persona que integre al decir “nosotros” por el momento no duermen en sus viviendas. Dada la irritación de reposar en un gimnasio, se puede sospechar Narrador de Atwood se vio obligado a dejar su hogar, lo que implicaba un grave riesgo y fuerzas extranjeras y deplorables en juego. Un planeta amenazador, inextricablemente cambiado y salpicado de fabricantes de una vida previo mejor provoca que la distopía sea aún mucho más trágica; el pasado semeja adherirse a la cabeza del narrador, pero horrores extraños se interponen en el sendero de cualquier regreso.

3. La dadora, Lois Lowry

el dador

La misteriosa apertura de Lowry augura una amenaza creciente y también inminente. El invierno y los secretos sombríos y peligrosos que esconde se aproximan velozmente. La parte mucho más obscura de la apertura de Lowry es que Jonas sabe lo que se aproxima, algo colosal y horrible, naturalmente, pero continúa indefenso tras él.

Dado que la amenaza llegue anualmente solo señala su poder; todos los años, causa estragos en el planeta de Jonas, pero continúa insuperable, solo para regresar de nuevo. Semeja no haber promesa de vencer la obscuridad o huír de su alcance; aguantarlo, si es viable, es la única opción. Doom próximamente va a llegar El planeta distópico de Lowry; Jonas está tan seguro como impotente.

2. Neuromante, William Gibson

neuromante

Ni nubes, ni lluvia, sino más bien una vasta y gris nada consumidora. Ese El cielo distópico de Gibson Es el tono de la televisión estática supone la desconexión de todo el mundo como lo conocemos. Los televisores que detallan estática están rotos o con una entrada o configuración errónea; Independientemente, estática supone que algo salió mal. El planeta de Gibson está, por consiguiente, fuera de rincón, con un cielo siniestro y desapaciblemente interminable.

Es mucho más, el acto de sintonizar semeja activo, lo que supone que alguien, o algo, podría tener el control; que quienquiera, o lo que sea tenga el control, se está librando deliberadamente de todo el mundo de Gibson, por lo menos, de los tonos de la vida, sin sintonizar deliberadamente la televisión con los canales “vivos” “. Dotado de un poder y una depravación inconmensurables, los controladores de la distopía de Gibson, entonces, desde la primera oración, semejan omnipotentes, desalmados y también inexorables.

1. Fahrenheit 451, Ray Bradbury

451

La línea de apertura deslumbrante, sádica e inclusive de forma vaga sexual de Ray Bradbury toca algo mucho más escencial que la atmósfera, el aspecto o la pura descripción de una distopía; llega a eso que es presenciar exitación en un planeta perturbado, de qué manera se siente existir. El exitación es la sensación mucho más vil y carnal que uno puede presenciar; si aun esto se convierte en una sensación enloquecida y siniestra, ¿hasta qué punto se ha pervertido este planeta?

La apertura asimismo deja considerablemente más por contestar. ¿Arde el narrador? ¿Alguien o algo mucho más se quema? Los que leen próximamente aprenden que la apertura tiene relación a libros que son quemados por bomberos distópicos: 451 grados Fahrenheit siendo la temperatura a la que se queman los libros. No obstante, seis expresiones adentro, los que leen son empujados ferozmente a la cabeza desfigurada del narrador, uno reconfigurado para gozar de un planeta distorsionado donde el mal se transforma en exitación.

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