Diez veces que el enemigo salvó a personas

La guerra es la manifestación de los escenarios mucho más extremos de enfrentamiento humano, en tanto que las tensiones acaban en acciones violentas masivas. En semejantes situaciones, las reglas, los códigos de honor y el precaución se sacrifican frecuentemente, puesto que el propósito de vencer sobre un contrincante, así sea de naturaleza civil o en todo el mundo, se regresa central. No obstante, merece la pena apuntar que, en determinados casos, el tiempo de guerra fué reconocido como un instante en el que enseñar mucho más humanidad (en vez de menos) puede estar justificado, puesto que en extrañas oportunidades se saca lo destacado de la gente. En este relato, analizamos casos inusuales, incluyendo el niño japonés que alimentó a un preso de guerra hambriento, un conduzco de la Luftwaffe que escoltó a su víctima sosprechada a un espacio seguro y un oficial nazi que resguardó a los ciudadanos chinos de las rapaces tropas del Ejército Imperial Japonés.

10. John Rabe y los chinos

Alemania y El país nipón tienen la posibilidad de ser de manera oficial co-integrantes del Eje, pero un empresario alemán y integrante auténtico del partido nazi con origen en Nanjing, provincia de Jiangsu, presentó una yuxtaposición excepcional de lealtades en los anales de la narración de la guerra. Considerado un héroe y un humanitario, John Rabe nació en Hamburgo, Alemania en 1882 y se mudó a China en 1908 para seguir su trabajo con la Compañía Siemens, una compañía alemana con operaciones en China. Trasladó a su familia a China y desarrolló importantes vínculos con la población local, incluyendo los trabajadores chinos y sus familias. Rabe estableció una escuela alemana en Nanjing en el año 1934, que puso y operó en su propiedad. Para en el momento en que el ejército imperial japonés invadía China, Herr Rabe ahora se había transformado en un integrante entusiasta del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes de Alemania mediante su trabajo con la escuela alemana.

Al tiempo que charló sobre lo que significaba para él ser nazi en concepto de acompañamiento a los trabajadores alemanes, asimismo actuó como humanitario. Describió confrontar a un “problema ética” en Nanjing y acabó desempeñando un papel clave en el lugar de una región segura desmilitarizada. Más allá de que técnicamente era un aliado de los nipones, usó esa coalición nominal como integrante del partido nazi para resguardar a los civiles chinos e inclusive a los soldados pese al enorme peligro de las crueldades niponas. Más allá de que hubo varios que no ha podido socorrer, resguardó a cientos y cientos de cobijos chinos en la región segura, usando el brazalete nazi, las banderas nazis y los distintivos de la esvástica para eludir que sus socios nipones dañaran a sus fideicomisarios chinos en la mayor medida viable.

9. Franz Stigler y Charlie Brown

No es recurrente en la historia que la persona encargada de manera oficial de matarte se transforme en tu tutor sin siquiera conocerte. Es aún mucho más inusual que esa persona ocasionalmente conozca a su víctima sosprechada y más tarde se transforme en buenos amigos. Pero el conduzco del mortal Messerschmitt BF-109 que se encontraba en el desarrollo de interceptar un bombardero B-17 sobre Alemania cambió de opinión como un aviador de la Luftwaffe con un sentido de pelea justa. Pese a las crueldades cometidas por la Alemania nazi, se conoce que cierto número de combatientes alemanes que luchaban por el Tercer Reich sostuvieron un sentido de conducta correcta.

Entre los ejemplos mucho más sensacionales de este honor en tiempos de guerra que fue considerablemente más allí es la situacion de Conduzco de combate de la Luftwaffe Franz Stigler y el conduzco estadounidense de B-17 Charlie Brown, cuya vida y la vida de los pasajeros sobrevivientes dentro se salvaron en el lapso de la detención sobre Alemania. En vez de derruir el B-17 muy dañado, Stigler escogió escoltar al agresor a un espacio seguro, saludando al conduzco y volando al lado del avión para eludir que sea derruido hasta el momento en que logre arrimarse a la costa inglesa. Los pilotos no discutieron el hecho hasta tras la guerra, en el momento en que Stigler y Brown se hallaron tras la colocación de un aviso en un periódico. Los 2 hombres se hicieron amigos hasta la desaparición. Stigler había migrado a Canadá, al paso que Brown se había quedado en USA.

8. Fumio Nishiwaki y Carl Ruse

Los soldados estadounidenses apresados por el Ejército Imperial Japonés en la Segunda Guerra Mundial no podían aguardar un óptimo trato, y un tal Carl Ruse no fue la salvedad. Encarcelado en el campo de presos japonés de Yokkaichi-Ishihara Sangyo, Ruse se encontraba mal alimentado y mal tratado por los guardas y podría haber enfrentado la desaparición por agobio y apetito. Tras subsistir a eso que ocasionalmente se llamaría la Marcha de la Muerte de Bataan de abril de 1942, Ruse había llegado al campo donde se encaró a la trascendente visión del trabajo obligatorio. En el instante de su liberación y repatriación a los USA en 1945 tras el cierre de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, Ruse se encontraba en pésima forma, por decir lo mínimo, pero a dios gracias todavía se encontraba vivo. Su supervivencia, no obstante, no había sido una pura cuestión de fuerza y ​​determinación personal.

Un niño, que después descubrió que era un trabajador de una factoría muy joven llamado Fumio Nishiwaki, le agradó el encarcelado Ruse y entabló una relación amistosa con él. Siendo consciente de las porciones de apetito que ponían bajo riesgo la supervivencia de Ruse, el joven Nishiwaki introducía comida a ocultas para Ruse de manera incesante, complementando sus porciones bastante irrelevantes. Nishiwaki tambin le dio a Ruse una fotografía de s mismo a fin de que la, que Ruse se llevó a su partida dentro del USS Rescue en el mes de septiembre de 1945. El nieto de Ruse, Tim, fue conformado por una organización sin ánimo de lucrar para conocer mucho más sobre el niño que había salvado a su abuelo. El trabajo dejó conseguir a un japonés llamado Takeo Nishiwaki, quien explicó que su hermano, que murió a los 30 años, le había dado comida a un preso de guerra a los 14 años mientras que trabajaba en una factoría.

7. Hasan Jusovic y Aco Nenadic

Entre las desgracias de la guerra es que no solamente se busca el botín y los breves instantes de éxito a cargo de otros, sino los que están muy cerca tienen la posibilidad de volverse unos contra otros. Es aún mucho más destacable en el momento en que las hostilidades en tiempos de guerra llevan a quienes se conocen entre sí a la incierta condición de contrincantes lícitos. En el momento en que el honor y la lealtad predominan sobre la política y los estados de guerra, ser salvado por el enemigo predomina como un giro destacable en los anales de la historia. En los horripilantes enfrentamientos entre las fuerzas bosnias y serbias en 1992 en la ex- Yugoslavia, un hombre serbio de 19 años llamado Aco Nenadic, que se encontraba en el Ejército Habitual Yugoslavo (JNA), era una parte de un convoy que fue atacado ferozmente mientras que se encontraba en el desarrollo de retirada de Sarajevo.

Los atacantes del convoy eran integrantes bosnioherzegovinos de la Fuerza de Defensa Territorial de Bosnia, o TO, que reaccionaban a eso que consideraban una agresión provocadora con apariencia de toma de recursos militares por la parte del Ejército Habitual Yugoslavo. En la mitad de la crueldad, Aco Nenadic escuchó una voz que le era mucho más familiar que lo instaba a quedarse mudo. y ofertando seguridad y protección. La voz era la de su amigo Hasan Jusovic, quien antes le había instado a que abandonase su casa gracias a las crecientes hostilidades. Jusovic pasó de contrabando a Nenadic a su casa con el motivo y, prontísimo, se disfrazó de civil y lo cuidó en el transcurso de un mes. Entonces logró arreglos a fin de que él va a llegar a la vivienda de su familia. Tras el enfrentamiento, los hombres habían perdido el contacto, pero en años siguientes, se juntaron en amistad en 2009 con el apoyo de un programa de televisión llamado All for Love.

6. Wilhelm Hosenfeld, Leon Warm y Wladislaw Szpilman

La Wehrmacht alemana no era la mejor amiga de las víctimas judías de la agresión política y militar nacionalsocialista. Como ejército nacional alemán, la Wehrmacht se encontraba a la entera predisposición de Adolf Hitler y su Tercer Reich. No obstante, entre el consenso bastante traje de asistir, incitar o sencillamente realizar la agresión y los abusos de los derechos humanos contra los judíos y los conjuntos minoritarios, existían personas que en ocasiones estaban prestas a anteponer el confort de las probables víctimas a sus ordenes o aun a su seguridad personal. . El oficial alemán de la Wehrmacht Wilhelm Hosenfeld, nacido cerca de Fulda, Hessen en 1895, medró como católico y fue un patriota alemán. Se transformó en soldado en la Primera Guerra Mundial, subsistió y se transformó en profesor, se casó y después tuvo cinco hijos.

Si bien en un inicio un partidario del nacionalsocialismo, Hosenfeld se inquietó por la crueldad contra conjuntos reconocibles perseguidos y el contenido hostil de Mein Kampf. Como oficial de la Wehrmacht estacionado en Polonia, primero salvó a Leon Warm ocultándolo bajo una identidad falsa y un puesto una vez que escapó de un tren nazi en ruta a Treblinka. Entonces salvó a Wladyslaw Szpilman, un músico judío, y le dio provisiones de supervivencia en las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial (como se expone hacia el desenlace de la película El pianista). No obstante, las cosas no le fueron tan bien a Hosenfeld. Los nazis no lo capturaron, pero en 1945 fue detenido y llevado al cautiverio soviético, continuando en prisión hasta su muerte en 1952. pese a las necesidades de los 2 judíos salvados, Warm y Szpilman. En el primer mes del verano de 2009, Hosenfeld recibió el honor y el reconocimiento póstumo como “Justo entre las Naciones” en el Memorial del Holocausto Yad Vashim israelí por su trabajo para socorrer, en vez de perseguir, a los que la Alemania nazi etiquetó como objetivos.

5. Najah Aboud y Zahed Haftlang

La La guerra Van a ir-Irak que duró desde septiembre de 1980 hasta agosto de 1988 se caracterizó por incontables abusos de derechos humanos y hostilidades que confrontaron a combatientes decididos de los dos lados, después de la invasión iraquí de Van a ir bajo el gobierno del dictador iraquí Sadaam Hussein. Zahed Haftlang fue un recluta iraní de las fuerzas paramilitares de Basij que empleó a soldados menores para llevar la peor una parte de los combates de guerra y allanar el sendero para soldados expertos. Con solo 13 años en el momento en que se anotó, Zahed se vio envuelto en el macabro enfrentamiento que dejó 1,5 millones de fallecidos, pero logró subsistir al caos y la crueldad, transformándose en médico a tiempo. Próximamente tuvo la posibilidad de socorrer la vida de un soldado enemigo, Najah Aboud, un combatiente iraquí con la intención de casarse pero reclutado y lanzado en la mitad de las hostilidades en el momento en que Saddam ordenó la infortunada invasión de Van a ir que condujo a una prolongada pelea por territorio, gente y política.

Haftlang halló a Aboud dificultosamente herido y tenía órdenes de matar, aun siendo sometido a crueldad física por la parte de un superior que tenía la intención de llevar el punto a casa. Pero tras hallar una fotografía de la prometida y el bebé del iraquí, Haftlang puso a la raza humana sobre la agresión militar y también logró todo cuanto ha podido para otorgar atención médica furtiva de urgencia y socorrer la vida de Aboud hasta el momento en que se modificaron las órdenes para tomar vivos a los presos de guerra iraquíes. Aboud pasó 17 años en cautiverio iraní, al paso que Zahed acabó sirviendo mucho más de 2 años en cautiverio iraquí. Entonces, 20 años después, un atormentado Zahed fue interrumpido por un cariñoso compañero de cuarto en la mitad de un intento de suicidio en Canadá, y acabó en la Asociación de Vancouver para Sobrevivientes de la Tortura en el momento en que se halló con Aboud, y los 2 se juntaron y prosiguen siendo amigos próximos.

4. Mayor Josef Gangl, los estadounidenses y los presos

Entre los casos mucho más claramente complicados de ser salvado por el enemigo es la situacion del castillo de Itter en Austria. El castillo era usado como prisión por el régimen nazi para presos de prominente perfil incluidos mandatarios políticos y militares y también iconos culturales franceses, supuestamente premeditados a ser usados como rehenes con objetivos de negociación si fuera preciso. Entre las filas de presos estaban nada menos que Marie-Agnes Cailliau, hermana del general Hables De Gaulle, y los ex- primeros ministros franceses Paul Reynaud y Edouard Daladier. No obstante, conforme los nazis han comenzado a perder la guerra de una forma poco a poco más obvia, los presos fueron dejados en el castillo, pero no lograron huír puesto que la región se encontraba llena de personal nazi. Las SS de Heinrich Himmler tenían la intención de tomar el control del castillo y ofrecer muerte a los presos.

Los presos franceses mandaron navegadores en bicicletas, solo a fin de que se encontraran con el mayor alemán Josef Gangl. El mayor Gangl optó por socorrer a los franceses, pero él y sus hombres no lograron llevarlo a cabo solos. Major Gangl se rindió estratégicamente a las fuerzas estadounidenses, y después unió fuerzas con ellos para combatir contra las SS y socorrer a los presos. El castillo fue tomado y los presos liberados, pero desgraciadamente nuestro Gangl murió en la pelea que prosiguió, disparado en la cabeza por un combatiente de las SS. Si los presos no hubiesen sido salvados, salvados por las fuerzas conjuntas de su enemigo oficial y los estadounidenses a quienes su enemigo se rindió, las figuras francesas que desempeñaron un enorme papel en la reconstrucción de Francia habrían fallecido y jamás hubiesen podido llevar a cabo sus contribuciones vitales.

3. Hoichi “Bob” Kubo y el combate japonés

En la crónica de la Segunda Guerra Mundial, dado que USA y Canadá fuesen países de inmigrantes – y ciertas políticas de base racial y étnica todavía estaban actuales en los dos países – significó que en ocasiones, podría haber un enfrentamiento entre el origen étnico y lealtad percibida en el ambiente de la guerra. En la situacion de los estadounidenses de origen japonés, por poner un ejemplo, hubo detenciones extendidas y intranquilidades sobre su idoneidad para el servicio de las fuerzas armadas estadounidenses contra El país nipón. Aún Militar japonés estadounidense Hoichi “Bob” Kubo se encontraba resuelto a ser útil a los USA, observando un paralelo cultural a una historia de Japón sobre un enfrentamiento entre la lealtad familiar y la lealtad imperial y sirvió con convicción.

En el mes de julio de 1944, se materializó un hecho en la Guerra de Saipán donde 130 soldados y civiles nipones se ocultaban en una gruta, los civiles parados cerca de los soldados. Previamente, el sanguinolento enfrentamiento había sido definido por una secuencia de muertes masivas hasta el suicidio de civiles y soldados que veían la rendición como deshonrosa. Kubo, no obstante, se ofreció como voluntario para emprender la tensa situación con la promesa de socorrer vidas. Charló a los 130 nipones de que no se suicidaran y se rindieran. Entonces, todos estos nipones se salvaron del suicidio o de ser asesinados en una riña con las fuerzas estadounidenses por un hombre, que era su enemigo por nacionalidad pero era étnicamente japonés, utilizando su capacidad de vincular etnias para traer una solución a una situación probablemente horrible y sanguinolenta. punto fallecido.

2. Gino Farnetti-Bragaglia y el Canadian Trio

Hallarse con soldados canadienses u otras fuerzas aliadas no sería el más destacable destino para los combatientes que luchan por las fuerzas fascistas italianas en la Segunda Guerra Mundial. Desgraciadamente, varios civiles fallecieron gracias a los asaltos aéreos socios o como producto de daños colaterales en el curso de las peleas terrestres. Tanto en el Reino de Italia bajo el dominio fascista como en el estado títere que la República Popular Italiana estableció tras la rendición del Reino de Italia y un cambio de bando para sumarse a los Socios en 1943, se perdió un elevado número de vidas tanto en los Socios. y lados del Eje. Para el joven huérfano de guerra italiano Gino Farnetti-Bragaglia, no obstante, un conjunto de soldados canadienses lo salvó de una muerte prácticamente segura en la provincia italiana de Frosinone en el mes de junio de 1944.

Tras localizarlo en estado deplorable y solo tras la desaparición de sus progenitores en la guerra y la separación de su hermano, el niño fue precaución por tres soldados canadienses llamados Lloyd “Red” Oliver, Paul Hagen y Mert Massey. Se refirió a los hombres como sus “ángeles de la almacena” y se sostuvo en contacto una vez que lo dejaron en Italia, tras la partida de los soldados hacia Europa occidental en el mes de febrero de 1945 y su puesta al precaución de una familia en la zona. Se acordó que podría mantenerse en contacto y lo logró a lo largo de toda su historia hasta la desaparición del último soldado, “Red” Oliver, en 2012. Enormemente complacido por ser salvado por los soldados canadienses, el salvado Gino Farnetti-Bragaglia viajó a Canadá por convidación para admitir a los soldados que lo salvaron.

1. Gerhard Kurzbach y Yisrael Fruman

El homicidio en masa en la era de la Segunda Guerra Mundial de judíos tomados sin fundamento como presos y asilados predomina precisamente entre los crímenes de guerra globales. No obstante, entre los hechos espantosos, las acciones del comandante alemán de la Wehrmacht, Gerhard Kurzbach, se resaltan con tanta fuerza que su imagen cuelga en la pared de un sobreviviente judío del Holocausto en Israel, además de esto de ser reconocido como “Justo entre las Naciones” por sus buenas proyectos para socorrer vidas. entre el horror y la traición apabullantes que definieron los peores instantes de la Segunda Guerra Mundial. El listo y venerablemente tortuoso Kurzbach usó su situación estratégica como la persona al cargo de un taller de reparación de automóviles militares asegurándose de que los automóviles usados por las fuerzas nazis estuviesen en buen estado de desempeño.

Kurzbach es un caso de muestra tradicional de alguien que podría parecer protestar bastante, puesto que despotricó y chilló insultos a los presos judíos y parecía ser bastante duro para verter alegatos de odio. En verdad, la realidad a la que absolutamente nadie se percató antes que pasara el suficiente tiempo para socorrer a cientos y cientos de presos judíos de la deportación, fue que Kurzbach pretendía perseguir a los judíos y después los ocultaba en el taller antes de ordenar las fugas. Un sobreviviente, el ciudadano israelí Yisrael Fruman (en la fotografía de arriba), probablemente sea uno de los pocos sobrevivientes del Holocausto en tener un retrato de un oficial alemán de la Segunda Guerra Mundial exhibido en honor en su pared. Fruman reconoció al buen Kurzbach en una carta a su familia y se estuvo mejorando para comprender al nieto del sargento alemán. Trágicamente, semeja que Kurzbach pagó sus acciones con su historia, siendo detenido por entusiastas nazis a punta de pistola en 1942, y se alardea que ha muerto.

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