Estos investigadores llevaron a cabo experimentos locos … en sí mismos

Los ensayos fueron épicos, los desenlaces de forma frecuente catastróficos o mortales. Eran ensayos humanos invasivos o peligrosos, y absolutamente poco éticos … si no hubiesen sido pruebas efectuadas a los estudiosos, por los propios estudiosos. En esta descripción de la percepción académica adjuntado con un juicio incierto, observamos las situaciones mucho más impresionantes y, con frecuencia, poco afortunados de autoexperimentación del estudioso.

10. Joseph Barcroft

Varios científicos han probado cosas en sí mismos que podrían ser dañinos para saber los desenlaces. Pero el fisiólogo de Irlanda del Norte, Joseph Barcroft, llevó las cosas un tanto mucho más lejos al evaluar deliberadamente un gas venenoso popular en sí y estudiar los efectos. Nativo de 1872, Barcroft vivió hasta 1947, si bien estuvo a puntito de fallecer bastante antes. Barcroft se opuso a la crueldad como cuáquero, pero realizó una horrible experimentación humana en sí en el momento en que reventó la Primera Guerra Mundial. En una cámara clausurada en el laboratorio de guerra química de Porton Down en 1915, se dejó ser expuesto al cianuro de hidrógeno mortal en el momento en que fue liberado, mientras que comparte la habitación con un perro.

Tras precisamente un minuto, el perro se desmayó, supuestamente fallecido (si bien entonces se recobró). Al notar este efecto, Barcroft salió vivo de la cámara. Barcroft experimentó mareos con cualquier giro veloz de su cabeza, que duró cerca de un año. Su preocupación era saber qué tan arriesgado podría ser el gas venenoso que se utilizaba en la guerra. Los otros ensayos extremos de Barcroft tras la Primera Guerra Mundial incluyeron pasar tiempo en una cámara que imitaba enormes altitudes y después montar una bicicleta estacionaria. Esto logró que su sangre se volviese azul, lo que increíblemente no fue lo que lo mató. En cambio, murió de un ataque al corazón mientras que procuraba tomar un autobús.

9. Jesse William Lazear

El médico estadounidense Jesse William Lazear, asimismo integrante de la Comisión de Fiebre Amarilla del Ejército de EE. UU., Participó en el trabajo vanguardista ordenado por la Junta de Fiebre Amarilla, pero su trabajo fue bastante lejos. El trabajo de Lazear lo llevó a Cuba en 1900, donde estudió la fiebre amarilla y mejoró sus teorías sobre los métodos de transmisión y las fuentes de la infección de la fiebre amarilla. No obstante, murió a los 34 años merced a la resolución de aceptar un mosquito infectado con fiebre amarilla morder su carne y trasmitir la infección. Esto fue para aceptar un autoestudio de la patología. El acto autodestructivo se ocultó en ese instante al hacerse pasar por un fallo, solo para ser sacado a la luz de un cuaderno recuperado en 1947 que confirmó la naturaleza deliberada del ensayo mortal.

En un hospital de La Habana, Lazear incubó meticulosamente huevos de mosquitos y después logró que tomaran sangre de pacientes con fiebre amarilla. Otros 2 integrantes del estudio que fueron expuestos intencionalmente a la fiebre amarilla subsistieron, pero el autoexperimento de Lazear fue al final mortal. El intrépido, si no temerario científico, murió gracias a la fiebre amarilla en el mes de septiembre de 1900. El trabajo de Lazear es destacable por ser el primer hallazgo de un virus humano, en vez de un agente infeccioso bacteriano, en la historia médica.

8. Nicholas Senn

Nicholas Senn, nativo de Suiza, fue un coche-experimentador cuyas acciones de investigación se extendieron a los prácticamente locos. Hacia objetivos de la década de 1880, este estudioso autoprobó la inflación gastrointestinal como un medio para hacer un diagnostico orificios (perforación) en el tracto intestinal poniendo un globo de goma en un tubo, entonces conectando el tubo a su trasero y bombeando no menos de 4 galones de hidrógeno en su tracto intestinal. Ensayos precedentes (de incierta reputación ética) en perros provocaron roturas intestinales, lo que logró que probarlo en sí fuera aún mucho más desquiciado. Subsistió y se transformó en el principal creador y, a lo largo de un par de años, presidente de la Asociación de Cirujanos Militares de los USA.

Pero ese no fue el único ensayo orate que efectuó el Dr. Senn. El de todos modos puso tejido canceroso extraído de un tolerante de el con cáncer de labio en una incisión en su brazo. Esto fue para evaluar la iniciativa de Senn de que el cáncer es imposible “capturar” como un agente infeccioso. Poco una vez que le colocaran el pequeño trozo de ganglio linfático canceroso en el antebrazo, apareció un nuevo nódulo. Pero el brazo de Senn volvió a la normalidad en cuestión de semanas, lo que revela que el cáncer no se transmite como la tuberculosis, por poner un ejemplo. Este descubrimiento se notificó en el producto del Dr. Senn en el Gaceta de la Asociación Médica Estadounidense.

7. Max von Pettenkofer

El científico ido y también estudioso alemán Max von Pettenkofer se tragó la bacteria del cólera. No le importaba correr enormes peligros, diciendo: “Aun si me hubiese engañado a mí y el ensayo pusiese en riesgo mi vida, habría mirado a la Muerte serenamente a los ojos pues el mío no habría sido un suicidio imbécil o cobarde; Habría fallecido al servicio de la ciencia como un soldado en el campo del honor ”. Pettenkofer era un estable fiel en el término de múltiples componentes que ocasionan la infección, incluyendo la mala calidad del aire en contraste con las críticas contagionistas, como las de su contrincante, Robert Koch.

El 7 de octubre de 1892, von Pettenkofer solicitó y se tragó un vial que poseen agua contaminada con la bacteria del cólera para enseñar que múltiples componentes de salud, en vez de una fácil exposición, son los causantes de las patologías infecciosas en los humanos. En un intento de probar que las críticas de Koch sobre el contagio estaban equivocadas, von Pettenkofer tomó el cólera con presentes presentes, incluyendo el propio Koch. Más allá de que la ciencia médica actualizada demostró que las ideas de Pettenkofer están equivocadas, visto que no se enfermara de muerte a raíz del cólera le dio crédito temporal. Más allá de que el ensayo del cólera no lo mató, por último se suicidó con un arma.

6. Nathaniel Kleitman

Nathaniel Kleitman podría ser apodado “el hombre de las cavernas moderno” por su ensayo en sí. El científico estadounidense era ruso, nació en una familia judía en 1895 y se transformó en el líder de su campo de investigación tanto en los EE. UU. Como en el mundo entero. Kleitman fue el primer erudito del sueño centrado de forma exclusiva en el planeta. Para él, reposar en el trabajo era una parte del viaje para ser popular como el padre de la ciencia del sueño. Aparte de entablar el primer laboratorio del sueño de todo el mundo y difundir Sueño y vigilia, Kleitman y sus colegas realizaron un ensayo en el que vivieron en un hueco subterráneo de 54 grados (Fahrenheit) en Mammoth Cave en Kentucky del 4 al 6 de junio de 1938.

Probaron los efectos de vivir, despertarse y reposar en un ambiente en el que la noche y el día dejaron de existir (como los conocemos), apartados de los dictados del sol en el hueco rocoso de 26 por 65 pies a 140 pies bajo tierra. El período de 28 horas en la gruta implicó 10 horas de sueño, 10 horas de reposo y 10 horas de trabajo para procurar romper el ritmo de 24 horas del cuerpo. No obstante, el trabajo mostró que los humanos tienen un ritmo de 24 horas sin dependencia de los estímulos externos, y el Kleitman mayor no puede amoldarse al nuevo período, al tiempo que su asistente de 20 años experimentó alguna adaptación. Esta clase de investigación precisamente no logró daño, en tanto que Kleitman vivió hasta los 104 años.

5. Frederick Hoelzel

La pica es un trastorno popular pero extraño que supone el consumo humano de elementos extraños no comibles y, de forma frecuente, peligrosos. El científico ido Frederick Hoelzel, por otra parte, no tenía a Pica. Solo tenía una necesidad imperiosa de presenciar con ingestiones poco comunes bajo su peligro. Empezando con intranquilidades sobre el peso, Hoelzel procuró eludir el apetito mientras que perdía peso. Esto logró que Hoelzel comiese de todo, desde unas partes de plantas no asimilables, como tallos de plátano, hojas, cascarillas de nueces y mazorcas de maíz, al paso que asimismo consumía ropa, plumas de aves, lana y bolas de algodón.

Un giro alarmante ocurrió en el momento en que consumió asbesto, extensamente libre en tiempos históricos antes que se conociese su naturaleza mortal. El inconveniente de Hoelzel logró que lo reconociesen por medio de un papel de “Asistente en fisiología”, aparte de ser llamado el “Macho cabrío humano. ” Anton Julius Carlson, presidente del Departamento de Fisiología de la Facultad de Chicago, al final descubrió a Hoelzel y organizó ensayos con él que incluían evaluar si el ayuno aliviaría el apetito, lo que logró que Hoelzel estuviese impresionantemente angosto tras 15 días. Marcar el tiempo que tardan los elementos extraños en pasar a través del tracto digestivo fue otro duro ensayo efectuado por Hoelzel mientras que trabajaba con Carlson, con una pluralidad de tasas documentadas según el género de material.

4. George Stratton

George Stratton no era un sicólogo alguno; era un científico dedicado que emprendió una autoexperimentación que probablemente podría sacar de la cabeza a la gente mucho más normales. A lo largo de su investigación de nivel y estudio, Stratton estudió con el popular sicólogo alemán Wilhelm Maximilian Wundt en su laboratorio de Leipzig, Sajonia, donde utilizaba lentes que le daban la vuelta a la visión. Los lentes de Stratton forzaron al cerebro a compensar la inversión visual. Primero, Stratton se sintió enfermo y confundido por el paisaje del revés, pero próximamente, se habituó al cambio y la visión desde tras los lentes pareció regresar a la normalidad.

Al quitarse los lentes siete días después, la visión habitual a la que se había habituado Stratton parecía anormal en el transcurso de un tiempo. Stratton no solo puso su planeta patas arriba, sino asimismo hizo ensayos auxiliares que implicaron confundir a la izquierda con la derecha para poder ver de qué forma se vería perjudicada la percepción humana. Para romper el vínculo entre la visión y el tacto, usó espéculos que inducían una experiencia virtual fuera del cuerpo, lo que le hacía verse a sí mismo desde arriba en el momento en que miraba de manera directa. Esto logró que Stratton sintiese que su cuerpo se encontraba situado en otro rincón que no fuese el sitio donde el tacto le afirmaba que se encontraba verdaderamente situado.

3. Giovanni Battista Grassi

El experimentador italiano Giovanni Battista Grassi fue tanto un científico especialista como un estudioso demasiado osado de lo horrible. Nativo de 1854 en Rovellasca y viviendo hasta los 71 años, Grassi estudió no solamente la malaria sino más bien asimismo una pluralidad de vermes parásitos. Sería un eufemismo decir que el hombre se expuso. Grassi realizó lo que podría ser el acto de ingestión humana mucho más repugnante en la historia registrada: comió huevos vivos de lombrices intestinales extraídos de manera directa de un individuo fallecida que se sabía que había sufrido una infección grave por lombrices intestinales. Estos no eran solo pequeños vermes redondos.

Los huevos eran de la clase de estudio. Lombriz intestinal, un conocido verme redondo enorme que medra hasta 35 centímetros en huéspedes humanos. ¿El propósito del estudio? Estudiar de qué manera se tienen la posibilidad de trasmitir los vermes redondos entre huéspedes. El horrible acto de ingestión sucedió el 30 de agosto de 1879. El anfitrión previo había fallecido poco menos de un año antes, el 10 de octubre de 1878. Grassi se tragó los huevos y aguardó. En el momento en que pasaron 22 días, los huevos frescos estaban en el desperdicio del científico que se había transformado en su conejillo de indias de biología. El hallazgo fue una prueba concluyente de que la exposición a una fuente inficionada es la manera en que las infecciones por lombrices intestinales suceden en nuevos huéspedes, un descubrimiento útil en una temporada en que la generación espontánea era un término habitual.

2. Tim Friede

La ciencia ida es donde se cruzan los límites entre la autodestrucción desmandada y la investigación de laboratorio. Tim Friede entra en esta área gris mientras que procura ensayos que matarían a la mayor parte de la gente. Friede fué mordido por víboras 160 ocasiones – a propósito – durante sus 16 años (hasta hoy) de carrera estudiosa. ¿De qué forma ha subsistido? Construyendo inmunidad transcurrido un tiempo. El propósito del trabajo con pasión pero increíblemente arriesgado de Friede es su convicción de que la autoinmunización contra las mordeduras de víboras es una cosa, con la meta de ver desarrolladas las vacunas contra las mordeduras de víboras.

Friede está preocupado por las cientos de muertes que suceden anualmente en el mundo entero como producto de los asaltos de víboras a humanos. La vacunación contra las mordeduras de víboras daría una protección aún mayor que la administración de antiveneno tras los hechos, que no en todos los casos está libre a tiempo o en lo más mínimo. Las autopruebas mucho más extremas que hizo tienen dentro mordeduras sucesivas de víboras inusualmente venenosas. Friede fue mordido por un taipán y después por una mamba negra, subsistiendo a eso que sería mortal para la mayor parte de la multitud en una cuarta parte de hora. No obstante, 2 mordeduras de cobra le enseñaron una dura lección en el momento en que la “sobredosis” lo puso en coma una vez que se debilitara, salvado por la intervención médica a tiempo.

1. Allan Blair

Las arañas Black Widow tienen una mala reputación, y por una aceptable razón. Su mordedura es de todos modos 15 ocasiones mucho más vigorosa que la de una serpiente de cascabel promedio. El inconveniente es que son tan pequeños que la picadura habitualmente no es bastante veneno para ser mortal, pese a su capacidad. Nativo de 1900 y viviendo hasta 1948, el instructor de la capacitad de medicina de la Facultad de Alabama, Allan Blair, no se satisfacía con estadísticas, productos de biología y estudios de casos. En su tiempo, las mordeduras de Black Widow eran menos entendidas que en este momento, con lo que dejó que Black Widow lo mordiera. La El ataque causado por una araña envió a Blair al hospital donde continuó a lo largo de un par de días. antes del alta y eventual restauración.

El daño a sí mismo incluyó padecer un mal severo, sin nombrar el daño local por la mordedura. No obstante, la experiencia, que fue bien publicitada, sirvió para silenciar a los incrédulos de Black Widow que pensaban que el riesgo de la araña se encontraba de enorme manera sobrestimado. Tras el 16 de noviembre de 1933, Tuscaloosa News publicó un producto que se titula “U. De A. El instructor deja que la araña lo muerda, padece 3 días de agonía ”, Blair fue ovacionado por su ‘valor, persistencia y capacidad’. Precisamente logró un ejercicio científico de su dolorosa experiencia. Tras la mordedura, Blair escribió “notas de laboratorio” a lo largo de 2 horas terminadas documentando sus síntomas hasta el momento en que empeoraron tanto que sus ayudantes debieron llenar el resto de los un par de días.

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