Hechos locos que quizás no conozcas sobre los victorianos

En 1839, la reina Victoria tomó el trono y marcó el comienzo de la era victoriana que transporta su nombre. Bajo su gobierno, el Imperio Británico se transformó en entre los imperios mucho más poderosos que el planeta haya visto.

Sus súbditos, especialmente entre los integrantes mucho más ricos de la sociedad, tendían a atribuir este éxito a eso que veían como su superioridad natural y su prominente los pies en el suelo.

Sin embargo, estaban ocurriendo varios hechos extrañísimos, desde papel tapiz que podía matar, extraños cultos religiosos liderados por profetas en teoría inmortales, y un hombre que podía venderte un rinoceronte sin llevar a cabo cuestiones, mientras que tuvieses los fondos.

Los victorianos se consideraban gente prudente, pero en esta lista examinamos por qué razón vivieron en tiempos extrañísimos.

10. El papel tapiz victoriano podría ser mortal

El arsénico es una substancia proveniente de la naturaleza y, en proporciones increíblemente pequeñas, no daña a los humanos. Lamentablemente, a los victorianos les agradaba bastante y lo empleaban en prácticamente todas partes.

Enormes proporciones de arsénico eran un subproducto económico de la industria manufacturera que brotó de la Revolución Industrial y se podía obtener de manera fácil en las tiendas de comibles o aun agregarse a los fármacos.

Los victorianos sabían que el arsénico era venenoso en el cuerpo humano, y era una alternativa habitual entre los probables asesinos que aguardaban liberarse de un familiar sin llamar la atención. Sin embargo, por norma general se pensaba que era inofensivo en varios artículos de consumo y se abrió sendero en prácticamente todo, desde candelas hasta cochecitos de bebé.

Una de sus apps mucho más populares fue generar los colores vibrantes usados en la fondos de pantalla tan amado por los victorianos suficientemente ricos para gozar de esos lujos. Varias muertes incomprensibles gradualmente se vincularon a estos papeles tapiz, y los médicos arguyeron que el arsénico se filtró del papel tapiz con apariencia de un gas de intoxicación retardado.

Una figura sobresaliente llamada William Morris se halló en el centro del enfrentamiento. Por una parte, fue un ambientalista y entre los primeros defensores de los derechos de los trabajadores. Por otra parte, era directivo de la junta de Devon Great Consols, el mayor productor de arsénico de todo el mundo, y resultó ser el dueño de una conocida compañía de papeles pintados.

Más allá de que aumentaban las pruebas en contra suya, Morris insistió en que su papel de pared era totalmente seguro. Su situación reconocida llevó a muchas personas a creerle. No fue hasta 1880, y con extrema desgana, que su compañía se transformó en entre las últimas en remover el arsénico de sus papeles pintados.

9. El Glutton Club se lo comió todo

Más allá de que la afición de los victorianos por el arsénico no les logró ningún favor, su dietas eran increíblemente saludables. Los alimentos procesados ​​eran pocos y, más allá de que los pobres de las ubicaciones urbanas de forma frecuente luchaban contra la desnutrición, otros conjuntos, particularmente los pobladores del campo, gozaban de una dieta fría, estacional y rica en frutas y verduras.

Si la dieta era nutritiva, no era muy diferente. Se importaba muy poca comida, lo que quiere decir que prácticamente todo debía generarse de forma local. No obstante, entre los ámbitos mucho más ricos de la sociedad brotaron múltiples clubes aplicados a evaluar prácticamente todos los modelos de animales imaginables.

El mucho más popular de estos clubes, popular como el Club de glotones, formado en la Facultad de Cambridge con Converses Darwin como su integrante más importante.

Darwin y sus amigos se juntaron para darse un festín con erizos, tejones, topos y, según se comunica, aun moscardones. Esta etapa duró poco, y el consumo de un búho cobrizo especialmente repugnante persuadió al conjunto de cambiar a la exhibe de alcohol en vez de la vida silvestre local.

Pese a esto, Darwin jamás perdió su entusiasmo por la cocina excepcional. Mientras que viajaba por Sudamérica elaborando su teoría de la evolución, cenó con entusiasmo en puma, armadillo, iguana, tortuga y prácticamente cualquier otra cosa que pudiese hallar.

8. Posaron para fotografías con familiares fallecidos.

En 1888, la primera oportunidad Cámara Kodak llegar al mercado. Era con la capacidad de tomar 100 fotografías, tras lo que se podía devolver a la factoría a fin de que se revelaran las impresiones y se instalasen mucho más películas.

Este fue un enorme avance. Por vez primera, las cámaras eran portátiles, razonablemente accesibles y estaban libres para las masas. Antes de esto, las cosas eran bastante distintas. Reparar una foto familiar era una labor bien difícil, costosa y que requería bastante tiempo.

Posiblemente a la gente unicamente se les tome una foto una o un par de veces en la vida y, en ciertos casos, no hasta tras su muerte.

Fotografía de la desaparición se realizó habitual resumidamente en la temporada victoriana, y es aproximadamente precisamente como suena. Los recién muertos serían vestidos con sus mejores ropas, apoyados y retratados al lado de su familia tal y como si no pasara nada.

Más allá de que esto semeja morboso y extraño para los ojos modernos, asistió a las familias a rememorar a sus conocidos cercanos y, habitualmente, sería la única fotografía que tenían de un niño o familiar muy amado.

7. Tenían un culto sexual

Cada sociedad lleva a cabo su grupo de valores y opiniones sobre lo que forma y no forma un accionar aceptable. En la Enorme Bretaña victoriana, se valoraba bastante la modestia y el accionar preciso. Lo que logró que la presencia de un provocador culto sexual espiritual fuera algo inopinada y, para los victorianos, intensamente deslumbrante.

El reverendo Henry Prince empezó su trayectoria como vicario en la Iglesia de Inglaterra. Su personalidad excéntrica y opiniones extrañas, como asegurar ser inmortal, próximamente lo vieron expulsado de la organización.

Prince sencillamente estableció su iglesia en su rincón. La membresía no era económica, y Prince demandó a sus fieles que entregasen sus riquezas mundanas. Usó el dinero para crear un complejo, al que nombró La Morada del Amor.

Sellado de todo el mundo exterior tras muros altos y custodiado por sabuesos, una gran parte de lo que sucedía tras los muros del complejo solo podía adivinarse, pero Price eligió a seguidoras interesantes para bañarlo y atender sus antojos. A los que halló menos agradables a la visión se les halló trabajo alterno.

El auténtico escándalo reventó en el momento en que se supo que Prince había tenido relaciones íntimas con una mujer joven en una mesa de billar en frente de su congregación e inclusive a su mujer.

Las declaraciones de Prince de inmortalidad fueron inmotivados en el momento en que murió en 1899 a la edad de 87 años. El culto que creó, tomado bajo el ala de otro líder en teoría inmortal, subsistió tanto a su muerte como a la era victoriana, y por último se desvaneció en el momento en que los últimos integrantes murió en la década de 1950.

6. Los victorianos idearon los vibradores

El primer telégrafo eléctrico se inventó ahora en 1816, pero en la temporada victoriana las opciones de la electricidad han comenzado a editar la vida de la gente.

A fines del periodo victoriano, la multitud podía viajar en trenes eléctricos y caminar bajo el resplandor de las farolas eléctricas.

Conforme la civilización de consumo empezó a despegar por vez primera, complementos electrónicos aun han comenzado a abrirse sendero en los hogares de la gente. Entre los primeros productos eléctricos familiares que se realizó habitual fue el vibrador, que fue inventado por Joseph Mortimer Granville en 1883.

Para la gente que se escandalizaron al notar un tobillo femenino, esto semeja una invención improbable para la temporada. No obstante, no todo es del todo cuanto semeja.

Granville inventó su vibrador sencillamente como un dispositivo médico designado a calmar el agobio, tratar el mal de espalda y, de manera extraña, sanar la sordera, o cuando menos esa fue su crónica.

5. Edificaron el primer parque jurásico

Los dinosaurios eran todavía un hallazgo parcialmente reciente, pero los victorianos en todos y cada uno de los escenarios de la sociedad estaban maravillados por las poco comúnes bestias. Nuestro marido de la reina Victoria, el príncipe Alberto, se encontraba tan con pasión por el tema que desempeñó un papel clave en la creación de un parque temático con réplicas a tamaño real de las criaturas.

Esta sería una primicia mundial, pero había un inconveniente esencial. Ahora mismo, aun los mucho más aplicados especialistas tenía muy poca iniciativa de de qué manera vivían los dinosaurios o de qué forma se veían.

La construcción prosiguió adelante pese a todo, y cualquier laguna en el saber se llenó de entusiasmo y conjeturas. Los desenlaces semejan un tanto extraños a los ojos modernos y se cometieron múltiples fallos. Por poner un ejemplo, la garra del iguanodonte se puso en su nariz y el Megalosaurus fue representado como un cuadrúpedo voluminoso, al paso que en este momento entendemos que era un bípedo considerablemente más ligero.

Dado el número con limite de fósiles libres para trabajar, fue lo destacado que se ha podido conducir en ese instante y, durante los años, lo bastante para captar millones de visitantes a Crystal Palace, Londres, para lo que fue ciertamente el primer parque temático de todo el mundo.

Durante las décadas los fallos anatómicos en los diseños transformó la atracción que en algún momento fue habitual en una suerte de vergüenza, y las estatuas cayeron en un estado de deterioro. Alegremente en este momento están en el desarrollo de ser restaurados a su vieja gloria, y la anatomía errónea de Londres. Dinosaurios victorianos están atrayendo visitantes de nuevo.

4. La creencia en los marcianos se encontraba extendida

Desde el instante en que hubo humanos, hemos contemplado el cielo nocturno con desconcierto. Las leyes que rigen el movimiento de los planetas habían sido trazadas hace un buen tiempo por Johannes Kepler, pero fue solo a objetivos del siglo XIX en el momento en que las novedades en los telescopios dejaron investigar la área de otro mundo con todo aspecto.

Esto no evitó que se cometieran fallos, y la creencia de que Marte era la vivienda de una civilización alienígena avanzada era bastante común en la sociedad victoriana.

En su mayor parte, esto se debió al astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli, quien estudió la área de Marte y describió una sucesión de canales que atravesaban la área del mundo colorado.

En el momento en que se traducen al inglés, estos canales se transforman en canales, lo que supone la existencia de un civilización avanzada con la capacidad de edificarlos. Esto no era lo que Schiaparelli había amado en lo más mínimo, pero la visión de vida capaz en Marte fue aprovechada por entusiastas astrónomos y el público por igual.

La iniciativa tardó en fallecer y continuó dominando hasta entrada la década de 1930.

3. Los victorianos tenían su Rey Tigre

De la reina victoria reinado vio al Imperio Británico elevarse a la cima de sus poderes. Comprende unos 11 millones de millas cuadradas, lo que lo transforma en el imperio mucho más grande nunca visto. Los navegadores y aventureros recorrieron cada centímetro en pos de vida silvestre que pudiese ser capturada, disparada o mandada de regreso a Enorme Bretaña.

No había leyes sobre el comercio de animales salvajes o peligrosos, con lo que cualquier persona con medios suficientes podía obtener su mono, leopardo, león o tigre.

Para llevarlo a cabo, bien podrían arrimarse Converses Jamrach, lo mucho más semejante que tenían los victorianos a su Rey Tigre.

Solo en Londres había mucho más de cien tiendas de animales exóticos, pero Jamrach’s era, con bastante, la mucho más grande, no solo en Enorme Bretaña sino más bien en el planeta. Se jactó de poder conseguir cualquier animal y, por lo menos en una ocasión, logró de forma exitosa un rinoceronte para un cliente privado.

Su tienda se encontraba llena de todo, desde papagayos hasta elefantes y tigres. La mayor parte de ellos se sostuvo en pésimas condiciones.

En un hecho que se realizó conocido, entre los tigres de Jamrach se escapó a las calles de Londres, donde recogió y salió con un poco afortunado niño que cometió el fallo de procurar acariciar al animal.

Jamrach lo persiguió y se las arregló para dejar en libertad al niño, pero sin embargo fue demandado por la nada repudiable suma de 300 libras esterlinas.

2. Idearon un órgano de fuego

La era victoriana fue una temporada de enormes descubrimientos y también creaciones científicos. No obstante, los inventores victorianos sabían poco y supuestamente se preocupaban aún menos por las sutilezas de la salud y la seguridad. Esto llevó a la creación de ciertos sorprendentes pero fabulosamente arriesgado artefactos.

Estos iban desde cortadoras de césped a vapor hasta máquinas para fumar, que verdaderamente bombeaban bastante humo de tabaco para completar una habitación, presumiblemente eludiendo inconvenientes a los pobladores humanos.

Entre los mucho más extraños, si bien entre los sonidos mucho más dulces de todos, fue el popular como pirófono o, de forma alternativa, órgano de fuego. Inventado por Georges Frédéric Eugène Kastner en torno a 1870, estos instrumentos funcionaban a través de el lugar de pequeñas detonaciones controladas en el momento en que se pulsaban las teclas.

Si las cosas mejoraban, la explosión haría sonar la nota pedida. Si iba mal, había muchas opciones de que saliese muy mal.

Pese a las recomendaciones de que pirofono podría emplearse convenientemente como calentador en los fríos meses de invierno, jamás atrapó verdaderamente la imaginación habitual. Una compostura francesa llamada Theodore Lack fue el único músico que compuso música particularmente para el instrumento.

A los ojos de los victorianos, el sexo fuera del matrimonio era provocador. Tener un bebé fuera del matrimonio era probablemente ruinoso.

La red de seguridad popular empezó y acabó con la asilo de pobresy las opciones expertos eran pocas para las mujeres. Para esos que lograron localizar empleo, lo mucho más posible fue como asistencia doméstica interna. Pocos empleadores deseaban una criada o una chef con un bebé.

Esto llevó a la práctica turbia de criar bebés. En lugar de una cuota correcta, un criador de bebés quitaría al niño de las manos de su madre. Teóricamente, ella misma criaría al niño, pero el sistema no se encontraba regulado y se encontraba expuesto al abuso.

Se descubrió que múltiples criadores de bebés habían ejecutado a los pequeños que se les habían confiado en vez de meter la mano en el bolsillo para criar a los bebés.

El mucho más conocido de ellos fue una exenfermera llamada Amelia Dyer. Se estima que en el lapso de 30 años asesinó a cientos y cientos de pequeños, transformándola en entre los asesinos en serie mucho más fecundos de la historia.

La única defensa de Dyer fue la demencia. El jurado tardó menos de cinco minutos en declararla culpable y fue sentenciada a muerte en la horca en 1896.

About the author

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *