La brutal historia de las curas médicas (que a veces realmente funciona)

La bioética de la medicina cambia transcurrido el tiempo. Un médico contemporáneo no trataría a personas sin su permiso, por poner un ejemplo. No obstante, esa práctica médica era común en Europa y América hasta el siglo XIX, por lo menos para parte de la población. Los esclavos fueron tratados sin su permiso, puesto que el permiso de un dueño de esclavos se consideró bastante. Peor aún, las esclavas de manera frecuente aguantaban métodos lacerantes, como amputaciones o tratamientos ginecológicos, sin el beneficio de la anestesia.

Una historia del régimen médico de los esclavos es una lección espeluznante sobre la relevancia de la bioética, la práctica de hacer métodos médicos estándar para asegurar que todos y cada uno de los pacientes sean tratados con exactamente el mismo respeto. Los esclavos han recibido un trato menos humano gracias a la creencia inherentemente racista que no sintieron el mal tan agudamente como sus amos.

En ciertos casos, los tratamientos médicos se vuelven inadmisibles pues revelan cortes socioculturales inherentes y también incorrectos. En otras ocasiones, como las situaciones en esta lista, los métodos médicos se vuelven menos recurrentes por el hecho de que son ineficaces o increíblemente peligrosos, aun en el momento en que se efectúan de manera exitosa. Varios de los métodos médicos de esta lista son efectivos, pero todos serían lacerantes aun para el tolerante mucho más intrépido.

10. Lobotomía / trepanación

La trepanación, la práctica de llevar a cabo un orificio en un cráneo humano cortando, frotando o utilizando un taladro manual, se consideró un trámite médico polivalente hasta finales del siglo XVI. Una vez se creyó equivocadamente que soluciona las lesiones en la cabeza, la preeclampsia y la eclampsia, y trata el mal crónico, la técnica en este momento se utiliza únicamente en el momento en que un cirujano horada un orificio en el cráneo de un tolerante para entrar a una lesión cerebral o un tumor cerebral. En 1972, Peter Halvorson horadó un orificio de tres octavos de pulgada de ancho en su cabeza. Aseveró que el trámite curó su depresión, si bien no ofreció pruebas médicas. En la mayor parte de las situaciones, la trepanación no es autoinfligida.

En contraste a la trepanación, que todavía se considera un trámite médicamente apreciado en ciertos casos, los médicos y psicoanalistas contemporáneos estiman que las lobotomías son poco morales y también ineficaces. El neurólogo portugués Egas Moniz desarrolló el trámite de lobotomía, que fue adoptado por otros médicos con modificaciones inferiores. Tras anestesiar al tolerante, un cirujano horadó unos cuantos orificios en la parte de arriba o del costado de la cabeza. Entonces, el cirujano insertó un instrumento afilado, como un picahielos, en el orificio y lo barrió de lado a lado, cortando las conexiones entre el lóbulo de adelante y el resto del cerebro del tolerante. Moniz efectuó por vez primera el trámite en pacientes que daban a conocer hábitos obsesivos, que pensaba que eran ocasionados ​​por circuitos fijos en el cerebro. No obstante, las lobotomías asimismo se emplearon para tratar otras dolencias, como fobias y esquizofrenia. ¿Los inconvenientes? Primero, múltiples dolencias de salud psicológica afectan al cerebro de forma diferente, con lo que la eficiencia de una lobotomía cambiará según el diagnóstico del tolerante. Seguidamente, aun los científicos contemporáneos no comprendo de manera perfecta todos y cada uno de los mecanismos neuronales que hacen que el cerebro humano ande. Un cirujano que hacía una lobotomía con un picahielo precisamente se encontraba cortando conexiones en el cerebro de un tolerante. Lamentablemente, ni el médico ni el cirujano lograron contrastar qué habilidades podría perder el tolerante en el momento en que se cortaron esas conexiones.

Quizás el más destacable ejemplo de los efectos asoladores de una lobotomía ineficaz es la situacion de Rosemary Kennedy. En 1941, Kennedy, la hermana de John F. Kennedy, se sometió a una lobotomía. Antes del trámite, Rosemary, que tenía 20 años en ese instante, tenía las capacidades cognitivas de un estudiante de cuarto nivel. Un psiquiatra que estuvo presente a lo largo de la lobotomía de Rosemary le solicitó que le contara historias a lo largo de su trámite. El cirujano unicamente se detuvo frotando su cerebro una vez por el momento no ha podido charlar. Las capacidades de comunicación de Rosemary se retrasaron antes de su lobotomía. Tras su lobotomía, eran inexistentes. Solo ha podido decir unas escasas expresiones y por el momento no podía caminar.

9. Terapia del humor

La terapia del humor, que se practicó hasta el siglo XIX, se fundamentaba en la creencia de que el cuerpo humano contenía 4 fluidos o humores: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Las patologías fueron ocasionadas por un desequilibrio en uno o mucho más de los 4 humores. La terapia del humor consistía primordialmente en tres tratamientos: masajes, eméticos y sangrías. La sangría es un régimen que todavía se emplea para ciertas condiciones, como la hemocromatosis, un trastorno genético que perjudica el metabolismo del hierro, la policitemia vera, un trastorno de la medula ósea de células madre y la porfiria cutánea tarda, un conjunto de trastornos del metabolismo del hemo con una anomalía en el metabolismo del hierro. Lamentablemente para bastantes pacientes tratados antes del siglo XIX, la sangría excesiva o superflua puede ser mortal.

En el momento en que George Washington, el primer presidente estadounidense, se despertó una mañana con mal de garganta, solicitó una sangría. Los médicos que lo atendieron se agotaron cinco a siete pintas de su sangre en menos de 16 horas. (Un adulto sano tiene entre nueve y 12 pintas de sangre en su cuerpo). Washington dejó de padecer de mal de garganta 4 días tras su derramamiento de sangre, pues murió.

8. Hidroterapia

Los pacientes de asilo padecieron tratamientos médicos singularmente brutales, como hidroterapia. Desde el siglo XVII hasta el siglo XX, la gente con discapacidades cognitivas, trastornos del estado anímico y trastornos siquiátricos se limitaron a pisquiátricos. Más allá de que se suponía que los asilos funcionaban como instalaciones de régimen, muchas técnicas de régimen semejan inhumanas según los estándares contemporáneos. La hidroterapia era un régimen de agua que se utilizaba con una mayor frecuencia para pacientes con depresión, insomnio o pensamientos autodestructibles. El agua se encontraba muy ardiente o friísima, según la afección que se trataba.

Había tres métodos de hidroterapia. En ocasiones, un tolerante se ve obligado a sentarse sobre una bañera llena de agua, recluído a la bañera a través de la utilización de limitaciones. En ocasiones, un tolerante era “momificado”, envuelto en toallas húmedas. En ocasiones, se desvestía y lavaba a un tolerante. Un régimen puede perdurar múltiples horas, lo que pone al tolerante bajo riesgo de hipotermia o hipertermia. La hidroterapia era dañina, deshumanizante y también ineficaz.

7. Radioterapia para el acné

La radioterapia para el acné es mucho más dañina que la afección para la que se desarrolló. La radioterapia es un régimen médico en el que se usan haces de energía intensa para encoger las células en un área propósito. Todavía se utiliza para tratar muchos géneros de cáncer, como está en concordancia la mayor parte de los expertos médicos el peligro de desarrollar cánceres secundarios se ve superado por la oportunidad de poner un cáncer primario en remisión. El acné, no obstante, no es una afección probablemente mortal.

La oportunidad de desarrollar cáncer no es un nivel aceptable de peligro médico para alguien que se somete a un régimen para el acné. Los médicos en este momento saben que los pacientes que han recibido radioterapia para el acné, un régimen que se empleó en la medicina occidental hasta la década de 1990, tienen un mayor peligro de desarrollar cáncer de tiroides, cáncer de piely cáncer de mama como producto de la app de radiación en la cara y el cuello.

6. Enemas de humo de tabaco

El tabaco fue una importación inglesa habitual en el siglo XVIII, enviado a Inglaterra desde su colonia en Virginia. Las tribus nativas americanas en Virginia utilizaban tabaco para tratar muchas dolencias y, en ocasiones, el régimen se administraba como un enema. El Dr. William Hawes y el Dr. Thomas Cogan de la Royal Humane Society abogaron por la utilización de la técnica en Inglaterra. Particularmente, aseguraron que los enemas de humo de tabaco podrían rememorar a quienes prácticamente se habían ahogado. Los médicos mandarían a un fumador de pipa para insertar un tubo de enema con complementos de goma y soplar el humo del tabaco por el recto. (Si se lo pregunta, sí: aquí es donde dicho común procede de.)

Se creía falsamente que el humo del tabaco calentaba el cuerpo y estimulaba la respiración. Un enema de humo de tabaco jamás dañó a un individuo que se se encontraba ahogando. Tampoco salvó a uno. No obstante, el régimen al final se realizó tan habitual que se empleó para tratar problemas, insuficiencia respiratoria, constipados, hernias, calambres abdominales (en el momento en que se administra con caldo de pollo), fiebre tifoidea y cólera. El régimen de patologías infecciosas podría ser arriesgado para el fumador de pipa, puesto que podría inficionarse con cólera si inadvertidamente tosiera o inhalara mientras que administraba un enema. En 1811, el científico inglés Ben Brodie puso fin a la práctica extendida de regentar enemas de humo de tabaco, por el hecho de que descubrió que la nicotina era perjudicial para el corazón.

5. Lanzamiento de encías

El mal experimentado por los bebés a lo largo de la dentición fué una preocupación incesante a lo largo de una gran parte de la historia clínica; aun Hipócrates escribió sobre eso. Como es natural, la dentición es físicamente dolorosa. En ocasiones se creía retroactivamente que el padecimiento del niño era causal en casos de mortalidad infantil. Si bien injustificado, este temor en ocasiones llevó a los progenitores a buscar tratamientos para la dentición en sí, incluyendo la punción en las encías.

Una práctica común a lo largo de la mayoría del siglo XX, las encías de los bebés se abrieron (pincharon) a fin de que se tengan la posibilidad de obtener los dientes del bebé. Más allá de que la dentición es dolorosa, no es dañina. Lancing, por otra parte, podría ocasionar infecciones de las encías, en especial si el trámite se efectuó con un instrumento que no había sido esterilizado.

4. Litotomía

El término “litotomía” fue acuñado por el cirujano heleno Amonio de Alejandría. Traducido de manera aproximada, significa “recortar piedra”. Hasta el siglo XIX, la litotomía era el trámite estándar para remover cálculos (piedras) de la vejiga, el riñón o el tracto urinario. Litotomía fue eficiente, siempre y cuando uno sobreviviera a la operación. Un tolerante se acostaba boca arriba, con los pies separados, mientras que el cirujano pasaba una cuchilla a través del perineo del tolerante, la carne entre los genitales y el ano. Cuando el papel golpea una piedra, un cirujano normalmente introduce sus dedos en el ano o la uretra del tolerante para obtener la piedra. Todo lo mencionado se realizó sin el beneficio de la anestesia, evidentemente. (Dígalo con nosotros: “No, no, no, no, no, no”).

Joannes Lethaeus, el tema de una pintura de 1655 del pintor holandés Carel van Savoyen, se realizó popular por utilizar un cuchillo de cocina para eliminar su piedra de la vejiga. El trámite de litotomía por el momento no se emplea, pero la situación que tomó un tolerante para el trámite todavía es una parte de la práctica médica estándar. La situación de litotomía es la situación predeterminado usado para el parto y exámenes ginecológicos.

3. Sinfisiotomía

La sinfisiotomía, un trámite médico que se usa para hacer más simple un parto bien difícil, podría continuar usándose en un país donde se rechazó la cesárea o no se dispuso de las herramientas primordiales para efectuarla. A lo largo de una sinfisiotomía, un médico desquicia y corta la pelvis de una mujer para lograr ofrecer a luz. El trámite con frecuencia tiene efectos perjudiciales en un largo plazo en el cuerpo de la madre. La mayor parte de los pacientes con sinfisiotomía experimentan mal pélvico a lo largo de tres a seis meses tras el trámite. Los pacientes reportan mal articular pélvico para toda la vida, contrariedad para caminar y también incontinencia urinaria.

Los médicos de Irlanda hicieron sinfisiotomías hasta 1984; mujeres que aguantaron el trámite están protestando la destrucción de sus registros médicos por la parte del gobierno irlandés, registros que, según ellos, revelan la brutalidad de un trámite efectuado sin su permiso. Todavía se efectúan sinfisiotomías, primordialmente en África. No obstante, el Comité de Derechos Humanos de las ONU ha gobernado que el trámite viola el derecho de la mujer a no ser doblegada a tortura ni a tratos inhumanos y degradantes.

2. Terapia contra la malaria (piroterapia)

Antes que se descubriera la penicilina en 1928, las infecciones que un médico contemporáneo trataría de manera fácil podían ser sicológica y físicamente perjudiciales para el tolerante. La sífilis fue una de esas infecciones. Si la sífilis no se habla, el tolerante desarrollará neurosífilis en el momento en que la infección atraviese la barrera hematoencefálica. La neurosífilis se caracterizó por una degeneración progresiva y mortal del sistema inquieto del tolerante. Los síntomas de la degeneración. incluido conmociones, ataxia, déficit del charla, parálisis, manía, depresión, accionar violento, paranoia, pérdida de memoria, desvarío, desorientación y apatía.

Psiquiatra Julius Waggoner Jauregg fue vanguardista en la terapia contra la malaria, asimismo llamada piroterapia. Deliberadamente dio sangre a pacientes sifilíticos inficionados por malaria. (Los soldados que retornaban a casa tras pelear en la Primera Guerra Mundial con frecuencia se infectaban con malaria). Cuando se les administraba sangre inficionada, los pacientes han comenzado a enseñar síntomas compatibles con la infección. Lo más esencial es que tenían fiebre alta. La fiebre es el procedimiento natural del cuerpo para remover las infecciones. La terapia contra la malaria fue eficiente. Jauregg ganó el Premio Nobel de Medicina en 1927 por su innovación médica. No obstante, la terapia contra la malaria solo afectó a la neurosífilis, por el hecho de que la neurosífilis fue ocasionada por un patógeno de afuera que ocupa el cerebro. Dado a que la cura de Jauregg en ocasiones tuvo éxito, sus sucesores usó terapia contra la malaria para tratar la esquizofrenia, el trastorno bipolar, los síndromes de irritación cortical psicomotora, la encefalitis articulo-Parkinson y las psicosis de la epilepsia. Exactamente la misma la neurosífilis, estas dolencias están similares con el cerebro. En contraste a la neurosífilis, las dolencias citadas previamente no están similares con los gérmenes. En consecuencia, inducir fiebre, la contestación natural del cuerpo a los gérmenes invasores, no posee ningún efecto en el tolerante.

1. Comas de insulina

En ocasiones, un médico contemporáneo pone a un tolerante en un coma médicamente inducido. Un coma inducido médicamente le da tiempo a un cerebro traumado para sanar, sin señalar al cuerpo que limite el fluído sanguíneo a las partes dañadas del cerebro. Estos comas son monitoreados esmeradamente por expertos. Idealmente, son reversibles. En 1927, el psiquiatra austriaco Manfred Sakel de manera accidental puso a un tolerante que trataba por adicción a los opioides en coma al ofrecerle una sobredosis de insulina. Los adeptos a los opioides exhibían el ritmo alterado y los patrones de pensamiento desorganizados que de forma frecuente se asocian con los trastornos mentales. Sakel apuntó que en el momento en que les dio a estos pacientes altas dosis de insulina, su nivel de azúcar en sangre redujo de manera rápida, induciendo un coma. En el momento en que los pacientes se despertaron, por el momento no daban a conocer hábitos psicóticos. Como es natural, jamás habían exhibido hábitos psicóticos. Habían estado exhibiendo hábitos viciosos.

Gracias a su creencia errónea de que la insulina podría perjudicar el accionar de los pacientes con trastornos sicológicos, Sakel empezó a poner a los pacientes con esquizofrenia en coma de insulina. En ocasiones, ponía a un tolerante en múltiples estados de coma en un día. Los pacientes invariablemente aumentaron de peso, puesto que la insulina empuja la glucosa hacia las células. Los que subsistieron todavía peligro de daño cerebral persistente. El cerebro absorbe el 70% de la glucosa del cuerpo, con lo que los cambios veloces en el nivel de glucosa del cuerpo tienen la posibilidad de perjudicar de manera permanente la aptitud de un individuo para procesar información complicada. Sakel estimó que este era un peligro que valía la pena, puesto que un tolerante con daño cerebral de manera frecuente era un tolerante menos problemático.

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