La verdadera historia de Christopher Robin

Décadas antes que tuviésemos estrellas infantiles en la televisión, un niño llamado Christopher Robin Milne fue puesto en el centro de atención y se transformó en el niño mucho más popular de su historia. Aun hasta hoy, una versión de él todavía se representa en la caricatura de Winnie the Pooh, y todavía se hacen películas sobre su historia, introduciendo Adiós Christopher Robin en 2017, y la próxima película de 2018 interpretada por Ewan McGregor llamada Christopher Robin.

Pero, ¿qué exactas son estas películas y se semejan en algo a la vida real de Christopher Robin? Más allá de que la querida historia del origen de Winnie the Pooh empieza como un viaje a la inocencia de la niñez, la historia real se regresa bastante obscura y todos y cada uno de los comprometidos en la creación de los libros por último se arrepintieron.

Alan Alexander Milne era el padre de Christopher Robin y el constructor de Winnie the Pooh. Bastante antes de redactar cuentos para pequeños, Milne era escritor de comedia y editor de la gaceta Punch, tal como un ovacionado dramaturgo. Tras ser útil en la Primera Guerra Mundial, le resultó bien difícil continuar escribiendo comedia y, en cambio, deseó charlar sobre la política de la guerra.

Milne vivía con su mujer, Daphne, y su hijo Christopher en Londres, pero decidió que precisaban un espacio para huír de la enorme localidad, con lo que adquirió una vivienda de verano cerca del bosque de Ashdown en Sussex, que asimismo se conoce como el Madera de quinientos acres. Esto, como es natural, sirvió de inspiración para “Hundred Acre Wood” de Pooh.

Mientras que se tomaba el tiempo para redactar en el país, Milne llegó a la conclusión de que, tras años de catástrofe, la multitud se encontraba lista para proseguir adelante y no se encontraba lista para leer sobre sus pensamientos sobre la guerra. Deseaban desesperadamente leer historias contentos y comedia. Se inspiró en su fuente de felicidad, que era su hijo de 6 años, Christopher Robin.

Al niño le encantaba jugar en el bosque con su osezno de peluche, que recibió de bebé. Su madre llamó al oso “Edward”, pero decidió cambiar su nombre a Winnie, tras ver a un canadiense oso en el zoológico de Londres llamado Winnipeg. Durante los años, Daphne prosiguió comprándole a su hijo mucho más animales de peluche en los enormes guardes Harrods, incluidos un burro, un canguro, un tigre y un lechón diminuto. En el momento en que era hijo único, Christopher Robin de forma frecuente jugaba solo y con su niñera, y su madre lo asistió a alentarlo a divertirse a fingir con su compilación de amigos animales.

Un día, Milne se sintió inspirada a redactar un poema sobre Christopher Robin diciendo sus frases antes de irse a la cama. Lo tituló “Vísperas” y se lo dio a su mujer como obsequio. Más tarde se publicó en la gaceta Vanity Fair. Al público le encantó leer el dulce poema sobre el niño y deseaban mucho más. Cuando se supo que este pequeño personaje era de todos modos el hijo del creador, de pronto todos los jornales y programas de radio deseaban una entrevista con Christopher Robin.

Tras trabajar en la industria de las gacetas a lo largo de años, Milne sabía que precisaban explotar este bombo y vender mucho más historias. Le solicitó a su amigo y compañero de trabajo, EH Shephard, que dibujara las ilustraciones. Conque decidió trabajar redactando acerca de Christopher Robin. Las historias se apoyaron libremente en las aventuras imaginarias de su hijo. Publicó una compilación de poemas llamada En este momento somos seisy, al final, pasó de la poesía a la ficción infantil sobre Winnie the Pooh.

El público amaba completamente a Christopher Robin. Recibía cartas de seguidores todos los días. Fue llevado a acontecimientos públicos, contado historias y representado en una obra teatral sobre Winnie the Pooh. Como la mayor parte de las estrellas infantiles, le encantaba la popularidad y la atención que recibía. Le logró sentir particular comprender que todos deseaban ser sus amigos. Como lo gozaba tanto, sus progenitores prosiguieron empujándolo hacia el centro de atención y gozaron de los resultados positivos de ser rico y popular.

Aun si sus progenitores estaban cegados por la popularidad, su tía y su tío no aprobó, y charlaron sobre de qué manera le robaban una niñez habitual. Cuando Milne se percató de esto asimismo, decidió dejar de difundir historias de Winnie the Pooh. No obstante, más allá de que dejó de realizar nuevos libros, todavía existía una demanda de reimpresiones y la propaganda jamás se calmó. Aun en el momento en que trató de regresar a redactar para mayores, los críticos sencillamente equiparaban el trabajo de Milne con las historias para pequeños, aseverando que sus nuevos individuos en una obra teatral eran sencillamente “Christopher Robin crecido”.

Milne no fue el único cuyo trabajo padeció tras Pooh. El ilustrador, EH Shepherd, fue el caricaturista político de la gaceta Punch. Veía su trabajo con Milne como un trabajo paralelo y un favor para un amigo. Una vez que los libros se hicieron tan populares, eclipsó el trabajo que hacía con representaciones en dibujo políticas. Fue criticado por copiar los estilos de otros ilustradores, y los rechistes jamás fueron suficientemente buenos para soportar el correr del tiempo. Más allá de que Winnie the Pooh fue probablemente su mejor trabajo, le fastidiaba que fuera su legado. Siempre y cuando alguien le mentaba los libros, llamaba a Pooh “Ese viejo oso imbécil”.

En 1930, en el momento en que Christopher Robin tenía 10 años, sus progenitores eligieron que era hora de sacar a su hijo del ojo público y intentar ofrecerle una educación. Lo mandaron a un internado y su niñez mágica se vino abajo en el momento en que todos y cada uno de los chicos han comenzado a acosarlo y burlarse de él por Winnie the Pooh. Transcurrido un tiempo, llegó a odiar las historias y resentía a su padre por mostrar su auténtico nombre y semejanza en el mundo entero.

Fue a la facultad en Cambridge y se unió al ejército al principio de la Segunda Guerra Mundial. En el momento en que fue dado de baja del ejército, empezó a postularse para cargos laborales, pero todos y cada uno de los empleadores reconocían su nombre y preguntaban por Winnie the Pooh. En vez de contratarlo en función de su currículo, todos sintieron que lo conocían y lo juzgaron basándose en un personaje de ficción. Esto logró que Christopher se enojara bastante, por el hecho de que sentía que su padre le había robado ser popular por sus logros. Técnicamente, los libros hicieron que la familia fuera tan rica que Christopher Robin verdaderamente no debía trabajar para ganarse la vida, pero se encontraba tan resentido por el legado de Winnie the Pooh que se negó a tomar el dinero que producían los libros, y deseaba trabajar y sostenerse como un individuo habitual.

En el momento en que tenía 27 años, Christopher Robin conoció a su prima hermana por la parte de su madre, Lesley de Selincourt. Jamás habían crecido juntos en el momento en que eran pequeños, por el hecho de que su madre, Daphne, se encontraba separada de su familia. Ellos se enamoraron, y se casó. Todos entendemos en los tiempos modernos que no es una buenísima iniciativa casarse con su primo hermano, y su madre desaprobaba poderosamente su relación. Su padre, por otra parte, solo deseaba que él fuera feliz y les dio su bendición.

Tras casarse con Lesley, abrieron una librería juntos y formaron una familia. Lamentablemente, su ADN familiar próximo regresó para morderlos en el momento en que la hija de Christopher y Lesley, Clare, nació dificultosamente discapacitada con parálisis cerebral y cifosis. Precisaba enfermeras que la acompañaran las 24 horas del día. Esta fue la primera oportunidad que Christopher empezó a admitir de mala gana algo de dinero de la fortuna de Pooh, pero solo tomó lo bastante para ofrecerle a su hija los más destacados tratamientos médicos probables. Tras la desaparición de su padre, Christopher Robin dejó de conocer a su madre por el hecho de que su relación no tenía antídoto. Jamás se volvieron a conocer. Aun en su lecho de muerte, mencionó que no deseaba verlo.

Milne murió en 1952 y Disney adquirió los derechos por vez primera emplear los individuos de Winnie the Pooh en la década de 1960. Pagaron las regalías de la propiedad de Milne un par de veces por año. En 2001, eligieron llevarlo a cabo oficial y adquirieron los individuos por una suma global de 350 millones de dólares estadounidenses. Ya que Christopher Robin se negó a tomar partido del dinero para sí mismo, todo fue a la Royal Literary Society y al Garrick Club de Londres. Clare recibió $ 44 millones, que se usaron para su precaución en un centro de régimen. Más allá de que esto suena como un sinnúmero de dinero, Disney obtuvo un enorme roi. Ganan $ 2 mil millones todos los años con Winnie the Pooh.

Para en el momento en que tenía 60 años, Christopher Robin mencionó que por último podía ver los libros de Winnie the Pooh sin abochornarse. Empezó a realizar visualizaciones públicas de nuevo y donó sus peluches a la Biblioteca de la Localidad de Novedosa York, que es donde continúan hasta hoy. Christopher murió en 1996.

Hay una placa en honor de AA Milne en el bosque de los quinientos acres, y los pequeños todavía viajan allí para poder ver dónde jugaron una vez el auténtico Winnie the Pooh y Christopher Robin. Más allá de que Winnie the Pooh probablemente halla provocado algo de mal a quienes lo hicieron, las historias que han quedado atrás hicieron contentos a los pequeños de todo el planeta y seguirán haciéndolo a lo largo de las generaciones venideras.

About the author

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *