Las 10 mejores bandas sombrías de los 80 para el gótico que hay en ti

Los ochenta estuvieron llenos de 2 cosas: laca para el pelo y corazones en las mangas. Hubo otras cosas menos agradables (Reagan, una Guerra Fría, tecnología inapropiadamente grande), pero ¿qué mucho más predomina tan dramáticamente en el momento en que se mira ciertas etnias pop mucho más recientes de la década? Los peinados por sí mismos alcanzaron alturas sin precedentes, daba la sensación de que los secadores de pelo eran de todos modos solo rayos de desarrollo disfrazados (por suerte, la tecnología de secado se ha inspeccionado desde ese momento a fin de que el tamaño del pelo logre ser opcionalmente no cósmico). Y, al tiempo que la superficialidad se encontraba en su punto mucho más prominente, asimismo lo estaban las conmuevas candentes que se afanaban bajo todos y cada uno de los lunares y lonas de colores neón. En el cine, John Hughes presentó la visión más especial de la psique de un joven habitual, torpeza y romanticismo atormentado y todo. En la música, había incontables salidas para todo lo que refrenaba la angustia y la desesperación. Varios actos compartieron ampliamente su pobreza personal con sus sombríos seguidores que precisaban algo con lo que tener relaciones.

Estos son los 10 actos mucho más sombríos de los ochenta:

10. Depeche Mode

Más allá de que esta banda se ajusta a la descripción de “banda articulo-punk desprotegida”, lo realiza con bastantes trucos de estudio sobre habilidad instrumental. Hay poco que separe el sonido robótico recurrente de esta banda de las pistas de New Order mucho más descartables. No hay bastante humanidad en la área de estas canciones de entusiastas del ritmo de la PC y los sintetizadores, pese a su recurrente contenido lírico torturado. Mucho más que algún otro integrante, el bajista de todos modos se mancha las manos, guiando la PC a la pista de baile con ciertas bofetadas, pero en otros sitios son solo robots realizando la mayoría del trabajo.

9. Soft Cell

Con solo 2 integrantes, el artista Marc Almond y el multiinstrumentista David Ball, el material que Soft Cell creó es bastante pasmante y, al tiempo, un tanto cursi. Las inquietantes armonías del bajo, el sintetizador (lo que lo transforma en un órgano de iglesia alucinante en “Tainted Love”) y toda clase de instrumentos de jazz comúnes fueron un enorme cumplido para el contenido lírico (ETS, aislamiento, confrontación sexual): la sexualidad de Almond presentó otro dimensión audible a la iniciativa de no aceptación. Con Soft Cell, el articulo-punk logró hallar puntos en común con Broadway.

8. Bauhaus

Esta icónica banda articulo-punk era gótica en todos y cada uno de los sentidos del término: sonora, lírica y también ideológicamente. “Bela Lugosi’s Dead” sintetiza el término de la banda, interpretada en una escena de la película de vampiros de los ochenta The Hunger (Bauhaus hace aparición en los créditos como “Disco Band”); Peter Murphy tiene la práctica de efectuar tareas vocales para esta canción del revés en espectáculos en directo, sin prestar atención a la sangre que se le sube a la cabeza. Las progresiones de acordes de forma frecuente se arreglan de forma deplorable en las canciones mucho más comúnes, al tiempo que ocasionalmente ciertas guitarras de vanguardia tienen la posibilidad de llegar a imitar intencionalmente el equipo del hospital. Subido sobre estos desconcertantes sonidos como una gárgola en vez de un líder, Murphy ulula oraciones evocadoras como “hipodérmico” y “no fallecido” en un estilo vocal inexpresivo sacado de una vieja película de monstruos nocturnos.

7. Joy Division

Esta banda está en la lista en vez de New Order (que de todos modos es exactamente la misma banda con un artista parcialmente mucho más alegre) por su inusual tristeza: no hay solamente sombrío que tener el suicidio del artista primordial como la razón para la disolución. Ian Curtis tenía un gemido característico que hedía a depresión clínica no tratada. La banda era muy minimalista y de sonido crudo, muy a la forma del primer género de articulo-punk, de manera frecuente combinaba un tambor y una línea de bajo resoplando bajo un riff de guitarra fácil y llamándolo bailable. En el momento en que nació New Order, una gran parte de esa instrumentación tosca fue sustituida por ritmos de PC programados y un sintetizador predominante, hasta el punto en que la música carecía de cualquier toque humano ostensible. Esto no fue para mejor. La magia del primero era que Ian Curtis dejaba sus lesiones abiertas para la diversión del público, tal y como si estuviese actuando en beneficio de los alumnos de medicina, ofreciendo una vericidad que es imposible replicar artificialmente con exactamente el mismo efecto.

6. Oingo Boingo

Había bastante material irónico en los ochenta. Esta banda, dirigida por Danny Elfman de la popularidad de la banda sonora de Tim Burton, logró una contribución salvaje mientras que empujaba los límites. “Little Girls”, entre las canciones mucho más atrevidas del catálogo prácticamente importante de la banda, procura esconder contenido lírico sobre la pederastia tras un tono de enorme ligereza. Las letras de Elfman son de todos modos perturbadoramente oscuras en múltiples casos, que implican la matanza de animales y deseos infrahumanos, pero semejan menos con los efectos de sonido de la vivienda de diversión del carnaval y las construcciones melodramáticas melodramáticas. Las partes melódicas mucho más oscuras se muestran en los puentes que cambian de tono, pero verdaderamente semeja que no tienen la posibilidad de liberarse de esa caricatura que entonces inficionaría la partitura de Nightmare before Christmas.

5. Lágrimas por temores

Esta banda era una suerte de máquina de éxitos, mezclando una inclinación por canciones hinchadas con temas cariñosos como “Head over Heels”, que proponen un nuevo y ondulado Beatles en la atención al arte melódico con hemisferios de sonido y temas mucho más oscuros. “Shout” muestra una ominosa nube gris de sintetizador y percusión al paso que los cantos agobiados chillan en agonía, y “Mad World” charla de la alienación y la dulce liberación de la desaparición sobre una armonía profunda que destaca la atmósfera mórbida de las oscuras contemplaciones y el ego aversión. Más allá de que esta banda puede recrearse con pretenciosos trucos de estudio, precisamente no se oculta tras ellos, solo escuche su álbum en directo o el álbum mucho más habitual, Songs from the Big Chair, que fusiona sin vergüenza un segmento en directo en el final de “Head over Heels. ”

4. La Iglesia

Verdaderamente lo mucho más obscuro de esta banda son las imágenes articulo-punk y las causas superficiales con los que se adorna: las voces apáticas, la parafernalia espiritual, títulos de álbumes como “Séance”, etcétera. Instrumentalmente, en su mayor parte, esta banda es muy ilusionado. de una manera psicodélica, muy afín a REM y los Smiths y su fuerte predominación Byrds. Las guitarras tintineantes y los coros enclaustrados son el material mucho más pop de la temporada, pero el cantante descontento y las virguerías disonantes eventuales hacen un óptimo trabajo al sostener la luz del sol atado.

3. Echo y los Bunnymen

Esta banda tiene un sonido tan terminado y es realmente la suma de sus partes, el resultado de una enorme maestría musical. Al paso que artistas como Depeche Mode utilizaban PCs y samples como gadgets de camuflaje, esta banda realizó ​​un rico articulo-punk que se encontraba menos desposeído que sus contemporáneos y no carecía de una manera de liberación sensible. Escuche la canción “Cutter”, que es impulsada por un ritmo de fondo y un bajo completamente hechos por el hombre que impulsa el impulso de los huesos excedidos ​​por magníficos arreglos orquestales y golpes de guitarra criminales. “Killing Moon” es otro ejemplo de enorme instrumentación y composición de canción precisa, si bien tenuemente fundida, giros extraños y corte melódico entregado por cuerdas habilidosamente modificadas. Las voces, desapegadas y hoscas como son, no son tanto que carezcan de tonalidad.

2. The Smiths

Más allá de que las letras de Morrissey de forma frecuente revelan disensión y narcisismo recurrente, esta banda verdaderamente se encaró a varios de los New Wavers del Reino Unido con varios sintetizadores que parecían nacer con mucho más continuidad que los pequeños mormones en Utah. En verdad, cada aspecto de lo que hicieron desafió las convenciones populares hasta el punto en que su virtuosismo fue prácticamente antagónico. El equipo primordial de composición de este conjunto increíblemente dinámico fue Morrissey y el guitarrista Johnny Marr. El bajista Andy Rourke y el baterista Mike Joyce asistieron a garantizar que el impulso de cada canción no dejara ni un solo instante de reposo. Los ajetreados y matizados arreglos de guitarra de Marr encajan con tanto material y furor en todos y cada canción, ofreciendo un nivel de tensión sensible que Morrissey parecía inútil de igualar. La voz de Morrissey con frecuencia sonaba desganada o por lo menos muy complaciente, la actitud de una clase privilegiada y educada con la capacidad de posibilitarse el lujo de una pequeña insatisfacción, tal como la independencia de estar siendo consciente de su ambiente. Su neurosis, como tal, procedía tanto de la pereza (“El cielo sabe que soy miserable”) como de prácticas atroces de todo el mundo como la crueldad animal (“La carne es asesinato”) y los crímenes contra la raza humana (“Padecer pequeños pequeños”). Mencionado lo anterior, la diversión de Morrissey se restringe rigurosamente a su participación con los Smith; su material a solas no tiene todo cuanto logró perdonable su participación en sí.

1. The Cure

Es imposible realizar pucheros apropiadamente sin la asistencia de Robert Smith, el llamado “niño del letrero de la tristeza y la fatalidad”. Cualquier tradicionalista gótico va a apuntar a Pornography o Seventeen Seconds, con temas simbólicos como “A Hundred Years” (línea de apertura: “da igual si todos morimos”) o “Hanging Garden” para una aceptable dosis de desolación. Esos tambores tribales y atmósfera de guitarra emiten el ámbito con perfección, al tiempo que las letras retumbantes y agobiadas de Smith son la guinda impecable.

La diferencia entre The Cure y muchas bandas transitorias de articulo-punk de la temporada era que The Cure, que consistía prácticamente en su integridad en la brillantez musical de Robert Smith y también incontables “observadores” de corta duración, no tenía temor de examinar nuevos territorios mientras que se encontraba en la búsqueda de su voz. Como resultado, The Cure creó un sonido único y atemporal. Tal sonido, particularmente las cuerdas exuberantes y gorjeantes, ha trascendido y resistido el encasillamiento de géneros, subsistiendo bien y de forma consistente a los años ochenta hasta 2008 en el momento en que lanzaron su último álbum 4:13 Dream.

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