Las 10 mejores películas para derretir cerebros

En ocasiones, la mejor sensación que se puede presenciar en una película es la confusión. Al tiempo que a la corriente primordial de Hollywood le chifla generar incontables seguidores de fórmulas trilladas, que nos dicen precisamente cuándo plañir o reír o dejar en libertad la tensión, tener todo alimentado con cuchara y anunciado de forma tan predecible es un enfoque muy clásico del cine. Seguramente cada uno de ellos tiene su rincón, una comedia para en el momento en que precisas una aceptable risa o un romance para en el momento en que andas en una cita y no andas prestando atención a eso que verdaderamente sucede en la pantalla, pero para estar verdaderamente puesto en compromiso con una película, es precisa llevarte a ofrecer un recorrido por un territorio turbio. Aquí, sentimientos tan espinosos como la paranoia, la inseguridad y la aprensión tienen la posibilidad de consolidarse mientras que te cuestiones qué podría ocurrir después de forma secuencial. Un óptimo cineasta deja a su público en la obscuridad, y no solo por convenciones cinematográficas. Para esos que deseen ocultar en el fondo de ese abismo lleno de estímulos, explorando y contemplando las distintas texturas discordes que están dentro suyo, estos títulos indudablemente les resultarán familiares. Para todos los otros, estas son las diez mejores películas para fundir cerebros que garantizan que te frotarán todos menos de la forma errónea:

10. El gabinete del Dr. Caligari (1920)

Qué temprano es una película, pero qué final tan poco semejante a un cuento de hadas: el precursor mucho más temprano de cualquier thriller psicológico en el que presenciaste una narración mediante los ojos del personaje principal / tolerante mental solo para conocer que te ha engañado a ti. Dado que sea una película muda, por no nombrar la alemana, se aúna a la alucinante atmósfera, adjuntado con el ámbito y los individuos desquiciantes (particularmente, el a regañadientes Caligari y su ciervo mental asesino Cesare el sonámbulo). Esta película hay que incluirla por ser el origen de todo “¿qué es la verdad?” razonamientos planteados por la película a un público miedoso. Por el momento no nos encontramos en Kansas… mucho más como un cobijo posmoderno para la arquitectura gótica.

9. Estados perturbados (1980)

Tenga precaución con este: las imágenes de temor en esta película tienen un efecto afín al de una luz estroboscópica, se advierte a los epilépticos. La razón se disminuye a un mínimo, puesto que hoy en día se benefician los viajes alterados con ácido, si bien el ácido es algo que probablemente jamás se quiera tras ver una película tan poderosamente disuasiva. Charla de una melosidad áspera, esos que se esmeran por eludir caer en una espiral de pensamientos negativos es preferible que se contengan apartados. En caso contrario, existen algunas imágenes bellas entre las conmociones y las distorsiones.

8. Temor y asco en Las Vegas (1998)

La epopeya impulsada por las drogas de Hunter S. Thompson recibe un régimen en pantalla que ningún centro de rehabilitación puede ofrecer. La narrativa es totalmente retorcida, si bien no es ficción, y es tan absurda por la manera en que los hechos que de otra forma serían recurrentes reciben un concepto absolutamente nuevo a través de un baúl lleno de substancias químicas que alteran la cabeza. Vea de qué forma una fácil labor de periodismo se transforma en un caos absoluto, plagado de cuchillos bowie y colas de lagarto, mientras que el directivo Terry Gilliam se va en todas y cada una de las alucinaciones formidablemente amenas y las habitaciones de hotel anegadas. Se hace un intento de sentido de la corriente de conciencia ilusoria de Thompson mientras que nos sentamos en el taburete trasero, al costado del autoestopista.

7. Almuerzo desvisto (1991)

La versión cinematográfica de un libro que precisa una narrativa lúcida del creador William S. Burroughs, esta película pasa velozmente de lo simple a lo muy abstracto conforme las máquinas de redactar se animan a sí mismas mientras que los fallos y las metáforas se vuelven textuales. Es visible, por hechos tan usuales, que las alucinaciones inducidas por drogas del personaje principal no se esconden desde la percepción del público; vemos esta película como Bill y, consecuentemente, nos observamos obligados a elegir qué es y qué no es verdadera para nosotros. La labor resulta bastante trascendente, pero completamente importante. Y bastante superior que una adicción real a ese polvo de ciempiés amarillo exótico.

6. Videodrome (1983)

Extendida vida a la novedosa carne.” ¿Qué tal una línea como esa que concluye una película? Lo realiza en la visible sátira de David Cronenberg sobre los efectos causales del diversión visual violento. Esta película, apodada como pura ciencia ficción, hace todo lo que resulta posible para ilustrar los trágicos desenlaces de estar expuesto, o mucho más bien bombardeado por, medios llenos de crueldad, todos los que son negativos y totalmente surrealistas. James Woods hace el cariño con un TV y le medra un arma de la mano / saca una del pecho, con la que entonces dispara contra un edificio, seguido por él mismo. Un concepto que hay que eliminar es que su personaje es delirante, y su incapacidad para distinguir entre el planeta real y su imaginación tiene, y tiene la posibilidad de tener, secuelas muy reales. Vea eXistenz de Cronenberg para poder ver una lógica afín aplicada a los juegos para videoconsolas (lo que lo transforma en una alegoría simple de hechos como Columbine, Virginia Tech, etcétera.). Visto que observemos la película sin tener claridad presente sobre cuál es cuál es realmente difícil de aguantar, pero atrayente de contemplar. Lamentablemente, los FXs de los 80 suprimen todas y cada una de las pretenciones serias y hacen de esta película un capricho dulce y también irónico de des de bolas de maíz. Bono: Debbie Harry, de la era de los Blondie, interpreta el TV ardiente y molesto con supuestamente terminaciones inquietas.

5. Inland Empire (2006)

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Una película propia de David Lynch, esta película no se piensa que se comprenda, unicamente se especula sobre ella; como tal, la película se semeja bastante a una secuencia de sueños. La lógica lineal reta la mayor parte de los niveles embrollados que suceden en la película, y la continuidad sigue en un mínimo abstracto: las viñetas recurrentes unicamente se unen débilmente, pero no por bastante tiempo. Es tal y como si la imaginación fantasmagórica de la narrativa fuera bastante grande para conformarse con solo una línea argumental, una descartada por otra por el mero hecho de sostener el interés. El viaje subsiguiente te hace sentir muy pegajoso en tu piel y también inútil de enjaular las respuestas sentimentales provocadas, en tanto que el exitación culpable próximamente se encara al horror absoluto. O sea, ves esta película bastante menos de lo que la experimentas.

4. Pi (1998)

Lo bueno de esta película es lo bastante que se apoya en el monólogo de adentro y se enfoca prácticamente de forma exclusiva en los movimientos internos de un personaje central, para bien o para mal, realizando que todos los otros simulen prácticamente como intrusos. La razón por la cual esta película hace aparición en la lista sobre un Réquiem por un sueño (quizás) mucho más satisfactorio es su enorme atrayente para los criterios; Pi te hace sentir tan inseguro como el personaje central y tiene ciertas situaciones que son muchos perjudiciales para ser tomadas con total naturalidad. No existen muchos instantes reconfortantes, pero sí varios conceptos y cinematografía vertiginosos (poderosamente matemáticos). Este es, por lo menos, un precioso ejemplo de por qué razón el nombre de Darren Aranofsky es esencial y por qué razón el directivo de Must Love Dogs no es así.

3. Eraserhead (1977)

Una obra previo de Lynch, esta película está en especial empapada en su estilo único de absurdo inexorable: pollos sangrantes en miniatura, un bebé alienígena, una dama con mejillas de cráter cantando en el radiador, diálogos incómodos y un peinado que encarna la nube de confusión experimentada. Todo el tiempo.

2. Memento (2000)

Antes del Origen (y la Noche Obscura), Christopher Nolan logró el más destacable hormigueo cerebral, uno que yuxtapone series temporales de una forma muy trascendente, lo que asimismo lo transforma en una experiencia visual discordante. Continuar la película y reconstruir sus elementos necesita la máxima atención y, si tuvo inconvenientes, es de este modo: los acontecimientos mucho más inmediatos, desde el “presente” mucho más reciente, se muestran en orden inverso y se intercambian con blanco y negro. situaciones del pasado del personaje principal, que se muestran en el orden cronológico acertado y detallan a Leonard antes que desarrolle su amnesia en un corto plazo. El tiempo juega un papel fundamental en esta película, tanto en la cronología de las yuxtaposiciones de situaciones como en visto que Leonard solo puede rememorar los recuerdos de un día al unísono. Los distintos giros y trucos viran cerca de este término tan fundamental y nos dejan a nosotros, la audiencia, con mucho más cuestiones y “qué ocurriría si” hipotéticos que respuestas sencillos y satisfactorias.

1. Comienzo (2010)

Esta película lleva a cabo una trama lineal que es dependiente de ingresar en “sueños en los sueños” con el objetivo de llenar una misión, asignada por una agencia que puede o no ser construída en un sueño de mayor alcance. El interrogante persistente en todo instante: alén de qué tan profundo puedes reposar, ¿qué tan lúcido puedes soñar? Lo que es conceptualmente asombroso es la iniciativa de de qué forma esos sueños tienen la posibilidad de emplearse para la creación como el medio artístico autónomo definitivo. El desenlace: muy inquietante. Intente escapar del teatro con el estómago relajado. No obstante, los sueños semejan considerablemente más entretenidos como producto de ver esta película.

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