Las principales controversias en torno a los descubrimientos e invenciones históricos

La innovación crea disputa. Siempre y cuando se revela o inventa algo nuevo, aparece la cuestión de quién recibe el crédito por este motivo o, lo que es más esencial, quién se favorece de esto. Tras todo, tratándose de muchas de estas noticias, tener su nombre adjunto puede garantizar su rincón en los libros de historia o darle una fortuna que va a durar muchas vidas. O, en ciertos casos, los dos.

No es de extrañar, por consiguiente, que ciertos de estos desarrollos trajeron consigo muchas disensiones y discusiones.

8. La guerra de patentes de los hermanos Wright

Orville y Wilbur Wright tienen la posibilidad de ser 2 de los nombres mucho más simbólicos de la crónica de la aviación, pero sus carreras estuvieron infestadas de polémicas. La mayor parte de la multitud les asigna el primer vuelo impulsado, controlado y sostenido mucho más pesado que el aire en 1903, pero no es un tema resuelto. Otros dan el asentimiento a Gustave Whitehead, quien ha podido haberlo hecho por vez primera en 1901. O, quizás, al aviador brasileiro Alberto Santurrones-Dumont en su 14-bis (Quatorze-bis).

En su tiempo, lo que verdaderamente les importaba a los hermanos Wright era sostener la propiedad del control de vuelo que hicieron. Patentaron el sistema de control de tres ejes con cabeceo, balanceo y guiñada, y después lo defendieron ferozmente en la salón del tribunal contra cualquier persona que quisiese utilizarlo sin abonar regalías. Como el sistema de tres ejes en este momento se considera un término básico de activa de vuelo, deseaban que todo el planeta les pagara.

Esto inició una guerra de patentes que duró una década. Los primordiales damnificados por este inconveniente fueron otros aviadores estadounidenses como Glenn Curtiss. La patente de Wright asimismo fue conocida en múltiples países de europa, pero las crecientes tensiones de todo el mundo significaron que sostener la patente no era verdaderamente una prioridad para ellos.

De vuelta en los USA, los hermanos Wright no solo limitaron la proporción de aeroplanos estadounidenses que se estaban creando, sino asimismo sofocaron activamente la innovación. Temían que un sistema mejorado pudiese diferir lo bastante de su patente para perder el control sobre él, con lo que insistieron en que todos usaran exactamente el mismo control de vuelo básico.

En el momento en que reventó la Primera Guerra Mundial, USA no causó ninguna aeronave de su diseño. En cambio, escogieron aeroplanos de europa como el DH-4 británico por el hecho de que eran mucho más avanzados.

El gobierno de los EE. UU. Puso fin a la guerra de patentes en 1917 al sugerir de forma encarecida que las compañías de aviación formen un conjunto de patentes llamado Asociación de Aeronaves de Desarrolladores para licenciar su tecnología.

7. La invención del cálculo

Cálculo: el día de hoy es la pesadilla de los alumnos de secundaria en todas y cada una partes. A inicios del siglo XVIII, fue el origen de una candente disputa entre 2 de los mucho más enormes matemáticos de la historia.

El interrogante era fácil: ¿quién inventó el cálculo? La contestación, no obstante, fue fundamento de disputa entre Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz.

En la actualidad, los académicos tienden a estar en concordancia en que los 2 matemáticos desarrollaron sus ideas de manera sin dependencia y los dos deberían recibir crédito. No obstante, ninguno de los 2 habría estado según con esta afirmación. Leibniz pensaba que solo él merecía la espaldarazo, no solo para él, sino más bien por el “bien de las matemáticas”. Newton, en cambio, acusó a Leibniz de ser un plagiario y un segundo inventor cuyo trabajo se fundamentó en el de el.

El meollo del inconveniente procede del hecho de que los dos científicos han comenzado a trabajar en cálculo años, aun décadas antes de publicarlo. Newton era bastante popular por su naturaleza vacilante en el momento en que tenía que ver con esto. Aseveró haber trabajado por vez primera en cálculo en 1666, en el momento en que solo tenía 23 años, pero su producto no entró en impresión hasta 1704.

Leibniz asimismo se tomó su tiempo, si bien no tanto como Newton. Publicó “Nova Methodus pro Maximis et Minimis” en 1684, una década una vez que comenzara a escribirlo. Sus opositores arguyeron que Leibniz consiguió los productos nuevos de Newton y derivó su trabajo de eso. Como es natural, no hay prueba directa que apoye o descarte esta iniciativa.

6. La guerra de patentes de micrófonos

El teléfono podría ser el proyecto mucho más polémico de la historia. Más allá de que el crédito por su creación por norma general es para Alexander Graham Bell, hay otros muchos inventores con reclamos lícitos de esta innovación.

La guerra legal por el reconocimiento resultó en prácticamente 600 solicitudes y el tema divide a la multitud aun el día de hoy. Todavía es tan omnipresente que, en cambio, nos vamos a centrar en una guerra de patentes relacionada y menos famosa sobre quién inventó los micrófonos que se empleaban en esos primeros teléfonos.

En 1877, Emile Berliner inventó un micrófono que utilizaba una cubierta de carbono entre 2 contactos para prosperar la calidad del sonido. Todavía no sonaba bien para nuestros estándares, pero precisamente era mejor que antes. Un año después, Bell Telephone Company adquirió su patente durante más de un millón de dólares estadounidenses en moneda actualizada y el micrófono de disco de carbono resultó escencial para detallar el teléfono como una invención del futuro.

Entró Thomas Edison, quien presentó una patente en 1877 para un dispositivo afín que asimismo utilizaba carbono. Demandó a Berliner y, quince años después, la Corte Suprema estadounidense decretó que Thomas Edison inventado el micrófono de carbono.

Hasta su muerte, Berliner aseveró que Edison le había robado su iniciativa y, después, su reconocimiento. No obstante, logró sobrepasar a Edison en otro departamento: el fonógrafo. Berliner creó su dispositivo de reproducción de sonido mucho más habitual llamado Gramophone. Esencialmente, asimismo inventó una opción alternativa a los tubos de cera que se utilizaban habitualmente en ese instante. Se le ocurrió algo que todavía es habitual en la actualidad entre los puristas, DJ y hipsters: el registro de disco.

5. La carrera hacia el Polo Norte

En 1909, el New York Times sorprendió a sus leyentes con la revelación de que el explorador Robert Peary descubrió el Polo Norte. Raramente, una semana antes, el Heraldo de Novedosa York imprimió una historia afín, salvo que acreditaba a Frederick Cook. Desde hace tiempo, el Polo Norte prosiguió siendo entre los últimos bastiones inexplorados de la naturaleza que parecía eternamente fuera del alcance aun de los aventureros mucho más valientes. En este momento, de súbito, 2 hombres afirmaron que los dos fueron allí, pero ¿quién lo logró primero?

La expedición de Cook sucedió prácticamente un año antes que la de Peary. Retrasó su aviso pues debía volver como estaba después. En consecuencia, si los dos llegaron al Polo Norte, entonces Cook, indudablemente, lo logró primero. Consecuentemente, Peary y sus incondicionales emprendieron una campaña de difamación en contra suya.

Especialmente digno de mención fue un declaración jurada por Edward Barrill, un herrero que, en teoría, acompañó a Cook en un viaje diferente para escalar el monte McKinley en 1906. Según su declaración, Cook engañó y jamás llegó a la cima. Si engañó sobre eso, entonces, por supuesto, asimismo engañaría sobre llegar al Polo Norte. no obstante, el Heraldo de Novedosa York notificó que Barrill había sido comprado por el Peary Arctic Club para desacreditar a Cook.

Cook envió sus pruebas a la Facultad de Copenhague, que emitió un veredicto por su afirmación de “no probado”. Si bien esto era diferente de “refutado”, los 2 se volvieron lo mismo a los ojos del público.

A lo largo de décadas, Robert Peary fue ovacionado como el primero en llegar al Polo Norte, pero su prueba asimismo fue cuestionada en los últimos tiempos. Hoy día, varios navegadores y eruditos piensan que ninguno de ellos llegó al polo, si bien cada uno de ellos todavía tiene sus fieles.

4. El hallazgo de Haumea

En 2008, el planeta astronómico reconoció de manera oficial a Haumea, el primer mundo enano descubierto desde Plutón en 1930. De todos modos, lo sabían desde 2005, pero tomó 4 años solucionar la cuestión de quién descubrió verdaderamente la roca espacial.

Hubo una disputa entre el equipo de astronomía de Caltech que dirige Michael Brown y el equipo español del Centro de Astrofísica de Andalucía que dirige José Luis Ortiz Moreno. Aparentemente, los estadounidenses apreciaron por vez primera a Haumea, al tiempo que sus análogos españoles fueron los primeros en anunciarlo, con lo que hubo una cuestión de elegir no solo quién recibió el crédito, sino más bien quién ha podido denominar el mundo enano.

Si bien Brown en un inicio aceptó la derrota (y se consoló a sí mismo con el hallazgo indiscutible de Eris, otro mundo enano), entonces acusó a Ortiz de entrar a los datos de Caltech y utilizar sus observación registros para conseguir a Haumea sin reconocimiento. Asimismo solicitó a la Unión Astronómica En todo el mundo (IAU) que despojase al grupo español de su crédito de hallazgo.

Tras años de disputa, la IAU decidió denominar al mundo enano en honor a la diosa hawaiana Haumea. Este fue un nombre propuesto por Caltech que sugeriría que, implícitamente, la IAU se puso del lado del equipo estadounidense. No obstante, el comité se sostuvo lo mucho más neutral viable sobre el tema. En el oficial registro, la localización del hallazgo figura como el Observatorio de Sierra Nevada en España, al paso que el campo de “Investigador” se deja en blanco. Asimismo arguyeron que la sugerencia de españa, Ataecina, fue rechazada pues no se ajustaba a las convenciones de nomenclatura de la IAU.

3. La identificación del oxígeno

El mérito de haber descubierto el oxígeno tiende a ser del químico inglés Joseph Priestley, pero hay, cuando menos, otras 2 personas que aseguran firmemente este logro: Antoine Lavoisier y Carl Wilhelm Scheele.

Durante la historia, hubo otros científicos antes que estos tres que hicieron ensayos que generaban oxígeno, si bien no se percataron. A Priestley y el resto les asistió dado que hicieron su trabajo en un instante en que la creencia en la teoría del flogisto se encontraba desapareciendo. Antes de eso, era extensamente recibido en los círculos científicos que había un factor de fuego llamado flogisto responsable de la combustión.

Nuestro Priestley creía en esta teoría. En 1774, concluyó que el aire no era de todos modos una substancia elemental, sino una mezcla de múltiples gases, incluido lo que él llamó “aire desflogisticado”. Fue el químico francés Antoine Lavoisier quien le dio el nombre de “oxígeno”.

Aparte de denominar el nuevo gas, Lavoisier asimismo fue primordial para desacreditar la teoría del flogisto. No obstante, en lo que se refiere a que descubrió el oxígeno con independencia de Priestley, su afirmación fue criticada gracias a la carencia de pruebas, pero asimismo pues Priestley aseveró que visitó al científico francés antes del hallazgo y le contó sus ensayos.

Una afirmación mucho más fuerte forma parte al científico sueco-alemán Carl Scheele. El químico descubrió el oxígeno (o “aire de fuego”, como él lo llamó), en torno a 1771-1772. Escribió una carta especificando su hazañas y se la envió a Lavoisier, pero él negó haberla recibido y los descubrimientos de Scheele no se han publicado hasta 1777. Más tarde se halló una imitación de la carta tras su muerte, lo que fortalece la afirmación de Scheele.

2. El hallazgo de Neptuno

En 1846, nuestro sistema del sol medró en un mundo tras el hallazgo de Neptuno. Este fue un instante histórico, no solo por la razón obvia de conseguir un nuevo mundo, sino más bien asimismo pues Neptuno se transformó en el primer objeto de este género reconocido por medio de las matemáticas en vez de la observación directa.

En una asombroso validación de la mecánica celeste, el científico francés Urbain Le Verrier calculó que debe existir otro mundo para argumentar las disconformidades en la órbita de Urano. Esto llevó a la detección de Neptuno, pero un astrónomo británico llamado John Couch Adams próximamente presentó exactamente el mismo cálculo. Esto llevó a debates sobre quién verdaderamente merecía el crédito por su trascendental hallazgo.

En la época del siglo XIX, Urano no había existido por bastante tiempo, en tanto que William Hershel solo lo descubrió en 1781. No obstante, no perdió el tiempo en lograr que los astrónomos se rascaran la cabeza gracias a su extraña órbita. En ocasiones se movía mucho más veloz de lo sosprechado, en ocasiones mucho más retardado, supuestamente violando las leyes del movimiento planetario.

La fuerza gravitacional de otro mundo podría sugerir una explicación para estos extraños movimientos. En el mes de agosto de 1846, Le Verrier escribió un producto con la localización pronosticada de Neptuno y se lo envió al astrónomo Johann Gottfried Galle en el Observatorio de Berlín. El archivo llegó el 23 de septiembre. En menos de un día, Galle había encontrado a Neptuno, a un nivel de Le Verrier. predicción.

Esto fue impresionantemente increíble, pero poco después Adams presentó una afirmación afín. En teoría, calculó la situación de Neptuno ahora en 1845, pero sus superiores lo ignoraron pues era solo un estudiante. La red social científica estuvo en concordancia en que los dos hombres merecían exactamente el mismo crédito.

Esta vista fué desafiado en los tiempos modernos, en especial una vez que documentos jamás antes vistos del equipo británico habían sido desenterrado. Enseñaron que Adams logró cinco o seis conjeturas incorrectas antes de llevarlo a cabo bien y que sus áreas eran considerablemente más vagas que las de Le Verrier. Los británicos emprendieron una búsqueda inútil de seis semanas mientras que Galle halló a Neptune empleando los cálculos de Le Verrier en solo media hora.

1. La Guerra de las Corrientes

Sin dudas, entre los logros definitorios de la raza humana fue la aptitud de explotar la electricidad. Tiene una presencia prácticamente omnipresente en nuestras vidas, no obstante, pocas veces lo reconocemos hasta el momento en que estamos sin él.

En su hogar, como en la mayor parte del resto, la energía eléctrica se distribución mediante corriente alterna (CA). Se convirtió en el sistema de transmisión dominante, pero ese no fue la situacion a lo largo de la década de 1880. Su primordial contrincante, la corriente continua (DC), era el estándar defendido por Thomas Edison. No obstante, se vio envuelto en una feroz rivalidad que se conoció como la “Guerra de las corrientes”.

La guerra con frecuencia se comunica como Edison contra Tesla, 2 inventores espectaculares y oponentes. No obstante, este criterio suprime el papel de George Westinghouse, la auténtica espina clavada en el costado de Edison, y un hombre que jugó un papel integral en traer aire acondicionado a nuestros hogares.

Thomas Edison era un óptimo hombre de negocios. Halló financieros, creó su compañía eléctrica y fomentó la difusión de la corriente continua. Nikola Tesla, si bien refulgente, jamás fue bastante capaz para los negocios. No fue hasta el momento en que el ingeniero y empresario George Westinghouse decidió ingresar en el juego eléctrico que verdaderamente empezó la “Guerra de las corrientes”. Adquirió las patentes de Tesla sobre corriente alterna y creó Westinghouse Electric Corporation en 1886.

La primordial estrategia de Edison fue jugar la carta del “riesgo”. La mayor virtud de la corriente alterna, que era el prominente voltaje, asimismo la hacía considerablemente más dañina. Los voltajes mucho más altos dejaron que la CA se transmitiese a distancias mucho más largas, pero las líneas estaban montadas en postes y provocaron múltiples muertes eléctricas. Edison fue ayudado en su búsqueda por un ingeniero eléctrico llamado Harold Brown quien, a objetivos de la década de 1880, lanzó un cruzada contra corriente alterna por ser inseguro.

Un instante destacable ocurrió en 1890 a lo largo de la ejecución de William Kemmler, quien se transformó en la primera persona en fallecer en la silla eléctrica. Edison se cercioró de que se utilizara la corriente alterna proporcionada por un generador Westinghouse para progresar su reputación como la “corriente asesina”. La ejecución no fue bien y el cuerpo de Kemmler se transformó en un desastre candente y carbonizado que, en cualquier caso, funcionó aún mucho más en pos de Edison.

Pese a los sacrificios de Edison, AC resultó poco a poco más habitual. Ganó múltiples contratos de prominente perfil como la Feria Mundial de Chicago en 1893 y la central eléctrica en las Cataratas del Niágara que, esencialmente, aseguró su dominio. La compañía de electricidad de Edison, bajo la presión de sus financistas, dejó de aguantar corriente continua.

Un último instante inolvidable de la “Guerra de las corrientes” ocurrió en 1903. Una elefante asiática llamada Topsy fue ejecutada por electrocución en el Luna Park en Coney Island. Un equipo de Edison Studios grabó el acontecimiento que, en los últimos tiempos, fué promocionado on line como otro truco de Edison para probar que AC era tan arriesgado podría matar a un elefante. De todos modos, no obstante, esto no tuvo nada que ver con eso y sucedió una década una vez que la “guerra” había terminado y Edison perdió. El equipo se encontraba allí para llevar a cabo una película de kinetoscopio.

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