Las verdaderas historias detrás de los pánicos masivos históricos

Los humanos son criaturas racionales … en su mayor parte. Hubo muchas oportunidades en las que el los pies en el suelo salió por la ventana y enormes conjuntos de personas cayeron presas del pavor, la paranoia y el engaño masivo.

Un caso de muestra popular son los juicios de brujas de Salem en el momento en que un pueblo se persuadió de que las brujas se habían infiltrado en su red social. Consecuentemente, mataron a mucho más de 20 personas para terminar con el nefasto aquelarre que, dicho sea de paso, jamás existió. Como es natural, no son los únicos que cedieron a su histeria.

8. El pavor vampírico de Novedosa Inglaterra

En todo el siglo XIX, Novedosa Inglaterra vio múltiples brotes de tuberculosis, o consumo, como se llamaba entonces. Rhode Island fue el epicentro, pero se extendió a los estados circundantes y, en las áreas rurales, bastante gente pensaban que la patología era ocasionada por vampiros.

Esta superstición nació del hecho de que el consumo de forma frecuente se extendió a los familiares de alguien que murió gracias a la patología. Como es natural, el día de hoy entendemos que esto se origina por que la tuberculosis es ocasionada por bacterias que se emiten considerablemente más de forma fácil a quienes viven juntas. Pero, en ese entonces, la multitud pensaba que era pues los fallecidos volvían a la vida y atacaban a sus familiares vivos. El perder peso extrema y el aspecto desmejorada de la gente con tuberculosis realzaron su criterio de que una criatura sobrehumano se se encontraba nutriendo de su fuerza escencial.

Para eludir que los fallecidos se levantaran, el desarrollo fue simple: su cuerpo fue exhumado, su corazón fue removido y quemado. En ocasiones, asimismo se incineraban órganos como el hígado o los pulmones. Comunmente, los familiares sobrevivientes lo hacían en privado, si bien en ocasiones participaba toda la aldea.

Gracias a la naturaleza personal inseparable del desarrollo, no se conocen varios ejemplos hoy en dia, pero hay suficientes para probar que esta fue una práctica común en unas partes de Novedosa Inglaterra a lo largo de mucho más de cien años. Entre los primeros documentado casos fue Rachel Harris en la década de 1790. La primera mujer de un diácono, su marido exhumó su cadáver y le quemó los órganos en el momento en que su segunda mujer empezó a enseñar síntomas de tuberculosis. Y quizás la situacion mucho más popular fue el de una pequeña de 19 años llamada Mercy Brown que ocurrió un siglo después.

Estas opiniones prevalecían en las áreas despobladas y la prensa se burlaba típicamente de ellas como supercherías estúpidas de la multitud de los bosques. Aun el escritor Henry David Thoreau mentó en una entrada del períodico que escuchó sobre una familia en Vermont que quemó los órganos de sus familiares muertos, concluyendo que “el salvaje en el hombre jamás se elimina completamente”.

7. El asesino de Halifax

Hace mucho más de 80 años, la localidad de Halifax en Inglaterra fue horrorizada por un ido popular como Halifax Slasher que atacó a la multitud en las calles. Scotland Yard se implicó y lanzó una cacería humana masiva que no se había visto allí desde los días de Jack el Destripador. Y de la misma el Destripador, el Halifax Slasher jamás fue tomado ni reconocido. No obstante, esto probablemente se debió al hecho de que el Slasher jamás existió.

El primero reportes llegó en el mes de noviembre de 1938. 2 mujeres de unos 20 años fueron atacadas por un lunático que asía algún género de espada. Solamente cinco días después, otra mujer mencionó que un hombre se abalanzó sobre ella y le cortó la muñeca con una navaja. La cuarta víctima era un hombre llamado Clayton Aspinall y, en el momento en que fue atacado, la localidad ahora temía al atacante apodado el “Halifax Slasher” por la prensa.

Por lo menos otras 4 personas asimismo aseguraron ser víctimas del Slasher en Halifax y han comenzado a llegar reportes de asaltos desde otras ciudades. Había un pavor creciente en todo el país que, quizás, había una banda entera de slashers aterrorizando a los ciudadanos ingleses.

Entonces, sucedió algo interesante. Entre las víctimas, Beatrice Sorrell, aceptó que se cortó tras una discusión con su hombre. Próximamente prosiguieron otras confesiones afines y la policía por último concluido que el Halifax Slasher jamás existió.

6. El espectro de Hammersmith

El 3 de enero de 1804, un hombre llamado Thomas o James Milwood andaba por el distrito de Hammersmith de Londres durante la noche. Se halló con otro hombre llamado Francis Smith que vio a Milwood, entró en pavor, sacó su arma y lo mató a balazos. Smith se aproximó al cuerpo confundido y, tras percatarse de que terminaba de matar a un hombre, se entregó a las autoridades. Su defensa fue que creyó que era atacado por el espectro de Hammersmith.

Hacia objetivos de 1803, los reportes de un espectro deambulando por Hammersmith aterrorizado los locales. Hubo muchas historias sobre el origen de esta aparición, pero la mucho más recurrente afirmaba que el espectro era un hombre que se suicidó y, en oposición a las reglas de la iglesia, fue sepultado en un lote consagrado en el cementerio. Bastante gente aseguraron haber visto el espectro y, en teoría, ciertas aun fallecieron de temor al hallarse con el espectro de Hammersmith.

De regreso a Milwood, trabajó como albañil y tenía la práctica de emplear ropa de franela blanca y un delantal blanco en el trabajo. A lo largo del juicio, su suegra testificado que múltiples otra gente se habían asustado en el momento en que conocieron a Milwood durante la noche y ella le aconsejó que usara un sobretodo para eludir cualquier riesgo potencial.

El riesgo exacto del que advirtió ocurrió en el momento en que Smith salió del pub una noche y vio la figura espectral de Milwood acercándose a él. Smith fue acusado de asesinato, proclamado culpable y culpado a muerte, entonces conmutado a un año de trabajos forzados. Aparte de la pura extravagancia de su caso, de todos modos acabó sentando un antecedente en la ley británica respecto a si la autodefensa se aplicaba o no en el momento en que la persona actuaba basándose en una creencia equivocada. En otras expresiones, Smith era culpable si verdaderamente creía que era atacado por un espectro.

En lo que se refiere al espectro de Hammersmith, resultó ser un zapatero que deseaba atemorizar a su aprendiz. No obstante, jamás atemorizó intencionalmente a absolutamente nadie mucho más, y precisamente no atemorizó a absolutamente nadie hasta la desaparición. Esos cuentos se extendieron a través del pavor masivo.

5. La epidemia de picaduras de parabrisas en Seattle

Se notificó de un fenómeno extrañísimo en todo el estado de Washington en 1954: la multitud apreció que sus parabrisas estaban dañados y tenían orificios, pozos y raspones, pero no tenían iniciativa de quién o qué los ocasionó.

El primero informado visualizaciones parecía haber ocurrido en la localidad de Bellingham a fines de marzo. El fenómeno próximamente se extendió a comunidades próximas como Mount Vernon y Anacortes y empezó a mostrarse en los sucesos nacionales en el momento en que llegó a Seattle.

En un inicio, la multitud creyó que solo eran vándalos con pistolas de aire comprimido, pero la enorme escala del acontecimiento sugirió que debería haber docenas, aun cientos y cientos de matones tirando parabrisas en todo el estado.

Otras probables explicaciones incluían pulgas de arena, rayos galácticos, pruebas de bombas nucleares y un transmisor de radio de un millón de vatios que se había instalado últimamente en la próxima estación de radio naval de Jim Creek. En el mes de abril, la novedad de la epidemia había llegado a Allan Pomeroy, el alcalde de Seattle, quien se puso en contacto con el gobernador del estado, quien, por su parte, subió por el asta de la bandera hasta el presidente Dwight Eisenhower.

El departamento del alguacil inspeccionó 15,000 coches y halló que 3,000 de ellos tenían ventanas picadas. No obstante, un panel de científicos observó que, con bastante, la mayor parte de las situaciones de pits sucedieron en coches mucho más viejos. Llegaron a la conclusión de que la mayor parte de los automovilistas damnificados habían dañado antes sus parabrisas debido al desgaste habitual y en ese instante se daban cuenta gracias a la epidemia informada. Un gerente del laboratorio criminalístico de Seattle despedido el fenómeno como “5 por ciento de matones y 95 por ciento de histeria pública”.

4. El susto de los bichos que besan

Las chinches son insectos que pertenecen a la familia Triatominae y están principalmente en las Américas. La mayor parte de las especies de la familia se nutren de sangre de vertebrados a los que entran mordiendo la piel despacio como los labios, de ahí el nombre. Ciertos de ellos son muy peligrosos pues tienen la posibilidad de trasmitir la patología de Chagas. No obstante, estos están típicamente en América Central y del Sur, y la mayor parte de las chinches en los USA son en su mayor parte inocuas. No obstante, provocaron un enorme susto hace mucho más de cien años que logró que la multitud temiese ser víctimas de una epidemia.

Todo empezó con un producto. anunciado en el El Correo de Washington el 20 de junio de 1899. El notero de la policía James McElhone apreció que había un número inusualmente prominente de personas tratadas en el hospital por “picaduras de insectos”, si bien ninguno de los pacientes verdaderamente vio estos insectos. Desde ahí, McElhone escribió un producto sensacionalista que advirtió sobre los asaltos de insectos que asuelan la nación “como una plaga”, inyectando a las víctimas un veneno arriesgado. Su producto fue recogido por otros periódicos y, prontísimo, se transformó en una novedad esencial en todo el país.

El frenesí duró unos un par de meses, tiempo a lo largo del como se mentaron cuando menos 100 casos en los medios. Por un corto tiempo, el “bicho besador” se transformó en la criatura mucho más temida en los USA en el momento en que la multitud empezó a atribuir cada bocado o hinchazón en la cara al inquietante insecto. Muchas personas logró atrapar a sus “atacantes” y los llevó a los entomólogos para su análisis. Para su sorpresa, con frecuencia se dieron cuenta que lo que atrapaban eran escarabajos recurrentes, moscas familiares o abejas. Entomólogo jefe del Departamento de Agricultura de EE. UU. Leland Howard etiquetado el susto como una “epidemia de periódicos”. Tan rápido como los medios pasaron a la próxima historia, los reportes de estos asaltos de “bichos besadores” redujeron inmediatamente.

3. El orate Gasser de Mattoon

En el mes de septiembre de 1944, la localidad de Mattoon, Illinois, fue asediada por un desquiciado que se aprovechó de personas desprevenidas llenando sus viviendas con gas venenoso. Las víctimas detallaron haber percibido fragancias extraños que próximamente se acompañaron de náuseas, vómitos, problemas e inclusive parálisis en las piernas. Los asaltos con gas duraron unas un par de semanas y después desaparecieron para toda la vida. Más allá de que se detallaron mucho más de 20 casos, la policía concluyó que todos fueron obra de la histeria colectiva y que el orate Gasser jamás existió.

El criminal, asimismo popular como el “Merodeador anestésico” en los medios, fue novedad por vez primera tras un ataque el 1 de septiembre. En un espacio pequeño como Mattoon, próximamente se transformó en la comidilla de toda la localidad. Los nuevos reportes de asaltos con gas llegaron velozmente, con frecuencia múltiples en un día.

El jefe de policía próximamente debió soliciar asiste para la policía estatal y al Cuerpo Químico del Ejército. Jamás lograron saber la identidad del Mad Gasser o qué género de gas se usó en sus asaltos. La Oficina del Delito de Illinois próximamente concluido que el criminal no era verdaderamente real. Todo empezó con la imaginación hiperactiva de una mujer y se transformó en histeria. Los diarios asistieron a avivar las llamas de la paranoia, de la misma la preocupación incesante por la Segunda Guerra Mundial.

El día de hoy, el Mad Gasser de Mattoon se enseña como un caso de muestra tradicional de histeria colectiva en las clases de psicología de la facultad. Y, no obstante, todavía hay personas que aseguran que fue un individuo real. Entre los sospechosos era Farley Llewellyen, un paria local con un coeficiente intelectual excelente y talento para la química. La policía jamás lo examinó con seriedad por los asaltos con gas.

2. El enorme temor

El desenlace del siglo XVIII fue una temporada convulsa en Francia. La revolución empezó en 1789, derribó la monarquía y cambió para toda la vida la crónica de Europa. Entre el caos, brotó un pavor masivo popular como el Enorme Temor o “la Grande Peur” en su francés original. Se propagaron comentarios de una conspiración que afirmaba que la aristocracia tenía la intención de sofocar cualquier malestar matando de apetito a las clases bajas. A cambio, varios campesinos y pobladores se unieron y atacaron viviendas señoriales, expulsando a los señores de sus hogares. Consecuentemente, la Reunión Nacional abolido el sistema feudal en un intento por parar los alzamientos.

Los comentarios precisos cerca de esta “trama de hambruna” cambiaban de una zona a otra, pero por norma general involucraban a enormes bandas de delincuentes que viajaban de un área a otra y quemaban los campos de cultivo. Los historiadores modernos sugirieron que, más allá de que ciertos invasores tienen la posibilidad de haber vagado por el campo, su propósito primordial era hurtar y comer la comida, no destruirla, y no eran suficientemente enormes para representar una amenaza seria y precisamente no eran usados por la aristocracia.

La historiadora Mary Matossian ha propuesto la iniciativa de que la histeria masiva fue ocasionada por intoxicación por cornezuelo de centeno. Esta fué a lo largo de bastante tiempo entre las explicaciones preferidas para bastantes casos como los juicios de brujas de Salem y la entrada número uno en nuestra lista. Por consiguiente, no es de extrañar que alguien lo coloque al Enorme Temor.

El cornezuelo es un conjunto de hongos, el mucho más conocido de todos es Claviceps purpurea que medra en el centeno y puede contaminar los artículos alimentarios elaborados desde su grano. La gente que consumen cornezuelo de centeno tienen la posibilidad de presenciar síntomas como desvaríos, espasmos violentos y alucinaciones. Otros historiadores no piensan que este sea la situacion aquí. Están mucho más inclinados a opinar que el Enorme Temor nació de un solo rumor que medró exponencialmente conforme se extendía a cada vez más ciudades.

1. La plaga danzante

En 1518, el Sacro Imperio De roma Germánico tenía un inconveniente extrañísimo con el que lidiar en Estrasburgo: cientos y cientos de personas habían empezado a bailar y se negaron a detenerse por cualquier fundamento. Los únicos que terminarían con sus cabriolas fueron la gente que colapsaron por agotamiento o, en casos extremos, aun cayeron fallecidas de un derrame cerebral o un infarto.

Todo empezó un día de julio con un mujer soltera, anotado en los libros de récords como Frau Troffea. Bailó sin reposo a lo largo de seis días seguidos y, en el final de la semana, había logrado que unas escasas docenas de personas se unieran a la acción. En el auge del pavor, la plaga del baile se cobró mucho más de 400 competidores.

Probablemente las autoridades locales exacerben el tamaño de la celebración sin escalas. Sin entender de qué forma conducir el acontecimiento, consultaron a los médicos quienes concluyeron que este extraño accionar fue provocado por “sangre ardiente”. El único solución fue mucho más baile. En consecuencia, el municipio edificó un ámbito, contrató músicos y sostuvo abiertas las salas gremiales día y noche. Esto no pareció disuadir ni sanar a absolutamente nadie y, en cambio, solo dejó que mucho más personas bailaran hasta fallecer. Entonces, las autoridades llevaron a los bailarines a un santuario destinado a San Vito y hicieron liturgias religiosas, pero es bien difícil comprender si esto tuvo algún efecto. Semeja que la plaga de la danza sencillamente desapareció a lo largo de las próximas semanas.

Este no fue el primer caso de manía del baile, pero todavía es el mucho más grande y popular. Y, como el resto, todavía no nos encontramos seguros de qué lo ocasionó. Existen algunos teorías. La intoxicación por cornezuelo de centeno es una de ellas, como comentamos, pero no enseña por qué razón todos y cada uno de los enfermos tuvieron exactamente la misma reacción y de qué manera todos esos enfermos tuvieron energía para bailar a lo largo de días y días.

Posiblemente todas y cada una la gente perjudicadas hayan entrado en un estado de trance causado por un agobio psicológico radical. Aun para los estándares de la Edad Media, los habitantes pobres de Estrasburgo no tenían una vida satisfactorio en 1518, puesto que estaban apabullados por malas cosechas, lepra, peste y sífilis.

O podría ser que el pavor bailarín de 1518 continúe siendo entre los casos de histeria colectiva, si no el mucho más convincente y desconcertante de la historia.

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