Los 10 investigadores principales que experimentaron en sí mismos

Ser científico, médico o estudioso necesita dedicación y, en ocasiones, sed de conocimiento … a cualquier precio. Estos diez estudiosos admitieron el desafío final y probaron sus teorías en sí mismos, en ocasiones con desenlaces mortales. Aquí están los 10 primordiales estudiosos que se usaron a sí mismos como ratas de laboratorio.

10. Jonas Salk (n. 1914 y m. 1995)

Popular universalmente por su avance en 1952 en la vacunación contra la polio (lanzado al público en 1955), Salk fue un estudioso realmente altruista que trabajó auténticamente por el mejoramiento de la raza humana. Tras vacunas triunfantes con monos, Salk probó su vacuna para la polio en sí, en su mujer e inclusive en sus hijos. En el momento en que se le preguntó quién era el dueño de la patente de la vacuna, a Salk le sorprendió la iniciativa de que alguien quisiese sacar beneficio de una cura tan precisa. El día de hoy en los USA, la vacuna antipoliomielítica oral de Albert Sabin se utiliza de forma exclusiva.

9. Elie Metchnikoff / Ilya Mechnikov (n. 1845 m. 1916)

Este fisiólogo ruso llevó una vida claramente melancólica, tratando suicidarse tomando una enorme dosis de opio tras la desaparición de su primera mujer. En el momento en que se volvió a desposar, su novedosa mujer cayó enferma y subsistió, pero la convalecencia pasó factura a Metchnikoff y lo procuró nuevamente. Para socorrer su imagen pública, lo logró en esta ocasión bajo el aspecto de un ensayo médico, inyectándose a sí mismo una inoculación de fiebre recurrente para evaluar su transmisión mediante la sangre. Tras su supervivencia, cesó los intentos de suicidio, y su trabajo posterior se centró eminentemente en la inmunología, incluyendo el hallazgo de fagocitos, células que consumían bacterias en el cuerpo, con lo que ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908.

8. Carl Wilhelm Scheele (n. 1742 y m. 1786)

Archivo: Carl Wilhelm Scheele.jpg

Scheele, un químico alemán, se perdió un reclamo de popularidad en el momento en que su hallazgo de oxígeno y nitrógeno fue eclipsado por Joseph Priestley, el químico inglés mucho más popular que ha podido divulgar sus descubrimientos mucho más de forma rápida. Popular por evaluar todos los días los modelos químicos con los que trabajaba, Scheele murió a los 43 años con síntomas que tenían un extraño semejante con el intoxicación por mercurio. Por consiguiente, se candidatea que su minuciosidad en la experimentación condujo a su temprana desaparición.

7. Albert Hoffman (n. 1906 d. 2008)

Albert Hofmann, Lugano, Suiza, en el 50 aniversario de la conferencia LSD patrocinada por Sandoz Pharmaceuticals y la Asociación Suiza de Analistas Psicolíticos

Un químico suizo, Hoffman fue el primero en sintetizar LSD en 1943, inicialmente con la intención de que la substancia fuera analéptica ((eminentemente de una sustancia) tendiente a volver a poner la salud o la fuerza de un individuo; reconstituyente). Tras consumir de manera accidental LSD con las yemas de los dedos, lo tomó intencionalmente y grabó los efectos. Esto provocó un cambio en su trayectoria, que más tarde dedicó al estudio de los psicotrópicos, incluyendo la psilocibina sintética, famosa como el agente activo en los hongos psicotrópicos. Fue un estable defensor de las ventajas del LSD en el psicoanálisis.

6. Kevin Warwick (n. 1954)

Experto en IA (inteligencia artificial) y robótica, este científico británico logró historia en el momento en que instaló electrodos en su sistema inquieto, conociendo que un brazo robótico recóndito respondía a las señales mandadas a los electrodos imitando el movimiento de su brazo. Tras el éxito de este ensayo, implantó exactamente el mismo dispositivo en el brazo de su mujer para ocasionar una suerte de conexión sociable entre 2 extremidades humanas mejoradas robóticamente. Su trabajo tiene implicaciones de enorme alcance, en especial en el campo tecno-filosófico del transhumanismo, donde los seguidores discuten las cuestiones morales que cubren las sumes electrónicas al cuerpo humano en un intento de lograr que ande de forma mucho más eficaz.

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Este médico alemán recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1956 por su investigación de guerrilla en el campo del cateterismo cardiaco. Un títere en el campo de la medicina, Forssmann insertó un catéter en su vena hasta el momento en que alcanzó la aurícula derecha de su corazón. Con el catéter puesto, entonces subió un piso para tomar una radiografía de su corazón y probar el éxito de su autocateterismo. Su enfoque fue mal visto y, si bien famoso por su contribución a la investigación del corazón, fue considerado discutido y acabó especializándose en urología.

4. William J. Harrington (nativo de 1924 y fallecido en 1992)

Resultado de imagen de trombocitopenia de William J. Harrington

Harrington, que se especializó en trastornos autoinmunes, en especial los que se producen en la sangre, efectuó muchas indagaciones en pacientes con trombocitopenia púrpura idiopática, una patología de la sangre. Para saber si la patología se transmitía por sangre o si la patología procedía de la medula ósea, inyectó sangre de uno de sus pacientes inficionados en su torrente sanguíneo. Desarrolló las fabricantes azules reveladoras de la patología en su piel, pero desaparecieron con relativa velocidad, lo que revela que la patología se transportaba en las plaquetas de la sangre y no era infecciosa.

3. Daniel Alcides Carrion (n. 1857 d. 1885)

Archivo: Daniel Alcides Carríon García.jpg

Un estudiante de medicina que estudiaba una epidemia en Perú famosa como fiebre de Oroya, Carrión tomó el tema en sus manos de una forma parcialmente ridícula al lograr que un amigo extrajera sangre de la verruga de un niño de 14 años que sufría fiebre y después se la inyectara en su torrente sanguíneo. Más allá de que ha podido probar una conexión entre 2 maneras de la patología, que es ocasionada por exactamente la misma bacteria (Bartonella) que causa la fiebre de las trincheras y la fiebre por arañazo de gato, murió como resultado. Desde ese momento, la fiebre de Oroya fué nombrada Patología de Carrión, y el gobierno peruano reconoce el 5 de octubre, el día de la desaparición de Carrión, como el Día de la Medicina Peruana.

2. Santorio Santorio (n. 1561 d. 1636)

Sanctorius

Este médico italiano encabezó la entendimiento del metabolismo midiendo sus cambios en el peso del cuerpo durante las distintas fases metabólicas del día, como comer y reposar. Es popular por sus meticulosas mediciones de su orina y heces, que equiparó con su ingesta dietética. Dado a que las medidas de su desperdicio eran siempre y en todo momento inferiores, ha propuesto el término de “transpiración indiferente” (sudor, esencialmente) para argumentar la divergencia en las medidas. Más allá de que no salió bastante de su hallazgo, su procedimiento de pesaje, una balanza de acero que mantiene una silla suspendida, todavía es su reclamo a la popularidad.

1. Joseph Goldberger (nativo de 1874 y fallecido en 1929)

Joseph Goldberger, epidemiólogo y médico del Servicio de Salud Pública de EE. UU.

Goldberger, un inmigrante nativo de Hungría en la localidad de Novedosa York, se especializó en patologías que generalmente afectan a los pobres. Su hallazgo mucho más popular de que la pelagra, una patología más frecuente en el sur de los USA, se debía a deficiencias dietéticas y en verdad no era infecciosa. En el momento en que la experimentación con la dieta de supresión no persuadió a sus compañeros estudiosos de pelagra, su último esfuerzo, inyectarse a sí mismo y a su mujer con la sangre de los que sufrían pelagra, fue bastante para probar al final que, ya que no estaban inficionados con pelagra, no era un inconveniente. patología infecciosa. Si bien no ha podido detectar el elemento dietético que le hacía falta a lo largo de su historia, la investigación posterior a su muerte halló que la niacina era la clave para frustrar la pelagra.

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