Los 10 mejores espías de la historia

Si bien la mayor parte de la multitud piensa en los espías como un fenómeno de la Guerra Fría, de todos modos han existido a lo largo de cientos y cientos de años y también tienen dentro en sus filas figuras mucho más enormes que la vida, como cazadores de caza mayor, héroes de guerra revolucionarios e inclusive bailarines exóticos. Más allá de que posiblemente estos espías de la vida real no tuviesen artefactos espectaculares o coches veloces como James Bond, sus vidas aún son historias bastante espectaculares, conque siéntese con un martini sin agitar y eche una ojeada a esta lista de los diez mejores profesores del espionaje durante la historia.

10. Allan Pinkerton

Allan Pinkerton fue un detective escocés que fue vanguardista en muchas técnicas de espionaje que todavía se usan hoy en día. Fue entre los primeros detectives en proseguir a sus sujetos, y sus operaciones enmascaradas, lo que él llamó “asumir un papel”, asistieron a ofrecer forma al espionaje moderno. En 1850 creó la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, un conjunto de detectives privados y policías.

El conjunto era muy conocido a lo largo de la década de 1800 y es preferible recordado por su participación en el rastreo y atrapa de múltiples forajidos del viejo oeste. A lo largo de la Guerra Civil estadounidense, Pinkerton fue el jefe del Servicio de Sabiduría de la Unión y fue un asesor próximo y cómplice de Abraham Lincoln. Asistió a frustrar un complot de asesinato en Lincoln en 1861, puso agentes en el ejército confederado e inclusive se infiltró como oficial confederado para reportar sobre los movimientos de tropas.

9. Klaus Fuchs

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Un físico teorético alemán y un especialista en tecnología de bombas atómicas, Klaus Fuchs transmitió una sucesión de misterios esenciales sobre armas a la URSS mientras que tenía un trabajo de científico para el gobierno estadounidense. Fuchs logró una secuencia de adelantos en la fisión nuclear y fue una parte del popular Emprendimiento Manhattan que condujo al avance de la primera bomba atómica.

Comunista en su juventud, fue reclutado por un oficial de casos de la KGB en 1941, y a lo largo de años pasó información sobre la tecnología de las bombas y el estado del armamento de armas estadounidense a los soviéticos. Fuchs fue detenido en 1946 una vez que las fuerzas de sabiduría aliadas descifraran un encriptado soviético y, bajo interrogatorio, aceptó que trabajaba para los rusos. Más allá de que no es tan popular como Julius y Ethel Rosenberg, diríase que los misterios atómicos proporcionados por Klaus Fuchs tuvieron un efecto mayor en el saber de los rusos sobre el software nuclear de EE. UU., E inclusive les asistieron a desarrollar el suyo. armas atómicas.

8. Elizabeth Van Lew

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Elizabeth Van Lew fue una espía que trabajó representando a la Unión a lo largo de la Guerra Civil estadounidense. Van Lew operaba bajo la cobertura de un trabajador de la caridad y se le dejó entrar a la infame prisión de Libby en el Capital del sur de Richmond para llevar alimentos y abastecimientos a los presos de la Unión. Mientras que se encontraba allí, recopilaría información sobre los movimientos de las tropas confederadas y se la pasaría a las fuerzas estadounidenses.

Asimismo operaba una pequeña red de espías que tenía su sede en Richmond y también incluía a múltiples integrantes de prominente perfil del gobierno confederado, y se rumorea que aun logró que uno de sus viejos esclavos contratado en la Casa Blanca de la Confederación actuase. como informante. Una vez que acabó la guerra, Van Lew fue acreditado por Ulysses Grant como la fuente de información mucho más importante sobre la localidad capital confederada. Adjuntado con Belle Boyd en el lado sur, es recordada como la espía mucho más conocida de la Guerra Civil, y al final fue incluida en el Salón de la Popularidad de la Sabiduría Militar.

7. Aldrich Ames

Más allá de que la mayor parte de los espías se ocupan al espionaje por fundamentos políticos o ideológicos, para el topo de la CIA Aldrich Ames la motivación era puramente monetaria. Ames, que tenía un trabajo de analista de contrainteligencia en Washington DC, se encontraba atormentado por hallar dinero en efectivo, y en 1985 empezó a proveer misterios a los soviéticos en lugar de una cuota, y al final recibió mucho más de 4 millones de dólares estadounidenses de los rusos. En el lapso de nueve años, Ames dio a los soviéticos incontables misterios, incluyendo los nombres de sobra de 100 informantes estadounidenses que trabajaban en Rusia, por lo menos diez de los que fueron por último ejecutados.

Ames usó sus millones para financiar un modo de vida lujoso, que atrajo la atención de la CIA, pero merced a su entrenamiento en sabiduría ha podido pasar reiteradamente las pruebas del descubridor de patrañas. Por último fue detenido en 1994 y, tras declararse culpable de espionaje, fue culpado a cadena perpetua. Raramente, por lo menos $ 2 millones de sus honorarios continúan en una cuenta corriente no revelada, y hasta hoy los rusos se han negado a dar este dinero a las autoridades estadounidenses.

6. Richard Sorge

Richard Sorge en el hospital, durante la Primera Guerra Mundial.

Richard Sorge en el hospital, a lo largo de la Primera Guerra Mundial Considerado como entre los espías mucho más hábiles del siglo XX, Richard Sorge fue un profesor soviético del espionaje que trabajó en el mundo entero antes y a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de una gran parte de su trayectoria, operó bajo la cobertura de un periodista profesional, viajando a múltiples países de europa para calcular las opciones de probables alzamientos marxistas.

Al reventar la Segunda Guerra Mundial, Sorge viajó a El país nipón bajo el aspecto de un notero nazi y empezó a proveer a los soviéticos información importante sobre las operaciones de combate niponas y alemanas. Les advirtió sobre el ataque de Pearl Harbor, la planeada invasión alemana de Rusia y otras incontables metas, pero Stalin ignoró una gran parte de su sabiduría. Sorge fue al final tomado por los nipones en 1944, y si bien jamás aceptó ser un espía soviético no bajo tortura, fue ejecutado poco después. Los soviéticos no lo reconocieron a él ni a sus ocupaciones hasta 1964, instante en el que fue ovacionado de forma tardía como un héroe nacional.

5. Sidney Reilly

  Foto de pasaporte de 1918 recortada del famoso agente de espionaje Sidney Reilly.  Este pasaporte fue emitido bajo su alias de George Bergmann.

Sidney Reilly, uno de los más importantes modelos del personaje de James Bond, fue un espía profesor que trabajó para múltiples gobiernos a inicios del siglo XX. Popular como el “As de los espías”, Reilly era un especialista en engaños y autopromociones, con lo que una gran parte de la información sobre su historia no es fiable. Entendemos que era un profesor del disfraz y que con cierta frecuencia cruzaba las fronteras nacionales con identidades asumidas para hurtar misterios militares, planos de construcción y prototipos de aeroplanos. Asimismo era popular por su carácter afable, y de forma frecuente utilizaba su encanto para cautivar a las esposas de políticos y oficiales militares con la intención de conseguir información de ellos.

En su hazaña mucho más conocida, Reilly trabajó como líder de un conjunto de sabiduría británico implicado en intentar deponer al gobierno bolchevique en Rusia en 1917. Asistió a ordenar un golpe fallido y lideró un intento de complot de asesinato contra Vladimir Lenin, pero su conjunto fue por último se enteró y escapó por poco del arresto asumiendo la identidad de ciudadano alemán y escapando a Finlandia. Fue culpado a muerte en sepa por el gobierno ruso, y en 1925 fue atraído a regresar a la Unión Soviética como una parte de una operación enmascarada y tomado. Si bien jamás aceptó ser un espía, al final fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento.

4. Fritz Joubert Duquesne

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Fritz Joubert Duquesne fue un escritor, soldado y aventurero mucho más grande que la vida que ganó popularidad como espía para los alemanes a lo largo de la Primera y Segunda Guerra Mundial. En el momento en que era joven, luchó contra Inglaterra en su Suráfrica natal a lo largo de la Primera y Segunda Guerras Bóer, en un instante se alistó en el ejército británico para sabotear metas y también reportar sobre movimientos de tropas. Esta experiencia asistió a promover un odio para toda la vida por todo lo inglés, y al reventar la Primera Guerra Mundial, Duquesne empezó a trabajar para los alemanes como espía, poniendo bombas en múltiples navíos británicos que al final se hundieron en el mar.

Fue tomado en 1917 y extraditado a Novedosa York, pero tras un par de años en la prisión logró un audaz escape cortando los barrotes de su celda y escalando los muros de la prisión. Desapareció a lo largo de cierto tiempo, haciendo un trabajo como periodista sin dependencia e inclusive escribiendo su biografía, antes de resurgir con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y reanudar sus ocupaciones de espionaje para los alemanes. Sus días de espionaje llegaron a su fin en 1942 en el momento en que Duquesne, adjuntado con otros 33 espías alemanes, fueron detenidos en lo que se conoció como la mayor condena de la red de espionaje en la historia estadounidense.

3. Nathan Hale

Nathan Hale por Bela Pratt, Washington, DC, Estados Unidos.  Esta obra de arte es de dominio público porque se publicó por primera vez en los Estados Unidos antes de 1923.

Considerado por varios como el primer espía estadounidense, Nathan Hale era un soldado del Ejército Continental que en 1776 se ofreció como voluntario para arrancar una dañina misión de recopilación de sabiduría tras las líneas oponentes. Hale, que solo tenía 21 años en ese instante, se aventuró a la localidad de Novedosa York disfrazado para reportar sobre los movimientos de las tropas británicas, pero una vez que la localidad cayó a cargo de los ingleses, un oficial británico lo descubrió y lo atrapó. Si bien el espionaje no se practicaba extensamente en ese instante, Hale fue acusado de ser un combatiente ilegal y fue ahorcado unos días tras ser detenido. Antes de su ejecución, diríase que pronunció la en este momento conocida oración “Lamento no tener mucho más que una vida que ofrecer por mi país”. Este alegato y sus ocupaciones de espionaje cimentaron la reputación de Hale como entre los héroes de la Guerra Revolucionaria, y hasta hoy una escultura de él está fuera de la sede de la CIA.

2. Kim Philby

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Quizás el agente doble mucho más popular de la Guerra Fría, Kim Philby era un espía británico trotamundos que de todos modos era un socialista bajo el control de la KGB soviética. En una carrera que lo llevó a España, África, USA, Estambul y Moscú, Philby se ganó la reputación de ser entre los espías mucho más capaces de Enorme Bretaña, pero al tiempo mandaba información secretamente a la embajada soviética en París. A fines de la década de los 40, fue asignado para accionar como intercesor entre las organizaciones de sabiduría británicas y estadounidenses en Washington DC. A lo largo de este tiempo, transmitió información importante sobre armamento estadounidense y arsenales de armas atómicas, y varios atribuyen a estos reportes su predominación en la política de Josef Stalin. resoluciones y contribuir a conducir a la Guerra de Corea. Philby fue sospechoso de ser un viable espía soviético por el intelecto británica durante su trayectoria, pero no lograron evaluar nada, y continuó en la periferia de la red social de sabiduría hasta el momento en que abandonó a la Unión Soviética en 1963. Continuó haciendo un trabajo en el intelecto soviética hasta su muerte en 1988, en el momento en que el gobierno ruso le dio varios premios póstumos.

1. Aniquila Hari

En este momento conocida como la mujer mortal prototípica, Margaretha Geertruida Zelle, asimismo famosa como Aniquila Hari, fue una conocida bailarina y también intérprete exótica que fue ejecutada en 1917 por espiar para los alemanes a lo largo de la Primera Guerra Mundial. Ella ganó popularidad en París por sus atrevidas prácticas de baile y actuaciones. y, al reventar la guerra, era la apasionado y escolta de varios hombres de negocios y oficiales militares de prominente perfil. Como ciudadano de los Países Bajos neutrales, Aniquila Hari cruzaba frecuentemente las fronteras nacionales, una práctica que al final atrajo la atención de los Socios.

En el momento en que fue interrogada por el intelecto británica, aseveró ser una espía enmascarada de los franceses, pero su gobierno lo negó. Poco después, los franceses interceptaron una transmisión de radio alemana que especificaba las ocupaciones de uno de sus espías mucho más triunfantes. Las pruebas apuntaban a Aniquila Hari como la culpable, y velozmente fue detenida y acusada de ayudar a la desaparición de 50.000 personas. Fue declarada culpable en el transcurso de un juicio y ejecutada en el mes de octubre de 1917 por un pelotón de fusilamiento. Si bien jamás se ha preciso si verdaderamente trabajaba para los alemanes o los franceses, Aniquila Hari todavía es recordada como entre las espías mucho más reconocidas de siempre.

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