Los errores arqueológicos más vergonzosos

Anteriormente, hemos echado una ojeada a varios de los horrible descubrimientos completados por arqueólogos, pero en este momento analizamos el lado contrario de exactamente la misma moneda. Estos siguientes descubrimientos fueron fraudulentos o sencillamente incorrectos y provocaron bastante vergüenza, dejando a quienes en teoría sabían de lo que hablaban con huevos en la cara.

10. Las Runas Runamo

Ahora en el siglo XII, los eruditos escandinavos mentaron Runamo, un dique en Suecia que se afirmaba que contenía una inscripción rúnica tallada por vikingos en la roca. No obstante, aun en ese entonces, se estableció que las llamadas runas estaban bastante gastadas y por el momento no eran inteligibles. Por consiguiente, su contenido parecía designado a proseguir siendo un secreto.

A lo largo de cientos y cientos de años, las Runamo Runamo fueron ignoradas, pero hubo un nuevo interés en ellas a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Los eruditos deseaban examinar las tallas de nuevo, con la promesa de que tengan la posibilidad de ver algo que sus ancestros ​​se perdieron. Uno de esos eruditos fue Finnur Magnússon, un arqueólogo islandés que enseñó en la Facultad de Copenhague. En aquel momento, se consideraba entre los líderes de europa especialistas sobre la literatura norteña vieja y las runas. En consecuencia, en 1834, persuadió a la Real Academia Danesa de Ciencias y Letras de financiar una expedición de investigación para estudiar Runamo Runes.

Después, Magnússon logró la proclamación mucho más osado: había descifrado las runas. Aseveró que eran un poema, encomiando al rey Harald Wartooth por su valentía en la guerra de Bråvalla.

La interpretación de Magnússon fue admitida y anunciada en toda Europa como un triunfo del anticuario y la restauración de una sección gloriosa de la historia. No obstante, unos cuantos años después, el señalado químico sueco Jöns Jacob Berzelius decidió examinar la inscripción por sí solo y llegó a una conclusión deslumbrante. Las tallas no eran una runa, en lo más mínimo. De todos modos eran sencillamente naturales fisuras y grietas en la roca. La reputación de Magnússon jamás se recobró del escándalo.

9. El colgante de roble acebo

En 1889, un arqueólogo estadounidense llamado Hilborne T. Cresson presentó un aparato atrayente: era un viejo colgante hecho de un trozo de concha, que mostraba un grabado de un mastodonte. Sabiendo que los mastodontes se habían extinguido en América del Norte a lo largo de mucho más de 10,000 años, habría sido un producto único y también incalculable.

En el instante, hubo supones sobre la vericidad del aparato. Para iniciar, Cresson había afirmado que había encontrado el colgante 25 años antes, cerca del río Delaware. Verdaderamente no podía argumentar por qué razón aguardó tanto antes de presentarlo, además de asegurar que no se percató de su valor, lo que, para un arqueólogo, parecía improbable. Entonces se encontraba nuestro Cresson, que no era precisamente lo que se podría llamar un individuo de alta moralidad. Fue despedido de su cargo por hurtar artefactos de una excavación y venderlos a coleccionistas privados. Ocasionalmente, el colgante de Holly Oak fue descartado como una viable falsificación, pero esto no ha podido ser probado de forma concluyente en el siglo XIX, con lo que, en cambio, el producto sencillamente se desechó en un cajón en algún rincón y se olvidó de él.

Este debería ser el desenlace del colgante Holly Oak, pero despertó un interés nuevo a lo largo de la década de 1970 e inclusive apareció en la primera plana de la edición de mayo de 1976 de Ciencias. Por alguna razón, la multitud empezó a meditar que podría ser de nuevo auténtico. Un articulo especulado que el aparato podría tener hasta 40.000 años.

De nuevo, la ciencia aún no se encontraba lista para contradecir la noción, pero lo sería una década después. En 1988, las pruebas de radiocarbono con fecha de el caparazón hasta precisamente 885 d.C., con lo que solo tiene 1.100 años de antigüedad.

8. La tiara dorada de Saitaphernes

El Louvre tiene entre las mayores compilaciones de artefactos nunca reunidos, pero aun ellos son propensos a fallos vergonzosos. La mucho más estúpida ocurrió hace mucho más de cien años y probablemente preferirían olvidarla.

Oportunamente, este fallo empezó el Día de los Inocentes, el 1 de abril de 1896, en el momento en que el Louvre anunció la adición de un aparato increíble que terminaban de obtener. Lo llamaron la Tiara de Saitaphernes o Saitapharnes y se suponía que era una corona de hoja de oro que perteneció a un rey escita del siglo III a. C.

Como entre los museos mucho más triunfantes de todo el mundo, el Louvre tenía un riguroso equipo de especialistas que examinaron la tiara y la proclamaron genuina. Dado que el Museo Británico de Londres y el Museo de la Corte Imperial de Viena rechazaran la posibilidad de adquirirlo no levantó ninguna señal de alarma, con lo que el Louvre pagó 200.000 francos por la corona.

Como era de aguardar, la tiara era falsa. Prácticamente inmediatamente, los especialistas externos levantaron supones. Entre los primeros fue un instructor alemán llamado Adolf Furtwängler, pero el Louvre dobló su resolución e inclusive acusó a críticos como Furtwängler de despecho y hostilidad a los extranjeros contra los franceses.

A lo largo de seis largos años, el museo se negó tercamente a aceptar la derrota. Ocasionalmente, la palabra del escándalo llegó a Odessa. Particularmente, llegó a Israel Rouchomovski, el hombre que verdaderamente logró la falsificación. Se adelantó y mencionó que se le encargó crear el producto como un obsequio “para un amigo arqueólogo” y jamás supo que se presentaría como auténtico. Por último, el Louvre aceptó su fallo.

7. El cráneo de Calaveras

Josiah Whitney fue entre los mucho más enormes geólogos estadounidenses de la historia. Enseñó geología en la Facultad de Harvard y se desempeñó como Jefe del Servicio Geológico de California. Mount Whitney, la montaña mucho más alta de los USA anexos, transporta su nombre en su honor, de la misma el glaciar Whitney. Dicho todo lo mencionado, Whitney no era un antropólogo ni un arqueólogo. En consecuencia, en el momento en que se halló con un cráneo de homínido viejo, probablemente debería haber pedido una opinión mucho más informada.

No obstante, no lo logró. En el momento en que le brindaron a Whitney un cráneo que, en teoría, se descubrió por mineros bajo una cubierta de lava, 130 pies bajo tierra, se persuadió de que era auténtico. Apodado el Calaveras Skull, Whitney primero anunciado al planeta el 18 de julio de 1866. Aseveró que tenía un millón de años, lo que, en ese instante, lo habría transformado en los restos humanos mucho más viejos nunca descubiertos.

Lógicamente, había inquietudes, tanto de los especialistas como de los medios, pero Whitney asimismo tenía sus incondicionales. Por alguna razón, pasaron prácticamente tres décadas antes que un arqueólogo lograra ver bien el cráneo de Calaveras. Fue William H. Holmes, del Smithsonian Institution, quien lo descartó como un engaño por el hecho de que las peculiaridades del cráneo eran bastante modernas. Indagaciones siguientes mostraron que el cráneo fue puesto en su sitio por mineros que deseaban gastar una broma a Whitney. El último clavo en el ataúd ocurrió en 1992 en el momento en que el cráneo de Calaveras fue datado con carbono y se probó que tenía solo 1,000 años.

6. Plato de latón de Drake

Entre 1577 y 1580, el explorador británico Sir Francis Drake efectuó la segunda circunnavegación del globo. A lo largo de su viaje, aterrizó en América del Norte, en lo que en este momento es Point Reyes, California, y demandó esa tierra para Inglaterra. Según el períodico de uno de sus marineros, Drake asimismo dejó una placa de bronce para conmemorar la ocasión y, desde ese momento, este aparato perdido hace un buen tiempo fué una suerte de Santurrón Grial para los historiadores que se centran en la colonización temprana de América. .

Uno de estos eruditos fue Herbert Eugene Bolton, quien pasó la mayoría de su trayectoria enseñando y también estudiando la historia latinoamericana en Berkeley. No solo se encontraba convencido de que existía el plato de Drake, sino, en 1937, creyó que lo había encontrado.

El aparato en cuestión había sido desenterrado unos años antes. Tan rápido como Bolton lo vio, se persuadió de que era el producto auténtico y persuadió a los integrantes de la Sociedad Histórica de California de que donaran $ 3,500 para obtener el plato y donarlo a la Biblioteca Bancroft de Berkeley.

Inmediatamente, hubo escepticismo, eminentemente provocado por el lenguaje usado en la inscripción de la placa que los opositores afirmaron que era bastante moderno. No obstante, Bolton y sus compatriotas no escucharon nada de eso. Para su crédito, un instructor de electroquímica autenticó la placa, quien concluyó que era auténtica, con lo que a lo largo de los próximos 40 años, la placa de bronce de Drake fue vista como entre los artefactos históricos mucho más esenciales de California.

Entonces, a objetivos de la década de 1970, novedosas pruebas enseñaron que era una falsificación actualizada. Aun de esta manera, el secreto proseguía siendo quién lo logró y por qué razón. Pasarían otras tres décadas antes que otros historiadores lograran reconstruir lo que había sucedido.

En el final resultó que, la placa falsa de latón era una broma pesada en Bolton’s costos eso se salió de las manos rapidísimo. Bolton era integrante de una fraternidad histórica llamada Y también Clampus Vitus o ECV, exactamente la misma un hombre llamado Ezra Dane, en teoría el arquitecto tras el engaño. Dane y sus cómplices aun escribieron las letras ECV en la parte de atrás de la placa con pintura fluorescente, pero supuestamente absolutamente nadie pensó en contrastar eso. Cuando Bolton logró públicos sus descubrimientos, fue tarde para que admitieran sencillamente su acto sin dañar su reputación. Su crónica solo empezó a publicarse décadas después, una vez que la mayor parte de los maquinadores murieran.

5. La princesa persa

En 2000, las autoridades paquistaníes han tomado posesión de un aparato único que se había puesto en venta en el mercado negro: una momia persa. Solamente unos días tras su restauración, los arqueólogos paquistaníes festejaron una charla de prensa donde anunciado el enternecedora descubrimiento, aseverando que era una momia femenina de estilo egipcio fechada precisamente en el año 600 a. C., puesta en un ataúd de madera con escritura cuneiforme y también imágenes de la deidad zoroástrica Ahura Mazda. Para acrecentar la emoción, se especuló que la momia era una hija del rey Xerxes I.

El valor y la intensidad del hallazgo fue tan enorme que inmediatamente inició una discusión en todo el mundo entre Pakistán, Van a ir y Afganistán sobre quién era el legítimo dueño de la momia. Pero entonces pasó bastante tiempo a fin de que se tengan la posibilidad de efectuar ciertos exámenes reales para contrastar su vericidad.

Primero, las pruebas mostraron que la madera del ataúd tenía solo 250 años, conque, de este modo, se descubrió que la “princesa persa” era una falsificación. Pero, en un giro inquietante, la momia resultó ser considerablemente más joven que eso. En verdad, pertenecía a una mujer de unos 20 años que había sido asesinada unos años antes. Por consiguiente, la restauración de una vieja princesa momificada se transformó en la investigación de una víctima de asesinato actualizada.

4. Hombre de Piltdown

A inicios del siglo XX, los antropólogos y arqueólogos procuraban ansiosamente un “eslabón perdido”, una clase no descubierta antes que cerraría la brecha entre el mono y el hombre. Comprensiblemente, el planeta científico se conmovió bastante en 1912 en el momento en que el arqueólogo aficionado británico Converses Dawson solicitado haber encontrado este vínculo: extractos de cráneo de un humano primitivo apodado el Hombre de Piltdown.

Dawson contó con el apoyo de un señalado paleontólogo llamado Arthur Smith Woodward, quien asistió a reconstruir el cráneo. Entonces presentaron sus descubrimientos a sus compañeros de la Sociedad Geológica de Londres, proclamando que los fósiles pertenecían a un antepasado humano de hace 500.000 años al que nombraron Eoanthropus dawsoni o “El hombre del amanecer de Dawson”.

A lo largo de las próximas décadas, Piltdown Man perdió algo de su brillo por el hecho de que los científicos prosiguieron conociendo fósiles de otros humanos viejos. No obstante, no fue hasta 40 años después, en 1953, que se probó que Piltdown Man era una falsificación, llevada a cabo a través de la combinación cautelosa de huesos de humanos y monos. Fue un ojo morado severo para el planeta científico y todavía sirve como una observación sobre la falibilidad de la arqueología aun en este momento, cien años después.

En lo que se refiere al culpable del engaño, su identidad todavía es un secreto, si bien reciente investigar El tema recomienda que fue nuestro Converses Dawson quien orquestó el engaño.

3. El Sarcófago de Tarragona

Este bunkum arqueológico semi-obscuro es algo único, en tanto que engañó a la multitud una vez, entonces fue descartado como un engaño y, décadas después, los engañó de nuevo.

Todo empezó en 1850 en el momento en que los trabajadores de Tarragona, España, descubrieron un sarcófago de mármol con inscripciones poco comunes que parecía enseñar a un hombre enorme rompiendo 2 rocas mientras que muchas otra gente se aproximaban a él desde todas y cada una de las direcciones. Un anticuario y arqueólogo local llamado Bonaventura Hernández i Sanahuja aseveró que representaba la crónica de Hércules abriendo el Ajustado de Gibraltar.

Esto estuvo bien por sí mismo, salvo que Sanahuja concluyó que la procesión de personas en la inscripción venía de Egipto. Opinaba que hace unos 3.600 años, los egipcios derrocaron a los hicsos y los persiguieron hasta España. Sanahuja pensaba que esta tumba egipcia encontrada en Tarragona era prueba de esta. No otros muchos eruditos estuvieron según con esta noción, la mayor parte de ellos descartando el sarcófago como un engaño, si bien jamás se estableció si fue perpetrado por exactamente el mismo Sanahuja o por otra persona.

Este debería ser el desenlace, si no fuese por un extraño instante que ocurrió prácticamente 60 años después por cortesía del arqueólogo estadounidense Arthur Frothingham, cofundador del American Journal of Archaeology. En un número de 1916, charló sobre la iconografía fenicia y empleó un fragmento de las imágenes del sarcófago. Supuestamente no se encontraba alerta de sus reales orígenes, puesto que la llamó la “Tabla fenicia de Tarragona”Y lo presentó como auténtico. No fue hasta cinco años después que un historiador francés llamado Pierre Paris descubrió su fallo y, de nuevo, descartó el sarcófago como una sátira del arte egipcio.

2. El pájaro de Piltdown

Este es un recordatorio de que los fallos arqueológicos realizados por prisa o inexperiencia no son cosa del pasado. En 1999, el Sociedad Geográfica Nacional logró una proclamación osado sobre una clase emplumada recién descubierta que está en China. Tenían ingreso único a este fósil prehistórico y, tras semanas de pruebas, lo nombraron Archaeoraptor liaoningensis, un supuesto vínculo entre dinosaurios y pájaros.

Anunciado en Nat Geo, el editor senior escribió que “Sus brazos largos y su cuerpo pequeño chillan ‘¡pájaro!’ Su cola extendida y recia… chilla ‘¡Dinosaurio!’ ”. Solamente algunas semanas después, la gaceta debió divulgar una retractación vergonzosa, aceptando que el animal era falso. Entre las organizaciones científicas mucho más enormes de todo el mundo había sido engañado por ciertos granjeros chinos que juntaron piezas de distintas animales.

Retroactivamente, la criatura se realizó famosa como el Piltdown Bird, en tanto que la situación les recordó a todos la falsificación de fósiles de hace un siglo.

1. Hombre de Nebraska

Por último, echamos una ojeada a un caso afín al de Piltdown Man, salvo que este sucedió en los USA de América. En 1917, un ranchero de Nebraska llamado Harold Cook halló un diente viejo que apareció humano. Cinco años después, se lo envió a Henry Fairfield Osborn, presidente del Museo Americano de Historia Natural y uno de los más importantes paleontólogos del país. Tras el examen, Osborn proclamó que era un diente de homínido que pertenecía al recién nombrado Hesperopithecus haroldcookii, el primer simio antropoide descubierto en América del Norte.

Gracias a que ese nombre era un tanto riguroso, la novedosa clase se conoció como Hombre de Nebraska en 1922. Ya que se había reconocido desde un solo diente, hubo inquietudes en la red social científica desde el comienzo. En solo unos años, las continuas excavaciones en el lugar hallaron otras unas partes del esqueleto y reafirmaron que el diente, en verdad, no pertenecía a ningún género de homínido. De todos modos, procedió de una clase extinta de un mamífero semejante a un cerdo llamado pecarí. En 1927, la presencia de Nebraska Man había sido de manera oficial desacreditada.

En contraste al Hombre de Piltdown, este fue un caso de auténtico humano fallo, no es un engaño. Asimismo en contraste al Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska estuvo presente solo a lo largo de unos años y jamás persuadió absolutamente al planeta científico de su vericidad. Y, no obstante, logró considerablemente más daño a su probabilidad gracias en el momento y el sitio del hallazgo.

El hombre de Nebraska se transformó en un tema de charla en la temporada del juicio de Scopes, que puso la evolución bajo fuego en USA. En verdad, nuestro Osborn participó con regularidad en debates en defensa de la evolución, aun contra William Jennings Bryan, el letrado que dirigió la acusación en el juicio de Scopes. Visto que el hombre de Nebraska fuera un fallo dio mucha munición a los creacionistas y otros que se unieron contra la evolución.

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