Los inconvenientes inesperados de la revolución agrícola

La mayor parte de la multitud comprende que la evolución es bastante lineal y simple. ¿Recuerda esa tabla de macacos que se transformaron gradualmente en humanos primitivos y después en personas modernas y civilizadas? Prácticamente todos imaginamos la evolución como un grupo de adelantos graduales, aun si no fue de esta forma en lo más mínimo.

Profundice en nuestra historia temprana y hallará que nuestra evolución fué todo menos simple. De todos modos, es una perfeccionada al azar que acabamos donde lo hicimos, dada la considerable suma de bifurcaciones que hemos encontrado en el sendero hacia aquí.

Uno de esos desvíos esenciales del sendero natural fue nuestra resolución de establecernos y cultivar. Más allá de que puede parecer una decisión obvia en retrospectiva, no fue tan evidente en ese instante. En verdad, las primeras comunidades agrícolas estaban infestadas (verdaderamente) de inconvenientes que solo brotaron gracias a esa resolución de establecerse, lo que arrojó inquietudes sobre por qué razón lo hicimos. Ciertos de esos inconvenientes persisten hoy en dia, incluyendo la pandemia de hoy de Covid-19.

8. El comienzo de la era de las pandemias

No cabe duda de que los cazadores-colectores tenían ciertas desventajas establecidas en el departamento de salud. Un colector promedio vivía una vida considerablemente más dañina y era considerablemente más posible que muriera a una edad temprana que sus contrapartes granjeros. Eso es, como es natural, si no tenemos en cuenta cuál es quizás el mayor inconveniente que vino con la revolución agrícola: las pandemias.

Más allá de que la domesticación de animales de granja terminantemente nos asistió a acrecentar nuestra población y desarrollar herramientas novedosas y mucho más complicadas, debimos abonar un precio altísimo por este motivo. Prácticamente todos pandemia mayor en la historia, incluyendo la peste negra, la gripe de españa y la presente pandemia de Covid-19, hay que a nuestra mayor cercanía con los animales tras la revolución agrícola. Las pandemias similares con la ganadería eran ignotas en las sociedades recolectoras, puesto que jamás se han quedado verdaderamente en un espacio a fin de que los microbios perjudiciales se desarrollasen y evolucionaran. La ganadería y la agricultura brindaron a los microbios parásitos un lote fértil para perfeccionar sus capacidades, lo que resultó en acontecimientos históricos de muerte masiva que se han cobrado mucho más vidas que algún otro desastre que hayamos enfrentado.

7. Muchas de nuestras patologías estaban ausentes entre las ciudades de cazadores-colectores

Si contamos los gastos para la salud de pasar a la agricultura, las pandemias ahora hacen que parezca una mala decisión. No obstante, no es el único. Establecerse en sociedades agrícolas vino con un misterio inherentemente evolutivo para nuestros cuerpos. Por un abrumador parte de nuestra historia, habíamos evolucionado para subsistir en la naturaleza, con instintos y funcionalidades anatómicos diseñadas para contribuir a ese modo de vida. No obstante, tan rápido como nos instalamos en sociedades agrícolas, muchas de esas funcionalidades y capacidades dejaron de tener un papel en nuestra vida día tras día, dando sitio a varios de los inconvenientes médicos más habituales de esta época.

Anomalías de la salud como la diabetes tipo 2, la ansiedad y otros trastornos del estado anímico, las patologías autoinmunes, la patología coronaria, la obesidad y la hipertensión, entre muchas otras, son el resultado directo de que nuestros cuerpos no tienen la posibilidad de amoldarse a nuestro modo de vida agrícola parcialmente nuevo. Las ciudades de cazadores-colectores no tenían estos inconvenientes, puesto que sus cuerpos fueron diseñados exactamente para esto.

6. Nuestros dientes por el momento no se ajustan a nuestras mandíbulas

Los inconvenientes bucales son increíblemente recurrentes entre todas y cada una de las ciudades humanas. Las visitas al dentista forman gran parte de nuestros chequeos médicos regulares, y jamás nos paramos a meditar verdaderamente de qué manera sucedió.

Como habrás adivinado, los inconvenientes bucales son otro deber que debimos realizar para asentarnos en sociedades agrícolas. Conforme nuestras dietas modificaban y se volvían mucho más blandas, nuestras mandíbulas asimismo se volvían mucho más pequeñas. Tenía sentido, en tanto que por el momento no precisábamos el poder de la mandíbula inferior para machacar la dieta diferente y cruda de nuestros ancestros ​​cazadores-colectores. Los dientes, no obstante, se sostuvieron prácticamente sin cambios en forma o tamaño. Merced a eso, cerca de una de cada cinco personas padece el día de hoy de dientes desalineados, adjuntado con un montón de otros inconvenientes bucales que jamás tuvimos hoy día de búsqueda de alimento.

5. Los labradores trabajan mucho más horas que los colectores

El mayor razonamiento en pos de la agricultura es que deja a la gente trabajar menos horas. Es lógico meditar que una vieja tribu de cazadores-colectores debería pasar considerablemente más tiempo intentando encontrar comida o un espacio para quedarse que, afirmemos, un ejecutivo de marketing digital de hoy.

No obstante, como está probando la creciente investigación, ese no es la situacion en lo más mínimo. En una investigación, se descubrió que las sociedades de nutrición tienen cuando menos 10 horas mucho más de momento de libertad a la semana que sus análogos agrícolas. Es aún mucho más pronunciado para las mujeres. Conforme cada vez más y más mujeres debieron asumir responsabilidades agrícolas aparte de su papel clásico en la familia de cazadores-colectores, su momento de libertad se redujo a la mitad.

Además de esto, no requiere datos históricos para probar que en este momento estamos trabajando mucho más horas que jamás. Más allá de que es verdad que la agricultura ha ayudado a ciertos ámbitos de la población, como mercaderes, directivos ejecutivos, artesanos, atletas, etcétera., a reunir considerablemente más elementos con bastante menos esfuerzo del que podrían haber hecho en sus días de cazadores-colectores, son pocos. y lejos entre ellos. La enorme mayoría de la población humana todavía vive de sueldo a sueldo, con poco o ningún tiempo para otra actividad que no sea ganarse la vida.

4. La dieta del cazador-colector era considerablemente más balanceada

A primer aspecto, la resolución de establecerse en sociedades agrícolas es una cosa obvia. Jamás tuvimos mucho más control sobre nuestro suministro de alimentos que el día de hoy. Las hambrunas y las sequías semejan ser cosa del pasado y en este momento nos encontramos en una época donde nos encontramos cambiando y generando precisamente lo que deseamos de la naturaleza, algo que jamás pudimos llevar a cabo.

No obstante, todo eso solo fué viable en los últimos siglos. Los primeros labradores estaban en una clara desventaja en el momento en que tenía que ver con la pluralidad de dieta que consumían en comparación con sus ancestros ​​colectores. Un habitual cazador-colector dieta era considerablemente más variado y equilibrado que el de cualquier agricultor (las primeras huertas tenían, en el más destacable de las situaciones, ciertos cultivos especialistas) y eso es verdad aun el día de hoy. Muchas de nuestras patologías modernas similares con la deficiencia de nutrientes eran prácticamente ignotas en las sociedades de cazadores-colectores. Asimismo es exactamente de ahí que que varios médicos y nutricionistas actualmente proponen ir ‘paleo’.

3. La tasa de mortalidad de los cazadores-colectores fue muy afín a la nuestra

La tasa de mortalidad pertence a los razonamientos mucho más usados para respaldar la transición de la búsqueda de alimentos a la agricultura. Asimismo tiene sentido, en tanto que es sabiduría común que las bandas de cazadores colectores corren un peligro considerablemente mayor de fallecer temprano como los humanos de actualmente. Tras todo, existe poco peligro de conseguir un animal salvaje en su paseo períodico de compras en estos días, en contraste a la era de la caza y la recolección donde prácticamente todo en el desierto se encontraba presto a matarlo.

Más allá de que semeja deducible, la ciencia de todos modos no respalda la hipótesis de que los cazadores-colectores vivían vidas mucho más cortas que los primeros labradores. Claro, la mortalidad infantil era considerablemente más alta en ese entonces, si bien si sobrevivías a eso, el rango de edad y tasas de mortalidad semejan estar aproximadamente en exactamente la misma línea que ciertas sociedades desarrolladas de el día de hoy. Además de esto, los primeros labradores debieron lidiar con acontecimientos asoladores, como la escasez inmediata de alimentos y anomalías de la salud, lo que logró que las tasas de mortalidad temprana de las sociedades agrícolas fuesen aun mucho más altas que sus contrapartes cazadoras-recolectoras mucho más recientes.

2. Las sociedades de cazadores-colectores eran mucho más igualitarias

Eche una ojeada al estado de todo el mundo en los últimos 2 siglos y se va a ver obligado a terminar que la gente sencillamente no están destinadas a vivir en armonía unas con otras. Desde genocidios hasta guerras masivas entre Estados-nación, pasando por las absurdamente distintas variedades de prejuicios, como el sexismo, el racismo, la homofobia, etcétera., que prosiguen vivos en la mayor parte de las etnias de todo el mundo, lo vimos todo. Ha de ser, como varios de nosotros nos hacen opinar, la naturaleza humana para proseguir peleando entre nosotros.

No obstante, si estudias la narración de la evolución, esa no es la naturaleza humana en lo más mínimo. Nos encontramos hechos para colaborar entre nosotros y trabajar por el bien mayor, y los cazadores solitarios como los individualistas de el día de hoy jamás subsistieron por bastante tiempo. Entonces, ¿dónde salió todo tan mal?

Lo adivinaste: la revolución agrícola. La agricultura puede habernos entregado un truco único en la vida para realizar medrar nuestra población y desarrollar de manera rápida novedosas tecnologías, sistemas de gobierno y todo eso, si bien tuvo el prominente precio de una sociedad perpetuamente dividida.

Tomemos el patriarcado como un ejemplo. Los permisos de género recios y patriarcales presentes en prácticamente todas las sociedades esenciales de todo el mundo de el día de hoy se derivan de manera directa del papel achicado de la mujer en los campos a causa de la revolución agrícola. Participación femenina en la fuerza laboral achicado durante los años, dando forma gradualmente a eso que el día de hoy conocemos como la ‘brecha salarial de género’.

Tampoco se restringe al patriarcado. La agricultura dividió intrínsecamente a la sociedad en función de múltiples componentes, como el género, la raza, la orientación sexual, etcétera., que jamás fueron importantes en nuestro días de cazadores-colectores. Conforme la multitud se instaló en huertas y empezó a llevar a cabo mucho más de una cosa en vez de de todo un poco, estos diferencias se realizó aún mucho más pronunciado transcurrido el tiempo, lo que resultó en sistemas políticos y sociales basados ​​en prejuicios como el nacionalismo estadounidense, alemán o el sistema de castas indio.

1. Fue un apocalipsis para los animales

A esta altura, está bastante claro que pasar a la agricultura fue una resolución cuestionable, si no totalmente desfavorable, para los humanos. Más allá de que terminantemente demostró ser bastante bueno en concepto de avance científico y, por norma general, para el progreso de la sociedad de la cual formamos parte, tuvimos que sacrificar bastante para lograr decir eso. Posiblemente jamás seamos capaces de contestar si todo valió la pena para nosotros, si bien tenemos la posibilidad de decirlo con seguridad para el resto pobladores de este planeta; para ellos, fué un desastre sin precedentes.

La revolución agrícola fue el comienzo de un género de animal absolutamente nuevo que jamás habíamos popular antes: el animal de granja domesticado. Jamás antes en nuestra historia habíamos cambiado responsablemente la naturaleza misma de múltiples especies para servirnos, en tanto que las gigantes ciudades de sociedades agrícolas requerían un suministro incesante de carne y otros elementos de procedencia animal para progresar. En ese desarrollo, hemos hecho más simple y fundamentalmente matado los instintos naturales de varios de los animales mucho más capaces de la naturaleza, como vacas, cerdos y caballos, aun si semeja que les está yendo mejor que sus antepasados salvajes a primer aspecto.

Más allá de que es verdad que una vaca puede depender de un suministro incesante de alimentos para asegurar la máxima producción de leche, garantizando de esta manera su supervivencia evolutiva, ahí es donde acaban los buenos tiempos. En todas y cada una de las etnias, las vacas todavía son separadas de forma regular de sus crías, mutiladas o cegadas y obligadas a sentarse sobre jaulas a lo largo de toda su historia pese a su instinto natural de estar en la naturaleza. Si equipara una vaca con sus antepasados salvajes, pensaría que es un animal absolutamente diferente, y ese es la situacion de prácticamente todos los otros animales amaestrados.

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