Muertes más extrañas y misteriosas de la historia

Anteriormente, analizamos ciertas formas mucho más extrañas en las que la gente habían encontrado sus objetivos. Lo cierto es que solamente hemos rasguñado la área en este asunto. La historia todavía está llena de vencimientos expepcionales y fallecimientos especiales y el día de hoy veremos diez mucho más de estas situaciones poco comunes.

10. El dulce beso de la desaparición

La narración de Frank Hayes sería un óptimo drama deportivo con un final inesperado que absolutamente nadie vería venir.

Hayes era un jockey de Brooklyn que tenía 22 o 35 años según distintas reportes contemporáneos. El 4 de junio de 1923, montó un caballo llamado Sweet Kiss en el Belmont Park de Novedosa York. Decir que él era el mucho más desvalido todavía sería quedarse corto. Como puede ver, Frank no era de todos modos un jockey. Era entrenador de caballos y joven de cuadra de trabajo, pero ese fatídico día, ocupó el puesto de jinete suplente.

Fue su primera carrera. Evidentemente, absolutamente nadie aguardaba que ganara, pero el inconcebible sucedió. Frank y Sweet Kiss llegaron primeramente, superando las posibilidades de 20 a 1 en contra suya.

Una vez que el caballo cruzó la línea de misión, la multitud corrió a felicitar al dúo ganador. En ese instante, Hayes cayó sobre el caballo y cayó al suelo. Él se encontraba fallecido. Él tuvo padeció un infarto a lo largo de la carrera, pero de alguna forma se las arregló para sostenerse en la silla. No fue hasta el momento en que se detuvieron que su cuerpo cayó. Para llevar a cabo las cosas aún mucho más increíbles, la carrera donde participó fue una carrera de óbices, lo que quiere decir que había óbices en la pista que los caballos debían saltar.

Al comienzo, la multitud creyó que toda la emoción era bastante para el corazón de Frank, pero el culpable mucho más posible eran las radicales medidas de pérdida de peso que había tomado para bajar mucho más de 10 libras en solo unos días.

9. El burgomaestre barbudo

Braunau am Inn es una pequeña localidad de Austria que se prolonga a los dos lados de la frontera con Alemania. Actualmente, unicamente se puede rememorar por una cosa: ser el sitio de nacimiento de Adolf Hitler. Pero se remonta a unos cientos y cientos de años y tenía otros reclamos de popularidad. Camine un tanto por la localidad y va a ver el tallado alivio de un hombre con una barba muy, larguísima.

Ese hombre era Hans Steininger, y se desempeñó como alcalde o burgomaestre de la región en la época del siglo XVI. Según él, por lo menos, tenía la barba mucho más extendida de todo el mundo en ese instante. Medía mucho más de 4 pies y medio de largo y Steininger acostumbraba a enrollarlo y llevarlo en una bolsa de cuero para no arrastrarlo por el suelo.

No obstante, la noche del 28 de septiembre de 1567 se olvidó de llevarlo a cabo pues un incendio había causado un enorme pavor en la localidad. Steininger corría caóticamente con su accesorio hirsuto fluyendo brutalmente. Él tropezó en su barba y cayó por un tramo de escaleras, muriendo de un cuello roto.

La multitud del pueblo se encontraba tan encariñada con el pelo facial de Steininger que, tras su muerte, cortaron el “arma homicida”, si tenemos la posibilidad de llamarlo de esta forma, y la preservaron. Aun el día de hoy, todavía se exhibe en el museo local en Braunau.

8. La falla mortal del padre principal creador

Si en algún momento precisó persuadirse de que la autocirugía es una mala iniciativa, no busque mucho más, Gouverneur Morris, entre los progenitores creadores de los USA. Fué ovacionado como el “Escritor de la Constitución” por redactar el preámbulo del archivo que empieza con las reconocidas expresiones “Nosotros, el pueblo …”

Morris murió el 6 de noviembre de 1816, a causa de una infección y las lesiones que padeció mientras que procuraba adecentar un bloqueo en su tracto urinario utilizando un trozo de hueso de ballena. De esta manera es. Tomó el hueso de ballena y lo empujó por su uretra a lo largo del improvisado trámite médico. Basta decir que no funcionó.

El interrogante que queda es “¿Por qué razón lo logró?” Los catéteres médicos existían en ese entonces. Eran flexibles y suaves y, si bien proseguían siendo una experiencia desapacible, finalmente eran mejores que un trozo de hueso de ballena. Quizás fue la vergüenza lo que le impidió buscar asistencia técnica o, quizás, el mal fue tan profundo que no ha podido aguardar. De cualquier forma, resultó ser una mala resolución y solo aseguró que Morris pasara sus últimos instantes con un mal considerablemente más agonizante.

7. El bastón asesino

Otro hombre que decidió que sabía mucho más que los expertos médicos fue Jean-Baptiste Lully, un compositor del siglo XVII al servicio del rey Luis XIV de Francia.

En el mes de enero de 1687, el rey se había recuperado de la cirugía y Lully decidió que era fundamento de celebración. Organizó una representación de una de sus proyectos mucho más reconocidas llamada Te Deum. A lo largo del espectáculo, Lully no dirigió con un bastón corto y angosto como se ve en los conductores modernos. En cambio, empleó a un personal largo. Atrapada en el calor actualmente, Lully puesto su dedo del pie con la punta del bastón a lo largo de la actuación.

La herida fue tan grave que los médicos de la corte desearon amputarle el dedo del pie, pero el compositor se negó, en teoría pues creyó que por el momento no habría podido bailar. En cambio, continuó y aguantó el mal. No obstante, la lesión no desapareció. En cambio, la gangrena se estableció como infección. extender por todo el cuerpo, matando a Lully un par de meses después.

6. El botánico ciego

David Douglas fue un botánico escocés vanguardista recordado eminentemente por sus múltiples expediciones a América del Norte. Fue el primero en ingresar en cultivo varias plantas que solo están en este conjunto de naciones, eminentemente pinos como el abeto de Douglas que transporta su nombre.

Su última expedición lo llevó a Hawai, donde se encontraba ansioso por examinar el volcán Mauna Kea y sus aledaños. Más allá de que solo tenía 35 años, su vista había degenerado dificultosamente. Douglas se encontraba ciego de un ojo y perdió la visión en el otro y esto ha podido haber contribuido a su desaparición.

El botánico murió mientras que exploraba el 12 de julio de 1834, en el momento en que cayó en una trampa desarrollada para atrapar ganado salvaje. La caída no lo mató, pero sí lo logró el toro que asimismo se encontraba atrapado en el pozo. No está claro si el animal grande cayó después y aterrizó sobre Douglas o si ahora se encontraba adentro y procedió a pisotearlo por furia.

5. De qué manera no colorear a una diosa

¿Es viable fallecer por reírse bastante? Si bien es un caso rarísimo, en verdad es una oportunidad, puesto que un ataque de risa puede ocasionar un paro cardiaco, asfixia o una pérdida de conciencia llamada síncope. Crisipo, el pensador heleno viejo, acostumbra presentarse como la situacion mucho más popular de este extraño riesgo. Parece ser, se rió hasta fallecer tras ver a un burro comer higos y sugerir chistosamente que se le debería ofrecer algo de vino para beberlos.

No obstante, en teoría hay un ejemplo que se remonta al siglo V aC – el del pintor Zeuxis.

No tenemos la posibilidad de contarte bastante sobre su trabajo puesto que ninguno ha subsistido. No obstante, tenemos la posibilidad de decirte que, según la historia de historia legendaria, una anciana le encargó que pintase un retrato de Afrodita. No obstante, mucho más que eso, el cliente insistió en que se hiciese pasar por modelo de la diosa. Y de este modo, Zeuxis pintó un cuadro en el que Afrodita, la encarnación misma del amor y la hermosura, se encontraba retratado como una anciana.

En el momento en que acabó, el artista dio un paso atrás para contemplar su trabajo y, al verlo terminado, reventó en un ataque de risa que provocó su desaparición. Ciertos entonces proclamaron su muerte como castigo de los dioses por burlarse de Afrodita.

4. Una mala acción

Edmund II fue rey de Inglaterra a lo largo de solo 222 días, pero aun de este modo fue bastante para ganarse el alias de “Ironside” por el valor y la valentía con que luchó contra los invasores daneses dirigidos por Canuto el Grande. En el final, Cnut triunfó y, tras la Guerra de Assandun, ámbas partes firmaron un tratado de paz en pos del danés. Según los términos, todas y cada una de las tierras al norte del río Támesis en este momento pertenecían a Cnut, al tiempo que Edmund Ironside preservaba el territorio al sur del río, en el comprensión de que esas tierras asimismo pasarían al príncipe danés tras la desaparición de Edmund.

Cnut no debió aguardar bastante. El 30 de noviembre de 1016, unas semanas tras la firma del tratado, Edmund murió. No obstante, existen varios cuentas de su muerte, pero iremos con la del historiador del siglo XII Henry de Huntingdon por el hecho de que es la mucho más original y también inquietante.

En un caso así, el rey Edmund fue ejecutado por el hijo de un concejal llamado Edric. Con el apoyo de su padre, el asesino se las arregló para ocultarse en el foso asqueroso y nocivo bajo el retrete real. En la noche, el rey fue a obedecer el llamado de la naturaleza y, en relación se sentó, el asesino empezó a apuñalarlo desde abajo. En teoría, empujó la daga con tanta fuerza que continuó fijo en las supones del rey.

No obstante, hay una remuneración kármica. Más tarde, Edric el concejal fue al rey Cnut y le notificó de sus hechos. En el final resultó que, este fue un mal movimiento puesto que Cnut había quedado impresionado por su viejo enemigo y no apreciaba lo que le habían hecho. Como recompensa, le ha dicho a Edric que sería exaltado mucho más prominente que todos y cada uno de los nobles de Inglaterra. Con eso, evidentemente, Cnut intentó comunicar que sería decapitado y su cabeza puesta en un poste en la almena mucho más alta de la torre.

3. El homicidio de la tina de salchichas

A fines del siglo XIX, Adolph Luetgert se realizó popular como el “Rey de las salchichas de Chicago” por el hecho de que dirigía un negocio llamado AL Luetgert Sausage & Packing Company. No obstante, su historia personal no iba tan bien. Él y su mujer, Louisa, peleaban de forma frecuente y siempre y en todo momento estaban en conflicto entre sí. Parece ser, Luetgert tenía el ojo puesto en una viuda rica con la que deseaba casarse y, consecuentemente, el 1 de mayo de 1897, Louisa desapareció.

Luetgert le ha dicho a la policía que su mujer se escapó con otro hombre, si bien probablemente no le sorprenderá conocer que él la asesinó. El único inconveniente que aún encaraba era liberarse de su cuerpo.

En este momento entendemos lo que piensas. Aquí hay un hombre que precisaba liberarse de un cadáver y que asimismo tenía ingreso irrestricto a una factoría de embutidos. La historia prácticamente se redacta sola, pero la realidad no fue tan sanguinolenta como cabría aguardar. Adolph Luetgert no transformó a su mujer en salchichas, si bien esto se transformó en una historia de historia legendaria local habitual. En cambio, él diluido su cuerpo en una tina de potasa corrosiva, o hidróxido de potasio para ofrecerle su nombre químico.

Por fortuna, no logró un trabajo muy extenso de limpieza. La policía ha podido hallar trozos de ropa, pequeños extractos de huesos, mechones de pelo e inclusive un anillo de oro. grabado con las iniciales “LL” Adolph Luetgert fue detenido y acusado del asesinato de su mujer. El juicio, aparte de ser bastante conocido en su día, asimismo fue esencial en la historia estadounidense, puesto que marcó entre los primeros casos en los que se contrató a un especialista forense (en un caso así, el antropólogo George Amos Dorsey) para ofrecer testimonio en una investigación de asesinato.

2. Daniel en la guarida de un león moderno

El sacerdote inglés Harold Davidson estuvo en el centro de la disputa a inicios de la década de 1930 en el momento en que fue acusado de múltiples cargos de inmoralidad derivados del tiempo que pasó con putas y pequeñas sin hogar a quienes, en teoría, trataba de socorrer. Davidson fue expulsado en 1932 pero, desde ese momento, sus defensores trataron de volver a poner su buen nombre aduciendo que fue “inmerecidamente vilipendiado”.

Si son adecuados o incorrectos es verdaderamente sin importancia para nosotros ahora mismo. Lo que nos preocupa es la vida de Davidson una vez que lo echaron de la iglesia. Pasó los próximos años en Blackpool actuando en un espectáculo secundario en el recorrido marítimo. En 1937, recibió lo que consideró una mejor oferta para sumarse a un espectáculo de animales en la localidad turística de Skegness.

Davidson efectuó un acto comunicado como “Daniel en el foso de un león moderno”. Consistía en que él diese un sermón fuera de la jaula de un león y, entonces, entrara a la jaula y pasara un rato con las bestias, protegido solo por una domadora de leones de 16 años.

El acto fue habitual pero, al final, sucedió lo predecible. El 28 de julio de 1937, Davidson fue atacado por un león. Dio su alegato frecuente y después entró en una jaula con 2 leones, Toto y Freddie. Entre los animales derribó al sacerdote, agarrado lo agarró por el cuello y lo arrastró cerca de la jaula mientras que cientos de personas presentes observaban impotentes. Ciertos afirmaron que el león se agitó debido al chasquido del látigo. Otros aseguraron que el ex- sacerdote le pisó la cola de manera accidental. De cualquier forma, Davidson fue llevado al hospital, pero murió gracias a las lesiones unos cuantos días después.

Hay una historia apócrifa que afirma que la última petición de Davidson fue reportar de manera rápida a la prensa londinense de su desaparición a fin de que su muerte se transformara en la primera edición de los jornales.

1. El enorme incendio del whisky de Dublín

El 18 de junio de 1875, la localidad de Dublín experimentó uno de sus mayores catastrofes en el momento en que una parte de ella fue incendiada por un río embravecido de whisky en llamas.

El origen del incendio fueron 2 negocios lindantes llamados la vivienda de malta de Reid y el almacén aduanero de Malone, donde se guardaban ciertos una cantidad enorme de barriles de whisky. En el momento en que las llamas alcanzaron los barriles de madera, hicieron que se abriesen de cuajo, prendiendo simultáneamente el contenido líquido y mandando millones de galones de whisky por las calles de Dublín.

El incendio afectó primordialmente a un área de clase trabajadora de la región famosa como Liberties. Los bomberos no lograron emplear agua para apagar el fuego, con lo que prosiguieron juntando enormes proporciones de estiércol y arena en su sendero para parar el fluído del río abrasador. En el momento en que todo estuvo dicho y hecho, fallecieron entre 4 y 13 personas, y decenas mucho más fueron mandadas al hospital.

Aquí está la parte excepcional: en un caso así, ni solo una víctima murió gracias a quemaduras o inhalación de humo. En cambio, todos cedieron al alcohol. intoxicación. Mientras que fluía el río de whisky y los bomberos trabajaban para apagar las llamas, la multitud de Dublín entró corriendo con ollas, cubos, sartenes, botas y todos y cada uno de los recipientes vacíos que lograron localizar para llenarlos con el líquido embriagador.

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