¿Por qué millones le deben la vida a esta gente increíble?

Hay un dicho que afirma que quien salva solo una vida es tal y como si hubiese salvado a toda la raza humana. Hay un puñado de personas que han logrado aun mucho más que esto, salvando no una vida sino más bien millones. Increíblemente, pocos de ellos son nombres familiares. En esta lista echamos una ojeada mucho más de cerca a sus vidas y logros.

10. John Leal

En 1908, un médico de nombre John Leal cloro añadido al suministro de agua de Novedosa Jersey. Esto fue destacable por 2 causas. Primeramente, el cloro es un veneno, exactamente el mismo veneno que entonces se transformaría en un arma en la Primera Guerra Mundial. Seguidamente, ni el gobierno, los gobernantes locales ni el público que bebería el agua tratada tenían iniciativa de lo que había hecho Leal.

En la sección primera del siglo XX, un vaso de agua del grifo podría estar nadando con Probablemente mortal bacterias como el tifus y el cólera. Leal, que trabajaba para una compañía privada encargada de adecentar el suministro de agua de Novedosa Jersey, se había convencido de que la cantidad justa de cloro mataría las bacterias sin dañar a los humanos.

Preocupado de que los gobernantes tengan la posibilidad de denegar cualquier intento de añadir veneno al agua bebible, prosiguió adelante y lo logró de todas formas.

Las acciones de Leal hicieron un escándalo y se vio obligado a detallarse en la corte. No obstante, en ese instante los desenlaces se volvieron incontestables. La tasa de mortalidad en Novedosa Jersey había caído drásticamente prácticamente de un día para otro.

Si bien fue acusado de poner en riesgo vidas para hacer dinero para sí mismo, Leal no procuró patentar su sistema de filtración de cloro y dejó libremente que lo usara cualquier persona que lo quisiese. El sistema que desarrolló pasó a socorrer millones de vidas en el mundo entero.

9. Alan Turing

Al reventar la Segunda Guerra Mundial, el Máquina misterio era la máquina de encriptado mucho más delicada de todo el mundo. Se podría modificar en 150 billones de composiciones distintas, lo que llevó a los alemanes a finalizar que era sencillamente irrompible.

Con las ondas de radio crepitando con mensajes cifrados en todo, desde los horarios de los trenes civiles hasta la localización de los submarinos, había un enorme tesoro de información aguardando ser desbloqueado. Si solo los británicos tengan la posibilidad de hallar la llave.

En Bletchley Park, los británicos juntaron un equipo de especialistas, que iba desde matemáticos hasta especialistas en crucigramas, y les asignaron la labor de transcribir la máquina Misterio. El mucho más refulgente de todos fue un sujeto excéntrico llamado Alan Turing.

Turing y su equipo consiguieron transcribir el código Misterio, pero los mensajes tardaron semanas en decodificarse, instante en el que con frecuencia eran inútiles. De nuevo, Turing ha podido hallar una solución, diseñando un dispositivo mecánico popular como Bombe, todos los que era con la capacidad de decodificar cientos y cientos de mensajes cada día.

Se ha estimado que esta colosal virtud probablemente halla acortado la guerra hasta en un par de años, salvando millones de vidas en el desarrollo.

8. James Harrison

Con solo 14 años, un joven australiano llamado James Harrison se sometió a una operación para extirpar uno de sus pulmones. Sin las transfusiones de sangre no podría haber subsistido, con lo que se comprometió a transformarse en donante y abonar la deuda.

Mientras que todos sangre tipos tienen la posibilidad de socorrer vidas, Harrison descubrió que su sangre era muy particular y prácticamente única. Resultó que su sangre contenía anticuerpos que podrían emplearse para tratar la patología Rhesus, que provoca que las células sanguíneas de una mujer preñada ataquen a las de su bebé por nacer.

Harrison detestaba las agujas, pero aguantaría muchas de ellas. Donó sangre prácticamente todas las semanas a lo largo de sesenta años, si bien afirma que ni solo una vez vio ingresar la aguja. Al final se retiró a la edad de 81 años, habiendo superado la edad máxima legalmente tolerada para conceder sangre en Australia.

Para entonces, se había ganado el alias de “El hombre del brazo dorado” y salvó quizás hasta un par de millones de vidas.

7. Henrietta Lacks

Henrietta carece era una mujer afroamericana que vivía en Virginia en un instante en que las leyes de segregación racial aún estaban actuales. Habiendo recibido poca o ninguna educación formal y haciendo un trabajo en una plantación de tabaco, había pocos rastros de que hubiese algo increíble en ella.

Más allá de que la vida de Henrietta en sí era parcialmente insulsa, con la desaparición conseguiría una suerte de inmortalidad. En el momento en que Henrietta murió de cáncer en 1951, se envió una exhibe de sus células cancerosas al médico George Gey del Hospital John Hopkins a fin de que las examinara de rutina.

Gey se sorprendió al conocer que no se parecían a ninguno que había visto antes. Donde las células en la mayoría de los casos fallecieron de manera rápida, en las condiciones correctas, Henrietta se duplicó cada 24 horas.

Estas células, apodado HeLa células, son ciertamente inmortales y prosiguen usándose en indagaciones médicas vitales hasta hoy. Mejoraron nuestra entendimiento del VIH, el sarampión, las paperas, el virus del Zika y fueron escenciales para hallar una cura para la polio.

No obstante, hay una nota de disputa. Henrietta asistió a socorrer millones de vidas, pero no había dado permiso a fin de que se recolectaran sus células.

6. Tu Youyou

Los mosquitos tienen la posibilidad de ser pequeños, pero pertenecen a los animales mucho más letales de todo el mundo. Las anomalías de la salud que emiten matan a miles de individuos todos los años. Solo en 2018 hubo mucho más de 200 millones de casos de malaria en el mundo entero.

Cerca del 95% de estas personas subsistieron, y eso es en parte importante merced a un científico chino llamado Tu Youyou.

Youyou empezó su trabajo en la China comunista de la década de 1960, en un instante en que los científicos y también intelectuales eran vistos con sospecha y desconfianza. Su marido, ingeniero de trabajo, fue detenido por las autoridades.

Usted combinó una estricta metodología de investigación con un profundo conocimiento y respeto por las medicinas habituales. Esto por último la llevó a terminar que un complejo que está en el ajenjo era la clave para batallar el parásito de la malaria. En el momento en que los ensayos con animales resultaron efectivos, nuestra Youyou se ofreció como facultativa para transformarse en el primer sujeto de prueba en humanos.

En 2015 recibió el Premio Nobel por su trabajo en el avance de fármacos contra la malaria que prosiguen salvando la vida de miles de individuos.

5. Ignaz Semmelweis

En lo relativo a sus superiores, el Dr. Ignaz Semmelweis era una suerte de bicho extraño excéntrico. Su desconcertante insistencia en que los médicos de su salón se lavaran las manos con una solución de cal clorada les pareció inútil, que consumía un buen tiempo y era extrañísimo.

En la época de la década de 1800, esto sencillamente no se encontraba hecho. Era una práctica común que los médicos pasaran de tratar a un tolerante a otro, o aun de efectuar necropsias, sin esfuerzo para desinfectar sus manos. Que esto sería una malísima iniciativa semeja evidente el día de hoy, pero Semmelweis fue entre las primeras personas en resolverlo.

La insistencia de Semmelweis en la limpieza quería decir que su salón de maternidad en Hungría tenía una tasa de mortalidad de solo el 1%; en los centros de salud próximos podría llegar al 20% o mucho más.

Más allá de que Semmelweis no ha podido prestar una explicación científica convincente de por qué razón funcionaban sus métodos, sabía que lo hacían y no charlaba de prácticamente solamente. Lamentablemente, el lugar no se encontraba listo para oír. Semmelweis fue ignorado, o aun burlado abiertamente, hasta el momento en que en 1865 padeció un ataque de nervios y fue recluído en un psiquiátrico.

Murió pocos meses después, probablemente como producto de una golpiza que había sufrido mientras que se encontraba institucionalizado. Semmelweis se adelantó a su tiempo, pero en este momento es reconocido como un vanguardista de la política aséptica y sus métodos salvaron millones de vidas.

4. Norman Borlaug

En el cambio de siglo en el año 1900 el población de todo el mundo se situó en 1.600 miles de individuos bastante manejables. En la década de 1960, ese total se había duplicado a mucho más de 3 mil millones. Ya que el número de personas incrementa mucho más veloz de lo que se tienen la posibilidad de cultivar los cultivos para nutrirlos, los especialistas advirtieron sobre una catástrofe inminente.

En 1968, el instructor Paul R. Ehrlich de la Facultad de Stanford pronosticó que cientos y cientos de miles de individuos morirían de apetito en los próximos años. Había, ha dicho, nada que se logre realizar Para impedir esto.

Este ámbito apocalíptico se evitó en parte importante merced a los sacrificios de un solo hombre: Norman Borlaug..

Borlaug se conoce como el “Padre de la Revolución Verde” y dedicó su historia a impulsar la producción agrícola en ciertas zonas mucho más pobres de todo el mundo.

Al adoptar los métodos de Borlaug y sustituir cultivos precedentes con las novedosas cepas de prominente desempeño y resistentes a anomalías de la salud que desarrolló, países como México, India y Pakistán tresdoblaron con creces su producción en solo unos pocos años.

Se ha estimado que Borlaug es quien se encarga de socorrer mucho más de mil millones de vidas. Aceptó las críticas de que sus métodos resultaban en una pérdida de variedad alimenticia en el mundo entero, pero apuntó que la opción alternativa era dejar que miles de individuos murieran de apetito.

3. Ernst B. Chain y Howard Walter Florey

Alexander Fleming es popular por conocer la penicilina, la sustancia a la que con frecuencia se le asigna haber cambiado el curso de la medicina actualizada.

Este es, indudablemente, un logro asombroso, pero es justo decir que se logró en parte importante merced a la fortuna y no al juicio.

Mientras que hacía un ensayo en 1928, apreció que cierto género de moho, al que después llamó Penicilina, probó ser increíblemente eficiente para matar bacterias.

El hallazgo se realizó por incidente, y si bien Fleming estudió la oportunidad de utilizar penicilina para tratar infecciones en humanos, al final abandonó la iniciativa por considerarla inviable.

Un científico nativo de Alemania llamado Ernst B. Cadena, haciendo un trabajo al lado de Howard Walter Florey, reanudó donde lo dejó Fleming. Alcanzaron únicamente una pequeña fracción de la popularidad atribuida a Fleming, pero fue esta pareja la que primero logró sintetizar penicilina para empleo humano.

Realmente pocas personas recuerdan en este momento sus nombres, pero Chain y Florey por último desarrollaron la sustancia que ha salvado la vida de sobra de 200 miles de individuos.

2. Escuadrón Suicida de Chernobyl

El 26 de abril de 1986, un control de seguridad de rutina en el Chernobyl La planta de energía nuclear en Ucrania salió catastróficamente mal. Entre las plantas, 4 reactores nucleares, explotó, lanzando gigantes proporciones de material radiactivo al área circundante.

Chernobyl fue el peor desastre nuclear de la historia, pero estuvo cerca de ser múltiples órdenes de intensidad peor. Mientras que los ingenieros y bomberos soviéticos luchaban por contener el desastre, una corriente derretida de material radiactivo se abría sendero hacia una gran piscina de agua usada como sistema de refrigeración. Si se conectaran, resultaría en una explosión aciaga.

Las válvulas que drenarían el agua estaban situadas en un sótano obscuro y también inundado, y solo un puñado de ingenieros sabían dónde hallarlas. Los tres hombres que se ofrecieron como voluntarios para retar la radiación y descender al agua de la inundación se hicieron populares en la historia como los Escuadrón suicida.

Al detectar exitosamente las válvulas y drenar el agua, los hombres evitaron por poco una explosión que habría rediseñado el mapa de Europa, realizando que una gran parte del conjunto de naciones fuera inhabitable a lo largo de quinientos mil de años. Se salvaron millones de vidas, y los propios Suicide Squad aun vivieron para contar la historia.

1. Vasili Arkhipov

En 1962, el planeta contuvo la respiración, mientras que Crisis de los misiles cubanos llevó a los USA de América y la Unión Soviética al filo de una guerra nuclear total.

Si los misiles se hubiesen lanzado, habría sido el objetivo de la civilización misma, y ​​estuvimos mucho más cerca de la catástrofe de lo que la mayor parte de la multitud cree. Solo el juicio de un humilde comandante de submarino soviético evitó que la Guerra Fría se transformara en la Tercera Guerra Mundial.

Los comandantes de los submarinos nucleares soviéticos gozaban de una gran autonomía. Si un comandante pensaba que la red de mando y control soviética había sido destruida, se encontraba completamente en sus competencias publicar un ataque nuclear sin aguardar órdenes de Moscú.

En el auge de la crisis de los misiles cubanos, el 27 de octubre de 1962, se causó una febril discusión sobre este tema bajo las olas del Mar Caribe.

Habiendo sido atacado por buques de guerra estadounidenses, el submarino soviético B-59 había estado sumergido y apartado de todo el mundo exterior a lo largo de 4 largos y claustrofóbicos días. Persuadidos de que la guerra nuclear había explotado encima de ellos, 2 oficiales superiores brindaron la orden de prepararse para publicar los propios misiles del B-59.

Por fortuna, no podrían llevarlo a cabo sin Vasili Arkhipov’s acuerdo, y el comandante soviético sostuvo la tranquilidad. Insistió en que sería sensato cerciorarse de que hubiese explotado la guerra antes de empezar a publicar misiles nucleares. Su resolución ese día bien ha podido haber salvado la vida de cientos de miles de individuos.

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