¿Son estos los cultos políticos más extraños (o aterradores) de la historia?

En el momento en que una figura política se regresa suficientemente habitual, es simple para él empezar a atraer seguidores entusiastas. Si el político escoge cultivar este rastreo, posiblemente logre transformarse en el centro de un culto político pleno, que lo lleve alén de los campos de la política y se transforme en una figura prácticamente religiosa, por lo menos entre los leales.

Varios de los líderes mucho más conocidos y también viles de la historia tuvieron sus cultos políticos, les agrade o no. Echemos una ojeada a varios de los mucho más extraños.

10. Presidente Mao

Mao Zedong, el enorme hombre del comunismo chino, es un caso extraño en lo relativo a los cultos políticos. Si bien finalmente tena un fuerte cosa de culto pasando a lo largo de su reinado, su culto de personalidad dio un salto inesperado al próximo escenario en la década de 1980, una década tras su muerte. Transcurrido el tiempo, el público empezó a verlo como un “hombre-dios”, una suerte de beato con algunos aspectos humanos (ver: décadas de anarquía, purgas, hambrunas y homicidos en masa), pero que, no obstante, proyectaba un fuerte aura de poder y autoridad. Asimismo está visto que, técnicamente, su mensaje proclamado de llevar a cabo a todos y cada uno de los hombres iguales podría verse como una suerte de figura mesiánica para el hombre común … nuevamente, si olvidas todas y cada una de las cosas horripilantes. Es de sospechar que las rentables líneas de mercancías similares con Mao tampoco se vieron perjudicadas.

Siendo un país comunista, China normalmente rechaza los cultos “espontáneos”, pero lógicamente, el que se formó cerca del Enorme Timonel logró subsistir. Cuanto mucho más proclamaban los intelectuales del país su disgusto por Mao, mucho más agradaba a los plebeyos (que, por su parte, veían a los intelectuales como vagos y codiciosos). Y de esta forma, en 1993, ahora había una escultura de Mao que se afirmaba que hacía milagros.

9. Napoleón Bonaparte

Si bien en un instante fue dueño de Europa, Napoleón era un hombre ruin y también inseguro con una secuencia de complejos de inferioridad. Al Emperador le agradaba estar mucho más listo para que las cosas se puedan ver lo más bien que se pueda. Como tal, no llama la atención que haya creado el género de capacidad para la autopromoción que ocasionalmente creó un culto de adoradores a su alrededor.

Napoleón empezó a hacerse un nombre a lo grande en torno a 1796, en el momento en que recibió el mando del ejército francés de Italia. Deslumbró a París con una secuencia de folletines que exageraban de enorme manera la relevancia y la intensidad de cada pequeña riña que tenían, inflando la valentía del contrincante y también sugiriendo su capacidad táctica. En solo unos meses, el gobierno, sus tropas y el público se encontraba asombrado de él, y edificó sobre esa base hasta el punto de que aun los acontecimientos menos triunfantes de su campaña posterior en Egipto se transformaron en “material de historia de historia legendaria”. En este punto, varios franceses pensaban que él era fundamentalmente un héroe de la profecía de cuento de hadas, que había venido a socorrer a la nación. En este punto, Francia era una presa simple para Napoleón.

Los fallos siguientes del emperador Napoleón I y su caída hicieron que su reputación se viese perjudicada, pero un culto empezó a formarse a su alrededor. pocos años tras su muerte, transformándolo en otra figura salvadora y una cabeza profesora política póstuma. El sobrino de Napoleón, Luis Napoleón, quien asimismo era un profesor de la publicidad, usó acertadamente su asociación de sangre con su tío, figura de culto, para hacerse con el control de la nación y transformarse en el primer presidente de Francia. En solo tres años, ha podido comprar poderes dictatoriales y, al final, tomó el trono francés como emperador Napoleón III.

8. Benito Mussolini

Benito Mussolini, el dictador italiano y también inventor del fascismo, estuvo en el juego del culto político desde el comienzo. Para hacer una nación que fuera totalmente leal a él y solo a él, se cercioró de que todos y cada uno de los medios tuviesen editores en su bolsillo y ordenó a los profesores que le hiciesen un juramento a su régimen. Para verse mejor, invirtió enormes cantidades de dinero en múltiples proyectos que fueron hechos a la medida para ofrecerle puntos de propaganda, tanto en el extranjero como en Italia. Hasta entonces, sus probables contrincantes han quedado sin dientes mediante sendas oficiales y, si es requisito, extraoficiales.

Decir que el emprendimiento de culto a la personalidad de Il Duce fue un éxito es quedarse corto. En verdad, el culto de Mussolini logró subsistir al hombre mismo con bastante sencillez. Aun en la década de 2010Varios italianos piensan que Il Duce fue de todos modos un hombre de honor y, para consternación de los turistas alemanes que fueron menos agradables con la memoria de su dictador, la mercancía de Mussolini todavía es una vista común en el país.

7. Francois Duvalier de Haití

Francois “Papa Doc” Duvalier empezó siendo (o cuando menos pretendiendo ser) un hombre del pueblo, pero cuando ganó el control de Haití, no se encontraba presto a dejarlo ir. Usando su enorme interés en el vudú (vudú), estableció una milicia despiadado llamada Tonton Macoute: los hombres del saco. Con su asistencia, el gobierno corrupto y sin corazón de Duvalier empezó a aislar de forma lenta al país y a arruinarlo hasta los cimientos, al paso que nuestro Papa Doc empezó estableciendo un culto a su alrededor.

En el momento en que tenía que ver con subir al pedestal, Duvalier no se entretenía. Forzó a su gente a cantar y bailar en su honor en frente de su palacio en Puerto Príncipe. Rodó en su atractiva limusina a prueba de balas, deteniéndose ocasionalmente para arrojar dinero a la multitud reunida. Aun logró que se reescribiera el Padrenuestro a fin de que se tratase de él: “Nuestro doctor, que está en el Palacio Nacional, santificado sea tu nombre”.

Aun de esta forma, el arma mucho más vigorosa en el armamento de culto político de Papa Doc era su reputación como profesor de vudú. Con frecuencia se vanagloriaba de sus poderes sobrenaturales y afirmaba que sus contrincantes no podían vencerlo pues “ahora era un ser inmaterial”. Usó movimientos pausados, una observación espantosa y un alegato ominoso y susurrante para hacer la imagen del género de sacerdote vudú de la civilización pop que probablemente andas imaginando ahora mismo. Con poderes espirituales o no, su muy real Tonton Macoute lo transformó en un enemigo increíblemente espantoso … singularmente pues se rumorea que mucho más adelante en la vida se dedicó a torturar en lo personal a la gente.

6. Saddam Hussein

Saddam Hussein, el ex- dictador de Irak, es un increíblemente excelente ejemplo de lo que ocurre en el momento en que un partido pone sus huevos en una canasta magníficamente mostachuda pero malévola. Durante los años, el partido Ba’th de Saddam dedicó poco a poco más sacrificios a lograr que su hombre primordial se viese bien y fuerte. Transcurrido el tiempo, esto empezó a transformarlos en el culto a los héroes y, en la época de la década de 1980, el Baaz se encontraba comprando completamente su publicidad sobre Saddam.

Como tal, el reinado de Saddam desde 1979 hasta su muy publicitada caída en 2003 fue bastante afín a otros cultos de personalidad. El país se encontraba plagado de monumentos masivos en honor al dictador, y probablemente el mucho más popular, el “Arco de las manos de la victoria en Bagdad, de todos modos se inspiró en las propias manos de Saddam. El hombre mismo se encontraba ansioso por alimentar su reputación, y se cercioró de que no rigiendo solo por temor. Una gran parte de su popularidad se debió a que efectuó varios actos estratégicos de buena intención, desde incrementos salariales hasta amnistías en general (excluidos los presos políticos, naturalmente).

La Guerra del Golfo tampoco dañó precisamente su imagen: cerca de 1991, su reputación se se encontraba propagando como la pólvora por los “países árabes, musulmanes y del Tercer Planeta”, como LA Times lo afirma. En verdad, era tan habitual en ese instante que se sabía que la multitud chillaba “¡Saddam es Dios!” en voz alta.

5. Philippe Petain, gobernante títere nazi de Vichy Francia

Mariscal Philippe Petain es una curiosidad en esta lista por el hecho de que su “culto” procede de heroicos en la Primera Guerra Mundial, pero entonces arrastró su nombre en el barro al ponerse del lado de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Petain tenía prácticamente 60 años en el momento en que fue ascendido a general de brigada y probó ser un comandante excelente en la guerra del Marne en 1914. En 1916, era un general terminado, solicitado de parar la ofensiva alemana en Verdún. Sí, la guerra de Verdún. Él fue el tipo que logró la labor prácticamente irrealizable de sostener la línea … más allá de que costó la vida a 350.000 de sus hombres.

Petain surgió de la Primera Guerra Mundial como entre los héroes mucho más insignes de Francia, y su colosal popularidad le valió una secuencia de situaciones predominantes. Entre otras muchas cosas, fue influyente en la construcción del Línea Maginot.

Lamentablemente, el adulto mayor Petain se inclinó hacia puntos de vista políticos de derecha. En el momento en que llegó la Segunda Guerra Mundial y Francia empezó a recibir golpes, fue ascendido apuradamente a Primer Ministro y se le asignó la labor de negociar un armisticio con los alemanes en 1940. Próximamente, el hombre de 84 años se transformó en el más destacable perro de la una parte de Francia ocupada por los nazis. , popular como Vichy France. No le tomó un buen tiempo transformarse en un déspota avalado por Hitler completamente resuelto a purgar su rincón del país de lo “éticamente decadente”. que resultó ser exactamente la misma gente a la que perseguían los nazis. Como es de aguardar, esto logró que prácticamente todos odiaran a Pétain una vez que acabó la guerra, y el adulto mayor fue proclamado culpable de traición y sentenciado a muerte. No obstante, esto se cambió después a cadena perpetua.

En cierta forma, el culto a la personalidad de Petain ha subsistido hasta nuestros días. Todavía es una figura habitual en los círculos de derecha del país, que periódicamente (y en buena medida sin éxito) procuran blanquear su legado aseverando que es un “salvador crucificado de Francia” que no solo sacrificó su reputación notable para contribuir a Francia a eludir el destino de Polonia, pero asimismo acuchilló en misterio a Hitler engañándolo a fin de que se sostuviera fuera del norte de África, lo que dejó a los socios ganar la guerra en 1945. Evidentemente, las fuentes señalan que llamar a estas declaraciones “revisionistas” es una pérdida de una ocasión con perfección buena para emplea la palabra “absurdo”.

4. Getulio Vargas de Brasil

Getulio Vargas, el presidente de Brasil a lo largo de bastante tiempo, usó un montón de sombreros durante los años. Es el líder mucho más influyente de la historia actualizada del país, habiendo tenido la autoridad suprema de 1930 a 1945 y de nuevo de 1951 a 1954. Es el primordial responsable de un montón de reformas económicas y sociales que asistieron a poner al país cada día. Llegó al poder derrocando al viejo gobierno gobernado por los oligarcas y múltiples de sus acciones fueron en oposición a terratenientes y hombres de negocios ricos y también predominantes, lo que le valió el alias de “Padre de los pobres”. Condujo el buen barco Brasil mediante una Enorme Depresión políticamente tumultuosa, e inclusive luchó en lo personal contra el intento de cuajo ocasional.

Por otro lado, asimismo rigió como un dictador fundamental a lo largo de unos 15 años, y su último orden estuvo marcado por el ultranacionalismo y los escándalos. Oh bien.

Todo el estilo de Vargas de “Padre de los pobres” fue lote fértil para un culto a la personalidad, que reapareció tras su suicidio en 1954. Dejó 2 documentos: Una nota manuscrita que se vanagloriaba: “Para la furia de mis contrincantes dejo el legado de mi muerte”, y una carta considerablemente más desarrollada famosa como “Carta Testamento, ”Que significa carta testamentaria. La Carta Testamento expuso la visión de Vargas del futuro de Brasil y socavó un tanto a sus contrincantes políticos. El concepto y la vericidad de los documentos se han debatido vehementemente desde ese momento, pero aun de esta forma, semeja que Vargas logró sostener vivo su culto a la personalidad y también influyó en la política brasileira del siglo XX aun desde alén de la tumba.

3. Fidel Castro

Hacia el desenlace de su historia, el líder cubano Fidel Castro le ha dicho a su gente en términos indudables que no deseaba transformarse en objeto de una secta. En verdad, su último deseo, o explicado de otra forma, demanda, era que no se edificaran esculturas en su honor, ni inmuebles ni calles que llevaran su nombre.

Más allá de que esto puede parecer una humildad emocionante para un chaval que tiene una Producto de Wikipedia sobre las cosas que llevan su nombre, la crónica de Castro no pinta verdaderamente la imagen de un hombre que escapa de la adoración. Según con la Havana Times, El sendero de Castro a la popularidad fue de todos modos muy afín al de figuras viles como Mao Tse Tung, Mussolini, Muammar Gaddafi e inclusive Hitler: todos eran prometedores atractivos, pero tras tomar el poder desataron una racha de publicidad y opresión que creó un culto a la personalidad. The Guardian detalla ciertas tácticas particulares de Castro: desde su característico aspecto de barba y cigarrillo hasta su empleo y apropiación de eslóganes como “Hasta la victoria siempre y en todo momento”, “Yo soy la revolución” y “Socialismo o muerte ”, no había duda de que él era la cara de la revolución cubana, junto, naturalmente, con su compatriota mártir Che Guevara.

Para ser justos, Castro tendía a asegurar que no deseaba mostrarse en avisos, y semeja que varios de los avisos y murales que lo representan son el trabajo de artistas inspirados en vez de una racha de publicidad dictada por el gobierno (si bien Castro precisamente se agradó en eso asimismo, puesto que sostuvo a los medios a raya). Por otro lado, en el momento en que la multitud enyesa de manera voluntaria tu rostro en todo el país, es una buenísima señal de que tu culto a la personalidad ahora está en una aceptable racha.

2. Adolf Hitler

La culto político que se formó en torno a Adolf Hitler en la Alemania nazi era algo de los días de adoración al dios emperador de la vieja Roma. El título que amoldó fue Fuhrer, que significa “líder” y se usó para probar su autoridad total y completa. El saludo obligación del Tercer Reich fue “Heil Hitler”, que conjuntado con el infame saludo nazi con un solo brazo transformó el mero saludo a alguien en un tributo terminado al Führer. Fotografías, senos y retratos del líder nazi estaban en todas y cada una partes, y se le presentaba todos los días como Salvador de alemania.

Esta fue, naturalmente, una táctica completamente intencional que dejó a Hitler sostener a sus súbditos bajo control. Asimismo empezó el juego del culto político bastante antes de la Segunda Guerra Mundial. En 1936, ahora charlaba de sí como una figura divina en el límite en un mitin del partido: “Es una joya de nuestra temporada que me hayas encontrado”, ha dicho. “¡Y que te haya encontrado es la buena fortuna de Alemania!” Precisamente, la precognición no era una parte de su grupo de capacidades de salvador autoproclamado.

1. Josef Stalin

Josef Stalin fue integrante del primer politburó de Lenin una vez que la Revolución Rusa de 1917 diese a luz a la Unión Soviética, y en el momento en que Lenin murió en 1924, se apuró a tomar el poder. Su angosta relación con los militares precisamente no logró daño en esta misión, pero su primordial fortaleza era su culto a la personalidad esmeradamente elaborado.

Como integrante del círculo íntimo de Lenin, Stalin ha podido pintarse a sí mismo como una extensión del difunto innovador, cuyas acciones caracterizó como infalibles y también “impecables”. Al conectar el culto a la personalidad del Lenin fallecido con sus acciones, podía “tomar prestada” la fuerza de su precursor y ofrecer a comprender que todas sus acciones pertenecían al legado de Lenin, y ya que Lenin era especial, esto quería decir que él asimismo era especial. Próximamente, se encontraba moldeando tradiciones y celebraciones a su imagen, siempre y en todo momento asegurándose de integrar varias cosas viejas adjuntado con las novedosas, centradas en Stalin para llevar a cabo el cambio mucho más simple de tragar … y entrelazarse aún mucho más con el tejido del Identidad rusa / soviética.

La primordial herramienta de Stalin para sostener su culto fue la prensa. Prácticamente todas las historias sobre él eran pura publicidad, presentándolo como un personaje genio sabio y muy amado e inclusive otorgándole el título no oficial de Padre de las Naciones. Aun este nombre no fue accidental, en tanto que a los curas de Rusia generalmente se les llamaba “Padre”, lo que creó la imagen de que Stalin se encontraba la iglesia tal como el poder terrenal. Con todo, el dictador era tan horriblemente eficaz que se encontraba creando su culto político que en el momento en que su sustituto Nikita Khrushchev denunciado públicamente el culto a la personalidad cerca de Stalin en 1956, tres años tras la desaparición del hombre, la multitud se sorprendió y se quedó estupefacta.

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