Top 10 famosos Muckrakers

Varias cosas desapacibles suceden a puerta clausurada. Libres de escrutinio, los conjuntos, los gobiernos y las compañías de manera frecuente no hacen nada bueno, seguros en la creencia de que sus imágenes continuarán completamente limpias, sin importar un mínimo qué descuidadas logren ser sus acciones. Si no fuese por las acciones valientes y la determinación tenaz de ciertos hombres y mujeres que se ocupan de conocer las malas prácticas y forzar a las instituciones a salir a la luz, posiblemente varios de los mayores crímenes y abusos de la historia jamás se hubiesen revelado. Estos hombres y mujeres llegaron a ser populares como “muckrakers”. Si bien el término empezó como un peyorativo, desde ese momento se convirtió en un alias heroico para cualquier persona que cava y cava para localizar la realidad. Aquí están diez de los más destacados rastreadores de escombros en la crónica de la prensa estadounidense.

10. Samuel Hopkins Adams

Puede semejarnos risible para nosotros en este momento (salvo para esos de nosotros que adquirimos jugo de Noni), pero hubo un instante en la historia estadounidense en el que alguno podía combinar ciertos elementos en una botella, pegarle una etiqueta muy elegante y venderlo como medicina. . Estos brebajes, llamados fármacos patentados, fueron vendidos en todo el país por hombres pasajeros que prometieron sanar todo cuanto le afligía. En una temporada donde la medicina real no se había descubierto o era bien difícil de hallar, la promesa de alivio de los dolores y afecciones de una vida bien difícil era todo cuanto la mayor parte de la multitud precisaba para liberarse de su dinero fuertemente ganado. Ciertas cosas verdaderamente funcionaron, pero como no había pruebas, estándares ni supervisión, la multitud no tenía iniciativa de si lo que estaban consiguiendo era real, inofensivo o arriesgado.

Aun las cosas que hicieron lo que prometieron con frecuencia tuvieron resultados consecutivos desapacibles o mortales. En 1905, consternado por esta estafa extendida del pueblo estadounidense, el periodista Samuel Hopkins Adams publicó un producto en Collier’s Magazine que se titula “El enorme estafa estadounidense”. En él, expuso los riesgos de los fármacos, que de manera frecuente contenían enormes proporciones de alcohol o narcóticos. Gracias a su trabajo, el gobierno empezó a reclamar a los desarrolladores de fármacos que etiquetaran precisamente sus elementos y por último los prohibió. En 1911, la Corte Suprema anuló las leyes que impedían que las compañías hiciesen reclamaciones fraudulentas, y Adams, que desde ese momento se había transformado en un escritor de ficción habitual, volvió a sus raíces rastreras y las atacó nuevamente. En esta ocasión para toda la vida.

9. Julian Assange

Lo ames o lo detestes, es imposible debatir que Julian Assange ha traído el escándalo al siglo XXI. Assange, ex- pirata informático y programador de programa, inició el sitio Wikileaks en 2006 para fomentar su agenda de “transparencia extremista”. Un espacio donde los denunciantes tienen la posibilidad de comunicar documentos clasificados de manera anónima, bajo la dirección editorial de Assange, Wikileaks ha expuesto actos ilegales empresariales, misterios de la Iglesia de la Cienciología y, lo que es mucho más popular, un colosal tesoro de cables y documentos diplomáticos estadounidenses que especifican las oscuras realidades tras las guerras en Afganistán y también Irak. . Tan lejos de un periodista clásico como un portal de internet lo está de un periódico, Assange no inspecciona crímenes y abusos, pero da un foro de discusión mundial instantáneo para todos los que lo hacen.

Es un hombre bien difícil de elogiar, con sus complejos de persecución, insolencia y acusaciones sexuales destacables, pero su legado en la extendida lista de esos que sacarían la realidad a la luz es sólido. Wikileaks todavía es un espacio esencial para esos que no tienen otro rincón donde contar sus historias. Mientras que prosiga de esta manera, Julian Assange merece el respeto y la admiración de todos los que piensan que los misterios han de ser expuestos.

8. Lincoln Steffens

El nombre Lincoln Steffens es posible que no se le ocurra a la mayor parte de la gente en el momento en que opínan en enormes cronistas estadounidenses, pero debería. Personas como Steffens fueron la inspiración original para el término “muckraker”. Escribiendo para el New York Evening Articulo y McClure’s en la sección primera del siglo XX, Steffens atacó y expuso entre los mayores centros de corrupción populares por el hombre: los gobiernos municipales. En una secuencia de productos que entonces fueron recogidos en el libro La vergüenza de las ciudades, Steffens esbozó la maquinaria despiadado y también inequitativa que operaba en todos y cada uno de los campos de la vida municipal. Steffens, un innovador de corazón, aguardaba que al enseñar qué maltratados y maltratados los pobres y los inmigrantes recientes por la parte de la multitud que dirigía sus ciudades, la multitud saliese a las calles para reclamar un cambio.

Evidentemente, no sucedió, pero Steffens se las arregló para criticar a los gobernantes indiferentes y asistió a hacer el cinismo saludable del votante estadounidense moderno. La reputación de Steffen padeció una vez que se transformó en comunista y escribió productos llenos de encomios entusiastas para la Unión Soviética. Después se desilusionó con la ideología (exactamente la misma la mayor parte de los izquierdistas occidentales) y la abandonó antes de su muerte. El día de hoy, alejadísimo de las peleas ideológicas de la temporada, su legado es el de un hombre que vio el abuso, no ha podido permitirlo, y se lo contó al planeta.

7. Ralph Nader

En estos días, Ralph Nader es recordado en buena medida (por lo menos por los demócratas) como el hombre que le dio al planeta a George W. Bush. Como candidato de un tercer partido en 2000, varios sostienen que consiguió los suficientes votos progresistas para eludir que Al Gore consiguiera una victoria absoluta, en vez de la disputada que por último fue cancelada. Antes de sus incursiones en la política presidencial, Nader se realizó un nombre como un defensor del cliente vigoroso y con pasión que logró de su cruzada mostrar las flagrantes violaciones de seguridad de las primordiales compañías estadounidenses.

Su primer propósito fue la industria del automóvil. En 1965, publicó un bestseller llamado Unsafe at Any Speed, que resaltaba los riesgos de varios de los coches mucho más populares estadounidense. La supervisión de Nader no le logró ganar amigos en Detroit, y múltiples compañías contrataron estudiosos para intervenir sus teléfonos e inclusive contrataron putas para atraerlo a un escándalo. Sin inmutarse, continuó su campaña y fue una figura clave en la novedosa ola de regulaciones de seguridad automotriz en los años 60. Usó su novedosa popularidad (y los cientos y cientos de jóvenes idealistas que inspiró) para difundir libros sobre intranquilidades ambientales y corrupción del gobierno. Desde ese momento, sus campañas de presidentes han empañado el increíble trabajo que logró para llevar a cabo del país un espacio mucho más seguro y sincero. Con suerte, con el tiempo, la historia recordará a Nader por este último.

6. Seymour Hersh

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A ciertos muckrakers se les recuerda por un libro, producto o novedad que descubrió un abuso. Otros, como Seymour Hersh, hacen una carrera de hurgar y escarbar en la basura de nuestras instituciones, exponiendo patraña tras patraña, misterio tras misterio. Desde el principio de su trayectoria, aprendió que las historias reales no se contaban oyendo las charlas de prensa oficiales y las líneas de la compañía. Hersh pensaba que si deseabas oír la realidad, debías ir uno a la vez con la gente que vivían y contaban una historia.

Esta filosofía le sirvió bien y lo llevó a ciertas historias mucho más reconocidas del siglo XX. La primera enorme historia que contó Hersh fue la infame Matanza de My Lai en Vietnam. La matanza de 1969, que implicó a soldados estadounidenses que mataron a cientos y cientos de civiles vietnamitas desarmados, galvanizó el movimiento contra la guerra y asistió a hundir el acompañamiento público a la guerra. Si My Lai fuera la única historia de la carrera de Hersh, todavía pertenecería a esta lista, pero recién se encontraba empezando. A lo largo de los próximos 40 años, publicó historias sobre complots de la CIA, el software nuclear de Israel y toda clase de travesuras gubernativos en el Medio Oriente y en otros sitios. Hersh aun contó la historia del Escándalo de Abuso en la Prisión de Abu Ghraib hasta el momento en que 60 Minutes lo raptó en el último minuto.

No obstante, sus productos sobre el escándalo en The New Yorker dieron el contexto y los datos tras las impresionantes imágenes. Seymour Hersh todavía es uno de los más importantes rastreadores de escombros del país. Siempre y en todo momento intentando encontrar y jamás satisfecho con las respuestas oficiales.

5. Upton Sinclair

Es una vieja broma que absolutamente nadie desea comprender qué tiene dentro precisamente una salchicha, pero no fue hasta el momento en que Upton Sinclair publicó su libro histórico The Jungle en 1906 que la multitud se percató de cuánto no deseaban comprender. Eminentemente preocupado por los abusos laborales, Sinclair estuvo encubierto a lo largo de siete semanas, compendiando datos sobre las horripilantes prácticas de la industria de empaquetado de carne de Chicago. Sus indagaciones llevaron a la publicación del libro. Si bien Sinclair (un socialista de siempre) procuraba sacar a la luz la explotación de los trabajadores en los corrales, el público en cambio se centró en las inquietantes revelaciones de la flagrante falta de preocupación por la limpieza y las repugnantes condiciones de las instalaciones de empaquetado de carne.

Sus vívidas especificaciones de las condiciones descuidadas y la polución recurrente conmovieron a la nación. Tanto es conque la exposición de Sinclair llevó a la creación de la Ley de Inspección de Carne, la Ley de Alimentos y Fármacos Puros e inclusive la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA), que todavía regula todos y cada uno de los alimentos vendidos en los USA. Sinclair se encontraba decepcionado de que The Jungle no generara mucho más preocupación por las condiciones de trabajo, pero aún se encontraba complacido de que por lo menos pudiese lograr que el suministro de carne fuera mucho más seguro. En el momento en que se le preguntó sobre la reacción no deseada, Sinclair comentó: “Apunté al corazón del público, y por incidente lo golpeé en el estómago “.

4. Gary Webb

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Si tienen suerte, un muckraker hallará una enorme historia que resalte el abuso o la corrupción, la publicará con encomios extendidos y va a pasar a la historia como un héroe que se encaró a quienes nos sostienen encadenados. Gary Webb no fue un hombre favorecido. En 1996, Gary Webb publicó una sucesión de productos en los que aducía que la CIA, con la asistencia expresa de la Administración Reagan, participó activamente en traer enormes proporciones de cocaína desde Nicaragua a las calles de Los Ángeles. Sí, mientras que Nancy Reagan le afirmaba a Gary Coleman que “afirmara sencillamente no”, USA ayudaba a un letrero de la sustancia a hacer una exclusiva epidemia de drogas en una enorme localidad estadounidense.

Webb describió con meticuloso aspecto el difícil complot para financiar a los rebeldes nicaragüenses (que eran traficantes de cocaína) a través de la creación de crack, una versión mucho más económica y enormemente adictiva de la sustancia que aun los pequeños pobres del centro de la región podían abonar. No es necesario decir que el gobierno se atemorizó. Y lamentablemente para Webb, prácticamente todos los diarios esenciales se pusieron del lado del gobierno y atacaron su periodismo. Webb ganó un premio Pulitzer por la serie y todo cuanto adujo se probó que era cierto, pero el inexorable ataque a sus credenciales y el escandalo que sus reportes habían provocado esencialmente acabaron con su trayectoria. Se mudó de un trabajo a otro, pero jamás mucho más ha podido hallar trabajo en un periódico esencial. Fue encontrado fallecido de un aparente suicidio en 2005, castigado por descubrir la realidad.

3. Rachel Carson

Rachel Carson fue una científica y naturalista que brincó a la popularidad escribiendo especificaciones interesantes y líricas de todo el mundo natural en productos populares y libros mucho más vendidos. Muchas personas redacta sobre la naturaleza, pero Carson la evangelizó. Ella era una auténtica fiel en la hermosura y dificultad de todo el mundo natural y su prosa talentosa la transformó en entre las escritoras de naturaleza mucho más queridas en la historia estadounidense. En 1957, Carson, que asimismo había trabajado para la Oficina de Pesca, empezó a preocuparse por la utilización popularizado de pesticidas sintéticos como el DDT. En ese instante, no había un movimiento ambiental ordenado y la mayor parte de la multitud veía la naturaleza como un vertedero con aptitud sin limites.

Carson dedicó sus energías a alertar al planeta de los riesgos de los pesticidas químicos y en 1962 publicó Silent Spring, un informe deslumbrante lleno de ejemplo tras ejemplo de precisamente de qué manera los pesticidas dañaban el medioambiente. El libro fue un éxito de ventas inmediato y creó prácticamente por sí mismo el movimiento ecologista moderno. En todo el país y el planeta, una cantidad enorme de personas se sintieron conmovidas por el trabajo de Carson para organizarse y el movimiento que ella produjo llevó no solo a la prohibición del DDT, sino más bien asimismo a la creación de la Agencia de Protección Ambiental. Carson murió de cáncer solo un par de años tras la publicación del libro, pero su amor por el planeta natural y sus infatigables sacrificios por resguardarlo aún repiquetean el día de hoy. Eso es lo que puede realizar un individuo con una máquina de redactar y una convicción.

2. Woodward y Bernstein

Carl Bernstein, izquierda, y Robert Woodward, quien presionó la investigación de Watergate, en Washington, DC, el 7 de mayo de 1973.

Si bien “muckraking” fue un término que brotó a inicios del siglo XX, 2 de los muckrakers mucho más conocidos triunfaron su reputación en los años 70. Bob Woodward y Carl Bernstein eran 2 jóvenes noteros del Washington Articulo que tropezaron con la novedad más esencial (y el mayor escándalo) de la historia estadounidense. Asignados para reportar sobre el hurto de la Sede Nacional Demócrata en el edificio de áreas de trabajo de Watergate, Woodward y Bernstein cavaron intensamente y por último descubrieron una confusión de trucos sucios, crímenes atrevidos y patrañas persistentes que llegaron hasta la Casa Blanca.

Se llamaron a sí mismos “cronistas de investigación” y el término se mantuvo en buena medida. Pero su dedicación, perseverancia y intención de ir a la contra de la sabiduría prevaleciente en el momento en que sabían que tenían razón los transforma en escándalos del mucho más prominente nivel. Probaron que si un periodista hacía su trabajo y se sostenía estable, absolutamente nadie era inmune a su poder. No el presidente de los USA.

1. Edward R. Murrow

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Pocos cronistas estadounidenses en algún momento alcanzan las alturas expertos que alcanzó Edward R. Murrow. Con la salvedad de Walter Cronkite, todavía es el día de hoy, prácticamente 50 años tras su muerte, entre las figuras mucho más respetadas de la industria. Murrow brincó a la popularidad en todo el mundo a lo largo de la Segunda Guerra Mundial como corresponsal en Londres de la radio CBS. Sus reportes en directo en la azotea llevaron el Blitz a casa con vívidos datos para el pueblo estadounidense y asistieron a impulsar el sentimiento habitual hacia sumarse a la guerra.

Cuando acabó la guerra, regresó a los USA y continuó con su estilo de periodismo de alta definición en la radio y, al final, en la televisión. Fue en la televisión, como una parte de su popular programa de novedades See It Now, donde Murrow hizo su investigación mucho más intensa. Preocupado con lo que vio como una usurpación de los derechos civiles por las acciones del senador Joseph McCarthy y sus campañas para eliminar la infiltración comunista en la cultura de Estados Unidos, Murrow decidió llegar a la realidad. Usando el nuevo medio con su poder, Murrow empleó los propios alegatos de McCarthy en contra suya, condenando al hombre con sus expresiones. Un estilo que todavía marcha el día de hoy y llegó a controlar las novedades por cable.

Murrow era bivalente sobre la televisión y dio charlas a los ejecutivos sobre su empleo, pero realmente pocas personas fueron tan funcionales en la pelea contra las injusticias con la televisión como Murrow. Fue un enorme periodista, un consumado profesional y no logró menos que llevar a cabo del país un espacio mejor. Todo por no tener temor de realizar relucir una luz en los rincones mucho más oscuros de nuestro planeta.

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