Top 10 hipocondríacos famosos

Absolutamente nadie desea enfermarse. ¿No nos abrigamos todos en invierno para aislarnos del frío y tener bastante precaución con la gente enfermas con mocos? No obstante, solo ciertos de nosotros nos lo tomamos verdaderamente seriamente. Por servirnos de un ejemplo, ¿en algún momento pasó un día recogiendo todo con un pañuelo de papel? ¿O tomó notas detalladas de su flatulencia? ¿O sencillamente se retiró completamente de la interacción humana y conversó por medio de cartas y el teléfono pues es considerablemente más higiénico? Bueno, estas personas reconocidas lo hicieron. Y pensabas que los conocidos eran contentos.

10. Converses Darwin

Contra las tropas de fundamentalistas religiosos ilógicos que derrotan al secular, o sencillamente por lo menos componente, con su dogma insidioso está un hombre: Converses Darwin. Con su teoría de la evolución, el planeta científico agrede a los fundamentalistas religiosos con la sabiduría lógica del enorme científico. ¿Es la evolución real? Mira, aquí está la prueba. ¡¿Ver?! Bueno, un hombre al que le importaba poco la lógica y la prueba médica y que creía completamente en las fantasías imaginadas de su cabeza era Converses Darwin.

. Charlie era un hipocondríaco adorablemente neurótico al que le encantaban los tratamientos como “curas de agua” para sus enfermedades percibidas, en las que tomaba un baño frío y lo envolvían en sábanas mojadas (y lo frotaban). El popular científico asimismo sostuvo registros meticulosos de su flatulencia.

9. Abigail Breslin

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Para probar que imaginar una patología no se restringe solo a la adulta, la estrella de Little Miss Sunshine, Abigail Breslin, asimismo ha aceptado que la sufre. Breslin es una suerte de niño prodigio. Por servirnos de un ejemplo, a la edad de tres años la mayor parte de nosotros nos encontramos ocupados mejorando la composición de las frases mientras que intentamos de atornillar plastilina en los enchufes eléctricos, pero no Abigail. En cambio, se encontraba mostrándose en su primer comercial, un aviso de Toys ‘r’ Us. Para en el momento en que alcanzó la arrebatadora altura de los cinco, había madurado hasta transformarse en films, mostrándose en Signs de 2002. Tras dejar atrás su primera década, Brelsin precisamente creyó que era mejor al final poder algo y de ahí que logró una nominación al Oscar como Actriz de Reparto por su papel en Little Miss Sunshine. Perdió frente a la actuación de Jennifer Hudson en Dream Girls. Tras todo este éxito se ocultaba un misterio que indudablemente había frenado a la joven con enormes logros a lo largo de años: se encontraba horrorizada de enfermarse. En un reportaje con LAmagazine.com, la estrella de nariz desnarigada aceptó que no se le deja ver programas médicos en la televisión por miedo a localizar algo mucho más de lo que padecer. En verdad, desde los tres o 4 años le aterraba pisar el vidrio, conque siempre y en todo momento utilizaba zapatos… aun en cama. A lo largo de bastante tiempo creyó que tenía gripe aviar y de ahí que se negó a arrimarse a las aves. En el momento en que se le preguntó qué síntomas tenía, respondió. “Verdaderamente no tenía ningún síntoma”.

8. Adolf Hitler

La dominación mundial, la pelea en una guerra en múltiples frentes y el intento de terminar con una raza de personas fueron solo ciertas cosas en las que Hitler se obsesionó. No obstante, en todo momento estuvo preocupado por una cosa: el estado de su salud. Se encontraba ofuscado con eso, más allá de que de todos modos no había nada malo en él (bueno, aparte del mal). Y en el momento en que un dictador maniaco te afirma que está enfermo, es preferible que pienses que está enfermo. Le recetaron múltiples fármacos para toda clase de enfermedades, tanto reales como imaginarias, como: cambios de humor, patología de Parkinson, inconvenientes gastrointestinales y inconvenientes de la piel. Con frecuencia, no dio ninguna razón real para estimar la medicación. No obstante, el fármaco recetado no era el placebo que se administra de forma frecuente a los hipocondríacos populares hoy día. Incluía cocaína tópica, anfetaminas inyectadas, glucosa, testosterona y corticosteroides. Dado el régimen que se da, es de extrañar que jamás haya viajado a ningún sitio sin su botiquín y pocas veces sin un médico.

7. Hans Christian Andersen

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Un enorme narrador debe tener una imaginación feroz. Andersen, evidentemente, lo llevó a redactar varios de los más destacados y mucho más repetidos cuentos de hadas de la historia. Historias como La reina de las nieves, La sirenita y El pato feo se han repetido, con su alucinante trasfondo y mensaje popular, a lo largo de décadas. No obstante, una aceptable imaginación asimismo puede conducir a otras cosas. Intranquilidades, llamémoslas. Hans Christian tenía varios de ellos. Por poner un ejemplo, en un viaje por Europa le preocupaba tragarse un alfiler en algo de carne, una pequeña mácula sobre su ojo (que sintió que ocasionalmente podría contemplar la mitad de su cara) y una molestia en la rodilla (que sintió que podría romperse). Sus inseguridades lo llevaron hasta el temor morboso de ser sepultado vivo; supuestamente viajó con una nota que afirmaba: “Solo parezco fallecido”. Aún de esta forma, su fascinación mortal lo transformó en un narrador fantástico, si bien un compañero de viaje horrible.

6. Andy Warhol

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En las situaciones mucho más extremos de hipocondría, puede ocasionar una aceleración real de la desaparición del tolerante. Esto fue algo que podría haberle sucedido a Andy Warhol, un tipo creativo neurótico especial. El arte de Warhol actualmente es absurdamente omnipresente, desde Warholised Barack Obamas hasta sus icónicos Ocho Elvis, que se vendieron en 2009 por $ 100 millones. Es el rey del pop art y es homónimo de las vanguardias de los sesenta. Asimismo era un hipocondríaco furioso. Como debería estarlo cualquier artista, se encontraba ofuscado con la perfección, mucho más particularmente con la suya propia. Deseaba desesperadamente progresar su fachada y detestaba la iniciativa de cualquier cosa que pudiese obstaculizarlo, a entender, el envejecimiento y la patología. Llevaba notas detalladas de sus miedos de patología y, una vez que se atentara contra su historia en 1968, cruzaba la calle en vez de pasar por un hospital. Verdaderamente detestaba los centros de salud. Como resultado, en el momento en que tenía inconvenientes recurrentes de la vesícula biliar, se negó a entrar al hospital. Al final, el mal fue bastante y fue a la cirugía y murió unos días después por adversidades de la operación.

5. Marcel Proust

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Los franceses siempre y en todo momento fueron enormes pensadores, escritores, pensadores y el estándar en todo el mundo para la gente pedantes, pero en ocasiones toda esa introspección que acompaña a semejantes predilecciones puede producir inconvenientes. Tomemos a Marcel Proust. Ovacionado escritor y crítico, es preferible popular por su enorme tomo de siete volúmenes Remembrance of Things Past. Su naturaleza solipsista quizás condujo indudablemente a ciertos inconvenientes. Bueno, mucho más de unos pocos. En el final de su historia, sus miedos sobre la salud eran tan pronunciados que se le brindaron normas estrictas a su sirviente sobre de qué manera entrar a su habitación. Aterrados por algunos fragancias, se advirtió a los visitantes que no llevaran flores ni usaran perfumes cerca del frágil escritor. Emplear abrillantador de alfombras en los pisos se encontraba totalmente fuera de sitio. Entonces se encontraba su baño. Es un horror de inconvenientes para cualquier pobre alma paranoide, evidentemente, con lo que se dejaron entre 20 y 25 toallas en el orificio del inodoro de Proust y se desecharon después de un uso. El estruendos asimismo era un inconveniente, con lo que forró su habitación con corcho para sostenerlo a raya. Quizás indudablemente entonces desarrolló una aparente alergia al corcho. (Imagen: Fotografía de Man Ray de un Proust fallecido en su lecho de muerte).

4. Tennessee Williams

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Williams era un tipo talentoso. Creador de 24 proyectos de extendida duración como A Streetcar Named Desire y Cat on a Hot Tin Roof, recibió todos y cada uno de los premios teatrales mucho más esenciales por su trabajo. Fue de los mejores escritores de siempre. Asimismo era un neurótico como el infierno. Era intensamente tímido y fingía desinterés por las críticas en el momento en que de todos modos una mala podía destruirlo. Sus mayores proyectos fueron arrancadas de la metralla de su cabeza. Esta inseguridad quizás enseña de alguna forma por qué razón se encontraba tan aterrorizado de enfermarse. Para contrarrestar sus intranquilidades, tomó un montón de pastillas recetadas para sus dolores y intranquilidades espectros. Transcurrido un tiempo, se enganchó a ellos … tal como al alcohol. Fue para evaluar una combinación mortal. La utilización incesante de bebidas y fármacos recetados había obstaculizado su reflejo nauseoso. Entonces, en el momento en que el tapón de un frasco de gotas para los ojos que utilizaba se atascó en su garganta, se ahogó hasta fallecer, donde bien podría haber vivido un hipocondríaco no alcohólico habitual.

3. Glenn Gould

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Ser un tanto genio semeja ser un requisito previo para el viejo hipocondríaco obsesivo y Glenn Gould no es diferente. Durante su historia se transformó en entre los músicos tradicionales mucho más conocidos del siglo XX. Asimismo era un excéntrico de renombre. Por servirnos de un ejemplo, en el momento en que tocaba el piano canturreaba felizmente como un niño entusiasta. Por otra parte, era notoriamente obsesivo con toda clase de cosas. Cosas como la temperatura en una investigación de grabación debían ser reguladas precisamente; de la misma la altura de su piano, que la mayoria de las veces se encontraba puesto sobre ladrillos. Se sentaba precisamente a 35 centímetros del suelo, siempre y en todo momento encima de una silla vieja que había hecho su padre. Entonces se encontraba el temor a enfermarse. Esto lo llevó a utilizar todo el tiempo ropa pesada, como bufandas y guantes, aun en pleno verano. Esporádicamente asimismo condujo a entre los El más destacable músico de todo el mundo es confundido con un vagabundo. Asimismo detestaba que lo tocaran y, como resultado, pocas veces se estrechaba la mano. En verdad, en el final de su historia decidió excluir completamente a las criaturas infestadas de gérmenes que son la gente. Escogió sencillamente charlar por teléfono y redactar cartas en su sitio, mientras que llevaba un períodico de sus enfermedades, como todos y cada uno de los buenos hipocondríacos.

2. Florence Nightingale

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Hay pocos luchadores de anomalías de la salud mucho más conocidos que Florence Nightingale. Su nombre es homónimo de precaución, contribuir a los enfermos y sanar las lesiones de los soldados caídos en la guerra de Crimea. Durante los años, la enfermera mucho más conocida de todo el mundo ganó incontables encomios y premios. Asimismo estableció la primera escuela de enfermería secular en el planeta en la manera del Hospital St. Thomas en Londres en 1860. El Deber Nightingale asumido por las novedosas enfermeras transporta su nombre y el Día En todo el mundo de las Enfermeras se festeja en su cumpleaños. O sea aún mucho más destacable ya que pasó la mayoría de su historia en cama persuadida de que sufría una letanía de patologías, como problemas y patologías cardiacas, y siempre y en todo momento sintió que se encontraba al filo de la desaparición. Por último cedió al enorme segador en 1910 a la enorme edad de 90 años, tras haber vivido los 57 años precedentes prácticamente completamente postrada en la cama.

1. Howard Hughes

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No hay ninguna persona mucho más popular por su temor a la patología que el millonario, emprendedor y coco orate Howard Hughes. Aviador, productor de cine, directivo y filántropo (entre otras muchas cosas), Howard Hughes va a ser recordado para toda la vida como el tipo que se encerró en habitaciones de hotel a lo largo de meses, solo para estar seguro. No solamente la hipocondría era un inconveniente, asimismo lo era el trastorno obsesivo compulsivo. Por servirnos de un ejemplo, se resaltó por ser realmente riguroso con sus guisantes y con regularidad los catalogaba por tamaño con el tenedor. En el equipo de The Outlaw se fijó en un pequeño defecto en la blusa de Jane Russell y acabó escribiendo un memorando detallado sobre el “inconveniente”. Después se encerraba en su salón de proyección a lo largo de 4 meses mientras que orinaba en las botellas circundantes. En 1968, en el momento en que decidió ver la estación de hielo Zebra 150 ocasiones, sus excentricidades, o patología mental, eran viles. La hipocondría fue uno de sus mayores inconvenientes. Recogió todo con pañuelos para aislarse de los gérmenes y se obsesionó con el polvo y la mugre de la ropa de otra gente, demandando que se lo quitaran. El inconveniente de Hughes bien podría deberse a su colosal riqueza. Quería decir que jamás se vio obligado a conseguir la asistencia que precisamente precisaba, puesto que su miríada de inconvenientes siempre y en todo momento podían ser satisfechos. En el momento en que se negó a salir de un hotel por miedo a regresar al planeta exterior, sencillamente ha podido obtener la propiedad. En el momento en que sintió un anhelo por el helado Banana Ripple, un helado que no se hacía, sus manejadores le pagaron a Baskin Robbins a fin de que hiciese 200 galones. Entonces decidió que no lo deseaba. En el instante de su muerte se encontraba prácticamente inidentificable. Sus uñas, pelo y barba se habían vuelto largos y su cuerpo se encontraba demacrado. El antaño apuesto millonario era una encarnación ambulante de la paranoia y el temor que lo perseguían.

por Kevin Forde.

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